Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo IX: 3
3. Noruega
Durante cuatrocientos años, Noruega se encontró bajo la dependencia de Dinamarca. En 1814, cuando ésta fue derrotada en la guerra con Inglaterra y hubo de renunciar a sus derechos sobre Noruega en favor de Suecia, Suecia obligó a Noruega a concluir una unión con ella. El período de la unión sueco-noruega se vio acompañado de una incesante lucha de los noruegos, que reivindicaban su independencia nacional. La lucha condujo más “tarde, en 1905, a la emancipación completa de Noruega, que se separó de Suecia y se constituyó en Estado independiente.
A mediados del siglo XIX, la situación interna de Noruega se caracterizaba por la diferenciación de clase en el campo, por la aparición' de empresas industriales y el incremento de la clase obrera.
La evolución de la filosofía en la segunda mitad del siglo refleja la lucha que tenía lugar entre las fuerzas conservadoras reaccionarias y las fuerzas avanzadas democrático-nacionales.
En Noruega, como en los demás países escandinavos, la filosofía clásica alemana ejerció acusada influencia sobre el desarrollo del pensamiento filosófico. Casi hasta finales del siglo XIX, en la Universidad imperó la filosofía de Hegel, que era enseñada con un criterio teológico ortodoxo. En las últimas décadas del siglo, bajo el influjo de los avances de las ciencias naturales, los filósofos burgueses comienzan a mostrar interés por el positivismo y el empirismo.
El filósofo burgués noruego que más descuella en el siglo XIX es al hegeliano de derecha Markus Jakob Monrad (1816-1897). Sus obras principales son Propedéutica filosófica (1849). Psicología, Ética y Estética.
Monrad, que interpreta con un espíritu idealista consecuente la tesis hegeliana de que la vida consiste en una constante superación y conciliación de los contrarios, trató de conciliar lo irreconciliable: la religión y la ciencia. Consideraba que la fe se anticipa a..la meta infinita: hacia la que la ciencia tiende continuamente sin alcanzarla jamás. Lo real, según [504] Monrad, es la idea, que aparece en la naturaleza y en el espíritu. Lo absoluto (Dios) es una persona que se revela ante todo a la fe, la cual antecede al conocimiento. Monrad calificaba su punto de vista de místico-panteísta. Este panteísmo místico era un notable retroceso respecto de la filosofía de Hegel, de su racionalismo.
A fines del siglo XIX aparece en Noruega la llamada psicología experimental y. fisiológica, a cuya expansión contribuyó en alto grado Anaton Ol (1867-1943). Este se vio muy influido por Spencer y Höffding, y también por los dramas sociales de Ibsen. En un principio, Ol se sintió atraído por la historia de la filosofía y de la religión, y luego se dedicó a la psicología. En última instancia, llegó a la concepción idealista del pluralismo, según la cual el mundo se compone de numerosas esencias espirituales independientes. Sus obras principales son: Logos (dos volúmenes, 1896 y 1899) y Lógica (1926).
El problema central de la vida político-social de Noruega era en ese tiempo la lucha por la independencia nacional y los derechos democráticos. Al incrementarse el movimiento de liberación, en la segunda mitad del siglo XIX, en la literatura noruega aparece una orientación realista. En su carta a P. Ernst del 5 de junio de 1890, Engels afirmaba: “En los últimos veinte años, Noruega ha experimentado tal ascenso en la literatura como ningún otro país, excepto Rusia, puede alabarse en este periodo.”24 Una crítica social particularmente áspera preside la obra de los dramaturgos E. Ibsen y B. Bjoernson, y de los novelistas A. Kielland y J. Lie. Todos ellos denuncian la sociedad burguesa y su moral y condenan la política antipopular del Estado de su tiempo, haciendo ver la opresión en que. vivían los trabajadores. En el desarrollo del realismo crítico noruego tuvo gran influencia la literatura rusa. Ibsen señaló en repetidas ocasiones el eminente papel de Rusia en el progreso del arte mundial.
