Filosofía en español 
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Machado, a los veinte años

Con motivo de cumplirse el veinte aniversario de la muerte de don Antonio Machado, un grupo de intelectuales prestigiosos del vecino país, del pueblo hermano de Francia, entre los cuales están François Mauriac, Jean Sarrailh, Marcel Bataillon, Louis Aragón, Pierre Vilar, Jean-Paul Sartre —por sólo citar algunos nombres— han organizado, el 22 de febrero, en el pueblecito de Collioure, un homenaje a la memoria del poeta. Y el cartel anunciador de dicho homenaje fué dibujado por Pablo Picasso.

Según informan los semanarios franceses («L'Express». «Trance Obseryateur», «Le Fígaro Littéraire», «Les Lettres Frangaises», etc.) al acto de Collioure asistieron, junto a los intelectuales franceses, varios centenares de escritores, artistas, universitarios y poetas españoles, llegados, los unos, de diversos lugares de Francia y de Suiza, y venidos directamente los otros de Barcelona, Zaragoza y Madrid. Fue un acto sencillo, dé recuerdo emocionado y de esperanza, como don Antonio Machado se merecía. Se dio lectura a algunos de los mensajes de adhesión recibidos de España y de América, particularmente los de D. Ramón Menéndez Pidal, dé Vicente Aleixandre y de Pablo Casals. Habló D. Pabló de Azcáraté en nombre de los intelectuales españoles emigrados, evocando la humanidad ejemplar de la vida de Machado, y llamando, como mejor conmemoración del veinte aniversario dé su muerte, que lo es también del final de la guerra civil, al establecimiento de la convivencia nacional, a terminar con la división de los españoles en «los de fuera» y «los de dentro», a la fusión —según la frase de la carta de adhesión de Menéndez Pidal— «de las dos Españas en la España única que todos anhelamos». Se leyó a continuación el mensaje colectivo suscrito aquí, en Madrid, con esta ocasión, por cerca de un centenar de intelectuales españoles. Posiblemente haya sido el instante más emocionante de este acto aquel en qué fué depositada sobre la tumba de Machado, entre las flores venidas de España y de Francia, uña caja de madera tallada, con tierra de España, enviada por los presos políticos de Barcelona.

Ese mismo domingo 22 de febrero, y a la misma hora, sé reunieron en Segovia, en homenaje vibrante a Antonio Machado, cerca de un millar de escritores, universitarios, profesores, artistas, madrileños, convocados por el mensaje a que antes aludíamos. Lo firmaban, entre otros muchos Ramón Menéndez Pidal, Gregorio Marañón, Teófilo Hernando, Pérez de Ayala, Dámaso Alonso, Carles Riba, Vicente Aleixandre, Pedro Laín Entralgo, Daniel Vázquez Díaz, Joaquín Garrigues, Camilo José Cela, Luis Felipe Vivanco, Gabriel Celaya, Dionisio Ridruejo, José Luis Aranguren, Julián Marías, Enrique Tierno Galván, Salvador Espríu, Díaz Caneja, Fernando Chueca, Rafael Zabaleta, Benjamín Palencia, Blas de Otero, Luis García Berlanga, S. Montero Díaz, Alfonso Sastre, R. Sánchez Ferlosio, J. Fernández Santos, etc., etc. En realidad, este mensaje dirigido «a todos los españoles de buena voluntad», en que se dice qué «un homenaje a Antonio Machado resuena, inevitablemente, como un homenaje al pueblo español, al pueblo simple, y duradero», este mensaje lo ha firmado toda la intelectualidad española. Lo ha firmado España. Esa «España única que todos anhelamos», por encima de las divisiones de hace veinte años, por encima de los odios de la guerra civil que la dictadura alimenta y sostiene, para mantenerse en su cada día más precario e ilusorio poder. De hecho, los actos de Segovia y de Collioure, son expresiones vivas, esperanzadoras, de la reconciliación nacional en marcha, de ese movimiento irreversible que aspira al establecimiento de un espíritu de libertad y de convivencia.

¿Qué significación tiene, a la vista de hechos como éstos, dé inspiración auténticamente nacional, el acto, oficial organizado precipitadamente por él Gobierno del general Franco en la ciudad de Soria? ¿Qué significan, frente a los nombres citados y a otros muchos para los que no ha habido espació material, pero igualmente representativos, los de un Muñoz Alonso, y de algún que otro poeta del que no queremos acordarnos? Literalmente, nada. Lo único que. pone de relieve el acto oficial de Soria —atropellado, frío, extemporáneo— es el desconcierto y la ruindad de los gobernantes franquistas. Su debilidad también. Porque comparando Segovia con Soria, el entusiasmo y la esperanza de Segovia, con la frialdad burocrática de Soria, se puede medir hoy, con precisión casi de laboratorio, cuál es el pensar auténtico de los intelectuales españoles, cuál elpensar del pueblo, del «pueblo simple y duradero», (¿no decía don Antonio Machado: «Lo mejor en España es el pueblo»?), que aquellos han representado, en Segovia y eñ Collioure, con dignidad y hombría.

Se explica, en estas condiciones, lá cólera del diario «Pueblo», reflejada e un editorial, del 23 de febrero, que,aunque anónimo, bien merece haber salido de la pluma venenosa y un tanto histérica del estafador Emilio Romero. Provoca risa, a estas alturas, la arremetida de «Pueblo» contra los actos de Segovia y Colliure. Risa y desprecio. Porque resulta que ahora, a los veinte años dé su muerte desterrada, se acuerdan de Machado los demagogos de «Pueblo», pero sólo para indignarse hipócritamente de que su nombre sea símbolo vivo, bandera de reconciliación, puente sobre las trincheras de antaño. Casi nos atrevemos a pronosticar que van a pedir el traslado de los restos del poeta a la faraónica cripta de Cuelgamuros, para que Machado, ahora que está más vivo que nunca en la memoria y la esperanza de los españoles, muera de verdad, para que calle de una vez su palabra sencilla y verdadera.

No ocurrirá así. A los veinte años de su muerte, el nombre de don Antonio Machado está henchido de porvenir. Collioure y Segovia lo demuestran.