Enciclopedia de la Cultura Española
Editora Nacional, Madrid 1963
tomo 1
páginas 669-671

Domingo Báñez 1528-1604

Dominico español, teólogo y filósofo. Se ha discutido desde principios de siglo acerca de la naturaleza de este célebre teólogo, haciéndolo nacer unos en Mondragón, guiados por el «Mondragonensis» que figura en la portada de sus obras, y otros en Medina del Campo, porque el registro de profesiones del convento salmantino de San Esteban, al anotar la suya, dice que procedía «ex Metina Campi». Hoy está plenamente demostrado que nació en Valladolid. Así lo atestigua, en primer lugar, su íntimo amigo el cronista Esteban de Garibay en las Memorias y, sobre todo, el padre Juan de la Puente, O. P., el cual, hablando de Báñez, escribe: «Nació y crióse en esta ciudad [Valladolid] buena parte de su edad, como se lo oí a él mismo y a otros hombres antiguos que se criaron con él, aunque su naturaleza [ascendencia] fue Mondragón y Valmaseda, villas de Vizcaya y de la Montaña vecina». Aunque nacido en Castilla, él se consideraba como vasco, según atestigua, en la dedicatoria de sus Institutiones minoris dialecticae a don Juan Idiáquez, «totius nostrae Vasconicae gentis unicum decus».

Su nacimiento tuvo lugar el 29 de febrero de 1528. Habiendo fallecido su madre, que era de Valladolid, su padre contrajo nuevas nupcias en Medina del Campo. En 1542 fue el joven Báñez a estudiar a Salamanca, y después de cursar las artes en la Universidad, contando entre sus maestros al doctísimo Bartolomé de Torres y a Francisco Miño, ingresó en el convento de San Esteban, donde hizo su profesión el 3 de mayo de 1547.

Sus estudios de Teología corren entre 1547 y 1552 bajo la dirección de egregios preceptores «in tota Ecclesia celeberrimos», según escribe él, a saber, Melchor Cano, Diego de Chaves, Vicente Barrón, Domingo de las Cuevas y Juan Gil de Nava. Durante el trienio 1552-55 explicó un ciclo completo de artes. Desempeñó luego, hasta 1561, el oficio de maestro de estudiantes supliendo al mismo tiempo, en forma casi continua, a los catedráticos de Teología en el convento y en la Universidad. En [670] 1561 se le concedió el título de presentado, preámbulo del Magisterio, y para el curso siguiente fue destinado como profesor a la Universidad de Ávila, que inauguraba entonces la enseñanza académica con facultad de conferir grados.

A partir de este momento su actuación docente se escalona de la siguiente manera: cursos de 1561-67, en Ávila; 1567-69, en Alcalá; 1569-70, nuevamente en Ávila, como regente principal; 1570-73, en Salamanca, y 1574-76 en Valladolid. Tiene lugar luego su priorato de Toro (septiembre de 1576-abril de 1577). Durante el verano de 1576 intentó opositar en Salamanca a la cátedra de Durando, que quedaba vacante por ascenso de Bartolomé de Medina a la de prima, pero tuvo que desistir por enfermo. En abril de 1577 quedó de nuevo vacante la misma cátedra de Durando por muerte de su titular, García del Castillo, obteniéndola Báñez en lucha con el agustino Diego de Uceda. Desde comienzos del curso de 1580-81 suplía también a Medina, que estaba enfermo, en la cátedra de prima. Medina falleció el 30 de diciembre de 1580 y a primeros de enero de 1581 se anunció la vacante, presentándose a la oposición el veterano Juan de Guevara. O. S. A., que tenía la cátedra de vísperas desde 1564, y Báñez. La lucha fue muy dura, decidiéndose al fin la victoria en favor del dominico, el cual tomó posesión de la cátedra el 20 de febrero de 1581. En favor de él se había interesado la propia Santa Teresa, celebrando que lograra la cátedra «tan honradamente» (Carta a doña Ana Enríquez de 4 de marzo de 1581).

Báñez llevaba ya veinte años de profesorado teológico y continuaría ocupado en él otros tantos. Así pudo realizar una labor amplia e intensa, gracias a la cual conduciría a feliz término la obra iniciada por sus maestros de restauración y actualización de Santo Tomás en aquel siglo de crisis doctrinal y religiosa. En la escuela teológica salmantina ocupa un puesto principal, cerrando el período áureo de las grandes figuras que nos legaron un pensamiento propio de cómo se ha de interpretar al Aquinatense.