El ilustre dramaturgo noruego Enrik Ibsen (1828-1906) se hizo eco en su obra del peculiar carácter de la democracia burguesa « que a mediados del siglo XIX había llegado su país, en unas condiciones de desarrollo, libre de las trabas feudales, de los pequeños campesinos y la pequeña burguesía. En sus mejores producciones sometió a dura crítica la falsedad e indigencia del mundo burgués. A las monstruosas lacras de la sociedad burguesa de su época opone el elevado mundo de los sentimientos humanos puros, el espíritu heroico del pasado nacional, las ideas de la emancipación del hombre. Su crítica, sin embargo, carece de un ideal positivo claro y su Obra abunda en matices individualistas pequeñoburgueses. La sincera aspiración a emancipar la personalidad humana la revestía Ibsen a veces de una forma anarquista abstracta. No aceptaba la idea de la solidaridad y organización de las masas y veía la salvación en el individuo fuerte y aislado para el que “la multitud no es más que un material en bruto” que ha de ser trabajado.
Ibsen concibe el proceso histórico como una lucha constante, condicionada interiormente, y una sucesión de épocas contrapuestas, antihumanístas y humanistas. La época capitalista era para él antihumanista, y [505] creía en su inevitable transformación hasta alcanzar una época nueva, más elevada y humana. En su conjunto, la concepción que del mundo tiene Ibsen es contradictoria y ostenta el sello del idealismo.
En la última década del siglo XIX, entre los intelectuales burgueses noruegos cobran ascendiente tendencias místicas reaccionarias que dejan su huella en la obra de algunos grandes escritores, entre los que se cuenta el propio Ibsen.
Las ideas reaccionarias de fines de siglo encuentran su expresión más neta en las novelas naturalistas e impresionistas de Knut Hamsun (18591952). Enfocaba la vida social desde el punto de vista del individualismo anarquista y del irracionalismo y, siguiendo a Nietzsche, predicaba el desprecio a la “multitud” y el egocentrismo. Posteriormente se acentuó todavía más la orientación antidemocrática de su obra.
Filosóficamente ofrecen gran interés las investigaciones de los sabios noruegos en las ciencias naturales durante la segunda mitad del siglo XIX.
Entre 1861 y 1867, C. M. Culdberg (1836-1902) y P. Waage (1833-1900) descubren la importante ley química de las masas activas, según la cual las acciones químicas opuestas (reacciones reversibles) se miden por el equilibrio químico, que se obtiene al producirse su igualación recíproca; esta tesis dialéctica la expuso en los años 70, en forma matemática, el norteamericano Gibbs. Guldberg y Waage, que introducen en la ciencia el concepto de “masas activas”, entendían por “masa” no la masa mecánica, desprovista de cualidad, sino la masa química, determinada tanto cualitativa como cuantitativamente.
En este mismo período se desarrolla la obra del notable matemático noruego Sophus Lie (1842-1899).
En 1869, durante un viaje de estudios a Alemania, Lie intimó con el matemático alemán F. Klein, y el contacto mantenido entre ellos resultó muy fructuoso para ambos. Producto de esta colaboración fue el famoso Programa de Erlangen, de Klein, en el que todos los sistemas geométricos conocidos hasta entonces (Euclides, Lobachevski, Riemann) eran considerados teóricamente desde un punto de vista de grupos único.
Lie comenzó a aplicar la teoría de los grupos en la investigación de la teoría de las ecuaciones diferenciales, y posteriormente se dedicó al estudio especial de dichos grupos (los denominados “grupos de Lie”). Los éxitos de la teoría de los grupos continuos, que Lie estudió durante casi treinta años, van unidos en gran parte a su nombre. Esta teoría permite abarcar con un punto de vista único muchas ramas de las matemáticas.
En su labor científica, Lie se muestra como un dialéctico espontáneo, que buscaba la unidad y el nexo entre las distintas disciplinas matemáticas que hasta entonces se venían desarrollando separadamente. Los grupos continuos, introducidos por él, permitían no sólo descubrir los nexos existentes entre las distintas disciplinas matemáticas, sino también considerar la unidad interna dentro de cada una de ellas. Según este punto de vista, todos los sistemas geométricos, a pesar de su diferencia, pueden ser examinados como un determinado grupo continuo de transformaciones del espacio. Lie mostró el importante papel que la teoría de los grupos cumple para el desarrollo del concepto del espacio, Gracias a tal amplitud de síntesis creció la importancia de los métodos matemáticos y, al mismo [506] tiempo, se reveló claramente el carácter dialéctico de sus relaciones recíprocas.
Las ideas de Lie han influido vigorosamente sobre el desarrollo de la matemática actual y, posteriormente, han encontrado fecunda aplicación en la física teórica. Apoyándose en estas ideas se puede, por ejemplo, poner de relieve aquellas propiedades objetivas del espacio-tiempo que no dependen de la elección especial del sistema de cálculo y que, por tanto, rechazan con precisión matemática todo género de interpretaciones subjetivistas de la teoría de la relatividad.
