Obras de Feijoo Teatro crítico universal Tomo primero

Benito Jerónimo Feijoo • Teatro crítico universal • Tomo primero • Discurso XV

Paralelo de las Lenguas Castellana, y Francesa

§. I

1. Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros Españoles en orden a las cosas nacionales. Unos las engrandecen hasta el Cielo: otros las abaten [310] hasta el abismo. Aquellos, que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros, espaciaron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro desdén conque miran a las demás Naciones, asquean su idioma, abominan sus costumbres, no quieren escuchar, o escuchan con irrisión sus adelantamientos en artes, y ciencias. Bástales ver a otro Español con un libro Italiano, o Francés en la mano, para condenarle por genio extravagante, y ridículo. Dicen que cuanto hay bueno, y digno de ser leído, se halla escrito en los dos idiomas Latino, y Castellano. Que los libros extranjeros, especialmente Franceses, no traen de nuevo sino bagatelas, y futilidades; pero del error que padecen en esto, diremos algo abajo.

2. Por el contrario los que han peregrinado por varias tierras, o sin salir de la suya comerciado con extranjeros, si son picados tanto cuanto de la vanidad de espíritus amenos, inclinados a lenguas, y noticias, todas las cosas de otras Naciones miran con admiración; las de la nuestra con desdén. Sólo en Francia, pongo por ejemplo, reinan, según su dictamen, la delicadeza, la policía, el buen gusto. Acá todo es rudez, y barbarie. Es cosa graciosa ver a algunos de estos Nacionalistas (que tomo por lo mismo que Antinacionales) hacer violencia a todos sus miembros, para imitar a los extranjeros en gestos, movimientos, y acciones, poniendo especial estudio en andar como ellos andan, sentarse como se sientan, reírse como se ríen, hacer la cortesía como ellos la hacen, y así de todo lo demás. Hacen todo lo posible por desnaturalizarse; y yo me holgaría que lo lograsen enteramente, porque nuestra Nación descartase tales figuras.

3. Entre éstos, y aun fuera de éstos, sobresalen algunos apasionados amantes de la lengua Francesa, que prefiriéndola con grandes ventajas a la Castellana, ponderan sus hechizos, exaltan sus primores; y no pudiendo sufrir ni una breve ausencia de su adorado idioma, con algunas [311] voces que usurpan de él, salpican la conversación, aun cuando hablan en Castellano. Esto en parte puede decirse que ya se hizo moda; pues los que hablan Castellano puro, casi son mirados como hombres del tiempo de los Godos.

§. II

4. Yo no estoy reñido con la curiosa aplicación a instruirse en las lenguas extranjeras. Conozco que son ornamento, aun cuando estén desnudas de utilidad. Veo que se hicieron inmortales en las Historias Mitrídates, Rey de Ponto, por saber veinte y dos idiomas diferentes: Cleopatra, Reina de Egipto, por ser su lengua, como la llama Plutarco, órgano, en quien, variando a su arbitrio los registros, sonaban alternativamente las voces de muchas Naciones: Amalasunta, hija de Teodorico, Rey de Italia, porque hablaba las lenguas de todos los Reinos que comprehendía el Imperio Romano. No apruebo la austeridad de Catón, para quien la aplicación a la lengua Griega era corrupción digna de castigo; ni el escrupuloso reparo de Pomponio Leto, que huía como de un áspid del conocimiento de cualquiera voz Griega, por el miedo de manchar con ella la pureza Latina.