El momento en que él comienza a influir en las aulas salmantinas coincide con la aparición en ellas de una desviación en la minera de concordar la eficacia de la gracia con la libertad. Báñez salió en defensa de la doctrina tradicional enseñada por San Agustín y Santo Tomás y compartida igualmente por Escoto y sus seguidores. Según ellos, la primacía corresponde siempre y en todo a Dios, a su gracia, eficaz de sí ab intrinseco; y la concordia, cualquiera que sea, no puede sacrificar ese primado, principio fundamental de toda teodicea. La libertad de la criatura no es ni puede ser algo absoluto que se substraiga a la primacía divina. Si hay subordinación, como tiene que haberla, ha de ser forzosamente por parte de la criatura. De acuerdo con esto, Báñez, en la última de sus producciones, De vera et legitima concordia liberi arbitrii cum auxiliis gratiae Dei efficaciter moventis humanam voluntatem (septiembre de 1600), hace ver cómo la definición de la libertad que da Molina no es una definición de la libertad simpliciter, sino secundum quid, adoleciendo, en consecuencia, de ese vicio todo su concordismo en que se resuelve la solución del problema.

A través de su pluma, la argumentación del dominico se desenvuelve con rigor dentro de los cauces y métodos de los lugares teológicos diseñados por su maestro Cano. El argumento de autoridad, tan propio de la Teología, se entrelaza con el de razón, siendo Báñez uno de los que más ahondaron en estas disciplinas sin caer en los excesos de las sutilezas dialécticas. Su comentario al tratado De Deo y De Trinitate son obras maestras de alta calidad en la materia.

Igualmente, Báñez se esforzó por llevar adelante la depuración del tomismo de sus adherencias nominalistas, labor iniciada por Vitoria y continuada por Cano y otros maestros. Entre ellos nadie sobresalió tanto como Báñez, cuya fidelidad a Santo Tomás la justifica por la que éste procuró tener a los padres y doctores de la Iglesia. «Ego statui per omnia et in omnibus sequi doctrinam Sancti Thomae, quoniam ipse secutus est semper doctrinam sanctorum patrum» (Comment., in 2.2, q. 24, a. 6).

Algunos han calificado esta posición de tomismo rígido o de bañecianismo. Pero si se tiene en cuenta, por una parte, que la adhesión del teólogo dominico a Santo Tomás se centra preferentemente en los principios, continuando la tarea delicada de la depuración de la teología de la escuela que imperaba en Salamanca y en Alcalá de sus resabios nominalistas, y, por otra, que le tocó actuar en los años en que se inicia la desviación molinista, reconocida por el mismo Molina como contraria o al menos discrepante del Aquinatense en puntos fundamentales de su doctrina, toda posición auténticamente tomista tenía que acentuar las tesis genuinamente del Santo, si quería permanecer fiel a su escuela. El tomismo de Báñez, mejor que de tomismo rígido, debe calificarse de tomismo auténtico, integral químicamente puro, y, desde luego, flexible a los progresos de una teología vital, como lo es la de Santo Tomás, cuya nota de solidez se debe, en gran parte, a su homogeneidad, ya que después de siete siglos, sometida mil veces a prueba, conserva su vigor y lozanía con caracteres de perennidad.

Como escritor Báñez adopta un estilo conciso, enérgico y didáctico, que es el más propio de la Teología, según dice él al comentar el prólogo de la Suma teológica. Su especulación es profunda, precisa y certera; su erudición, selecta, bien asimilada y oportuna. Procura, además, elaborar con el mayor esmero la forma de cuanto escribe, dando a sus producciones un sello personal inconfundible. Con razón pudo afirmar él en el prólogo al lector del tomo primero de sus Comentarios a la Suma: «Sciat [lector] me proprios labores, proprias meditationes, proprio ut ajunt marte elaboratas atque stilo proprio in hoc libro tradere».

Publicó nuestro teólogo dos tomos en folio de Comentarios a la primera parte de la Suma de Santo Tomás (Dios uno, trino, creador y gobernador del mundo), y otros dos a la Secunda secundae (virtudes teologales y prudencia y justicia). De estos cuatro tomos el primero se editó dos veces en Salamanca y cinco en el extranjero (Roma, Venecia –dos veces–, Lyon y Duaci); el segundo, una y tres; el tercero, dos y cinco, y el cuarto, una y tres, respectivamente. A base de manuscritos que quedan de sus lecturas académicas he podido reunir sus comentarios inéditos a la Prima secundae y a la tercera parte de Santo Tomás, para formar con ellos seis volúmenes publicados en estos años. Actualmente está en prensa el último volumen de inéditos referente a la tan debatida materia de auxiliis gratiae.

Escribió también y llegó a publicar unas Institutiones dilecticae, que alcanzaron tres ediciones, y un comentario a los libros De generatione et corruptione, impresos cuatro veces, ambas obras fruto de su enseñanza durante el profesorado en artes.

