Filosofía en español 
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Fetichismo, Magia y Religión

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Magia / Religión (criterio de distinción)

El núcleo de la oposición entre magia y religión lo formularíamos de este modo: la magia se organiza, como su núcleo, en torno a una tecnología α-operatoria acausal (y no causal-aparente), orientada a obtener determinados objetivos (prolépticos) mediante la simulación intencional de una construcción de esos mismos objetivos propuestos (Hubert y Mauss, lo expresan de este modo –aunque sin advertir que la representación del efecto en la misma prolépsis-anamnesis–: el mínimum de representación que comporta todo acto mágico, es la representación de su efecto). La religión, en cambio, sería, en principio, una tecnología β-operatoria de tipo causal (bien sea efectiva, si los númenes sobre los que opera son reales, bien sea meramente intencional, o realizada en la mera apariencia, si los númenes sobre los que opera son imaginarios). La aplicación cruzada (no formal) de las metodologías α tendrá lugar cuando aplicamos esta metodología a campos β, pero no formalmente, sino de suerte que sean los propios sujetos operatorios aquellos a los que se somete a la metodología α. Nos aproximaríamos así a la llamada magia «ceremonial», o «ritual», en la que se actúa por medio de conjuro o incantatio que se supone dirigido a demonios, o a otro tipo de númenes, a fin de obligarlos a realizar determinadas acciones, de lo que nos da abundantes ejemplos N. Cohn en Los demonios familiares de Europa, cap. 9; o también, lo que Hubert llamó «magia indirecta», la que necesita la intervención de demonios, dioses o animales, y no la mera manipulación de objetos (como la magia directa).

Habrá que suscitar, en cada caso, la cuestión de la intencionalidad objetiva, discutir si las tecnologías mágicas concretas son causales-aparentes, o si son simplemente acausales. La ceremonia mágica que consiste en clavar puñales en la efigie de una persona, acaso no tiene inicialmente la intencionalidad objetiva de conseguir, por vía causal, la muerte de esa persona (puesto que, de hecho, no la consigue, en general, ¿cómo demostrar esta intención mental subjetiva?). Las secuencias α-operatorias acaso constituyen sólo una analogía de la muerte que sea bastante para satisfacer un deseo que no quiere llegar «a mayores», para liberar la tensión emocional insoportable siguiendo un camino analógico y no causal. Aquí pondríamos el fundamento de las llamadas «teorías emocionales» de la magia –en rigor, teorías defectuosamente conceptualizadas, porque la emoción no excluye la analogía teorética, sino que precisamente se canaliza a través de ella.

El concepto de mago, que se deriva del concepto inicial de magia expuesto, se corresponde bastante bien con el concepto de mago, en sentido amplio, que Evans-Pritchard ofreció en su famoso estudio sobre los Azande; pues el mago, en sentido amplio, comprende tanto al mago que practica magia buena o neutra (ira, ngwa), acaso la magia de adivinación como el hechicero (sorceler) que practica una magia maléfica (ira gbgtita, ngwa): ambas tienen en común (dicho en nuestros términos) la tecnología α-operatoria acausal. Por ello el mago, y en particular el hechicero, se contradistinguen, en principio, del brujo (whitcher) precisamente (en nuestro términos), porque el brujo no tiene mecanismos propios de las tecnologías α-operatorias o, si los utiliza, es siempre a partir de sus poderes no tecnológicos sino, por ejemplo, innatos (incluso heredados) o místicos; por ejemplo, alguien es brujo porque tiene mangu, que no es ningún espíritu o entidad indeterminada, como mana, sino algo así como una bolsa negruzca o rojiza (que se encuentra en su vientre). Esto no impide que el brujo utilice también sus armas en este sentido, resultando ser prácticamente indistinguible del mago. {CC 242-244 / → BS14 3-38}

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