Filosofía en español 
Filosofía en español


José Téllez Moreno

En público
A la ciudad honrada

No creáis que salgo con un grito de majeza. En nombre mío y en el de toda la Redacción de este honrado diario, el cual dirijo, no porque tenga méritos para ello, sino porque así lo habrá querido la suerte o la desgracia, salgo pidiendo, en público, que “Diario de Almería” me acuse abiertamente, porque entre sombra y sombra, como quien siente la comezón aviesa de hundir un arma con mano criminal, lo viene haciendo ya. Esto no es digno, ni es de hombres. ¡Y vosotros, los de “Diario de Almería”, de hombría maja habéis sentado plaza!

Yo no he gritado tanto y he hecho más. Tanto a mí, como a los redactores de este periódico, en uno de vuestros artículos rabiosos, nos decíais testaferros, y no sé qué otras cosas del mismo gusto y salpicadas de la misma razón. Nos injuriabais como vosotros acostumbráis. Y yo -yéndome de ligero, que jamás debí hacerlo, porque le daba beligerancia a un compañero que no lo es de nadie- en nombre propio y en el de mis redactores, al director de “Diario de Almería”, puesto que él se hacía responsable de unos artículos, hechos con mucha rabia, pero que sabe todo el mundo que no escribe, le envié a los señores D. Manuel García del Pino y D. Francisco Escobar, para exigirle una debida satisfacción. Y, es claro, que no repito la suerte, ni con el director, ni con ninguno del “Diario”. Ya que pregonan que nos darán con la punta del pie... lo aguantaremos y encogeremos las orejas. Somos prudentes para con los maestros.

El director de “Diario de Almería”, ¡D. Arturo Giménez!, les dio a mis representantes satisfacciones a granel, y la promesa honrada y solemne de que las publicaría. ¿Las ha leído alguien? Pues id juzgando. En “Diario de Almería” están los caballeros. Nosotros lo afirmamos.

——

No me pueden herir átomo alguno de mi sinceridad profesional, cuantas diatribas, injurias y perversiones se lancen, ya sea por “Diario de Almería”, ya sea por el mismo diablo, contra el Consejo de Redacción de este periódico. No defiendo a personas, no las he defendido, ni las defenderé, y mucho menos por una satisfacción de estómago, que es lo que abunda en todas partes dentro del periodismo. Pero por el profundo amor que siento hacia mi profesión, grande, noble, elevada, no puedo consentir que un desdichado, o un endiosado oculto, quiera herir mi honradez, no negada por nadie, y mucho menos poniendo en las palabras el humillante velo de la vergüenza.

No vine aquí de testaferro. Eso se queda para las plumas mercenarias y viles. Acepté el cargo para ejercerlo, sin gran inteligencia, porque Naturaleza no me ha dado esa inmensa fortuna; pero sí limpiamente, que en cuanto a honor, Naturaleza ha sido pródiga al concedérmelo.

Y he aquí, por qué no he establecido, en nombre del Consejo de Redacción, esa polémica delicada que ayer cita “Diario de Almería”: porque en “Diario de Almería” no he visto sinceridad, y porque las personas que constituyen el citado Consejo no la han querido; que tienen el pleno convencimiento de que lo que menos les interesa a los maestros del “Diario”, son las personas de este Consejo; les interesa EL DÍA, el periódico EL DÍA, lo que supone EL DÍA en su materialidad de periódico. Esto, en cuanto a don Arturo; en cuanto a sus inspiradores actuales, es otra cosa: que ven en la existencia progresiva de EL DÍA una barrera enorme que los podrá molestar en la gratísima profesión de ser políticos. La más pura verdad. Este es el quid de la campaña que sostiene contra EL DÍA, el periódico que hizo lo habido y por haber por ser del comercio almeriense.

——

¿Que EL DÍA es un periódico exclusivamente adquirido por los comerciantes, para que estos tengan un defensor de sus intereses particulares? Miente rotundamente quien lo diga. Acepté el cargo de director, con la condición expresa de desoír a comerciante que llegase con alguna canción particularísima. Y todavía no sé que haya aceptado alguna. Y prueba de ello, es que de lo que menos me he ocupado ha sido del comercio.

