Textos de Gustavo Bueno


 
Gustavo Bueno
España y América
Catauro, (La Habana), 2001

 

1. «América» es un término geográficamente bien delimitado pero culturalmente confuso y oscuro. América comprende no sólo la América anglosajona, sino también la «América latina»; las propias denominaciones geográficas (América del Norte, Centroamérica, América del Sur) tampoco son enteramente neutras. La expresión «América del Sur» se define geográfica y culturalmente frente a Norteamérica, o América del Norte; pero Sur y Norte son conceptos relativos, dependientes del paralelo que se escoja como referencia. «América del Sur», respecto del paralelo 30 Norte, es un término geográfico que tiene voluntad de neutralidad ideológica, aunque de hecho tampoco la alcance: siempre habrá que preguntar por qué se escoge el paralelo 30 Norte (o bien, para tomar una referencia más intuitiva, el río Bravo). Tampoco son enteramente neutrales denominaciones de cuño geográfico tales como «Cono Sur». Sin embargo estas supuestas neutralidades geográficas pretenden alzarse frente a denominaciones tales como «América latina», «Iberoamérica» o «Hispanoamérica». Como es bien sabido cada una de estas denominaciones tiene un cuño ideológico de origen bien determinado y muy estudiado. «América latina» fue denominación impulsada, si no acuñada (Arturo Ardao la remontaba a 1502), por la Francia del Segundo Imperio, con ocasión de la promoción del emperador Maximiliano de México (que ignoraba a la sazón el español) y tenía la funcionalidad de englobar a los países de habla española, portuguesa y francesa, diferenciándolos de los países de habla inglesa. Pero «América latina» ya no era un concepto superponible a «América del Sur», porque el Canadá francófono forma parte de la América del Norte geográfico. «Iberoamérica» se ajusta casi «como el guante a la mano» a la América del Sur, al incluir al Brasil, de lengua portuguesa. Pero tampoco «Hispanoamérica» se aleja mucho de este ajuste, sobre todo si «Hispania» se entiende de forma que englobe a Portugal, como ocurría en el siglo de Camoens.

Sin embargo la cuestión que nuestro rótulo geográfico suscita es la cuestión de la unidad y de la identidad de este complejo de pueblos, naciones étnicas y naciones políticas que viven en América al sur del paralelo 30 Norte; es decir, la unidad y la identidad de la inmensa mayoría de los pueblos y naciones que constituyen la América latina, que son los pueblos que, junto con España, constituyen la «Comunidad hispánica».

2. Hemos de comenzar precisamente por la distinción entre las ideas de unidad y de identidad. Ninguno de estos dos términos es unívoco. «Unidad» tiene dos acepciones principales: la acepción isológica (de isos = semejante, análogo, aunque sin comunicación mutua directa: la unidad que media entre los diferentes átomos de carbono presentes en nuestra galaxia) y la acepción sinalógica (de synalaxo = juntar, casarse: la unidad que media entre los electrones, protones, neutrones, &c., de cada uno de aquellos átomos de carbono). La clase de los «proletarios» de los diferentes países capitalistas durante el siglo XIX gozaba de una unidad isológica; el lema del Manifiesto comunista, «Proletarios de todos los países, ¡uníos!», pretendía –puede decirse– transformar esa unidad isológica en una unidad sinalógica.

En cualquier caso, la idea de unidad (de una multiplicidad) se cruza con la idea de totalidad. Las totalidades atributivas suponen unidades sinalógicas (aunque éstas no excluyan momentos de unidad isológica); las totalidades distributivas pueden darse en el contexto de las unidades isológicas no sinalógicas.

«Identidad» tiene también muchas modulaciones, pero en ningún caso utilizaremos el término «identidad» como si tuviera un sentido exento o sustancialista, como pretenden quienes lo utilizan en expresiones como las siguientes, que suelen figurar en las pancartas de manifestaciones públicas: «Defendamos nuestra identidad». «Identidad» es un término sincategoremático, que sólo alcanza significado preciso cuando va incluido en sintagmas de forma genitiva («identidad de religión», «identidad de raza», «identidad de lengua», «identidad de cultura», «identidad de proyecto», «identidad de nación»,...). Por ello, la identidad implica siempre algún tipo de unidad (isológica o sinalógica). En cualquier caso, habrá que distinguir sobre todo entre las identidades «esenciales» (que corresponderían al griego isos) e identidades «sustanciales» (que corresponden al griego autos).