5. A favor de la lengua Francesa se añade la utilidad, y aun casi necesidad de ella, respecto de los sujetos inclinados a la lectura curiosa, y erudita. Sobre todo género de erudición se hallan hoy muy estimables libros escritos en idioma Francés, que no pueden suplirse con otros, ni Latinos, ni Españoles. Pongo por ejemplo. Para la Historia Sagrada, y Profana no hay en otra lengua prontuario equivalente al gran Diccionario Histórico de Moreri: porque el que desea un resumen de los hechos de algún sujeto, ignorando la era en que floreció, en defecto del Diccionario Histórico, será menester revuelva muchos libros con gran dispendio de tiempo, y en el Diccionario, siguiendo el orden alfabético, al momento halla lo que busca. Asimismo para la Geografía son prontísimo socorro los Diccionarios Geográficos de Miguel Braudrand, y Tomás Cornelio; [312] cuando faltando éstos, el que quiere instruirse de las particularidades de alguna Ciudad, monte, o río, si ignora la región donde están situados, habrá de revolver muy de espacio los agigantados volúmenes de Gerardo Mercator, Abraham Ortelio, Bleu, Sansón, o La-Fer.

6. De la Física experimental (que es la única que puede ser útil) se han escrito en el idioma Francés muchos, y curiosos libros, cuyas noticias no se hallan en otros. La Historia de la Academia Real de las Ciencias, es muy singular en este género, como también en infinitas observaciones Astronómicas, Químicas, y Botánicas, cuyo cúmulo no se encontrará, ni su equivalente, en libro alguno Latino, mucho menos en Castellano.

7. De Teología Dogmática dieron los Franceses a luz en el patrio idioma preciosas obras. Tales son algunas del famoso Antonio Arnaldo, y todas las del insigne Obispo Meldense Jacobo Benigno Bosuet, especialmente su Historia de las Variaciones de las Iglesias Protestantes; y la Exposición de la doctrina de la Iglesia Católica, sobre las materias de controversia: escritos verdaderamente incomparables, y que redujeron más Herejes a la Religión verdadera, que todos los rigores justamente practicados con ellos por el gran Luis XIV en que no se deroga a la grande estimación que se merecen los inmortales escritos del Cardenal Belarmino, y otros Controversistas anteriores. Ni éstos hacen evitar la necesidad de aquéllos; porque los nuevos efugios, que después de Belarmino discurrieron los Protestantes, y las variaciones, o novedades que introdujeron en sus dogmas, precisaron a buscar contra ellos otras armas, o por lo menos a dar nuevos filos a las que estaban depositadas en los grandes armamentarios de los Controversistas antecedentes.

8. Para la inteligencia literal de toda la Escritura Sagrada reina hoy en la estimación de todos los Profesores la admirable exposición, que poco ha dio a luz el sapientísimo Benedictino D. Agustín Calmet, como un magisterio destilado a la llama de la más juiciosa crítica de cuanto bueno se había escrito en todos los siglos anteriores sobre [313] tan noble asunto. En que logró también el P. Calmet la ventaja de aprovecharse de las nuevas luces, que en estos tiempos adquirió la Geografía, para ilustrar muchos lugares, antes poco entendidos, de la Escritura.

9. Para el más perfecto conocimiento del poder, gobierno, religión, y costumbres de muchos Reinos distantes, nadie negará la gran conducencia de las relaciones de Tabernier, Tevenot, y otros célebres Viajeros Franceses. Otros muchos libros hay escritos en el vulgar idioma de la Francia, singulares cada uno en su clase, o para determinada especie de erudición: como las Noticias de la República de las Letras: las Memorias de Trevoux: el Diario de los Sabios de París: la Biblioteca Oriental de Herbelot, &c.

10. Así que el que quisiere limitar su estudio a aquellas facultades, que se enseñan en nuestras Escuelas, Lógica, Metafísica, Jurisprudencia, Medicina Galénica, Teología Escolástica, y Moral, tiene con la lengua Latina cuanto ha menester. Mas para sacar de este ámbito, o su erudición, o su curiosidad, debe buscar como muy útil, si no absolutamente necesaria, la lengua Francesa. Y esto basta para que se conozca el error de los que reprueban como inútil la aplicación a este idioma.

§. III

11. Mas no por eso concederemos, ni es razón, alguna ventaja a la lengua Francesa sobre la Castellana. Los excesos de una lengua respecto de otra, pueden reducirse a tres capítulos, Propiedad, Armonía, y Copia. Y en ninguna de estas calidades cede la lengua Castellana a la Francesa.

