José Luis Leal Maldonado 1939

José Luis Leal Maldonado Ideólogo, político y empresario español que jugó un discreto aunque importante papel, desde las filas del «izquierdista» y «revolucionario» Frente de Liberación Popular FLP –la organización anticomunista católica que activó brillantemente Julio Cerón Ayuso–, en la preparación de la transición española hacia el liberalismo y la socialdemocracia, al servicio de la restauración borbónica y siempre atento a los intereses de Francia en España. En marzo de 1978 se hizo cargo de la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos, y fue nombrado Ministro de Economía en el tercer y cuarto gobierno de Unión de Centro Democrático UCD –6 de abril de 1979 hasta 8 de septiembre de 1980–, presididos por Adolfo Suárez González. Trabajó después en el Banco Bilbao Vizcaya, y desde 1990 es presidente de la Asociación Española de Banca AEB, organización privada que agrupa a la mayor parte de los bancos españoles, que le renovó su confianza en 2001 por otros cuatro años. En 1983 fundó Diálogo, Asociación de Amistad Hispano Francesa, de la que es presidente («la Asociación fue presentada al público en diciembre de 1983, en medio de un ambiente enrarecido por los contenciosos políticos y económicos entre Francia y España que amenazaba con generar una profunda crisis en las relaciones bilaterales. Esto era especialmente grave si tenemos en cuenta que los ciudadanos de ambos países habían de convivir, en un futuro más o menos lejano, en el horizonte común europeo», se lee en la presentación por internet de esta dialogante asociación, cuyo emblema lo forman un gallo y un toro). Ha sido reconocido por Francia como Comendador de la Legión de Honor, y en marzo de 2004 se anunció su nombramiento como Administrador Independiente del grupo francés Carrefour, uno de los puntales de la penetración económica francesa en España y adalid en este país del sector de la distribución tras la fusión en 1999 de Pryca y Continente (grandes superficies que en 2000 adoptaron el nombre de su matriz).

José Luis Leal Maldonado nació en Granada en 1939, hijo de Luis Leal –un alto mando de la Marina Española– y nieto de José Leal Santoyo (de Sorihuela del Guadalimar, Jaén). La privilegiada situación de su familia en aquellos primeros años del franquismo facilitó que el niño José Luis Leal fuera seleccionado para el reducido y selecto grupo que se formó en torno a Juan Carlos de Borbón y Borbón (nacido en Roma en 1938 en el exilio familiar), una vez que don Juan, su padre y heredero formal de Alfonso XIII, aceptó en agosto de 1948 que su hijo fuera educado en España bajo la tutela directa del Caudillo (tras haber tenido como preceptor a Eugenio Vegas Latapie), esperando el general Franco asegurar así la sucesión monárquica del régimen, como más de un cuarto de siglo después en efecto ocurrió.

Jose Luis Leal, Juan Carlos, Juan Rodríguez Aranda, Jaime Carvajal y Alfonso Álvarez de Toledo, en el palacio de Miramar en San Sebastián Durante siete años, entre 1948 (el 9 de noviembre llega don Juan Carlos a Madrid) y 1955, ese grupo recibió las enseñanzas correspondientes al bachillerato, bajo la dirección de José Garrido (discípulo del padre Manjón), en una suerte de internado privado organizado ad hoc, primero en la finca de Las Jarillas (propiedad de Alfonso de Urquijo, a menos de veinte kilómetros de Madrid, cerca de Colmenar Viejo) y luego en el palacio de Miramar (en San Sebastián). Cuatro profesores (José Garrido, Juan Rodríguez Aranda, Aurora Gómez Delgado y el padre Ignacio de Zulueta) para ocho alumnos (cuyos padres debían ingresar en el Banco Guipuzcoano la cuota mensual establecida de 2.000 pesetas): Juan Carlos de Borbón, Carlos de Borbón Dos Sicilias [su primo hermano], Agustín Carvajal Fernández de Córdoba, Jaime Carvajal Urquijo [hijo del Conde de Fontanar, Marqués de Isasi], Fernando Falcó [Marqués de Cubas], Alonso Álvarez de Toledo, Alfredo Gómez-Torres, Jose Luis Leal Maldonado y Juan José Macaya Aguinaga.