La unidad isológica, vinculada a la identidad esencial, no garantiza la unidad sinalógica (salvo para quien practica la magia homeopática). Pero la unidad sinalógica de una multiplicidad puede expresarse o manifestarse en identidades materiales muy diferentes. La unidad sinalógica de la «estructura» constituida por dos barras o largueros metálicos paralelos, soldados por travesaños paralelos entre sí, y perpendiculares a las barras, se mantiene aun cuando las identidades que tal estructura pueda alcanzar sean muy diferentes: si los largueros se mantienen paralelos al suelo y fijados a dos postes alcanzarán la identidad de una verja; si los largueros se sitúan perpendiculares al suelo, o inclinados en él, apoyados en una pared, la estructura adquiere la identidad de una escalera. Las conexiones entre la identidad material y la unidad son muy intrincadas. Por ejemplo, la unidad sinalógica de una multiplicidad dada de términos puede ser accidental, aunque entre ellos medie una identidad esencial y recíprocamente; pero no es este el lugar oportuno para analizarlas. Nos remitimos a nuestro artículo «Predicables de la identidad» (El Basilisco, nº 25, 1999, págs. 3-30) y a nuestro libro España frente a Europa (Barcelona 1999).

3. La gran variedad de concepciones ideológicas de la «América del Sur», variedad aparentemente caótica, puede, sin duda, ser clasificada a partir de muy diversos criterios.

Nos ha parecido que uno de esos criterios puede ser precisamente el constituido a partir de algunas composiciones de ciertas modulaciones de las ideas de unidad «sinalógica» y de identidad de las que acabamos de hablar, y que este criterio, sin perjuicio de su naturaleza eminentemente lógico material, penetra muy profundamente en concepciones de América del Sur que aparentemente nada tienen que ver con los conceptos lógico-materiales.

Partiendo, como cuestión de hecho, de la multiplicidad de los pueblos, naciones o estados que constituyen la clase «América del sur» como unidad sinalógica, podemos distinguir dos grandes tipos de concepciones según que la naturaleza de esa unidad sinalógica se entienda, o bien como una superestructura accidental a la misma unidad sinalógica (A) o bien como un componente estructural, o acaso infraestructural, de los propios términos de esa multiplicidad (B). Por otra parte, cada uno de estos tipos de concepciones, según la unidad considerada, admite diferentes modos de entender la identidad entre los términos en cuanto mantienen relaciones de parte a todo, atributivo o distributivo.

4. Combinando las alternativas que resultan de la composición de estos criterios lógico materiales, obtendremos una taxonomía de la que solamente expondremos sus líneas generales, a título programático. Se trata en efecto de dar cuenta de un proyecto de investigación orientado a analizar el abundantísimo material disponible no solamente institucional, económico y político, sino también literario, procurando siempre enmarcar o relacionar las obras filosóficas o literarias con los acontecimientos económicos y políticos pertinentes:

A. Concepciones de la América del Sur que presuponen la naturaleza superestructural (accidental) de su unidad

(1) Alternativa de los modelos nacionalistas de identidad

Las características constitutivas de esta alternativa se manifiestan en instituciones o procesos tales como las Constituciones de las Repúblicas americanas que surgieron tras el desmembramiento del Imperio hispánico, en la medida en que se orientaron hacia el nacionalismo radical. En esta línea habría que poner también, por ejemplo, la política de expropiaciones de las compañías petrolíferas extranjeras (México 1938); la nacionalización de los ferrocarriles argentinos (en 1948). Entre los pensadores que pudieran ser adscritos a esta primera alternativa cabría citar la figura del mejicano Samuel Ramos (1897-1959), y al propio José Gaos (1900-1989) quien, sin perjuicio de ser español (asturiano, de Ablaña), identificó su pensamiento con el pensamiento mexicano.

