Un incendio en la Casa Aldus
Queda destruido el almacén de existencias y efectos generales
Las primeras noticias del suceso
Mediada la mañana del pasado domingo, se recibieron urgentes avisos en los parques de bomberos de que en una de las principales y más poderosas industrias montañesas, en la Casa “Aldus”, en Campogiro, se había declarado un violento incendio.
Las noticias eran muy alarmantes, pues afirmaban que el incendio se había declarado en el almacén de existencias y efectos generales, y que, por efecto del fuerte viento Sur reinante, amenazaba propagarse a la fábrica y a los edificios inmediatos.
La impresionante noticia se transmitió rápidamente a las autoridades, a los periódicos y a los centros oficiales, y como por una acertada medida previsora se cortó la corriente eléctrica y dejaron de funcionar los tranvías, se divulgó rápidamente por la ciudad.
En el lugar del suceso
Inmediatamente, aprovechando un rápido procedimiento de locomoción, nos trasladamos al lugar del siniestro.
Minutos antes, y con una rapidez vertiginosa, que fue elogiadísima, habían acudido los bomberos municipales.
También la noticia del siniestro había llegado hasta ellos con caracteres de catástrofe, y, temiendo que el viento Sur reinante devorase la fábrica, acudieron rápidamente. Con ese proceder, los valerosos bomberos santanderinos demostraron cumplidamente el celo que les distingue cuando de cumplir con su deber se trata.
Efectivamente, el fuego se había declarado en los talleres de tipografía que la Sociedad hispanoalemana “Aldus” allí tiene establecidos.
Cuando nosotros llegamos, impulsado por el fuerte viento, ardía en pompa el almacén de existencias y efectos generales; pero aún no se había propagado a la nave de maquinaria, tipografía y encuadernación.
Previsoramente, del almacén a las naves principales se ha dejado una prudencial distancia, ante el temor de un incendio.
Los almacenes estaban formados por grandes tejavanas, que empezaban cerca de la reja exterior y que terminaban junto al transformador de energía eléctrica, o sea unos veinticinco metros, aproximadamente, de distancia. La construcción era bastante sólida y en ellos se guardaba importantes trabajos, entre ellos las ilustraciones en tricolor de la Historia del Arte y la Historia del Arte Barroco, cubiertas de encuadernaciones, miles de láminas, troqueles de ilustraciones, libros impresos, en fin, cuanto necesita conservar una tipografía de esa importancia.
También, en una de las dependencias, acostumbraban los obreros a guardar sus ropas de trabajo, que quedaron igualmente destruidas por el fuego.
Cómo fue descubierto el incendio
Como en esta fábrica se trabaja constantemente, pues hay establecidos tres turnos de ocho horas, en la mañana del domingo había algunos obreros. Otros, en su mayoría súbditos alemanes, que habitan por los alrededores, también se encontraban en lugares próximos.
La voz de alarma, al apercibirse del suceso, la dio el guarda de los edificios. Se encontraba vigilando cuando observó que de la parte Este del almacén salía bastante cantidad de humo. Sospechando, justificadamente, que se trataba de un incendio, dio aviso a las oficinas, donde se encontraba, acompañado del alto personal administrativo, el director gerente de la Casa “Aldus” don Enrique Vagner. Este se apresuró a dar aviso a los parques de bomberos, y, cuando, cumplido este primordial deber, se trasladó al patio, ya los almacenes ardían en pompa. Las llamas salían por los tejados de las dependencias, lamían el pequeño edificio del transformador eléctrico y amenazaban con propagarse a las naves próximas, especialmente al taller en que está situada la fundidora de las monotipias.
El director, don Enrique Vagner, en unión del secretario de la Sociedad, don Luis Velarde, –que llegó momentos después–, del empleado en oficinas Juanito Dammer y del montador Heermann, comenzó los primeros trabajos de aislamiento y de extinción, ayudado por los obreros que rápidamente acudieron y por algunos soldados del Depósito de Sementales.
