Luis Araquistain
 
El peligro yanqui · 1921

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Luis Araquistain, El peligro yanqui, Madrid 1921, páginas 49-52

La evolución social · II

Una asociación terrorista

En el movimiento obrero de los Estados Unidos, hay un trágico período que debiera conocer la clase patronal del mundo entero. Es un período de terror que dura aproximadamente desde 1860 a 1876. Mueren de muerte violenta numerosos patronos. No es posible dar con los matadores. Sólo se sabe o se sospecha que pertenecen a una sociedad secreta: la de los Molly Maguires. ¿Qué significa esta terrorífica sociedad?

La lucha entre obreros y patronos se había ido agudizando en los Estados Unidos de forma cada vez más enérgica. Los sindicatos obreros habían ganado en poder y firmeza; su organización era cada día más fuerte y sus victorias cada día más positivas. Entonces comenzaron los patronos una estrategia desleal e inhumana. Recurrieron a los cierres de fábricas, a las listas negras y a las persecuciones legales; el Estado capitalista y su órgano, los Tribunales de justicia, secundaron celosamente la campaña de la clase patronal. Había que «dar la batalla», hasta destruir los sindicatos obreros. (El lenguaje de algunos patronos españoles en el año 19 del siglo XX parece un plagio del lenguaje de los patronos norteamericanos en la época indicada. Por encima de las diferencias de tiempo, de raza y de idioma, los hombres coinciden en sus apetitos y torpezas y, por lo tanto, también en su lenguaje y sus actos.)

La batalla, en efecto, fue fecunda para los patronos. Los sindicatos obreros cayeron hechos pedazos. La victoria aparente no podía ser más rotunda. Pero el sentimiento de justicia y el anhelo de mejora que movían a los hombres no podían desaparecer con los sindicatos. Subsistieron, porque hay móviles de acción eternos, y cuando un arma resulta estéril, se busca otra eficaz. El sindicato público fue un arma inútil; entonces se recurrió a las sociedades secretas, con sus juramentos, su santo y seña y sus convencionales apretones de manos, a la manera masónica. La lucha franca y respetuosa se hizo subterránea y mortífera. Pronto empezaron los patronos a recoger el fruto de su victoria, de su victoria pírrica.

De todas las sociedades secretas, la más temida fue la de los Molly Maguires. Existía en las regiones carboníferas de los Estados Unidos una Antigua Orden de los Hiberneses (nombre primitivo de los irlandeses), trasplantada de la propia Irlanda, donde funcionaba de mucho tiempo atrás como instrumento de defensa contra la avaricia y crueldad de los grandes señores de la tierra; en la República norteamericana, sus enemigos eran los nuevos barones, o sea, los señores del subsuelo, los propietarios de minas. Los miembros de esta sociedad eran gente aguerrida, hecha a todas las formas de la acción social, arrojada muchas veces fuera de la ley por la ley misma, injusta ley de clases. Dentro de esta Orden de los Hiberneses, había un círculo secreto que la dominaba, llamado de los Molly Maguires, en recuerdo de la orden secreta irlandesa de este nombre. A análogas causas, análogos efectos: la persecución en la Gran Bretaña y en los Estados Unidos había producido la misma consecuencia: el ocultamiento defensivo y el terror ofensivo.

Los Molly Maguires alcanzaron una organización formidable, que se extendía desde el Atlántico al Pacífico y desde Méjico al Maine; se cree que en conjunto había unas seis mil logias locales. Intervenían en política, y en muchas partes fueron factores predominantes. Pero su táctica principal era la acción directa y violenta contra los propietarios de minas o «bosses». Sus actos participaban más del carácter de castigos personales que de otra cosa, y variaban desde el maltratamiento y la destrucción de bienes hasta la pena de muerte; esta última forma era la más común. Rara vez era muerto un patrono por obreros de la misma localidad: generalmente, se avisaba a los de otra logia situada en localidad distinta, y así la captura o la prueba de culpabilidad era más difícil.

Pero no es la táctica de los Molly Maguires lo que nos importa, sino las causas de su existencia. En primer término, como hemos visto, fue la persecución patronal la que, destruyendo los sindicatos públicos, engendró esta y otras sociedades secretas. En segundo término, pudo observarse que los actos de sangre de los Molly Maguires guardaban una relación directa con el oscilante grado de pobreza a que les tenía sujetos o el estado económico general o la represión patronal. Si los patronos perseguían a los mineros, los actos de violencia eran más duros y más frecuentes. Según un periódico de la época, solo en el condado de Schuylkill se cometieron entre 1863 y 1867 cincuenta muertes de patronos. Por otra parte, apenas hubo ninguna entre 1868 y 1871, período en que la organización obrera ganó de nuevo momentánea fuerza y en que obreros y patronos pudieron llegar a una inteligencia. En 1871 se reanudan los asesinatos, y después de la huelga larga que duró desde diciembre de 1874 hasta junio de 1875, sobrevino, como se llamó entonces, una «ola del crimen» que pasó como una epidemia, sobre las regiones carboníferas.

Al cabo de los años, la clase patronal norteamericana se convenció de que había sido un grave error aplastar las organizaciones obreras. Al hacerlo, se había empujado a los individuos más allá de la ley, y contra la ley obraban; se les había privado de todas las armas lícitas, de la discusión y la avenencia, y hubieron de recurrir a las ilícitas; se les negó el derecho de asociación pública y legal y, desesperados, se refugiaron en sociedades secretas y tenebrosas; no se quiso oír sus voces de justa reclamación, y ellos tuvieron que hacerse escuchar a tiros y puñaladas. La táctica de violencia le fue pagada a los patronos norteamericanos con grandes réditos. A la larga rectificaron su conducta, y lejos de querer seguir extirpando los sindicatos obreros, se persuadieron de la conveniencia de que surgieran a luz los ocultos y se consolidasen los públicos, para contender con ellos pacíficamente, en vez de prolongar un bárbaro estado de naturaleza. Así la orden secreta de los Caballeros del Trabajo pudo convertirse en asociación obrera pública poco después de la desaparición de los Molly Maguires, a quienes no extinguió tanto la dureza de la ley como la nueva prudencia de los patronos, al cabo de quince años de fracaso de una táctica injusta y contraproducente.


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