(2) Alternativa de los modelos inter-nacionalistas (universalistas o cosmopolitas, cuanto a sus términos a quo) de identidad

Distinguimos cuatro versiones de esta alternativa.

a. Versión anarquista. Libertarismo latinoamericano de Plotino C. Rhodakanaty (1832-1885), «regeneración social» (El Combate, México 1877). También cabría incluir en esta rúbrica a la propia revolución mexicana de 1910 y su emblema: «Tierra y libertad». Experimento de «La Cecilia» (Argentina)

b. Versión marxista tradicional. Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) y el APRA (Perú); Eli de Gortari (México); Juan Bosch (República Dominicana); marxismo cubano (Pablo Guadarrama, &c.);...

c. Versión positivista o universalista, en general. Juan Bautista Alberdi (1810-1884, Argentina). Vaz Ferreira (1862-1958, Uruguay) y su Fermentario (O.C. en 25 volúmenes); su «saxonismo» deja de lado tradiciones españolas.

d. Versión humanista o existencialista o personalista. Antonio Caso de Andrade (1883-1946) y La existencia como economía, como desinterés y como caridad (1919 y 1943); el argentino Miguel Ángel Virasoro (1900-1966) en su oposición entre ansiedad frente a angustia; el peruano Alberto Wagner de Reina, con su eclecticismo aristotélico católico heideggeriano; Francisco Larroyo y su personalismo crítico, de corte neokantiano. Alejandro Korn (1860-1936), que fluctúa entre las posiciones del marxista relapso y del socialista kantiano. Cabría incluir aquí acaso a la corriente representada por Raúl Fornet-Betancourt, Filosofía intercultural (México 1994).

B. Concepciones de la América del Sur que presuponen la naturaleza estructural (esencial) de su unidad

B1. La identidad de América del Sur se superpone a su unidad, en cuanto constituye un todo atributivo.

(3) Alternativa sud-americanista (en el límite, indigenista: «Indoamérica», de Haya de la Torre, 1961). Entre las instituciones que, al menos por modo ejercido, pudieran ser adscritas a esta alternativa citamos: Conferencia de Santiago de 1959 (zona de libre cambio: Argentina, Brasil, Chile, Uruguay); Conferencia de Montevideo, 1959-60; Tratado de Asunción (Mercosur, 1994); III (Instituto Indigenista Interamericano); CREFAL (Centro de Educación Fundamental para el desarrollo de la América Latina); citado sin perjuicio de que ésta institución está auspiciada por la UNESCO y por la OEA, que se insertan mejor en las alternativas 2.d y 4 respectivamente. Entre las corrientes filosóficas que podrían adscribirse a esta alternativa citaríamos, ante todo, a lo que suele denominarse «bolivarismo», en cuanto comprende, no sólo el proyecto de una «Confederación andina», sino también el de una «Anfictionía» de todos los países hispanoamericanos. También a Enrique Rodó (1871-1917) por su Ariel (1900), símbolo de una civilización nueva de raíces grecolatinas y cristianas pero recuperadas y enriquecidas por la totalidad de los países de América latina, enfrentada a Calibán, símbolo de la civilización materialista encarnada en los Estados Unidos de América del Norte. José de Vasconcelos (1882-1959) y La raza cósmica (1925): aunque universalista o «cósmica», en cuanto a su término ad quem (como los modelos de la alternativa 2), se diferencia de ellos porque el término a quo propuesto no es representado como algo previo a la realidad de Iberoamérica, sino que se constituye a partir de ella, en una «Universópolis» situada cerca del Amazonas. Leopoldo Zea (América como conciencia, 1953; Discurso desde la marginación y la barbarie, 1968, subrayando los valores occidentales en bancarrota y una nueva autoctonía, que no es la precolombina, ni la occidentalista), Félix Schwartmann, El sentimiento de lo humano en América (Santiago 1953), &c. También la llamada «filosofía de la liberación»: Enrique Dussel, Filosofía de la liberación (México 1977), Horacio Cerutti, Filosofía de la liberación latinoamericana (México 1983), con su metáfora del colibrí frente al búho hegeliano; Josef Estermann, Filosofía andina (Quito 1998) y su «pachasofía», &c.

B2. La identidad de América del Sur se aplica a su unidad en cuanto que es parte de un todo atributivo «orgánico» (una «Sociedad», una «Civilización», &c.)