12. En la propiedad juzgo, contra el común dictamen, que todas las lenguas son iguales en cuanto a todas aquellas voces, que específicamente significan determinados objetos. La razón es clara, porque la propiedad de una voz no es otra cosa, que su específica determinación a significar tal objeto; y como ésta es arbitraria, o dependiente de [314] la libre voluntad de los hombres, supuesto que en una Región esté tal voz determinada a significar tal objeto, tan propia es como otra cualquiera que le signifique en idioma diferente. Así no se puede decir, pongo por ejemplo, que el verbo Francés tromper sea más, ni menos propio que el Castellano engañar; la voz rien, que la voz nada. Puede haber entre dos lenguas la desigualdad de que una abunde más de voces particulares, o específicas. Mas esto en rigor será ser más copiosa, que es capítulo distinto, quedando iguales en la propiedad en orden a todas las voces específicas que haya en una, y otra.

13. De la propiedad del idioma se debe distinguir la propiedad del estilo; porque ésta dentro del mismo Idioma admite más, y menos, según la habilidad, y genio del que habla, o escribe. Consiste la propiedad del estilo en usar de las locuciones más naturales, y más inmediatamente representativas de los objetos. En esta parte, si se hace el cotejo entre Escritores modernos, no puedo negar que por lo común hacen ventaja los Franceses a los Españoles. En aquéllos se observa más naturalidad; en éstos más afectación. Aun en aquellos Franceses, que más sublimaron el estilo, como el Arzobispo de Cambray Autor del Telémaco, y Magdalena Scuderi, se ve que el arte está amigablemente unido con la naturaleza. Resplandece en sus obras aquella gala nativa, única hermosura, conque el estilo hechiza al entendimiento. Son sus escritos como jardines, donde las flores espontáneamente nacen; no como lienzos, donde estudiosamente se pintan. En los Españoles, picados de cultura, dio en reinar de algún tiempo a esta parte una afectación pueril de tropos retóricos, por la mayor parte vulgares, una multiplicación de epítetos sinónimos, una colocación violenta de voces pomposas, que hacen el estilo, no gloriosamente majestuoso, sí asquerosamente entumecido. A que añaden muchos una temeraria introducción de voces, ya Latinas, ya Francesas, que debieran ser descaminadas como contrabando del idioma, o idioma de contrabando en estos Reinos. Ciertamente en España son [315] pocos los que distinguen el estilo sublime del afectado, y muchos los que confunden uno con otro.

14. He dicho que por lo común hay este vicio en nuestra Nación, pero no sin excepciones, pues no faltan Españoles que hablan, y escriben con suma naturalidad, y propiedad el idioma nacional. Sirvan por todos, y para todos de ejemplares D. Luis de Salazar y Castro, Archivo grande, no menos de la lengua Castellana antigua, y moderna en toda su extensión, que de la Historia, la Genealogía, y la Crítica más sabia; y el Mariscal de Campo Vizconde de Puerto, que con sus excelentes libros de Reflexiones Militares dio tanto honor a la Nación Española entre las extranjeras. No nacen, pues, del idioma Español la impropiedad, o afectación de algunos de nuestros compatriotas, sí de falta de conocimiento del mismo idioma, o defecto de genio, o corrupción de gusto.

