La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo tercero
Carta XX

Sobre el Sistema Copernicano
Se advierte, que las leguas de que se habla en esta Carta, y en la siguiente son de las veinte, y cinco en grado, mucho menores, que las Españolas, de las cuales no caben en cada grado terrestre más que diez y siete y media


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1. Muy Señor mío: Notable es la ira, que Vmd. ha concebido contra el Eclesiástico, y el Militar, que en la concurrencia, de que Vmd. me da noticia, tocándose la cuestión del Sistema del Mundo, mostraron inclinarse [217] a la opinión de Nicolao Copérnico, que colocó al Sol quieto en el centro del Mundo, transfiriendo a la tierra el movimiento del Sol. Y bien pudiera esa ira ser justa. Pero en Vmd. por dos capítulos deja de serlo, uno de exceso, otro de defecto. El exceso está en la censura, que Vmd. hace de aquella opinión, tratándola de sueño, delirio, y quimera; y a los que la siguen de ilusos, fatuos, y locos. El defecto es de las noticias necesarias para hacer una crisis justa en la materia: defecto que Vmd. mismo no rehusa confesar, cuando dice, que no sabe de esto, ni ha menester saber más, que lo que le informan sus ojos para tratar de quimérico el Sistema Copernicano.

2. ¡Oh qué engañado que está Vmd.! Los ojos nada deciden, ni pueden decidir en la cuestión. Esto lo confiesan cuantos con conocimiento de causa han impugnado a Copérnico. En efecto es cosa de la suprema evidencia, que aunque la tierra se moviese, y el Sol estuviese quieto, nuestros ojos nos representarían, del mismo modo que ahora, la Tierra en reposo, y el Sol en movimiento. E igualmente cierto es, que suponiendo, como suponemos, el Sol en movimiento, y la Tierra en reposo, si un hombre estuviese en el Sol, se le representaría éste quieto, y la Tierra girando alderredor de él. Es regla constante en la Optica, que respecto del que está en un cuerpo grande, que se mueve, la apariencia del movimiento se transfiere a otro, u otros cuerpos distantes, que están quietos, mayormente si el movimiento es uniforme, y de un tenor igual. Todos los que han navegado algo, saben, que cuando un bajel va costeando con un viento plácido, no parece a los que van en él, que el bajel se mueve; antes se les representa, que se mueven en contrario sentido los árboles, peñascos, o casas que están en las orillas. Aun sin estar en el cuerpo que se mueve, como éste esté más cerca, se representa sin movimiento, transferido a otro más distante, como el movimiento de las nubes a la Luna sobrepuesta a ellas; de modo, que si las agita un viento Oriental muy fuerte; no se representa, que las nubes [218] caminan de Oriente a Poniente, sino que la Luna vuelva rápidamente de Poniente a Oriente. Así el argumento tomado de la apariencia del movimiento del Sol, y quietud de la Tierra, que parece a los vulgares concluyente contra Copérnico, es oído con irrisión de los Doctos, tanto Copernicanos, como Anti-Copernicanos.

3. Ni son más eficaces, a la reserva de uno sólo, los demás que se han discurrido contra el Sistema Copernicano; aunque es verdad, que la falencia de ellos no está tan en la superficie; que no sea menester algo de Física para descubrirla. Arguyen lo primero, que si la tierra se moviese, las aves, después de vaguear un poco por el aire, no hallarían sus nidos, porque moviéndose la Tierra velocísimamente con ellos, mientras ellas andaban volando, ya estarían distantísimos cuando se abatiesen a buscarlos. A esto se responde, que en la opinión de Copérnico, el aire, que insiste sobre la Tierra, y toda la Atmósfera, gira circularmente con ella, y lleva consigo las aves siempre en igual distancia de los nidos.