Hubo un momento de gran peligro
Hubo un momento de gran peligro. Fue cuando las llamas, al impulso del fuerte viento Sur que rápidamente convirtió los almacenes en una inmensa hoguera, amenazaban a las naves próximas. Llegó un momento, temido por todos, en que alguna de las llamas penetró por una ventana que se había dejado abierta, pero rápido y decidido, un obrero acudió a cerrarla, y esta medida y otras de aislamiento, que rápidamente se adoptaron, conjuraron el peligro.
Y la enorme nave que encierra una maquinaria que vale una fortuna, quedó intacta.
En los primeros momentos acudió el bombero voluntario, que accidentalmente se encontraba en una barbería próxima, Manuel Zárate, quien, ayudado por los jóvenes de Peñacastillo, Doroteo Casado, Julio Velarde y Hermenegildo y Fernando Abascal, inició los primeros trabajos de extinción.
Llegan los bomberos municipales
Minutos después, atravesando la ciudad y la carretera hasta Peñacastillo, a una velocidad vertiginosa, llegaron los bomberos municipales, en la bomba automóvil, al mando de su jefe don José Cabrillo.
La bomba automóvil comenzó a funcionar rapidísimamente. Momentos después, varias mangueras, lanzando el agua con gran presión, establecían un cordón en torno del incendio y, al mismo tiempo que le extinguían, evitaban que se propagase a las naves más inmediatas.
Eficazmente ayudaban a los bomberos los soldados del Depósito de la Remonta y otras personas que voluntariamente se prestaban a ello.
Llegó en este momento el arquitecto municipal don Ramón Lavín Casalís y, de acuerdo con don José Cabrillo, dispuso lo más acertado para localizar y reducir el incendio.
Este era imponente y parecía inextinguible. El viento animaba constantemente el fuego, y las grandes existencias de papel se avivaban en proporciones siniestras.
En vista de ello, se decidió echar arena sobre el fuego. Una brigada de bomberos se dedicó a remover la tierra, que luego otra brigada echaba sobre los focos más importantes.
Y así, con el trabajo penoso, pero constante y decidido, de los bomberos, pudo localizarse el incendio en las primeras horas de la tarde, quedando un retén de guardia, en previsión de que pudiera reproducirse.
Las autoridades acuden al lugar del suceso
Al lugar del suceso acudió el general gobernador, don Andrés Saliquet, acompañado de su comandante-ayudante, don Julián Domingo; el teniente de alcalde don Manuel Galán, el teniente de Seguridad, don Luis Quevedo; el de la Guardia civil, señor Guilarte, y el jefe de la Guardia municipal, don Manuel Muñiz.
Fuerzas de la Guardia civil, de Seguridad y de la Guardia municipal acordonaron los alrededores del edificio, para evitar que la gente se aproximase.
Las pérdidas y otras noticias de interés
Las pérdidas son muy importantes, calculándose que ascenderán a varios miles de duros.
La Casa “Aldus” tiene asegurados sus grandes edificios en tres Compañías y contraasegurados en otra. El representante del contraseguro, señor González, acudió ayer a ponerse a disposición del director de la Empresa, a fin de organizar los trabajos para cobrar las pérdidas del siniestro.
Debido al agua que se echó para localizar el fuego, se inutilizó el transformador de energía eléctrica. Por esta causa, en la mañana de ayer quedaron interrumpidos los trabajos de maquinaria; pero el celo y el interés que pusieron los empleados de la Electra de Viesgo para sustituir el transformador por otro de más potencia, permitió que por la noche pudieran reanudarse.
Durante el incendio se le extravió un anillo al capataz de bomberos don Felipe Badía, quien nos ruega que si alguna persona le ha encontrado se le devuelva.
Como siempre, los bomberos municipales tuvieron que acudir a sofocar el fuego sin uniformes, cascos, ni calzado en condiciones para hacerlo.
Y esta vergüenza perdura, pese a las promesas de nuestros alcaldes: de los anteriores y de los actuales.