Filosofía en español 
Filosofía en español


Librepensador carlista
[ Ángel Luya Cabanelas ]

Hemos recibido la siguiente atenta carta de un correligionario merecedor de toda nuestra consideración, el cual nos hace una pregunta digna de respuesta inmediata. Dice la carta:

Sr. Director de EL PAIS

Muy distinguido señor mío y correligionario: En el número del Sábado Santo último, leí una poesía titulada ¡Surrexit!, de fondo francamente librepensador, clásica pagano y en extremo hostil al cristianismo, firmada por Ángel Luya, nombre que me sonaba al oído como recordándome haberlo ya visto alguna vez en las columnas del valiente diario de su digna dirección.

Esto nada tiene de particular; pero si lo tiene el que pocos días después cayó por casualidad en mis manos el número del Jueves Santo de El Correo Español, gaceta del carlismo más clerical, y allí me eché á la cara unos versos a María Dolorosa, respirando neísmo y odio a la libertad, y... firmados por Ángel Luya. La cosa no podía ser más chocante, señor Director; así hubo de intrigarme lo bastante para decidirme a hacer alguna investigación cerca de un carlista conocido mío, el cual sujeto me fue enseñando luego números de El Correo Español, donde figuraba esa firma, una vez con el aditamento: de su juventud carlista, al pie de poesías neas furibundas, de kilométricos artículos llenos de vulgaridades y desatinos sobre arte, con especiales e insistentes elogios a cierto pintor neo no muy conocido, y otros artículos dedicados a adular, bombear y poner en los cuernos de la luna al escolapio Jiménez Campaña.

Como el carlista, mi amigo, no es de los militantes, ni visita, ni conocido en la redacción de El Correo Español, no pudo proporcionarme noticia del sujeto, ni yo hallarla podría por otro conducto, y como en números de EL PAÍS de Semana Santa he visto algunas firmas acaso irónicas por lo parecidas a otras de grandes neos, llegué á suponer si ésta sería una de ellas; pero como el nombre de Ángel Luya no alcanzaba en el neísmo ni en otra parte la menor notoriedad, tampoco me satisfacía dicha conjetura.

Así estaban las cosas, cuando en el número de El Correo Español del 29 de Agosto, veo un artículo deslavazado y descomunalmente ditirámbico para los escolapios de San Fernando, todos amigos íntimos del Luya, según él allí escribía; más la mención indispensable del pintor neo, aunque no venía a pelo, y una referencia estupenda, a saber: que la misa mayor del día de San José de Calasanz, se celebró en un rito que para el Luya tiene “el sabor arcaico de los primitivos ritos de las catacumbas”, lo que significa o que los escolapios de San Fernando cometieron la atrocidad increíble de no usar el rito romano, que les obliga, o que el articulista no sabe lo que se ritea y se catacumbea, ignorante en cosas de Iglesia como casi todos los plumeadores legos del neísmo español. La lectura de tal esperpento más perjudicial que otra cosa para los escolapios, me decidió a lo que en ésta hago por fin: recurrir a usted, señor director, para que me saque de dudas, pues para mí, republicano de la línea recta, revisten importancia esas promiscuaciones tan a la moda por desdicha en nuestros días, y gusto de descubrirlas con cierto fin que yo me traigo y diré a su tiempo.

Dispense usted la molestia y el atrevimiento… &c.

*

Consultado nuestro gerente de asuntos religiosos por el director, que todo esto ignoraba, dicho compañero ha dado en obsequio al Sr. Villalba el informe que sigue:

«No se trata de una firma irónica, ni tales ironías usamos en nuestros números de Semana Santa; los parecidos entre nombres de distintas personas, de contrarias procedencias, son reales. Ángel Luya es el nombre del autor de la poesía ¡Surrexit! Cuyo manuscrito original puede ver cuando quiera el comunicante, y alguno más, anterior, de la misma persona y letra.