4. Arguyen lo segundo, que si la Tierra se moviese, cuando alguno arrojase una piedra perpendicularmente hacia arriba, ésta caería, no junto al que la había disparado, sino a gran distancia de él; porque mientras la piedra sube, y baja, la Tierra, moviéndose velocísimamente con el que la disparó, le pondría a mucha distancia del sitio donde cae la piedra. Respóndese, que en la suposición hecha, la proyección de la piedra le da dos impulsos diversos, uno vertical, otro horizontal: el movimiento voluntario de la mano le da el vertical; el movimiento necesario de la mano, y de todo el cuerpo, conducido del de la Tierra, que es horizontal, le comunica a la piedra el impulso horizontal; y combinados estos dos impulsos, no resulta en la piedra, ni movimiento vertical, ni horizontal, sino un movimiento mixto, medio entre los dos, por el cual la piedra va subiendo a la verdad; pero por una línea, que tiene mucho más de horizontal, que de vertical, por ser el impulso horizontal, y necesario, como impreso del movimiento de la [219] Tierra mucho más rápido que el de la mano, y mucho más fuerte, que el vertical, y voluntario: de que resulta, que la piedra en subida, y bajada sigue una línea circular de poquísima curvatura, o que sensiblemente se puede tomar por recta, en virtud de la cual va caminando siempre verticalmente sobre el que la ha disparado. Añádese, que el movimiento del Aire conforme al de la Tierra, promueve también el movimiento horizontal de la piedra.

5. En Francia se hizo una experiencia célebre en prueba de la verdad de esta solución. Tratándose la materia de ella en un concurso, en que se hallaba el célebre Filósofo Pedro Gasendo, opuso uno, que si la Tierra diese el pretendido impulso horizontal a la piedra, de tal modo, que ésta cayese en el mismo sitio, que caería estando la Tierra inmóvil; en caso que uno, puesto en lo más alto del árbol mayor de un bajel, instruido de tres órdenes de remos, dejase caer una piedra, moviéndose entretanto el bajel con toda la rapidez, que le pudiesen dar unánimes todos los remeros, caería la piedra al pie del mastil; lo que al que proponía el argumento le parecía imposible, y lo mismo a los más del concurso, que daban por infalible, que la piedra caería detrás de la popa; de que concluían, que el asunto de la solución dada, era más ingenioso, que verdadero. Pero Gasendo, que penetraba mejor que nadie su solidez, mantuvo con una persuasión invencible, que la piedra caería al pie del mastil. Por interesarse en el examen la curiosidad de algunas personas poderosas, se llegó a la experiencia, y sucedió puntualmente lo que Gasendo había firmado.

6. Yo dijera, antes de la experiencia, lo mismo que Pedro Gasendo, y con la misma firmeza que él; porque la razón me muestra con la mayor evidencia la infalibilidad del afecto. Y con todo, ¡oh cuántos, y cuántas al leer esto quedarán descreyentes a la razón, y la experiencia! Sucedióme tal vez no poder meter esta física en la cabeza a un sujeto, por otra parte bastantemente hábil, aunque me empeñé en explicársela con la mayor claridad posible. [220]

7. Con la doctrina dada en las soluciones a los dos argumentos propuestos, bien penetrada, se pueden disolver otras objeciones, que vienen a reincidir en uno, u otro. Sólo hay una dificultad, y realmente grande, contra el Sistema Copernicano, para que no sirva la doctrina dada, y es la que voy a proponer ahora.