(4) Alternativa panamericanista: América del Sur es parte formal del continente americano. George Washington en su Discurso de despedida de la Presidencia (1797), en el que fija el continentalismo panamericano como horizonte de la política de los Estados Unidos de América; James Monroe (1823) y su política de no interferencia (a partir de 1889-90, Primera Conferencia Panamericana, toma cuerpo la ideología panamericanista, según la cual todos los países del continente son iguales entre sí). Tratado Americano de Asistencia Recíproca. Esta alternativa toma fuerza tras la Segunda Guerra Mundial: TRIAR de Río de Janeiro (1947); Conferencia Interamericana de Bogotá (1947); PAM (1951); Escuela Militar de Las Américas (Panamá 1954); Conferencia Internacional de Punta del Este (1961) y la OEA. La corriente filosófica principal adscribible a esta línea sería la filosofía analítica anglosajona, con fuerte implantación en México y otros países.

(5) Alternativa occidentalista. América del Sur es parte formal del occidente europeo. Abundantes fundamentos históricos, a partir de la Ilustración o de la Revolución Francesa. Esta alternativa quedará reflejada en importantes instituciones culturales o en relaciones comerciales o académicas de América del Sur con Francia o con Alemania. Entre las corrientes filosóficas adscribibles a esta alternativa cabría citar al «saxonismo» de Juan Bautista Alberdi; la ideología del argentino Sarmiento en su Facundo; la perspectiva del cubano Alejo Carpentier. También muchas ideologías inspiradas en gran parte por Ortega y Gasset (que también inspiró muchas alternativas americanistas): citaríamos a las encabezadas por Francisco Romero (Filosofía de la persona, 1944; Teoría del hombre, 1952) o por Ernesto Mayz Vallenilla.

(6) Alternativa hispanista. América del Sur es parte formal de la Comunidad Hispánica. Abundantes fundamentos históricos, desde el siglo XVI hasta el exilio español de 1939 y años posteriores. Las naciones americanas, sin perjuicio de su nacionalismo, pueden concebirse como formando parte de un mismo tronco cuyas raíces son tanto hispánicas como indígenas. Muchas instituciones podrían citarse como reflejo de esta alternativa, por ejemplo, las denominadas «Cumbres Iberoamericanas» iniciadas en Guadalajara (1991). Podrían incluirse en esta alternativa muchas ideas de Martí («Injértese en nuestras Repúblicas el Mundo; pero el mundo ha de ser el de nuestras Repúblicas»); su defensa de la lengua española como propia de «Nuestra América» frente al inglés «de la bestia», &c. También, como clásicos, Alonso de la Veracruz (1504-1584), Tomás de Mercado y Antonio Rubio. Posteriormente al mejicano Alfonso Reyes (1889-1959); Eduardo Nicol (El problema de la filosofía hispana, 1961); Octavio Paz, a Juan Carlos Onetti y a Mario Benedetti... También la idea de «América indohispana» de Sandino. Dentro de esta alternativa nuestro Proyecto Filosofía en español (filosofia.org).

* * *

5. La taxonomía de concepciones de América, al sur del paralelo 30 N, tal como la acabamos de esbozar, es sólo un programa de investigación que requiere urgentemente desarrollos tanto en lo que concierne a la conceptualización de las diversas alternativas que comprende (y en esta conceptualización serán decisivas las confrontaciones mutuas) como en lo que se refiere a los «materiales» (instituciones, relaciones políticas, académicas y comerciales, obras literarias, artísticas o filosóficas) encuadrables en ellas. Cada uno de estos materiales requiere un análisis y discusión especial (pongamos por caso, la discusión en torno al Ariel de Rodó por «arielistas» y «antiarielistas»); pero en todo caso es la alineación de cada material con otros materiales de su alternativa o su enfrentamiento con materiales asignados a otros diferentes, lo que permitirá profundizar en la naturaleza de afinidades más o menos ocultas entre los disjecta membra o las distancias más o menos explícitas entre otros muchos materiales.

En cualquier caso conviene subrayar que la importancia de la taxonomía ofrecida, si la tiene, reside en el carácter exhaustivo de sus alternativas, en el hecho de que cualquiera que necesite o quiera formarse un concepto filosófico de la América Latina tendrá forzosamente que escoger entre algunas de las alternativas propuestas, y no tendrá libertad para inventar una nueva, por mucho poder creador que atribuyamos a su entendimiento.

[25 junio 2001]

Publicado por la revista Catauro (La Habana).


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