Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo IV: 2

2. Las concepciones sociales de la época de la Reforma


Como ya lo hemos dicho anteriormente, en los países de la Europa Occidental y Central, la Iglesia Católica Romana era la organización central de todo el sistema feudal. De ahí que no se pudiera asestar un golpe contundente a las relaciones feudales mientras no fuese desgarrado el “velo de santidad” que las cubría, celosamente defendido por el catolicismo.

Uno de los intentos de la burguesía en ascenso encaminados a debilitar los lazos feudales fueron los movimientos reformadores, que se planteaban la tarea de reformar la Iglesia y de crear una dogmática que respondiera a los intereses de clase de la burguesía. Estos movimientos fueron como la chispa que cae en un barril de pólvora, y sirvieron de señal a las acciones revolucionarias populares contra la opresión feudal. En estos movimientos populares, que se combinaban como los movimientos reformadores bajo un ropaje religioso, se ocultaban las reivindicaciones de los trabajadores (campesinos, artesanos, indigentes urbanos, &c.), tendientes a transformar el régimen político y social.

Los primeros estallidos del movimiento de Reforma resonaron en el país de los checos, que ya en los siglos XIV-XV era uno de los más desarrollados de la Europa Central en el terreno económico y cultural. En este país, el movimiento antifeudal se fundía con la lucha nacional-liberadora contra la expansión alemana y con la acciones contra la Iglesia Católica. El movimiento liberador checo lo encabezaba en los primeros años del siglo XV Juan Huss (1371-1415). Oponiéndose a la autoridad de la Iglesia, puso en primer plano, junto con las “Sagradas Escrituras”, a la razón humana y a la experiencia, y defendió el derecho de la personalidad humana a la libertad de pensamiento.

Pese a que los partidarios del Papa capturaron pérfidamente a Juan Huss y lo quemaron vivo en 1415, el movimiento hussita fue creciendo cada vez más. El Papa organizó una cruzada contra los checos, pero sus tropas fueron derrotadas completamente. En el campo anticatólico había [277] dos corrientes muy distintas. Los campesinos, artesanos y mineros formaban el ala radical hussita y eran conocidos como los taboritas, debido a que se reunían en la ciudad de Tabor. Además de ésta, existía también otra corriente hussita, opuesta al feudalismo, formada por las capas burguesas urbanas. Sus partidarios; los llamados chasnikis, se limitaban a exigir la secularización de los bienes eclesiásticos y la comunión para el pueblo. En 1420 y principios de 1421, los representantes de las capas pobres de la ciudad y del campo asumieron en Tabor un papel dirigente. En este tiempo, fueron formuladas y satisfechas parcialmente las reivindicaciones de las capas bajas urbanas y rurales: abolición del régimen de servidumbre y de las obligaciones feudales, y colectivización de la propiedad.

El ideólogo de las capas pobres taboritas era Martín Huska (Lokvis), que predicaba la igualdad social y la necesidad de combatir a los explotadores, temiendo el desarrollo del movimiento popular revolucionario. los sectores moderados hussitas traicionaron a los taboritas y llegaron a un compromiso con la Iglesia Católica y con los barones alemanes.

Uno de los pensadores político-sociales checos de la primera mitad del siglo XV fue Pedro Helchitski (1390-1460).

Las ideas de Helchitski son inconsistentes y contradictorias. Expresando la ira del pueblo, condenaba la desigualdad y la división en estamentos. Pero, al mismo tiempo, reflejando los sentimientos de las capas más atrasadas de los campesinos arruinados por los terratenientes y por la burguesía y no acertando a ver aún la vía real que lleva a la emancipación de los trabajadores, Helchitski consideraba la ciudad y el comercio como una “malvada invención de Caín” y agregaba que toda violencia, toda coerción es un mal que debe eludirse. Sus continuadores se agruparon posteriormente en una vasta y ramificada organización, conocida como “Los Hermanos de Bohemia”.