8. Es preciso en el Sistema Copernicano alejar lo que llamamos Firmamento; esto es, las Estrellas fijas a una distancia tan enorme, no sólo de la Tierra, mas aun de todo el Orbe Planetario, que se hace insufrible a la imaginación. Para concebir, qué distancia es ésta, se ha de suponer lo primero, que después de muchas exactas observaciones, están convenidos los Astrónomos modernos en que el Sol dista de la Tierra treinta, y tres millones de leguas. Se supone, que en esta materia no cabe observación alguna tan exacta, que no admita el error de un millón de leguas. Pero esto importa tan poco al asunto, que podemos contentarnos con que sean no más que treinta millones justos. De aquí resulta, que el diámetro del círculo, por donde gira la Tierra alderredor del Sol, es de sesenta millones de leguas, y la circunferencia de ciento y ochenta millones. Se ha de suponer lo segundo, que siendo de tan prodigiosa magnitud el Orbe, a quien termina este círculo, (Orbe anuo le llaman los Astrónomos, nombre que le conviene igualmente, que el Sol gire alderredor de la Tierra, que la Tierra alderredor del Sol) es como un punto imperceptible, respecto de la grandeza, y distancia del Firmamento. Lo que hace evidencia de esto es, que aun suponiendo la Tierra trasladada de un punto del Orbe anuo al punto diametralmente opuesto, no se ha hallado, aunque se ha tentado infinitas veces con la mayor aplicación, paralaje alguna de las Estrellas fijas; esto es, en el mismo lugar aparente se ve cualquiera fija, mirada de tal punto del Orbe anuo, que del otro punto, que dista de éste sesenta millones de leguas; y a no ser la distancia de la Tierra al Firmamento como inmensa, la paralaje de cualquier Estrella fija; esto es, su distancia del lugar aparente al [221] verdadero, sería grandísima. De modo, que si una Estrella Fija, v.g. la llamada Sirius que es de las mayores, y más brillantes, no distase (pongo por ejemplo) más que diez mil veces más, que dista de la Tierra el Sol, se observaría en ella un paralaje muy sensible. En fin, los mejores Astrónomos están convenidos, en que si la Tierra gira alrededor del Sol, la distancia de Sirius a la Tierra es más de cuarenta mil veces mayor que la distancia de la Tierra al Sol: dista por consiguiente esta Estrella de la Tierra mucho más que un millón de millones de leguas. ¡Vacío inmenso! Distancia portentosa, que resiste admitir la imaginación, aunque el discurso no halla argumento alguno con que convencerla de falsa.

9. Este es el único argumento a ratione contra Copérnico, que hace alguna fuerza. ¿Y qué hay a favor de Copérnico? ¡Oh qué lejos estará Vmd. que tiene su Sistema por sueño, delirio, y quimera de imaginar, que hay a favor de él, no uno sólo, sino algunos argumentos tan fuertes, que han arrastrado a la mayor parte de los primeros Matemáticos de Europa, sino a abrazarle como cierto, por lo menos a calificarle de más probable, que los demás! Propondré los que juzgo más plausibles.

10. El primero insiste en una especie de compensación del pretendido absurdo de la inmensa distancia del Firmamento, que se deduce contra Copérnico. Es verdad, dicen los Copernicanos, que la imaginación mira como monstruosidad aquella enorme distancia. Pero otra monstruosidad igual, y aun mayor, están obligados a tragar los que se oponen al Sistema Copernicano, que es la increíble celeridad de movimiento de las Estrellas Fijas, y aun del Sol, y demás Planetas; pues esta increíble celeridad se evita enteramente en el Sistema Copernicano; y en el Sistema vulgar es increíble, como voy a exponer.

11. Los Copernicanos, que ponen al Sol inmóvil en el centro del Mundo, suplen con dos movimientos de la Tierra los dos movimientos; esto es, el anuo, y el diurno, que el Sistema vulgar atribuye al Sol. Con el movimiento anuo [222] gira la Tierra alderredor del Sol por la circunferencia de ciento y noventa y dos millones de leguas (o sean no más que ciento y ochenta, según la rebaja que arriba admití) en trescientos y sesenta y cinco días, y poco menos de seis horas; y con el diurno hace una revolución entera sobre su eje en el espacio de veinte y cuatro horas. Dejemos ahora el movimiento anuo, que no nos hace al caso, y vamos al diurno. Si la tierra no hace este movimiento de revolución sobre su eje en veinticuatro horas, es preciso que el Sol, los demás Planetas, y las Estrellas Fijas, giren alderredor de la Tierra en ese espacio de tiempo; como en efecto se nos presenta así, y el Sistema vulgar toma por realidad esa representación.