Comenzó a estudiar Derecho en Madrid cuando la «nueva generación que entraba en escena» había de convertirse en protagonista de los ajustes políticos y sociales que cristalizaron en 1956. Como era de esperar, tras haber madurado formando parte de la elitista burbuja monárquica del agitado entorno juancarlista, sus amigos universitarios pasaron a serlo activistas de las Juventudes Monárquicas Españolas: Nicolás Sartorius Álvarez de las Asturias Bohorques (1938, hijo del Conde de San Luis) y Juan Tomás de Salas Castellano (1938, sería Marqués de Montecastro y Llanahermosa). Pronto los tres supieron adaptarse y ajustarse a los nuevos tiempos. Eduardo García Rico (1931), en su libro Queríamos la Revolución, crónicas del FELIPE, Frente de Liberación Popular (Flor del Viento ediciones, Barcelona 1998, págs. 47-48), recoge el siguiente testimonio de Juan Tomás de Salas referido al curso 1958-1959:

«Íbamos desde el CEU [el Colegio Mayor de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas ACNP] cerca de la Ciudad Universitaria hacia el centro de Madrid, camino de la Facultad de Derecho [todavía en el edificio de la calle San Bernardo]. Conmigo, Nicolás Sartorius, José Luis Leal y no sé si algunos más. En las proximidades de San Bernardo empezamos a notar la agitación callejera. Multitud de estudiantes lanzaban consignas a la calle. La policía y sus colaboradores del interior ejercían con dureza la represión. Alguien se dirigió a nosotros: 'Son los fascistas de dentro –gritó–, tened cuidado.' Y como viese en la solapa de José Luis Leal, creo que en la de todos, la insignia 'verde' –siglas de la frase Viva el Rey de España– nos advirtió: 'Quitáos eso o estáis perdidos. Son ultrafascistas.' Era la primera vez que veíamos a fascistas uniformados, por supuesto de azul, ejercitando directamente la violencia. Vino entonces un estudiante hacia nosotros, era un amigo, creo recordar que Paco Montalvo: 'Venid conmigo', y nos llevó hasta un café cercano, que era al parecer un refugio seguro. Allí nos presentó a otro amigo, mayor que nosotros, 'Julio Cerón', nos dijo. Poco después ingresábamos los tres, Sartorius, Leal y yo, en el Frente de Liberación Popular.»

Inició así José Luis Leal lo que podría tanto interpretarse como una esquizofrénica «doble vida» compartida con la clandestinidad «radical izquierdista», o simplemente como un activismo necesario para neutralizar al enemigo y procurar reconducir la situación global hacia los fines políticos ansiados.

EL FLP apoyó la convocatoria del PCE a la Huelga General Pacífica del 18 de junio de 1959, lo que permitió dar a conocer la nueva organización pero también el encarcelamiento de sus dirigentes: «Julio creía, y probablemente tenía razón, que unas detenciones podrían dar nombre al FLP y constituir un polo de atracción para nuevas personas» (aseguraba Raimundo Ortega en 1991, en GA:57).

Recién licenciados los tres amigos monárquicos, y dentro de ese proceso general de la derecha por acercarse a los obreros y contrarrestar así la influencia perniciosa que se atribuía al Partido Comunista de España (ya en 1956 el padre José María Llanos Pastor había iniciado su actuación en el Pozo del Tío Raimundo, y los tres amigos monárquicos habían participado en el Servicio Universitario de Trabajo SUT, organizado en su momento por aquel eficiente jesuita), se unen a la Asesoría Jurídica Vallecas (calle Monte Igüeldo 37) impulsada por Manuel Jiménez de Parga y Cabrera (Granada 1929), donde Nicolás Sartorius, Juan Tomás de Salas y José Luis Leal actuaron hasta que en 1961 pasó a llevar el despacho el abogado riojano José Antonio Ubierna Domínguez (1934-2003, que procedía del grupo católico barcelones «El grano de mostaza» y acabaría militando en el Partido Socialista Obrero Español PSOE, tras pasar por el Frente de Liberación Popular FLP y el Partido Obrero de Unificación Marxista POUM).