§. IV

15. En cuanto a la armonía, o grato sonido del idioma, no sé cuál de dos cosas diga: o que no hay exceso de unos idiomas a otros en esta parte; o que no hay Juez capaz de decidir la ventaja. A todos suena bien el idioma nativo, y mal el forastero, hasta que el largo uso le hace propio. Tenemos hecho concepto de que el Alemán es áspero; pero el P. Kirquer, en su Descripción de la Torre de Babel, asegura que no cede en elegancia a otro alguno del mundo. Dentro de España parece a Castellanos, y Andaluces humilde, y plebeya la articulación de la Jota, y la G de Portugueses, y Gallegos. Pero los Franceses, que pronuncian del mismo modo, no sólo las dos letras dichas, mas también la Ch, escuchan con horror la articulación Castellana, que resultó en estos Reinos del hospedaje de los Africanos. No hay Nación, que pueda sufrir hoy el lenguaje, que en ella misma se hablaba doscientos años ha. Los que vivían en aquel tiempo gustaban de aquel lenguaje, sin tener el órgano del oído diferente en nada de los que viven ahora; y si resucitasen, tendrían por [316] bárbaros a sus propios compatriotas. El estilo de Alano Chartier, Secretario del Rey Carlos VII de Francia, fue encanto de su siglo; en tal grado, que la Princesa Margarita de Escocia, esposa del Delfín, hallándole una vez dormido en la antesala de Palacio, en honor de su rara facundia, a vista de mucha Corte, estampó un ósculo en sus labios. Digo que en honor de su rara facundia, y sin intervención de alguna pasión bastarda, por ser Alano extremamente feo; y así, reconvenida sobre este capítulo por los asistentes, respondió, que había besado, no aquella feísima cara, sino aquella hermosísima boca. Y hoy, tanto las Prosas, como las Poesías de Alano, no pueden leerse en Francia sin tedio: habiendo variado la lengua Francesa de aquel siglo a éste mucho más que la Castellana. ¿Qué otra cosa que la falta de uso convirtió en disonancia ingrata aquella dulcísima armonía?

16. De modo, que puede asegurarse que los idiomas no son ásperos, o apacibles, sino a proporción que son, o familiares, o extraños. La desigualdad verdadera está en los que los hablan, según su mayor, o menor genio, y habilidad. Así entre los mismos Escritores Españoles (lo mismo digo de las demás Naciones) en unos vemos un estilo dulce, en otros áspero: en unos enérgico, en otros lánguido: en unos majestuoso, en otros abatido. No ignoro que en opinión de muchos Críticos hay unos idiomas más oportunos que otros, para exprimir determinados afectos. Así se dice, que para representaciones trágicas no hay lengua como la Inglesa. Pero yo creo que el mayor estudio que los Ingleses, llevados de su genio feroz, pusieron en las piezas dramáticas de este carácter, por la complacencia que logran de ver imágenes sangrientas en el teatro, los hizo más copiosos en expresiones representativas de un coraje bárbaro, sin tener parte en esto la índole del idioma. Del mismo modo la propiedad que algunos encuentran en las composiciones Portuguesas, ya Oratorias, ya Poéticas, para asuntos amatorios, se debe atribuir, no al genio del lenguaje, sino al de la Nación. Pocas veces se explica mal lo que [317] se siente bien; porque la pasión que manda en el pecho, logra casi igual obediencia en la lengua, y en la pluma.

17. Una ventaja podrá pretender la lengua Francesa sobre la Castellana, deducida de su más fácil articulación. Es cierto que los Franceses pronuncian más blando, los Españoles más fuerte. La lengua Francesa (digámoslo así) se desliza: la Española golpea. Pero lo primero, esta diferencia no está en la substancia del idioma, sino en el accidente de la pronunciación: siendo cierto que una misma dicción, y una misma letra puede pronunciarse, o fuerte, o blanda, según la varia aplicación del órgano, que por la mayor parte es voluntaria. Y así no faltan Españoles que articulen con mucha suavidad: y aun creo que casi todos los hombres de alguna policía hoy lo hacen así. Lo segundo digo, que aun cuando se admitiese esta diferencia entre los dos idiomas, más razón habría de conceder el exceso al Castellano: siendo prenda más noble del idioma una valentía varonil, que una blandura afeminada.