12. Digo, pues, que sentado esto, es preciso admitir una celeridad increíble en el movimiento del Sol; mucho más, sin comparación, en los Planetas superiores, v.g. Saturno; y muchísimo más en las Fijas. Distando el Sol treinta millones de leguas de la Tierra (voy consiguiente en la rebaja de los tres millones de leguas) es forzoso, que girando alderredor de la Tierra, corra en el espacio de veinte y cuatro horas ciento y ochenta millones de leguas, pues esa circunferencia corresponde al semidiámetro del Orbe anuo, que es de treinta millones, distancia de la Tierra al Sol, o al diámetro, que es de sesenta millones. Para esta cuenta rebajo en la circunferencia diez y ocho millones de leguas; pues siendo en el común cómputo de los Astrónomos el diámetro del Orbe anuo sesenta y seis millones de leguas, corresponden a la circunferencia ciento y noventa y ocho millones. Corre, pues, el Sol en cada hora del día siete millones y medio de leguas, y en cada minuto ciento veinte y cinco mil leguas. Ya la imaginación, que no está hecha a concebir mayor rapidez, que la de una bala, no puede menos de extrañar muchísimo esta rapidez del Sol, que es más de mil veces mayor que aquélla. Pero aun esto es poquísima cosa, respecto de lo que resta.

13. A Saturno colocan los Astrónomos diez veces más [223] distante de la Tierra que el Sol; esto es, trescientos y treinta millones de leguas. Dejémoslos en trescientos, rebajando los treinta. Y en efecto algunos Astrónomos no le dan más distancia, que la de trescientos millones. Gira, según esa cuenta, Saturno alderredor de la Tierra, en el espacio de veinte y cuatro horas, por un círculo de mil y ochocientos millones de leguas. Correspóndele andar en cada hora setenta y cinco millones de leguas: en cada minuto primero un millón, y doscientas mil leguas; y en cada minuto segundo veinte mil leguas. La duración del minuto segundo es poco mayor, que el de una pulsación arterial.

14. Dígame Vmd. ahora con sinceridad, si no se le representa más arduo, que un cuerpo, en el brevísimo tiempo de la pulsación de una arteria, corra catorce, o quince mil leguas; que el que las Estrellas Fijas estén a aquella gran distancia de nosotros, que hace precisa el Sistema Copernicano. Yo creo que sí; porque al fin, para cualquier distancia de un cuerpo a otro sabemos que hay un espacio infinito, en que Dios puede poner los cuerpos a la larga cuanto quiera; pero un movimiento de tan portentosa rapidez, no sólo la imaginación, mas aun el entendimiento halla una grandísima dificultad en concebir como pueda hacerse, sin que el móvil en cada punto indivisible de tiempo corra más, que un punto indivisible de espacio; lo cual por otra parte es imposible, porque se seguiría estar a un mismo tiempo en dos lugares distintos.

15. Si de Saturno subimos a las Estrellas Fijas, crece extraordinariamente la dificultad. Estas, de la misma calidad que el Sol, Saturno, y los demás Planetas, si la tierra no se resuelve diariamente sobre su eje, se resuelven alderredor de la Tierra en el espacio de veinte y cuatro horas, pero por una órbita, sin comparación mayor que la de Saturno: porque aunque en el Sistema vulgar se les acorta mucho de aquella enorme distancia, que les dan los Copernicanos, todos convienen en que están mucho más distantes de nosotros que Saturno. El que están elevados sobre [224] este Planeta, se demuestra con evidencia, de que Saturno varias veces eclipsa, ya está, ya aquella de las Fijas; lo que no pudiera ser, a no estar colocado entre ellas y la Tierra; y que esta elevación de las Fijas sobre Saturno es grandísima, se persuade con razones conjeturales de mucho peso, que es excusado poner aquí. Por consiguiente el movimiento de las Estrellas Fijas es mucho más rápido que el de Saturno. Vea ya Vmd. si la dificultad, que encuentra la imaginación en concebir tan portentosa rapidez, inevitable en el Sistema común, equivale bien a la que halla en concebir la portentosa distancia de las Fijas a la Tierra, inevitable en el Sistema Copernicano; y por consiguiente, si está bien compensado el argumento, que contra Copérnico se hace sobre esta distancia, con el que, contra el Sistema común, se forma sobre aquella rapidez.

