Filosofía en español 
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Proyecto digno de apoyo

Santander puede ser potencia cultural

Vamos ganando terreno.– Dos alemanes en Maliaño y en el Club de Regatas.– La industria alemana de las Artes del Libro.– Millones de libros en cuatro idiomas.– La Casa editorial más potente de Europa.– Debemos ayudar a quienes vienen a honrarnos.


Es indudable que Santander va ocupando, en el mundo de los negocios, el lugar elevado que le corresponde, más –digámoslo con algo de amargura– por su buena estrella que por la labor asidua, constante y desinteresada de sus hijos, que apenas si la ayudan a elevarse sobre el nivel en que está estacionada hace algunos años.

Concedamos, pues, que es su buena fortuna y hasta que, aunque velada y vacilante, hay algo de ayuda moral en el empujón que ha dado hacia adelante. Todo ello redunda en beneficio de nuestra querida, ciudad y los buenos santanderinos debemos alegrarnos de ello.

Ayer, fue una fábrica, importantísima; hoy un verdadero taller de montaje de automóviles, mañana Dios sabe qué poderosa industria. Todo ello se traducirá en bienestar para la clase obrera y en fuente de seguros beneficios para Santander, con lo que todos participaremos de ello.

Mucho celebramos este avance, más apreciable en el letargo en que estaba sumida la vida activa de la población, avance que nos llevará bien pronto a figurar a la cabeza del negocio y la industria españoles, junto con otras grandes capitales que nos honran a todos por su amor al trabajo, base de toda prosperidad.

Dos alemanes en Santander pasarían desapercibidos, como pasaría un francés o un italiano. Pero los reporteros tenemos, entre otras, la inevitable obligación de conocer todas las caras, y en cuanto vemos una nueva hemos de decirnos para nuestra; cuartillas:

–¿Quién será ese sujeto y a qué vendrá por aquí?

Porque igual puede ser un furibundo sindicalista escapado de Barcelona o Valencia, que un hermano de Lenin o un coleccionista que viene a adquirir la casa-tapón para completar una serie perteneciente a la prehistoria.

Los dos alemanes a que aludimos nos llamaron muchísimo la atención, porque los veíamos ir y venir desde el Muelle a Maliaño muchas veces al día, acompañados de un hombre cuya mentalidad privilegiada es conocida en el mundo de los negocios industriales: el editor madrileño don Rafael Calleja, el de los cuentos y las novelas y los diccionarios y las grandes obras escolares y científicas.

Confesamos que los seguimos un par de horas y que, valiéndonos del ardid de poner cara de tontos, nos sentamos junto a ellos en el Club de Regatas para oír a por a y b por b su conversación, que a nosotros se nos figuró, por instinto periodístico, que había de ser por demás interesante y digna de la publicidad.

De la conversación sostenida entre el señor Calleja y los dos alemanes dedujimos que éstos habían venido desde Leipzig, citados por el primero, para ver en Santander terrenos apropiados para establecer un poderoso negocio editorial.

Trátase de la exportación de libros a América y Europa en una enorme escala, que abaratará las ediciones, llevando los nombres de nuestros escritores clásicos y contemporáneos allende los mares, y esparciéndolos por todo el mundo civilizado en obras escritas en los cuatro principales idiomas de la tierra: castellano, inglés, francés y alemán.

Para este enorme negocio, la Casa de Leipzig, de la que dependen como reconocidos técnicos los dos alemanes que hemos presentado a nuestros lectores, unida a la Casa Calleja, de Madrid, empleará la más perfeccionada maquinaria de las Artes Gráficas, máquinas constructoras de libros por procedimientos tan perfeccionados que recibirán por una parte el papel de las bobinas y por otra lanzarán las obras totalmente terminadas, dispuestas para su embalaje y exportación.

La casa editorial en cuestión será una de las más potentes de Europa, y cuenta con ilustradísimos traductores además de un personal tipográfico de lo más competente y adelantado.

También el señor Calleja –emparentado con una distinguida familia de esta capital– y los dos alemanes en cuestión han visitado Bilbao con el mismo fin habiéndoseles ofrecido grandes facilidades, pero parece ser que se decidirán por Santander si encuentran aquí apoyo para desarrollar sus planes, y entonces se instalará la enorme manufactura de libros en una de las naves del Depósito Franco, cuya edificación comenzará en breve.

De esta suerte, el papel pueden recibirlo de Alemania, por medio de una flota de vapores de la misma Empresa editorial, sin pagar derechos, y la exportación se verificará con comodidad suma y sin recargo arancelario alguno en la mercancía

Huelga decir la importancia enorme que tendría este negocio para Santander, aunque no sea más que fijándose en los millones de obras españolas y extranjeras que llevarían en el pie de imprenta el nombre de la ciudad, paseándole triunfalmente por todo el mundo.

¿Debe Santander apoyar la pretensión de esas casas alemana y española, que quiere establecer aquí su enorme fábrica de cultura? Creemos que sí, y esperamos, por tanto, que no se dejará escapar esta brillante ocasión que la casualidad nos depara para el engrandecimiento de nuestra patria chica en la patria universal de las letras.

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El consorcio del Depósito franco que ha de establecerse en esta capital, acordó ayer mandar insertar en el «Boletín Oficial» el anuncio del concurso que ha de abrirse para la construcción de la tapia de cierre y almacenes.