18. Marco Antonio Mureto, en sus Notas sobre Catulo, notó en los Españoles el defecto de hablar hueco, y fanfarrón: More patrio inflatis buccis loquentes. Yo confieso que es ridiculez hablar hinchando las mejillas, como si se inspirase el aliento a una trompeta, y en una conversación de paz entonar la solfa de la ira. Pero este defecto no existe sino en los plebeyos, entre quienes el esfuerzo material de los labios pasa por suplemento de la eficacia de las razones.

§. V

19. En la copia de voces (único capítulo, que puede desigualar substancialmente los idiomas) juzgo que excede conocidamente el Castellano al Francés. Son muchas las voces Castellanas, que no tienen equivalente en la lengua Francesa; y pocas he observado en ésta, que no le tengan en la Castellana. Especialmente de voces compuestas abunda tanto nuestro idioma, que dudo que le iguale aun el Latino, ni otro alguno, exceptuando al Griego. [318] El Canciller Bacon, ofreciéndose hablar {(a) De Inter. rerum, cap. 38.} de aquella versatilidad política, que constituye a los hombres capaces de manejar en cualquiera ocurrencia su fortuna, confiesa que no halla en alguna de las cuatro lenguas, Inglesa, Latina, Italiana, y Francesa, voz que signifique lo que la Castellana desenvoltura. Y acá estamos tan de sobra, que para significar lo mismo tenemos otras dos voces equivalentes; despejo, y desembarazo.

20. Nótese, que en todo género de asuntos escribieron bien algunas plumas Españolas, sin mendigar nada de otra lengua. La elegancia, y pureza de D. Carlos Coloma, y D. Antonio de Solís en materia de Historia, no tiene que envidiar a los mejores Historiadores Latinos. Las Empresas Políticas de Saavedra fundieron a todo Tácito en Castellano sin el socorro de otro idioma. Las Teologías, Expositiva, y Moral, se hallan vertidas en infinitos Sermones de bello estilo. ¿Qué Autor Latino escribió con más claridad, y copia la Mística, que Santa Teresa? ¿Ni la Escolástica en los puntos más sublimes de ella, que la Madre María de Agreda? En los asuntos Poéticos ninguno hay que las Musas no hayan cantado con alta melodía en la lengua Castellana. Garcilaso, Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Mendoza, Solís, y otros muchos, fueron cisnes sin vestirse de plumas extranjeras. Singularmente se ve que la lengua Castellana tiene para la Poesía Heróica tanta fuerza como la Latina en la traducción de Lucano, que hizo D. Juan de Jáuregui: donde aquella arrogante valentía, que aún hoy asusta a los más apasionados de Virgilio, se halla con tanta integridad trasladada a nuestro idioma, que puede dudarse en quién brilla más espíritu, si en la copia, si en el original. Últimamente, escribió de todas las Matemáticas (estudio en que hasta ahora se habían descuidado los Españoles) el P. Vicente de Tosca, corriendo su dilatado campo sin salir del patrio idioma. En tanta variedad de asuntos se explicaron excelentemente los [319] Autores referidos, y otros infinitos que pudiera alegar, sin tomar ni una voz de la lengua Francesa. ¿Pues a qué propósito nos las introducen ahora?

21. El empréstito de voces, que se hacen unos idiomas a otros, es sin duda útil a todos; y ninguno hay que no se haya interesado en este comercio. La lengua Latina quedaría en un árido esqueleto, si le hiciesen restituir todo lo que debe a la Griega. La Hebrea, con ser madre de todas, de todas heredó después algunas voces, como afirma S. Jerónimo: Omnium pene linguarum verbis utuntur Hebraei {(a) In cap. 7 Isai.}. Lo más singular es, que siendo la Castellana, que hoy se usa, dialecto de la Latina, se halla que la Latina mendigó algunas voces de la lengua antigua Española. Aulo Gelio, citando a Barron, dice, que la voz Lancea la tomaron los Latinos de los Españoles {(b) Noct. Attic. lib. 15 cap. 3.}. Y Quintiliano, que la voz Gurdus, que significa hombre rudo, o de corta capacidad, fue trasladada de España a Roma: Et gurdos, quos pro stolidis accipit vulgus, ex Hispania traxisse originem audivi {(c) Lib. 1 Instit. Orat. cap. 9.}.