¿Es, pues, el periódico EL DÍA lo que le molesta al compañero, o le molestan los comerciantes que él dice que no son buenos, que son ladrones y miserables? Yo creo que EL DÍA. Los comerciantes, no; pues siempre han existido, malos y buenos, peores y mejores, y jamás el “Diario” se acordó de ellos hasta que vino la aparición de EL DÍA en propiedad de los comerciantes. ¿Es que la carestía de las subsistencias se ha presentado de repente y el “Diario” se lanza a salvar a Almería? ¿Este gran problema no se duele de viejo? ¿Por qué el “Diario” lo aborda ahora? ¿Porque los comerciantes ahora son malos y antes no, o porque nuestro periódico les hace sombra? A ver, señor “Diario”, una mijilla de ingenuidad, que le sabrá muy bien para el ensanchamiento moral que necesita.

——

Y nos acusa –que es el fácil tranquillo que ahora coge– de que nuestra actitud en el conflicto planteado sobre el precio del pan, es de franca defensa para los panaderos. Y con motivo de este asunto me zahieren a mí –sin dar mi nombre,– sencillamente, porque es mi padre un fabricante de este artículo; es decir, un ladrón. ¿No es así, “Diario de Almería”? ¡Pues si supiérais que no lo niego, que sobre todas las honras que me pudiesen enaltecer, pongo la honra de ese ladrón! Es que sois pordioseros hasta en la acusación.

Por ese santo que llevo encima en la cuestión del pan, no puedo ser honrado, ni sincero, juzgando la cuestión, según “Diario de Almería” o el que hace los artículos.

¡Así son las perversiones! Yo renegando en esta ocasión de ser quien soy particularmente, porque ello me cohíbe ante la vista de tanta imbecilidad reinante, para hacer del asunto la defensa que tiene en realidad, y “Diario de Almería” lanzando a los cuatro vientos denuestos muy velados contra mí.

Yo mantengo y afirmo, precisamente porque conozco la industria panificadora –¿es esto lo que queréis que dijera?– que la retasa que ha causado el conflicto es hondamente injusta. Puede que sea buena para alguna tahona; para otras, no. Y he aquí por lo que tengo dicho ya que el asunto era muy complicado. La retasa es injusta y caprichosa. ¿Queréis discutirla con pormenores y detalles? No tengo inconveniente. Pero sin recurrir a esas frases sonoras de “¡el pueblo tiene hambre!”, “¡damos la vida por el pueblo!”, que esto arranca el aplauso fácilmente, pero no la razón, que es lo que debe defenderse con arrogancia y buena fe.

Yo he puesto de manifiesto, hablando del asunto, qué es lo que debe hacerse por las autoridades, por la prensa y el pueblo para que éste tuviese pan barato, aún más barato que hoy lo quieren poner: traer harina a precio de tasa. Lo afirmo cuantas veces queráis. Y si no lo reconocéis demostraréis lo que ya tengo dicho: que lo que menos os interesa es que Almería obtenga pan barato; os interesa hundir a EL DÍA y saciar rabias execrables y odiosas.

——

Tomad nota de todo. He dicho cuanto os tenía que decir, porque a mí me zaherís poniendo en las palabras el humillante velo de la vergüenza; porque os jactáis de hombres y provocáis. Decid concretamente contra quien van los tiros de vuestra rabia, y si van contra mí y contra mis redactores, hacedlo abiertamente. ¿Polémica? La aceptaríamos si fuese propia de periodistas, o, por lo menos, de personas decentes. De no ser así, aguantaríamos la punta de vuestro pie. De otra cosa nos libre Dios.

——

Pero no he de terminar sin antes recoger una invitación que nos hace ayer “Diario de Almería”. Nos pregunta que si queremos que nos facilite la lista de comerciantes que han delinquido, y en caso que la aceptemos nos invita a publicarla.

Sí, señor, ¿por qué no? Venga esa lista. Con gusto la publico, y en caso de probarse la realidad de esos delitos seré el primero en censurarlos con energía absoluta. ¿Me han oído decir alguna vez que no hay un comerciante que pueda a delinquir? Hubiese cometido el disparate mayor del mundo. Puede existir de todo. ¿Y se presenta la ocasión de publicar los malos? Bendita sea. Envíe la lista “Diario de Almería”.

Es más: el concejal don Fernando Muñoz, manifestó en la última sesión del Ayuntamiento, que conocía a un industrial de la plaza, el cual estafaba a su clientela teniendo facturas dobles de cuanta harina recibía. Venga el nombre inmediatamente. Si no lo hace, convendremos en que mintió al acusar.

Y ya hay bastante.

José Téllez Moreno