En la cárcel los principales impulsores del FLP I, se decidió rediseñar la organización creando un núcleo central profesionalizado (la R1 –«Red Clandestina 1»– que, tras leer a Maurice Duverger, se rebautizó como CP –«Central de Permanentes»–). El nuevo grupo se fue formando a partir del verano de 1960 como inicio de la que sería segunda etapa del Frente de Liberación Popular (el FLP II en la terminología propuesta en 1967 por Julio Cerón), y estuvo formado inicialmente por Nicolás Sartorius, Ángel Abad, Antonio Ubierna, Francisco Montalvo, José Manuel Arija, Juan Tomás de Salas, Elena Salas, Urbano Esteban, José Manuel Peláez y José Luis Leal Maldonado.

Y así como Julio Cerón, el fundador en 1958 del Frente de Liberación Popular, pudo formar el grupo inicial del que surgió esa organización «izquierdista» de jóvenes católicos anticomunistas gracias en buena medida a que disponía del famoso piso de la calle Alonso Cano de Madrid, al que los sacerdotes consejeros de los estudiantes universitarios madrileños enviaban potenciales candidatos; el FLP II pudo cuajar en 1960 gracias a que se dispuso del no menos famoso piso de Aragón 222 (y otros más en la calle Cruz de los Caídos, en Canillejas, &c.), que la monárquica y acaudalada familia de José Luis Leal no tuvo inconveniente en poner a disposición de tan peculiar organización católico monárquica anticomunista antifranquista (que, por supuesto, no sufrió el rigor represivo que el régimen aplicaba al Partido Comunista).

«Estos jóvenes dedicaban prácticamente todo su tiempo a la política y vivían juntos en un piso que la familia de José Luis Leal tenía en el número 222 de la carretera de Aragón. Por esta dedicación exclusiva recibían una pequeña asignación a cargo de las arcas de la organización, convirtiéndose así en los primeros liberados del Frente.» «Otra fuente de financiación procedía de aquellos compañeros que por sus circunstancias familiares disfrutaban de una situación económica desahogada, como José Luis Leal, Nicolás Sartorius o Carlos Zayas, dueño del hotel Tirol, quién llegó a donar treinta mil pesetas de su herencia paterna al Frente.» (Julio Antonio García Alcalá, Historia del Felipe (FLP, FOC y ESBA). De Julio Cerón a la Liga Comunista Revolucionaria, CEPYC, Madrid 2001, págs. 75 y 91.)

«El sistema de Madrid funcionaba mejor. Por ejemplo, nosotros nos dimos cuenta de que nos seguía la policía. Nos localizó el piso de los padres de José Luis Leal en la calle de la Cruz de los Caídos, donde yo vivía con Ubierna y Urbano Esteban. Me di cuenta de la presencia reiterada de personas sospechosas (...). Sólo así pudimos evitar que descubrieran otro piso en Canillejas, donde teníamos el Aparato encargado de las publicaciones.» (Testimonio de Angel Abad, recogido por Julio Antonio García Alcalá, Historia del Felipe..., pág. 124)

«Antonio Ubierna, encargado en algún tiempo de la intendencia del grupo (muerto a comienzos del año 2003 y llorado entrañablemente en una necrológica por José Luis Leal), presumía de la soupe à la poubelle que iba a preparar, intentando para ello recuperar desechos de la basura del grupo. Junto a los nombres de Nicolás Sartorius, Paco Montalvo o Ángel Abad había otros que hoy sorprenden como Juan Tomás de Salas o José Luis Leal, que era hijo del propietario del piso de la Carretera de Aragón en el que este grupo malvivía.» (José Ramón Recalde, Fe de vida, Tusquets, Barcelona 2004, págs. 109-110.)