Uno de los dirigentes de esta organización en el siglo XVII fue el célebre pedagogo y filósofo Juan Amós Comenius (1592-1670), que continuó las mejores tradiciones hussitas. En 1632 dio cima a su Didáctica Magna, en la que trataba de unificar los conocimientos dispersos hasta entonces en un todo coherente y único, es decir, en una filosofía y enciclopedia de las ciencias que Comenius denominaba “pansofía”. Lleno de una fe ilimitada en la fuerza invencible del progreso humano, Comenius veía en la “pansofía” un medio para la organización pacífica y armónica de la sociedad. A la escolástica la calificaba de cámara de tormentos de la inteligencia, y la seudociencia escolástica la comparaba con una abigarrada manta hecha con andrajos.

Comenius consideraba que al investigar no había que apoyarse en argucias verbales, sino en las demostraciones lógicas fundadas en la generalización de los datos de la percepción sensible; a su modo de ver, los sentidos son el fundamento primero y necesario de todo conocimiento acerca del mundo. En el hombre se hallan, a manera de grano o de germen, las diversas capacidades, descubiertas y perfeccionadas por medio de la educación. Siendo como era un convencido humanista, Comenius propugnaba la enseñanza general en la lengua nativa y subraya, a la vez, el elevado papel de las ciencias naturales y de las matemáticas en la educación del hombre. [278]

A principios del siglo XVI surge la Reforma en Alemania. También aquí este movimiento sigue dos direcciones: una, burguesa, y otra, popular, campesino-plebeya. Los burgueses, encabezados por Martín Lutero (1483-1546), estaban interesados en liberarse de la preponderancia de la Iglesia Católica; aspiraban asimismo a una “Iglesia barata”, subordinada al poder civil, y exigían la secularización de los bienes eclesiásticos.

Luchando contra los ritos externos del catolicismo y trasplantando las normas religiosas a la conciencia del hombre, Lutero “ha negado al sacerdote que se halla fuera del laico, afirmando asimismo al sacerdote –interior– en el corazón del laico...”38

En los primeros tiempos de la Reforma, sus ideólogos proclamaban el valor de la razón humana, pero esto no duró mucho. Lutero, al que llenaba de pavor el movimiento revolucionario, se sumó al campo de la reacción, acompañando este paso de violentos ataques a la razón y a la ciencia.

Una vía absolutamente distinta siguió la Reforma popular. Tomás Münzer (nacido hacia 1490 y muerto en 1525) fue uno de los jefes de la terrible guerra campesina, cuyas llamas se extendieron por casi toda Alemania en los años 1524-1525. Münzer exhortó a atacar a los explotadores –a los señores feudales y a los ricos– con las armas en la mano y a destrozarlos como a “viejos pucheros”. Münzer y sus compañeros de lucha hablaban de la necesidad de conquistar el. “reino de los cielos” para las gentes sencillas aquí en la tierra; es decir, de la necesidad de transformar radicalmente las relaciones sociales.

“... Por el reino de los cielos –escribía Engels– Münzer no entendía otra cosa que una sociedad en la que ya no existieran las diferencias de clase, la propiedad privada, ni tampoco un poder estatal independiente, opuesto y ajeno a los miembros de la sociedad... (una sociedad en la que) todos los trabajos y los bienes serían comunes y en la que se establecería la igualdad más completa.”39

Münzer era panteísta. Criticando los dogmas cristianos afirmaba que el paraíso y el infierno existen, pero no en un mundo ultraterreno, sino en el mundo real, como felicidad o desdicha social. Ahora bien, Cristo, a juicio suyo, no era más que un hombre.

La insurrección campesina fue ahogada en un mar de sangre. El propio Münzer cayó heroicamente al ser derrotado por los príncipes el levantamiento campesino. Como subrayaba Engels, en la época de Münzer aún no se daban las condiciones necesarias para plasmar las ideas que el mismo Münzer sólo había presentido confusamente.

La Reforma también llegó a Polonia en el siglo XVI, sobre todo a la región de Pomorie. La guerra campesina en Alemania, así como el eco del movimiento hussita en Bohemia, influyeron directamente sobre el desarrollo de las ideas anticatólicas y antipapales en Polonia. En este país, la Reforma se desenvolvió principalmente sobre la base del conflicto entre los señores feudales seglares y la Iglesia, razón por la cual tuvo un [279] alcance limitado. Esto se reflejó asimismo en la ideología del Renacimiento polaco.