16. Quedando las dos opiniones, en cuanto a esta parte, en equilibrio, es preciso en el todo de la disputa, en cuanto esta rueda precisamente sobre argumentos a ratione, conceder considerables ventajas a la de Copérnico; porque contra Copérnico no hay argumento que tenga las más leve dificultad, sino el propuesto de la inmensa distancia del Firmamento; pero a favor de Copérnico, y contra el Sistema común, hay, fuera del que acabo de exponer, otros de mucha fuerza.

17. El segundo argumento, pues, que se hace a favor del Sistema Copernicano, se toma de su simplicidad. Hay tres Axiomas admitidos de todos los Físicos, que protegen soberanamente por esta parte dicho Sistema, aunque todos tres coinciden en uno. El primero, Non sunt multiplicandae entitates sine necessitate. Segundo, Natura studet compendio. Tercero, Frustra fit per plura, quod potest fieri per pauciora. Ahora bien. El Sistema vulgar no puede subsistir, ni salvar los Fenómenos, sin poner en movimiento, y movimiento rapidísimo todos los Cuerpos Celestes por espacio de veinte y cuatro horas; o por mejor decir, ese movimiento diurno de todos los Cuerpos Celestes entra en la esencia del Sistema vulgar. Hay diez y seis Cuerpos Planetarios, [225] a quienes da el Sistema vulgar este cotidiano movimiento; conviene a saber, los siete Planetas principales, y nueve secundarios, de los cuales cuatro se llaman Satélites de Júpiter, y cinco de Saturno. Todos estos están condenados en el Sistema vulgar a voltear alderredor de la Tierra diariamente. Lo mismo todo el numerosísimo ejército de las Estrellas Fijas. Cuanto más se han perfeccionado los Telescopios, tanto mayor multitud de Estrellas se ha ido descubriendo. Según el P. Ricciolo no es inverisímil, que hay dos millones de Estrellas. Añádese, que casi unánimes los Astrónomos modernos, convienen en que todas son como otros tantos Soles, pues tienen luz propria como nuestro Sol; lo que se evidencia de su centelleo, y radiación; y el parecer tan pequeñas pende de estar por tan dilatados espacios alejadas de nosotros. Todos estos cuerpos, tantos, y de tan enorme grandeza, se ve precisado el Sistema vulgar a poner en movimiento, y movimiento, cuya monstruosa rapidez se hace inconceptible; y todo esto lo excusa el Sistema Copernicano con sólo el movimiento diurno de la Tierra sobre su eje. ¿Quién no dirá, que esto segundo es más conforme al genio de la naturaleza? ¿A aquel genio económico, digo, que expresan los tres Axiomas citados arriba?

18. El tercer argumento se funda en la virtud magnética de la Tierra, la cual tienen ya por indubitable los Filósofos, como firmemente deducida de la inclinación, y declinación de los magnéticos. Se funda, digo, el argumento en esta virtud magnética de la Tierra, la cual sería enteramente inútil, y sin uso alguno en la Naturaleza, si la Tierra no girase en el Orbe anuo alderredor del Sol; mas puesto este movimiento, tiene el grande uso de conservar el paralelismo del eje de la Tierra, dirigiéndose al mismo punto del Firmamento.