En 1961 intervino José Luis Leal en la puesta en marcha de APEL, Agencia de Prensa España Libre, propuesta por Antonio Ubierna y ejecutada sobre todo por María Elena Salas –Juan Tomás de Salas capitaneó en 1971 la cristalización de la revista Cambio 16–, brazo informativo del FLP que sirvió en 1962 para airear en el extranjero las huelgas mineras de Asturias.

En su adaptación al izquierdismo más radical, y en pleno río revuelto de franquistas y antifranquistas que procuraban tomar posiciones ante el cambio que tarde o temprano habría de producirse, incluso el FLP tanteó los terrenos de la lucha armada (y se interesó por detectar potenciales fuentes de apoyo logístico). En noviembre de 1960 viajó a Yugoslavia el hijo del Conde de San Luis, y en el otoño de 1961 se desplazó José Luis Leal a Belgrado [estas son las fechas que asegura Eduardo G. Rico, págs. 95-97], pero sólo pudieron confirmar que los yugoslavos no querían saber nada de armas, pues el PC había renunciado en España desde hacía años a la vía armada, reduciendo su labor a la lucha política. El colmo de la ironía es que esos viajes al «socialismo real» por parte de quienes sólo tres años antes llevaban en la solapa insignias de color verde –Viva El Rey De España– pudieron realizarse gracias a pasaportes emitidos por el gobierno de la República Española (en el exilio).

José Luis Leal pasó un tiempo en Suiza, donde curso estudios de Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Ginebra. Allí fundó en 1961, junto con el poeta José Angel Valente y Juan Anlló, la delegación del FLP en Suiza.

Luego se estableció en París, donde cursó Economía en la Sorbona, y trabajó varios años en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos O.C.D.E. (por cierto, el hermano mayor de Julio Cerón, el también diplomático José Luis Cerón Ayuso –nacido en 1924 y en el servicio desde junio de 1948–, estaba destinado en la Misión Permanente de España ante la OCDE: desde junio de 1958 como Secretario de Segunda, desde febrero de 1961 como Secretario de Primera, desde diciembre de 1961 como Consejero de Embajada, hasta que en 1964 fue nombrado Director de Relaciones con las Comunidades Económicas Europeas, &c.).

En 1965 colabora en la revista Acción Comunista, de la escisión trotskista del FLP que protagonizaron Carlos Semprún, José María Riaño, Antonio Ubierna, Antonio López Campillo, Ricardo López, Alfonso Barceló y Juan Tomás de Salas. Pero a pesar de esta apariencia «radical izquierdista», José Luis Leal mantenía, al parecer, buenas relaciones cerca de quienes en Francia podían otorgar oportunas becas a candidatos antifranquistas cercanos al revolucionario y anticomunista FLP:

«Esta nueva posición condicionará la de muchos frentistas con exilio voluntario en París, donde subsisten gracias a las becas ASTEF que concedía Jean Louis Simonet, un hombre empeñado en formar cuadros españoles socialdemócratas para la Europa que vendría.» «[El asalto a Ruedo Ibérico] ... y otros miembros del Frente que ya viajaban a menudo a París, además de los pensionados con las becas ASTEF que concedía el antifranquista francés Jean Louis Simonet y entre cuyos beneficiarios se encontraban Quintana, Leal, Castells, Salas, Leguina, Jesús Salvador, Sobrequés, Carlos Lerena, Carlos Romero y Maragall. José Luis Leal se ocupaba de gestionar las becas, cerca de Simonet. Ignacio Quintana fue el primero en subir las escaleras del número 5 de la Rue Aubriot, donde José Martínez, que mantenía la propiedad y la dirección de Ruedo Ibérico...» (Eduardo García Rico, Queríamos la revolución. Crónicas del FELIPE, Frente de Liberación Popular, Flor del Viento, Barcelona 1998, págs. 77-78 y 135.)