Ya desde finales del siglo XV venía manifestándose en Polonia un gran interés por los problemas de la filosofía y, especialmente, por los de la lógica. Los pensadores progresivos polacos, ante todo Grzegorz de Sanok (1403-1477) y, más tarde, Adam Burski (aprox. 1560-1611), se opusieron a la escolástica y elaboraron métodos inductivos de investigación. Posteriormente, E. Dembowski escribía que Grzegorz de Sanok “consideraba las argucias escolásticas como indignas de la razón humana, que debe ocuparse principalmente de las ciencias exactas...”40 Los ataques de estos filósofos polacos a la escolástica concordaban con las ideas anticatólicas desarrolladas por la Reforma.

En el siglo XVI, y más tarde en Polonia, se difundió la doctrina de los llamados “Hermanos polacos”, variante del arrianismo que reflejaba los sentimientos del ala izquierda y plebeya de la Reforma polaca. Los arrianos eran exponentes de un primitivo racionalismo. Uno de sus más ilustres representantes, Andrés Wishowati, sostenía en su tratado Sobre la religión conforme a la razón (1678) que la razón humana era la instancia superior cuando se trataba de determinar la veracidad de tal o cual principio de la fe. Del círculo de los “Hermanos polacos” salió también Ludwig Wolzogen, que impugnó la teoría de las ideas innatas. Partiendo de las posiciones de un sensualismo materialista, escribía Wolzogen: “Me atrevo a afirmar que si fuera posible que el hombre naciera sin órganos sensoriales y dotado solamente de la capacidad de pensar, no tendría ninguna idea de las cosas, salvo una vaga sensación, casi animal, de su existencia.”41 Una posición afín a los arrianos sustentó Juan Jonston, autor de La inmutabilidad de la naturaleza, obra publicada en Amsterdam en 1632. En ella, bajo un ropaje panteísta, se exponían ideas materialistas. Jonston ponía en primer plano la deducción matemática, pero al mismo tiempo valoraba altamente el método empírico de conocimiento. Los arrianos Grzegorz Pavel y Simon Budni negaban la inmortalidad del alma y la posibilidad de que pudiera existir fuera del cuerpo humano.

Los “Hermanos polacos” exigían la igualdad social y la abolición de la explotación del hombre por el hombre. El Estado, cualquiera que fuese, era para ellos fuente del mal. Entre los “Hermanos polacos” había también partidarios de la abolición total de la propiedad privada; pero, al mismo tiempo, la idea de no responder con la violencia al mal se hallaba también muy difundida en el seno del movimiento arriano.

En el siglo XVI, destacó en Polonia el gran sociólogo y teórico en el campo del derecho público Andrés Frycz Modrzewski (1503-1572), eminente ideólogo del movimiento humanista polaco. Expresando los intereses de los círculos avanzados de la nobleza y de los comerciantes, en su obra Rectificación de la Rescz Pospolita (traducida a varios idiomas [280] europeos) formulaba la idea de que la “nación” polaca debía estar integrada por todo el pueblo y no sólo por un estamento. Modrzewski exigía el fortalecimiento del poder real y criticaba la concepción teocrática y la doctrina del origen divino del derecho. Asimismo, luchaba en favor de la creación de un Estado secular poderoso y centralizado y, además, sustentaba algunas ideas democráticas. Así, por ejemplo, sostenía que el Gobierno debía responder ante los ciudadanos, que las gentes sencillas debían tomar parte en la elección de los reyes polacos y, por último, afirmaba la igualdad de todos los estamentos ante la ley.

A consecuencia de la Reforma, el Papa romano perdió su dominio en diferentes países y regiones de Europa. Mientras tanto, el protestantismo se convirtió en una religión oficial, que venía a justificar y santificar las relaciones de explotación.

La desintegración del régimen feudal y la formación del capitalismo, fenómeno que ocurrió en los países de Europa Occidental durante los siglos XV-XVI, planteó diversos problemas de carácter sociológico a la filosofía y al pensamiento político-social. De ellos, uno de los más importantes era el problema del Estado. Los ideólogos del feudalismo ya caduco defendían las ideas reaccionarias de la teocracia cosmopolita y de la estructura jerárquica feudal. En cambio, los ideólogos de la burguesía, clase progresiva en aquella época, sustentaban en oposición a las concepciones teocrático-feudales la idea de un Estado secular, nacional y centralizado.

