Filosofía en español 
Filosofía en español


Avicebrón

Muy citado con este nombre por los más célebres escolásticos, ha sido considerado hasta poco ha como un filósofo árabe; pero de las investigaciones de Munk resulta que no fue sino Samuel Ben-Gebirol, judío español de Málaga, educado en Zaragoza y muerto en Valencia, probablemente hacia el año 1070. Escribió poesías que le dieron mucha fama entre los suyos, y como filósofo es conocido por un libro escrito en árabe y traducido al hebreo y al latín con el título de Fons vitae.

Su doctrina, según Fr. Zeferino González, se reduce a estos puntos capitales. El punto de partida de la ciencia debe ser el estudio de sí mismo, la observación psicológica, y su término el conocimiento de la Voluntad, es decir, de Dios como principio de la creación y del movimiento. La unión intelectual con Dios, que constituye la suma perfección del hombre, se consigue por la ciencia y por la piedad, no bastando en esta vida la primera, si no la acompaña la purificación moral y la abstracción de todo lo corpóreo por las prácticas religiosas, la meditación y el entusiasmo místico. La creación es el acto por el que la Voluntad imprime en la materia formas determinadas: por donde parece admitir la materia eterna o increada, coincidiendo en ello y en sus tendencias místicas con los neoplatónicos y con Platón en explicar la adquisición de las ideas por una reminiscencia de las que tenía el alma antes de su impresión en el cuerpo. Todo lo que no es Dios está compuesto de una materia universal individualizada por diversas formas. Los ángeles, pues, están compuestos de materia y forma, aunque no de una materia tan grosera como la de los cuerpos, pues bajo aquella materia universal existen la corpórea, la celeste y la sublunar, entendiendo por esta última la que forma como el substratum de los cuerpos sublunares sujetos a generación y corrupción. Santo Tomás expuso y refutó estas ideas de Avicebrón, en lo que se refiere a los ángeles o sustancias separadas, en el opúsculo que lleva este título.

Según el mismo Sr. González, hay en las doctrinas escotistas vestigios de estas opiniones de Avicebrón, en cuanto se refiere a la manera de pensar de Escoto sobre la unidad de la materia prima, a las reservas que en él se notan sobre la materia en los ángeles, y a la forma general de corporeidad, como base y condición de las formas sustanciales especiales y superiores, o sean las almas de los brutos y del hombre. Todavía ve mayores analogías en Raimundo Lulio, por su opinión acerca de la materia prima universal y forma sustancial universal, sin contar otras reminiscencias y formas cabalísticas, tan en armonía con las tradiciones de la filosofía judaica.

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