«No es extraño que Ignacio Quintana y sus amigos desembarcaran en Ruedo ibérico, una editorial mítica (...). Otro de los recién cooptados al comité de redacción de Cuadernos de Ruedo ibérico era el santanderino Joaquín Leguina (...). Leguina, como la mayor parte del joven grupo del FLP incorporado a la revista, había ido a la capital francesa gracias a una de las becas ASTEF, gestionadas por José Luis Leal [35. Eduardo García Rico (...), pág. 135.] pero creadas y concedidas por Monsieur Jean Louis Simonet, un alto funcionario antifranquista del Ministère de Finances, que tenía gran cariño a los españoles y controlaba la ACT, Attaché de Cooperation Technique, un organismo de cooperación exterior. [...] Por entonces comenzaba, según Leguina, la división de los felipes en el exilio: 'En París, muchos de los militantes de la etapa anterior habían girado hacia otras organizaciones, concretamente hacia Acción Comunista, un grupo de cierta inspiración trotskista. En ella estaban José Luis Leal, Ubierna, Carlos Semprún, a los que se podía ver por la calle vestidos de verde olivo como los militantes cubanos' [37. Historia del franquismo, Madrid, Diario 16, p. 616.]» (Albert Forment, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico, Anagrama, Barcelona 2000, págs. 292-294.)

De los diez nombres que ofrece Eduardo García Rico (Queríamos..., pág. 135) como beneficiarios de las becas ASTEF (que se habría ocupado de gestionar José Luis Leal), sólo figuran cinco en el Annuarie 1968 des anciens stagiaires ASTEF (París 1968, VII + 518 págs. + 19 h.); tres de 1965: Ignacio Quintana Pedrós («Ciencias humanas» / Uría 21, Oviedo / Estudiante), Carlos Romero Herrera [1941] («Ciencias humanas» / Caladilla sn, Fuentesauco (Zamora) / Estudiante) y Juan Tomás de Salas Castellano [1938-2000, Marqués de Montecastro y Llanahermosa] («Ciencias humanas» / Calle 26-4-88 Bogotá (Colombia) / Periodista); y dos de 1966: Joaquín Leguina Herrán [1941] («Demografía» / San Simón 27, Santander / Estudiante) y Pascual Maragall [1941] («Planificación sectorial» / Brusi 46-3º, Barcelona / Técnico en el Departamento de Programación del Ayuntamiento de Barcelona). No aparecen en ese Anuario de 1968 los nombres de Manuel Castells, José Luis Leal, Carlos Lerena, Jesús Salvador Salvador y Jaume Sobrequés (que menciona G. Rico).

ASTEF (Association pour l'organisation des stages en France) se creó en 1958 como organismo independiente especializado en facilitar estancias en Francia para el perfeccionamiento práctico de cuadros superiores extranjeros. Los intereses económicos y políticos de esta actuación francesa (¿con voluntad imperial generadora o depredadora?) no se ocultaban en modo alguno:

«Son objectif est de réaliser en France des stages de perfectionnement d'une durée moyenne de six mois, de caractère essentiellement pratique, destinés à des spécialistes et cadres supérieurs étrangers professionnellement qualifiés qui exercent déjà ou exerceront dans un avenir proche des fonctions de responsabilité dans leur pays; faire apprécier par ces stagiaires et les autorités dont ils relèvent la valeur du concours que les méthodes, techniques et enterprises françaises pourraient apporter au développement de leurs pays; créer des conditions favorables à une collaboration des élites françaises et étrangères, fondées sur des réalisations concrètes; assurer aux anciens stagiaires après leur retour dans leur pays le soutien des ingénierus et spécialistes français avec lesquels ils ont établi des relations professionnelles au cours de leur stage dans notre pays. Bien que son action soit commandée par des préoccupations élevées se situant sur le plan du progrès des relations internationales, l'ASTEF attache la plus grande attention aux perspectives de développement des échanges techniques et commerciaux: les résultats obtenus sur le plan de l'expansion économique sont en effet la preuve la plus certaine de l'efficacité des stages et correspondent à l'intérêt des pays de provenance des stagiaires comme à notre propre intérêt.»