22. Pero cuando el idioma nativo tiene voces propias, ¿para qué se han de substituir por ellas las del ajeno? Ridículo pensamiento el de aquellos, que, como notaba Cicerón en un amigo suyo, con voces inusitadas juzgan lograr opinión de discretos: Qui recte putabat loqui esse inusitate loqui {(d) Lib. 3 de Orat.}. Ponen por medio el no ser entendidos, para ser reputados por entendidos; cuando el huirse con voces extrañas de la inteligencia de los oyentes, en vez de avecindarse en la cultura, es, en dictamen de S. Pablo, hospedarse en la barbarie: Si nesciero virtutem vocis, ero ei, cui loquor, barbarus: & qui loquitur, mihi barbarus.

23. A infinitos Españoles oigo usar de la voz Remarcable, diciendo: Es un suceso remarcable, una cosa remarcable. [320] Esta voz Francesa no significa más, ni menos que la Castellana Notable; así como la voz Remarque, de donde viene Remarcable, no significa más, ni menos que la voz Castellana Nota, de donde viene Notable. Teniendo, pues, la voz Castellana la misma significación que la Francesa, y siendo por otra parte más breve, y de pronunciación menos áspera, ¿no es extravagancia usar de la extranjera, dejando la propia? Lo mismo puedo decir de muchas voces, que cada día nos traen de nuevo las Gacetas.

24. La conservación del idioma patrio es de tanto aprecio en los espíritus amantes de la Nación, que el gran juicio de Virgilio tuvo este derecho por digno de capitularse entre dos Deidades, Júpiter, y Juno, al convenirse en que los Latinos admitiesen en su tierra a los Troyanos.

Sermonem Ausonium patrium, moresque tenebunt.

No hay que admirar; pues la introducción del lenguaje forastero es nota indeleble de haber sido vencida la Nación, a quien se despojó de su antiguo idioma. Primero se quita a un Reino la libertad, que el idioma. Aun cuando se cede a la fuerza de las armas, lo último que se conquista son lenguas, y corazones. Los antiguos Españoles, conquistados por los Cartagineses, resistieron constantemente (como prueba Aldrete en sus Antigüedades de España) la introducción de la lengua Púnica. Dominados después por los Romanos, tardaron mucho en sujetarse a la Latina. ¿Diremos que son legítimos descendientes de aquellos los que hoy sin necesidad estudian en afrancesar la Castellana?

25. En la forma, pues, que está hoy nuestra lengua, puede pasar sin los socorros de otra alguna. Y uno de los motivos que he tenido para escribir en Castellano esta Obra, en cuya prosecución apenas habrá género de literatura, o erudición que no se toque, fue mostrar, que para escribir en todas materias, basta por sí solo nuestro idioma sin los subsidios del ajeno; exceptuando empero algunas voces facultativas, cuyo empréstito es indispensable de unas Naciones a otras. [321]

§. VI

26. Aunque el motivo por que hemos discurrido en el cotejo de la lengua Castellana con la Francesa, no milita respecto de la Italiana, porque ésta aún no ganó la afición, ni se hizo en España de la moda: la ocasión convida a decir algo de ella, y juntamente de la Lusitana, por comprehender en el Paralelo, para satisfacción de los curiosos, todos los dialectos de la Latina.

27. He dicho por comprehender todos los dialectos de la Latina, porque aunque éstos vulgarmente se reputan ser no más que tres, el Español, el Italiano, y el Francés, el P. Kirquer, Autor desapasionado {(a) De Turri Babel, lib. 3 cap. 1.}, añade el Lusitano: en que, advierto, se debe incluir la lengua Gallega, como en realidad indistinta de la Portuguesa, por ser poquísimas las voces en que discrepan, y la pronunciación de las letras en todo semejante: y así se entienden perfectamente los individuos de ambas Naciones, sin alguna instrucción antecedente.