A pesar de cierta debilidad del movimiento obrero, en Noruega, a fines ya de los años 40, al agudizarse las contradicciones de clase, se producen acciones abiertas del proletariado contra la explotación capitalista. Uno de los primeros organizadores del movimiento obrero noruego fue Marcus Thrane (1817-1890), socialista utópico pequeñoburgués, que experimentó la influencia de los seguidores de Weitling. En los años 40, siendo director de periódico, mantuvo una campaña en pro de la transformación de la sociedad existente y organizó 273 “sindicatos” en los que, además de obreros, había pequeños campesinos y braceros. Thrane exigía la supresión de la monarquía y la implantación del sufragio universal. Estimaba, sin embargo, que las transformaciones sociales podrían alcanzarse mediante reformas políticas. Llamaba a crear un partido político de los trabajadores de la ciudad y del campo. Cuando el movimiento de los partidarios de Thrane (thranitarios), organizados en “uniones obreras”, comenzó a pasar a las acciones de masa, fue severamente reprimido, y Thrane fue condenado a varios años de prisión.
La Comuna de París de 1871 tuvo en Noruega gran repercusión. Ulaus J. Fjortoft, uno de los fundadores de la Unión de Obreros Noruegos, publicó en su periódico, Adelante, los estatutos de la I Internacional y señaló el papel de C. Marx como teórico del proletariado mundial y jefe de la Asociación Internacional de los Trabajadores. En 1887 se constituyó el partido obrero socialdemócrata de Noruega, cuyos líderes mantuvieron desde el principio mismo una política de carácter reformista.
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El proceso del pensamiento filosófico y sociológico en Suecia, Dinamarca y Noruega a mediados y a fines del siglo XIX nos muestra que también en estos países se desenvuelve la lucha entre las ideas progresivas y reaccionarias, entre el materialismo y el idealismo. Las ideas político-sociales y filosóficas avanzadas, vinculadas al movimiento de liberación y a la lucha de las masas populares por sus derechos democráticos, encuentran expresión en las utopías sociales (M. Thrane, N. Quiding y otros), en la literatura progresiva (J. A. Strindberg, E. Ibsen y otros) y en la labor práctica y teórica de los dirigentes del movimiento obrero.
Las ciencias naturales de los países escandinavos se encuentran a la altura de las tareas de su tiempo. Los trabajos de Arrhenius, Oersted, Kolding, Lie y otros investigadores significaron una valiosa aportación a la cultura mundial. Los sabios avanzados defendían, aunque de manera espontánea y poco consecuente, las posiciones del materialismo; sus descubrimientos [507] venían a confirmar la concepción dialéctica de la naturaleza. Todo esto contribuyó a la propagación de las ideas científicas, materialistas.
La tendencia filosófica predominante en Escandinavia está representada en este tiempo por el idealismo y el misticismo, hostiles al materialismo, a la ciencia y a los movimientos sociales progresivos. Boström trató en su reaccionario sistema filosófico de unir con un espíritu ecléctico el idealismo objetivo y el idealismo subjetivo. La corriente predominante de la filosofía burguesa es en este período el idealismo subjetivo, principalmente en su forma irracionalista, como era la doctrina de Kierkegaard. A fines del siglo XIX, en las condiciones de progreso de la industria y de las ciencias naturales, ciertos filósofos idealistas escandinavos (Höffding y otros) tratan de combinar los datos de la ciencia con la filosofía idealista, de “conciliar” la oposición entre el espíritu y la materia.
Frente a la ideología burguesa, a su idealismo, su misticismo y sus reaccionarias teorías sociológicas, se levantan las tendencias materialistas de los naturalistas y las ideas del marxismo, que van penetrando en el movimiento obrero de los países escandinavos. Ahora bien, los líderes de este movimiento, que propagaban el socialismo científico –Palm, Danielsson, Pio, etc.–, no eran aún marxistas consecuentes.
El desarrollo del pensamiento filosófico y sociológico en los países escandinavos durante la segunda mitad del siglo XIX, aunque sin llegar a la forma superior del materialismo –la filosofía marxista, ampliamente extendida a la sazón en Alemania, Francia y otros países del Occidente europeo–, sigue la misma orientación que todo el pensamiento filosófico universal, en el que lo principal es la lucha del materialismo y el idealismo.
{24} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XVIII, Leningrado, 1940, pág. 220.