El Anuario 1968 ASTEF ofrece más de 16.000 nombres de becarios extranjeros en Francia en el periodo 1958-1967, repartidos en cuatro tomos –I. Africa, II. América, III. Asia-Australia, IV. Europa–. En el cuarto tomo, dedicado a Europa, figuran los nombres de 4.510 becarios: 1.032 de Yugoslavia, 760 de Turquía, 746 de España, 573 de Polonia, 567 de Grecia, 254 de Portugal, 151 de Rumanía, 98 de Hungría, 82 de Bulgaria, 76 de Checoslovaquia, &c. Obsérvese el gran interés francés por países del «socialismo real», apartados o en vías de irse apartando de la influencia soviética, y como no se hacían ascos ni a los becarios procedentes de las dictaduras ibéricas ni a los turcos mahometanos (como es natural, en ese periodo, sólo se beneficiaron de estas becas dos ingleses y tres italianos).

Las becas ASTEF (institución que se transformó luego en ACTIM –Agence pour la Cooperation Technique, Industrielle et Économique– y desde 2001 en UBIFrance) estaban auspiciadas por el Ministère des Affaires Étrangères y el Ministère de l'Économie et des Finances. Un antiguo becario español 1967 asegura: «Conocí becarios ASTEF que no eran estudiantes, como por ejemplo un grupo de militares golpistas de República Dominicana, que tras fracasar un golpe propiciado por Francia, se habían venido a Francia. También argelinos que después negociarían con Francia lo de su país.»

Ignoramos las circunstancias de detalle que propiciaron la concesión (al parecer con cierta intervención del felipe José Luis Leal) de las oportunas becas ASTEF que permitieron por ejemplo al felipe Ignacio Quintana y al felipe Joaquín Leguina dedicar sus vigorosas energías a la revista anticomunista y antifranquista Cuadernos de Ruedo ibérico, publicada desde la impunidad del «santuario francés» por el anarquista José Martínez Gerricabeitia con el concurso de los revisionistas Fernando Claudín y Jorge Semprún Maura. Unos felipes que, en el mejor de los casos, quizá creyeran emic estar dando pasos firmes hacia un socialismo revolucionario, hasta verdaderamente marxista leninista, pero que etic estaban envueltos en los intereses particulares de Francia, de la restauración borbónica, de la socialdemocracia y de los católicos avanzados. José Luis Leal colaboró en el primer número de Cuadernos de Ruedo ibérico (junio-julio 1965), firmando con el pseudónimo Ángel Olmo una crónica sobre los «Trabajadores españoles en el extranjero».

Cumplidas las previsiones sucesorias, «atadas y bien atadas» por el general Franco, y restaurada en el trono de España la casa de Borbón, José Luis Leal Maldonado, misión cumplida, amigo y compañero de estudios de don Juan Carlos, ahora ya coronado como Rey, fue llamado a ocupar importantes puestos de responsabilidad en el gobierno de España (Secretario de Estado para Asuntos Económicos desde marzo de 1978, Ministro de Economía en 1979 hasta septiembre de 1980) y en instituciones y empresas españolas y francesas, como ya ha quedado mencionado arriba.

«En mis primeros viajes [a España] veía a mucha gente. Ahora, no. (...) Sólo en Madrid, cada vez que voy, como una vez con Javier Pradera. Esta última vez, llevó a José Luis Leal.» (Carta de José Martínez Gerricabeitia a Julio Cerón el 19 de enero de 1981, en Albert Forment, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico, Anagrama, Barcelona 2000, pág. 564.)

Al ser nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá –7 octubre 2002–, pronunció un discurso de investidura titulado «Elogio de la Transición: el Acuerdo de La Moncloa y la Constitución».

 
Textos de José Luis Leal Maldonado en el Proyecto filosofía en español:

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