19. El P. Dechales, que se propone este argumento, no da a él otra respuesta, que la común de que el magnetismo de la Tierra sirve para que ésta se conservr inmóvil en su sitio, y dos puntos suyos miren siempre los dos Polos. Pero [226] dada esta solución, muestra luego bastante desconfianza de ella, oponiéndole, que para la inmovilidad de la Tierra basta su gravedad; esto es, la conspiración, o tendencia de todas sus partes a un centro común. Restat tamen, son sus palabras, aliquis scrupulus, quod licet virtute magnetica careret; sufficienter vi gravitatis eundem situm observaret. ¿Y qué responde a esta objeción? Nada en substancia; contentándose con decir, que los que llevan el Sistema opuesto al de Copernicano, habrán de negar el que la gravedad de la Tierra baste para salvar su inmovilidad: Hoc tamen negandum est in opinione communi. Mas yo no sé que esto se pueda negar; y el P. Dechales habla en un tono, que da sobradamente a entender, que esta solución no le cuadra. Sin embargo no da otra.

20. El cuarto argumento se toma, de que en el Sistema Copernicano se salvan los movimientos de los Astros sin reposo, ni retrogradación. Cuando hablan los Astrónomos en general del movimiento de los Astros, los dividen en Directos, Estacionarios, y Retrógrados. Estas denominaciones son respectivas al movimiento, o quietud, que en diferentes tiempos, o situaciones tiene un mismo Astro. Llámase Directo, cuando va continuando el movimiento hacia delante por su órbita: Estacionario, cuando se representa parado: y Retrógrado, cuando parece que retrocede. Todos convienen en que es un delirio asentir a que los Astros paren, ni retrocedan efectivamente, si no fuese por milagro: que por consiguiente, así su reposo, como su retroceso, son meras apariencias. La dificultad está en señalar la causa de estas engañosas apariencias. Y aquí es donde el Sistema de Copérnico logra unas grandes ventajas sobre el vulgar, en el cual, para componer aquellas apariencias, se recurre a un enredadísimo, y aun imposible armatoste de Excéntricos, y Epiciclos; pero en el de Copérnico clarísimamente se componen con la combinación del movimiento de la Tierra en el Orbe anuo, con el del Planeta en su Orbita. Si Vmd. quisiere ver esto demostrado con la mayor evidencia, recurra al Tomo cuarto del [227] Espectáculo de la Naturaleza, (Obra ya bastantemente vulgarizada en España) y al fin de él hallará un Tratadillo con el título de Explicación del movimiento de los Planetas en el Sistema de Copérnico, donde hay tres figuras, y en la segunda se pone a los ojos cuándo, y cómo el Planeta debe representarse a nuestra vista Estacionario, o Retrógrado, no obstante que va continuando uniformemente su curso.

21. El último argumento, que se hace a favor de Copérnico, pienso que es de la invención de Newton. Por lo menos yo no le ví en otro Autor. Este argumento entra suponiendo una cosa, que todos deben admitir como certísima; y es lo que dije al principio, que aunque la Tierra se moviese, y el Sol estuviese quieto, nuestros ojos nos representarían la Tierra quieta, y el Sol en movimiento; y por más que se mueva el Sol, a un hombre que estuviese en él (lo mismo digo de otro cualquiera Planeta, o Astro que se mueva) se representaría el Sol quieto, y la Tierra en movimiento. Puesto lo cual, sólo por inducción podemos determinar, si la tierra está quieta, o se mueve; pero la inducción determina eficacísimamente a favor del movimiento; lo que voy a explicar.

22. En el Mundo Planetario; esto es, en este amplísimo espacio, comprehendido dentro del Firmamento, hay diez y siete Cuerpos, o Globos totales, que son los siete Planetas primarios, Sol, Venus, Mercurio, la Luna, Saturno, Júpiter, y Marte: los cuatro Planetas secundarios, que llaman Satélites de Júpiter: los cinco también secundarios Satélites de Saturno, y la Tierra, a quien asimismo dan el nombre de Planeta de los Copernicanos; y de hecho lo parecería a quien la mirase desde la Luna, del mismo modo que lo parece la Luna mirada desde la Tierra. Entre estos diez y siete Cuerpos distinguimos claramente el movimiento de quince; esto es, de todos exceptuando el Sol, y la Tierra, de quienes por observación inmediata no podemos discernir, si aquél gira alderredor de ésta, o ésta alderredor de aquél.