28. Que la lengua Lusitana, o Gallega se debe considerar dialecto separado de la Latina, y no subdialecto, o corrupción de la Castellana, se prueba, a mi parecer con evidencia, del mayor parentesco que tiene aquélla, que ésta, con la Latina. Para quien tiene conocimiento de estas lenguas no puede haber duda de que por lo común las voces Latinas han degenerado menos en la Portuguesa. Esto no pudiera ser, si la lengua Portuguesa fuese corrupción, o subdialecto de la Castellana: siendo cierto, que con cuantas más mutaciones se aparta una lengua de la fuente, tanto se aleja más de la pureza de su origen.

29. Si por el mayor parentesco que tiene un dialecto con su lengua original, o menor desvío, que padeció de ella, se hubiese de regular su valor entre todos los dialectos de la Latina, daríamos la preferencia a la lengua Italiana, y en segundo lugar pondríamos la Portuguesa. A algunos [322] les parecerá deber hacerse así; porque siendo una especie de corrupción aquella declinación, que insensiblemente va haciendo la lengua primordial hacia su dialecto, parece se debe tener por menos corrompido, y por consiguiente por menos imperfecto, aquel dialecto en quien fue menor el desvío.

30. Sin embargo, esta razón tiene más apariencia que solidez. Lo primero, porque la corrupción, de que se habla, no es propia, sino metafóricamente tal. Lo segundo, porque aunque pueda llamarse corrupción aquel perezoso tránsito, conque la lengua original va declinando al dialecto; pero después que éste, logrando su entera formación, está fijado, ya no hay corrupción, ni aun metafórica. Esto se ve en las cosas físicas, donde, aunque se llama corrupción, o se asienta que la hay en aquel estado vial conque la materia pasa de una forma a otra; pero cuando la nueva forma se considera en estado permanente, o in facto esse, como se explican los Filósofos de la Escuela, nadie dice que hay entonces corrupción: ni el nuevo compuesto se puede llamar en alguna manera corrompido. Y así, como a veces sucede, que no obstante la corrupción que precedió en la introducción de la nueva forma, el nuevo compuesto es más perfecto que el antecedente, podría también suceder, que mediante la corrupción del primer idioma, se engendrase otro más copioso, y más elegante que aquel de donde trae su origen.

31. Por este principio, pues, no se puede hacer juicio de la calidad de los dialectos. Y excluido éste, no veo otro por donde de los tres dialectos en cuestión se deba dar preferencia a alguno sobre los otros. Paréceme que la lengua Italiana suena mejor que las demás en la Poesía. Pero también juzgo, que esto no nace de la excelencia del idioma, sí del mayor genio de los naturales, o mayor cultivo de este Arte. Aquella fantasía, propia a animar los rasgos en la pintura, es, por la simbolización de las dos Artes, la más acomodada a exaltar los colores de la Poética: Ut pictura poesis erit. Después de los poemas de Homero, y [323] Virgilio, no hay cosa que iguale en el género a la Jerusalén del Taso.

32. Los Franceses notan las Poesías Italiana, y Española de muy hiperbólicas. Dicen que las dos Naciones dan demasiado al entusiasmo, y por excitar la admiración, se alejan de la verisimilitud. Pero yo digo, que quien quiere que los Poetas sean muy cuerdos, quiere que no haya Poetas. El furor es la alma de la Poesía. El rapto de la mente es el vuelo de la pluma: Impetus ille sacer, qui vatum pectora nutrit, dijo Ovidio. En los Poetas Franceses se ve, que por afectar ser muy regulares en sus pensamientos, dejan sus composiciones muy lánguidas. Cortan a las Musas las alas, o con el peso del juicio les abaten al suelo las plumas. Fuera de que también la cadencia de sus rimas es desairada. Pero la crisis de la Poesía se hará de intento en otro Tomo.