La influencia ejercida por él mediante estos libros, tanto en España como fuera de ella, fue singular, debido, principalmente, a los escritos teológicos, que hoy se buscan con afán y se cotizan a altos precios.

La función de teólogo especulativo, tan intensamente ejercida, no agotaba las virtualidades de que estaba dotado este hombre genial. Su intelectualismo, puesto en contacto por abstracción con las altas verdades del dogma y de la moral, sabía descender cuando era preciso al terreno práctico para orientar con su magisterio, a las almas en la senda difícil de la vida mística. Lo demostró palpablemente en la acertada dirección prestada a Santa Teresa de Jesús. Sus relaciones con ella fueron entonces y siguen siendo hoy enseñanza aleccionadora para penetrar en la vida íntima de este gran teólogo. El aplomo con que decide sobre puntos delicados en que tantos otros habían vacilado o errado manifiestamente acredita su dominio en la materia, al mismo tiempo que el carisma de discreción de espíritu de que estaba dotado. Y su decisión no es autoritaria, sino razonada, capaz de vencer la resistencia de los contrarios. Por eso, la Santa, que, aunque mujer de gran corazón, pensaba con la cabeza, se rendía a sus palabras y con ellas se disipaban sus temores.

Marcel Lépée, después de escribir un libro de cerca de 600 páginas sobre El realismo cristiano de Santa Teresa (París, 1947), ha creído necesario completarlo con otro estudio aparte titulado Báñez y Santa Teresa (París, 1947). En él hace resaltar las coincidencias y la compenetración de estas dos almas gemelas, que la Providencia hizo que se encontrasen en los caminos de la vida para la realización de sus altos planes. El dominio de las verdades [671] teológicas, no sólo en el orden especulativo, sino vividas por él como hombre espiritual, le permitió seguir a la Santa en su vuelo hacia la unión mística y guiarla con la seguridad y prudencia de que dan testimonio los encarecimientos con que suele referirlos la misma madre Teresa.

El padre Silverio, el primer teresiano de nuestros tiempos, ha podido escribir de Báñez, como director espiritual de Santa Teresa, estas expresivas líneas: «No sólo fue el padre Báñez talento privilegiado y teólogo doctísimo, sino religioso de mucho espíritu y muy mortificado, muy discreto en aconsejar, y con las prendas que más halagaban a la Santa para entregarle su alma. Y se la entregó por completo durante muchos años a este aventajado discípulo de Santo Tomás, el cual, con el brillo de sus luces teológicas, que tan peregrino atractivo y embeleso ejercían en la Santa, iluminó los senos de la inteligencia teresiana, la llevó con gran seguridad por los intrincados y enmarañados senderos de la mística, defendió su espíritu y sus escritos con la autoridad incontrastable de su ciencia maciza contra todos sus detractores en el Santo Tribunal de la Inquisición, salvó de irremediable ruina la Reforma en su misma cuna, fue amigo, consejero y protector constante de ella y mereció ser una de las personas más queridas de la Seráfica madre y que más adentro se introdujeron en su corazón para no salir de el en los días de su vida».

Bibliografía. Beltrán de Heredia ha publicado desde 1922 en «La Ciencia Tomista», varios estudios sobre Báñez. Los principales son: Actuación del maestro Domingo Báñez en la Universidad de Salamanca, en «La Ciencia Tomista», 25 (1922), págs. 64-78 y 208-240; 26 (1922), págs. 199-223; 27 (1923), págs. 35-38 y 361-374; 28 (1923), págs. 36-47. El maestro Báñez y la Inquisición, en «La Ciencia Tomista, 37 (1928), págs. 289-309; 38 (1928), págs. 35-58 y 171-186; Valor doctrinal de las lecturas del padre Báñez, en «La Ciencia Tomista», 39 (1928), págs. 60-81; El maestro Báñez (su fromación académica), en «La Ciencia Tomista», 47 (1933, págs. 26-39 y 162-179; Colunga, A.; Ideas de Báñez sobre la Sagrada Escritura, en «La Ciencia Tomista» 37 (1928), págs. 1-17; Lépée, M., Báñez et Sainte Thérèse, París, 1947. Javierre Ortas, J. M., La razón en Teología, según Domingo Báñez, en «La Ciencia Tomista», 76 (1949), págs. 258-297; Garibay, E., Memorias, Ed. de la Academia de la Historia, en «Memorial histórico español», t. VII, M.. 1854, pág. 41; Puente, O. P., J. de la. De la conveniencia de las dos monarquías católicas, M., 1612, pág. 79; Santa Teresa, O. C. D. Silverio de, Historia del Carmen Descalzo en España, Portugal y América, t. II, Burgos, 1935, págs. 181-182.

