La disensión comunista
[ en el XIV Congreso del Partido Comunista de Rusia ]
Aún no puede decirse que el partido comunista ruso se haya dividido, pero en su último Congreso, que ha sido el catorceavo, ha mostrado mayores disensiones, y más fundamentales, que en ningún otro.
Lo que hasta ahora se sabía es que los comunistas de Leningrado habían disentido de la conducta del Comité Central, concentrado en lo que se llama el “Politbureau”, respecto de la política económica que actualmente se sigue en Rusia.
La verdad parece ser, según relatos más completos, que en este Congreso se ha mostrado una oposición completa entre la mayoría del Comité Central, en la que figuran Stalin, Bukharin y Rylcoff, y la minoría, acaudillada por Zinovieff y Kameneff.
La minoría encuentra dos puntos en el informe de la mayoría, defendido por Stalin, que no puede aprobar: primero, la política que se sigue en las aldeas, por la que se concede demasiado poder a los campesinos acomodados, llamados los “kulaks” (literalmente, los puños), por creer que si se continua esa política los “kulaks” llegarán a constituir un verdadero peligro para el régimen soviético; y segundo, el desarrollo de la industria y el comercio soviéticos bajo la base del “capitalismo de Estado”, porque si se continúa será imposible en lo futuro echar máquina atrás y volver a un régimen de puro socialismo.
Costó mucho trabajo a Kameneff hacerse oír para defender sus puntos de vista. Sólo su gran autoridad en el partido consiguió imponerse a las voces numerosas que querían obligarle a callar. Pero no pudo convencer a la mayoría opuesta.
Stalin, en nombre de ésta, le contestó que la mayoría se movía entre dos tendencias antagónicas: la de los que creen que se debe hacer más concesiones al capitalismo si se ha de salvar el actual régimen, y la de los que opinan, como Zinovieff y Kameneff, que ya son excesivas las concesiones hechas.
Estas palabras no tienen nada de particular; pero sí que Stalin concluyó diciendo que actualmente tiene que concentrar todos sus fuegos el partido contra los que opinan como Kameneff y Zinovieff. Quinientos cincuenta y nueve delegados contra 63 aprobaron el informe de Stalin. Y ello quiere decir que en el último Congreso comunista de Moscou los más comunistas han sido derrotados por los menos comunistas, y que Zinovieff y Kameneff se encuentran ahora, por demasiado comunistas, en una situación análoga a la que Trotsky tuvo que padecer hace un año por demasiado poco comunista.
Pero con un poco de imaginación puede ya anticiparse que el episodio comunista de la revolución rusa está a punto de pasar a la historia. En el campo se está constituyendo rápidamente una burguesía acomodada de “kulaks”; en las ciudades se está reconstituyendo el capitalismo por un sistema de concesiones a empresas privadas; sólo que no se procede tan rápidamente porque en Rusia no hay capital y porque el capital extranjero no se fía aún bastante de los Soviets para volver a Rusia.
El comunismo ruso está pidiendo al capitalismo extranjero que vaya a explotarle, y el capitalismo extranjero, salvo contadísimas excepciones, se niega a ir. Esta es una diferencia bastante profunda entre la revolución francesa y la rusa: los revolucionarios franceses no pidieron a la dinastía depuesta que volviese a ocupar el trono. En cambio, los revolucionarios rusos, después de haber abolido el capitalismo, como causa de todas las desdichas, le imploran en vano que los vuelva a explotar.
Puede decirse que el proceso ideológico de la revolución rusa ya se ha cumplido. Desapareció una clase gobernante y poseedora, se quiso que con ella desapareciese el capitalismo; pero el capitalismo vuelve por la fuerza misma de las cosas.
Cumplido el proceso ideológico, sólo falta que se cumpla el moral.