23. En estos quince Cuerpos, de cuyo movimiento no [228] podemos dudar, observamos constante una regla, o ley general, la cual es, que nunca gira el mayor alderredor del menor; antes siempre el menor alderredor del mayor.

24. Obsérvase constante esta regla, porque Saturno, Júpiter, Marte, Venus, y Mercurio, que son menores que el Sol, giran alderredor del Sol: los cinco Satélites de Saturno, que son menos que Saturno, giran alderredor de éste: los cuatro de Júpiter, menores que Júpiter, hacen lo mismo respecto de él; y en fin, la Luna, menor que la Tierra, gira alderredor de la Tierra. Puesto esto, el argumento de inducción persuade, que entre el Sol, y la Tierra sucede lo mismo; esto es, que la Tierra, menor que el Sol, gira alderredor del Sol, que es mucho mayor; no que el Sol, mucho mayor que la tierra, gira alderredor de ella.

25. Sería una respuesta irrisible decir, que puede, respecto de la Tierra, y el Sol, darse una excepción de aquella regla. Las excepciones de las reglas comunes nunca se admiten sin prueba positiva, y prueba muy eficaz. Un mero puede ser, nunca es motivo racional para admitir la excepción de regla. La posesión del juicio, o el juicio de posesión siempre está por lo regular, y común: A frequenter contingentibus fit iudicium.

26. ¿Qué le parece ya a Vmd.? ¿Está aún en que es quimérico el Sistema Copernicano? No lo pienso, porque sería menester una extrema rudeza para perseverar en ese dictamen, después de vistos los argumentos que he expuesto a su favor. Y aún restan otros algunos, nada despreciables, que he omitido por no ser prolijo. Yo por mí protesto, que si en esta cuestión no jugasen, sino razones Filosóficas, y Matemáticas, sería el más fino Copernicano del Mundo. Pero el mal es, que después de apurado todo lo que hay de Filosofía, y Matemática en la materia, resta contra Copérnico un argumento de muy superior clase a todos los que se han alegado, o alegan a su favor. ¿Cuál es éste? El que se toma de la Autoridad de la Escritura: en varias partes de la cual está tan expreso, que [229] la Tierra está inmóvil, y el Sol gira alderredor de ella, que sólo recurriendo a interpretaciones violentas, se puede mantener contra tan poderosa fuerza el Sistema Copernicano. Considere Vmd. los textos siguientes: Genes. 15. Sol egressus est super terram: Judith. 24. Et erit cum exierit Sol: Josué 10. Sol contra Gabaon ne movearis... steteruntque Sol, & Luna... stetit itaque Sol in medio Coeli, & non festinavit occumbere spatio unius diei: 4 Reg. 20. Reversus est Sol decem lineis per gradus, quos descenderat: Psalm. 18, hablando del Sol: Exultavit ut Gigas ad currendam viam: Ecclesiast. 1. Oritur Sol, & occidit, & ad locum suum revertitur, ibique renascens, gyrat per Meridiem, & flectitur ad Aquilonem, &c. Omito algunos otros.

27. No ignoro, que los Copernicanos responden a esto, que la Escritura, en las cosas puramente naturales, y perfectamente inconexas con todo lo que es Teológico, y Moral, usa de expresiones acomodadas a las opiniones vulgares, aunque éstas en la realidad sean falsas; de lo cual producen algunos ejemplos. Pero esta solución sólo se podría admitir en caso que enteramente careciesen de ella los argumentos, que favorecen la opinión de Copérnico; lo que no es así. Debe confesarse, que el Sistema vulgar, o Ptolemaico es absolutamente indefensable, y sólo domina en España por la grande ignorancia de nuestras Escuelas en las cosas Astronómicas; pero puede abandonarse éste juntamente con el Copernicano, abrazando el de Tyco Brahe, en el cual se explican bastantemente los Fenómenos Celestes.