También se oponían a la ideología feudal los partidarios de una democracia plebeya, que soñaban con una transformación radical del régimen social.

En este tiempo aparecieron ideas relativas a los “derechos naturales” del hombre y a la “soberanía del pueblo”. Estas ideas se anticipaban al establecimiento de nuevos regímenes políticos que, respondiendo a los intereses del desarrollo capitalista, habrían de suprimir el desmembramiento feudal y las arbitrariedades de los señores. En ese tiempo fueron rechazadas asimismo las doctrinas apologéticas que afirmaban que el poder estatal había sido instituido por Dios. Sin embargo, las ideas del “derecho natural” y de la “soberanía del pueblo” no podían plasmarse aún, en aquella época, en realidad.

La amenaza que representaban las explosiones .revolucionarias de las masas explotadas planteaba a los ideólogos burgueses la necesidad de fundamentar la teoría del Estado “fuerte”, capaz de aplastar no sólo la resistencia de los señores .feudales, sino también el movimiento revolucionario popular.

La teoría de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) puede servir de ejemplo típico de las teorías sociales antipopulares de la burguesía. En la época en que vivió y actuó Maquiavelo, Italia se hallaba desmembrada en una serie de pequeños Estados, enemigos entre sí, y estaba sujeta a las devastadoras invasiones de las tropas extranjeras.

Por el contenido de sus ideas, Maquiavelo era un ideólogo de ta burguesía italiana, partidario del empleo de una “mano de hierro” y de la aplicación de cualquier medio para reprimir el descontento de las masas populares explotadas y afirmar en Italia un Estado secular y único. [281]

De los nobles decía Maquiavelo que “tales hombres son completamente enemigos de todo régimen bien ordenado”. Y afirmaba asimismo que “nada aparece tan terrible como una multitud amotinada...”42

Para Maquiavelo, el “interés material” era la fuerza propulsora de la historia, siendo la propiedad privada el más poderoso de todos. Los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de sus bienes, decía Maquiavelo. En sus obras históricas, exentas de contenido ideológico, hay atisbos de la sujeción a leyes que preside los fenómenos sociales. En sus trabajos, Maquiavelo demuestra en lo fundamental que en la sociedad existe la lucha de clases, pero sin comprender todavía sus causas ni su verdadero carácter.

Según Maquiavelo, la base del Estado es la fuerza, con absoluta independencia de todo principio moral. Su famosa obra El Príncipe es una cínica apología de la violencia, de la perfidia y de la doble faz en política.

De hecho, Maquiavelo se pronunció en favor del establecimiento de la más implacable dictadura de las clases explotadoras en las condiciones de la acumulación originaria del capital y en la situación peculiar de una Italia dividida y avasallada por la Iglesia y los extranjeros.

Destacado representante del pensamiento político-social fue Juan Bodin (1530-1590), partidario e ideólogo del Estado absolutista francés, al que se debe una formulación de la idea de la soberanía estatal. Combatió las concepciones reaccionarias de la Iglesia Católica sobre el poder universal del Papa, concepciones de carácter abiertamente cosmopolitas dirigidas contra la soberanía de los Estados nacionales que se desarrollaban en aquella época. Las ideas de Bodin sobre la soberanía nacional, que respondían a los intereses de los Estados nacionales ya creados, tenían un carácter progresivo.




{38} C. Marx. Trabajos preparatorios de “La Sagrada Familia”. C. Marx y F. Engels, Obras completas, trad, rusa, t. III, pág. 615, 1930.

{39} F. Engels, La guerra de los campesinos en Alemania, trad. rusa, pág. 46, 1953.

{40} E. Dembovski, Ensayo de historia de la literatura polaca, pág. 48. Poznan, 1844 (en polaco).

{41} Annotationes in Meditationes Metaphysicas Renati Descartis, Bibl. Fratr. Polon., t. I, dziel Wolzogena, pág. 82. Cita tomada de la revista polaca El Pensamiento Filosófico, núm. 1 (15), pág. 104. Varsovia, 1955.

{42} Nicolás Maquiavelo, Discursos sobre la primera Década de Tito Livio. N. Maquiavelo, Obras políticas, trad. española de E. Navarro, págs. 190, 194. Librería Editorial “El Ateneo”, Buenos Aires, 1952.