Filosofía de la Historia

[ 436 ]

Teoría de las ciencias históricas

La ciencia histórica se construye sobre ruinas, vestigios, documentos, monumentos: llamemos reliquias a todas estas cosas. Pero el historiador no permanece inmerso en sus ruinas. Las puebla de «fantasmas». Los fantasmas del pretérito no son gratuitamente construidos. No es fácil redefinir la función de estos fantasmas. Sugerimos que son el soporte mínimo de las operaciones del plano β-operatorio en el cual las reliquias han de ser reconstruidas, de suerte que nos remitan al descubrimiento de futuras reliquias: este es el único sentido positivo que creemos posible atribuir a las predictividad del futuro, asociada ordinariamente a la Historia científica. Los «fantasmas» sólo figuran, por tanto, en la Historia fenoménica, como operadores que enlazan las «reliquias» diferentes entre sí. ¿Cómo definir la unidad de esta ciencia histórica que llamamos fenoménica y cómo establecer sus relaciones con el otro tipo de Historia científica de rango más alto, denominándola Historia teórica? Con este nombre designamos a un conjunto de ciencias muy heterogéneas (de índole social –político, económico– y de índole cultural), más que a una ciencia unitaria –una «Historia total». Sugerimos como criterio para formular el sentido de la oposición Historia fenoménica/Historia teórica, la oposición general entre las metodologías α-operatorias y las metodologías β-operatorias [227-232]. La cuestión comienza en este punto: en el del análisis gnoseológico del significado de las reliquias en el conjunto de la construcción histórica, y en el análisis de los procedimientos de construcción, mediante los cuales ellas parecen ser desbordadas. En las ciencias históricas ocurre algo que ocurre también en las ciencias físicas: que las «esencias» son el reflejo de las «fenómenos» fisicalistas. El espectro es el reflejo del átomo (ordo essendi), pero gnoseológicamente el átomo (de Bohr) es el reflejo del espectro; a partir de los fenómenos espectrales comenzó aquél a ser científicamente construido. Así también, el pasado será, para la ciencia histórica, el reflejo del presente (el reflejo de las reliquias) y no recíprocamente. Las tareas de la teoría de la ciencia histórica consisten en el análisis de los mecanismos de paso del reflejo [reliquias] a lo reflejado [pasado]. Toda construcción histórica debe comenzar por el anacronismo de los fenómenos, de las reliquias, y por quienes las han trabajado. El pasado al que llegamos tras la construcción sobre las reliquias, no cabe tratarlo como una realidad coexistente con el fenómeno, sino precisamente como una «irrealidad», encubierta por la circunstancia de que es designada por significantes verbales («fue», «sido») tan positivos como los significantes que designan el presente («es»). Planteamos las cuestiones gnoseológicas primeras de la teoría de las ciencias históricas como cuestiones centradas en torno a los «procedimientos» de transición (o construcción, regressus) a partir de las reliquias hasta los fenómenos pretéritos, así como a los procedimientos de enlace de unos fenómenos entre sí, en tanto han de conducirnos de nuevo a reliquias (progressus) y, enventualmente, a la predicción del futuro fisicalista. De un futuro que, si es predictible científicamente, es porque ya está determinísticamente coordinado con nuestro sistema, aunque (ese futuro) nos sea desconocido. (Evidentemente, lo que se denota con la expresión «futuro gnoseológicamente determinado» no puede ser otra cosa sino el conjunto de reliquias aún desconocido.) {BP01a 5-7}

<<< Diccionario filosófico >>>