28. Tampoco ignoro, que se explican mejor, y con más simplicidad en el Copernicano, por cuya razón tiene en las Naciones incomparablemente mayor séquito, que el Tyconiano: y el sapientísimo P. Dechales, aunque no le sigue, en atención a ésta más fácil, y natural explicación de los Fenómenos le llama Inventum Divinum. Pero yo no veo por qué razón pudo Dios estar obligado a fabricar el Mundo según el Sistema que a nosotros nos parece más cómodo. Acaso para varios designios de la Providencia, [230] que ignoramos enteramente, el Sistema que nos parece más cómodo, será el más incómodo de todos. Y para mí lo es ahora efectivamente, porque habiéndome saltado en este momento la imaginación de que si el Sistema de Copérnico es verdadero, actualemente estoy girando con la mesa en que escribo, y con toda la Celda, con una velocidad grandísima, alderredor del Sol; esta aprehensión me causó una especie de vértigo, que me obliga a soltar la pluma. Nuestro Señor guarde a Vmd. &c.

Adición

29. Algunos días después de concluida esta Carta me ocurrió una particular impugnación del Sistema Copernicano, que me parece de mucho mayor fuerza, que cuantas hasta ahora se han discurrido contra él; porque es tomada de la suposición muy común entre los mismos Copernicanos de que las Fijas son Soles tan lucientes, y tan grandes como el nuestro; combinada con una ingeniosa observación del célebre Holandés Cristiano Huyghens, insigne Filósofo, y Matemático; por lo cual viene a ser argumento ad hominem contra los que siguen el Sistema de Copérnico.

30. El grande Filósofo, y Matemático que he dicho, suponiendo a la Estrella Sirius, que es la mayor, y más brillante del Hemisferio Septentrional, igual al Sol, quiso averiguar cuánta es su distancia respecto de nosotros. Para esto dispuso un Telescopio; (usando de él inversamente) de modo, que disminuyese el tamaño de él al Sol hasta hacerle parecer en tamaño, y resplandor igual a Sirius; después de lo cual, habiendo calculado por las reglas de la Dióptrica, que había reducido el diámetro del Sol a no ser más que la 27664 parte de lo que nos parece ordinariamente, concluyó, que si el Sol estuviese 27664 veces más distante de la Tierra, de lo que está ahora, se nos representaría según aquella disminución de tamaño, y claridad: de lo que se sigue evidentemente, que si Sirius es igual en resplandor, [231] y grandeza al Sol, dista de nosotros 27664 veces más que el Sol.

31. Sobre la resulta de este cálculo formo mi argumento. Si Sirius no dista de la Tierra más que lo dicho, y el Sistema Copernicano fuese verdadero, se observaría sin duda en ella alguna paralaje, examinada de dos puntos diametralmente opuestos del círculo por donde los Copernicanos hacen girar la Tierra alderredor del Sol; pero tal paralaje hasta ahora no se ha observado, pues Jacobo Casini, que se dio a este examen con prolija, y grande aplicación, como se refiere en la Historia de la Academia Real de las Ciencias, no halló tal paralaje: luego es falso el Sistema Copernicano.

32. La mayor se prueba; porque, según el mismo Casini, para salvar el Sistema Copernicano sin paralaje sensible de la Estrella Sirius, es menester que ésta diste de la Tierra por lo menos 43700 veces más que el Sol: de modo, que el Orbe anuo, que ciñe la Tierra con su movimiento, y cuyo diámetro es de sesenta y seis millones de leguas, sea como un punto respecto del Firmamento; pues siendo menor la distancia, ya se podría observar alguna paralaje: pero la distancia de la Sirius a la Tierra, que resulta de la observación de Mr. Huyghens, es mucho menor lo que va del número 27664 al de 43700. Luego, &c.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo tercero (1750). Texto tomado de la edición de Madrid 1774 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo segundo (nueva impresión), páginas 216-231.}


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