Ángel Luya es un joven de pobre familia, que ingresó en la Orden de San Francisco, de la cual fue dimitido, créese que por falta de aptitud para la regla franciscana; pero empeñado en ser fraile consiguió entrar en la Trapa (Getafe), en cuyo convento conoció al padre Ferrándiz, cuando allí estuvo recluido. Era profeso de votos simples o cosa así, encargado de encender las luces y cuidar los quinqués de la casa, conde tenía fama de excéntrico, algo iluso y muy trabajado por el ansia de distinguirse, no importaba cómo. Se contaba que una vez, imitando historias leídas en el Año Cristiano, habíase metido a hacer penitencias extraordinarias, nuevo San Jerónimo o San Pacomio, en una gruta cercana al convento, en la que al fin lo hallaron los padres, habiéndole creído fugado, y por ello le reprendieron, no sin reírse toda la Comunidad de aquella extravagancia cursi que les dio del joven la más pobre idea.

Al fin lo despidieron cuando estaba ya en Madrid y en EL PAIS el P. Ferrándiz, cuya casa empezó a visitar reconociéndose republicano desengañado del catolicismo y del cristianismo todo, con la pretensión de colaborar en nuestras columnas. Sometió al juicio de nuestro amigo una novela detestable, expresamente escrita contra la Trapa. Desempeñaba en la acción un papel odioso y ridículo por su majadería e ignorancia, el reverendo P. Esteban, prior del convento de Val San José, donde el Luya fuera novicio. Presentábalo captando a una jovencita con malas artes y metido en intrigas mundanas y negocios poco limpios. El P. Ferrándiz aconsejo a Luya, que rompiera todo aquel atajo de enormidades mal pergeñadas y peor escritas, en las que campeaba un estrambótico positivismo ateo, cual puede concebirlo el que ha oído campanas filosóficas sin saber de dónde.

Entonces, Ángel Luya, joven de aspecto vulgar y un tantico amanerado, casi femenil en su habla y maneras, era criado, simple criado recadero del colegio de San Rafael (Corredera de San Pablo), donde lo trataban muy bien, trabajaba poco o nada y tenía todas sus necesidades cubiertas. Allí, otro que él, hubiera hecho una carrera; pero ilusionista y tocado de la vanidad de ser célebre por la pluma, estaba descontento porque pretendía redactar en la prensa a todo trance. Al efecto llevó al P. Ferrándiz varias poesías amatorias bastantes subidas de color, para que hiciera por colocárselas en La Saeta o en Rojo y Verde, lo que no consiguió tampoco. Hoy, Ángel Luya, es mozo enfermero en el Hospital de la Princesa, y seguramente echa de menos las ollas, el descanso, las propinas y las comodidades del colegio de San Rafael; pero no cede en su manía de escribir, sea donde fuere.

No hace muchos días se hizo presentar a la insigne escritora Colombine, en solicitud de que fraguaran ambos convenida polémica sobre Santa Teresa; él contestaría desde El Correo Español, con gran lucimiento para ambos…

La repulsa fue, como puede suponerse, apabullante para el ansia de notoriedad del pobre muchacho, que aunque sin carrera literaria, ni estudios, ni otra cultura que leer novelas, periódicos y algún libraco religioso, no carece de aptitud para versificar, solo para eso, y de alguna inspiración vaga e indecisa: este es el Ángel Luya de ¡Surrexit! y de El Correo Español

Hasta aquí el informe. No extraña el señor Villalba una promiscuación que tardamos algo en saber, y que por parte de El Correo Español, no significa sino una ilustrada tolerancia y amplitud de criterio diametralmente opuesto a la estrechez intransigente de El Siglo Futuro y de otros periódicos neos, que no sólo exigen la ortodoxia exterior del escrito, sino la interior de la conciencia del escritor: ¡una piña! cuando la misma Iglesia non dijudicat de internis, sin duda la dirección de ese colega carlista, vive más a la moderna y está en lo firme, si lo sirve Angelito Luya, tal como es; buena prole haga. Amén.