Obras. Comentarios a Santo Tomás: Scholástica commentaria in priman partem Angelici Doctoris D. Thomae. 2 vols. 1584-88; De fide, spe, et charitate, 1584 (Comentarios a la Secunda secundae), De iure et iustitia decisiones, 1594 (Comentarios a la Secunda secundae). Tratados teológicos. Apología fratrum Praedicatorum in provincis Hispaniae sacrae Theologia professorum, adversus quasdam novas assertiones cuiusdam Doctoris Ludovici Molina nuncupati, theologi de Societate Jesu, quas defendit in suo libello cui titulum inscripsit Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis divina prescientica, providentia, praedestinatione et reprobatione, et adversus alios eiusdem novae doctrina sectatores ac defensores eadem Societate, 3 partes (en colaboración con otros autores de la Orden), 1595; Relectio de merito et augmento charitatis, 1590. Comentarios a Aristóteles: Commentaria et quaestiones in duos Aristotelis Stagyritae de generatione et corruptione libros, 1585. Obra lógica: Institutiones minoris Dialectica quas Summulas commentaria... por L. Urbano, M., 1934 y sigs. (Biblioteca de Tomistas Españoles VIII). Comentarios inéditos a la Prima secundae de Santo Tomás, por V. Beltrán de Heredia, 3 vols., M., 1942-48 (Biblioteca de Teólogos Españoles, IX, XI y XIV).

Vicente Beltrán de Heredia

Doctrinas filosóficas más destacadas de Báñez

1. Contra la afirmación de algunos escolásticos de que la existencia depende de la forma en cuanto que ésta es causa formal del ser, Báñez defiende, por el contrario, que ninguna forma creada es causa ni eficiente, ni formal ni final, sino sólo material de la existencia. Razones principales: a) La forma es la potencia que recibe el acto de existir; luego la forma no tiene, respecto de la existencia, razón de causa formal; b) Si la forma fuese causa formal de la existencia, la forma sería el último acto del ser (pero éste, precisamente, es la existencia). 2. La existencia de los seres producidos por generación y corrupción depende como de causa eficiente sólo de Dios. La causalidad de las criaturas no consiste en dar la existencia a los efectos, sino en disponerlos para recibir la acción propia de Dios. Razón: Lo que no tiene per se el ser tampoco puede causar per se el ser, la existencia... 3. Como buen tomista afirma que el principio y raíz del libre albedrío está en el entendimiento, aunque formalmente la libertad no resida en él, sino en la voluntad. 4. Su tesis fundamental es la de la premoción física (que se llama bañeciana). La aplica para explicar: a) La aporía de la libertad humana y conocimiento de Dios de los futuros condicionados. La premoción física es el medio que concilia la indefectibilidad de la ejecución por la criatura racional de lo que Dios predefine ab aeterno y la libertad con que las criaturas racionales realizan estos actos predefinidos por Dios. La premoción física lleva en sí necesidad metafísica de que la criatura racional obre según el impulso de tal moción. Esto es en cuanto al acto. En cuanto al modo de ser de ese acto, Dios puede hacer que se acomode y ajuste al modo de ser de la naturaleza que obra. Es decir, su modo será libre. «El obrar sigue al ser y el modo de obrar sigue al modo de ser», mas como el modo de ser es libre, libre será su operación. Dada la premoción, se sigue, necesariamente, el acto. Pero esto no destruye la potencialidad de indiferencia de la voluntad. Ejemplo: Estoy escribiendo, no puedo a la vez y simultáneamente a mi acto de escribir dejar de hacerlo; pero simultáneamente a mi acción de escribir tengo potencialidad para no escribir. Esta potencialidad salvaría la libertad. Contra Molina, que defiende que Dios conoce los futuribles por «ciencia media», Báñez afirma que los conoce en el «decreto divino subjetivamente absoluto y objetivamente condicionado». b) Aporía de la gracia suficiente y la gracia santificante. La gracia eficaz es el auxilio sobrenatural que Dios otorga al hombre y con el cual éste realiza de hecho actos sobrenaturales dignos de vida eterna, y se distingue de la gracia suficiente en que ésta es el auxilio que confiere solamente el «poder obrar» actos sobrenaturales, pero que no hace que de hecho se ejecuten dichos actos. Ahora bien; lo que constituye un auxilio sobrenatural en gracia eficaz ex natura sui, diferente de la gracia, es la premoción física.

Rafael Capilla Díaz de Lope Díaz
Licenciado en Filosofía y Letras
Profesor Auxiliar en la Cátedra de Historia de la Filosofía Española en la Universidad de Madrid.


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