Corolario

33. Habiendo dicho arriba por incidencia, que el idioma Lusitano, y el Gallego son uno mismo, para confirmación de nuestra proposición, y para satisfacer la curiosidad de los que se interesaren en la verdad de ella, expondremos aquí brevemente la causa más verisímil de esta identidad.

34. Es constante en las Historias, que el año 400, y pocos más de nuestra Redención, fue España inundada de la violenta irrupción de los Godos, Vándalos, Suevos, Alanos, y Selingos, Naciones Septentrionales. Que de éstos, los Suevos, debajo de la conducta de su Rey Hermenerico, se apoderaron de la Galicia, donde reinaron gloriosamente por más de 170 años, hasta que los despojó de aquel florentísimo Reino Leovigildo, Rey de los Godos. Es asimismo cierto, que no sólo dominaron los Suevos la Galicia, mas también la mayor parte de Portugal. Manuel de Faria, en el Epítome de las Historias Portuguesas {(a) Part. 2 cap. 3.}, con [324] Fr. Bernardo de Brito, y otros Autores de su Nación, quiere que no sólo fuesen los Suevos dueños de la mayor parte de Portugal, mas también de cuanto tuvo el nombre de Lusitania: en tanto grado, que perdida esta denominación tomó aquel Reino el nombre de Suevia. En fin, tampoco hay duda en que al tiempo que entraron los Suevos en Galicia, y Portugal, se hablaba en los dos Reinos, como en todos los demás de España, la lengua Romana, extinguida del todo, o casi del todo la antigua Española, por más que contra las pruebas concluyentes, deducidas de muchos Autores antiguos, que alegan Aldrete, y otros Escritores Españoles, pretenda lo contrario el Maestro Fr. Francisco de Vivar en su Comentario a Marco Máximo en el año de Cristo 516.

35. Hechos estos supuestos, ya se halla a la mano la causa que buscamos de la identidad del idioma Portugués, y Gallego; y es, que habiendo estado las dos Naciones separadas de todas las demás Provincias, debajo de la dominación de unos mismos Reyes, en aquel tiempo precisamente en que corrompiéndose poco a poco la lengua Romana en España, por la mezcla de las Naciones Septentrionales, fue degenerando en particulares dialectos, consiguientemente al continuo, y recíproco comercio de Portugueses, y Gallegos (secuela necesaria de estar las dos Naciones debajo de una misma dominación), era preciso que en ambas se formase un mismo dialecto.

36. Añádese a esto, que el Reino de Galicia comprehendía en aquellos tiempos buena porción de Portugal, pues se incluía en él la Ciudad de Braga, como consta del Cronicón de Idacio, que florecía a la sazón. Así dice en el año de Cristo 447: Theodorico Rege cum exercitu ad Bracaram extremam Civitatem Gallaeciae pertendente, &c.

37. En fin, en honor de nuestra Patria diremos, que si el idioma de Galicia, y Portugal no se formó promiscuamente a un tiempo en los dos Reinos, sino que del uno paso al otro; se debe discurrir, que de Galicia se comunicó a Portugal, no de Portugal a Galicia. La razón es, [325] porque durante la unión de los dos Reinos en el gobierno Suevo, Galicia era la Nación dominante, respecto de tener en ella su asiento, y Corte aquellos Reyes. Por lo cual, así los Escritores Españoles, como los extranjeros, llaman a los Suevos absolutamente Reyes de Galicia, atribuyendo la denominación a la Corona por la Provincia dominante: como antes de la unión con Aragón se llamaban absolutamente Reyes de Castilla los que juntamente con Castilla regían otras muchas Provincias de España. Y lo mismo diremos de los Reyes de Aragón, respecto de las demás Provincias unidas a aquella Corona. Siendo, pues, durante aquella unión, el Reino de Galicia asiento de la Corona, es claro que no pudo tomar el idioma de Portugal, porque nunca la Provincia dominante le toma de la dominada, sino al contrario.

 

{Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal, tomo primero (1726). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas 309-325.}


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