Filosofía en español 
Filosofía en español


[ Manuel María Madiedo ]

Misión social de la Libertad

Hé aquí el sol de las almas; el alma del progreso humano, ¡la Libertad!

Ella no es simplemente carencia de obstáculos en el campo de la vida del mundo, ¡no!

Ella es más bien, en esa esfera de la mutualidad humana, un germen, una fecundidad, casi el poder creador del Todopoderoso.

Porque ella, la Libertad, es la fuerza del brazo, el calor del corazón, ¡la luz del espíritu!…

¿Qué no vive de su aliento? ¿Qué no perece sin sus hálitos?

¿Hay algún bienestar social que ella no aliente y ampare? ¿Hay algún malestar público que ella no pudiera extirpar o atenuar siquiera?

¿Qué puede hacerse sin ella? ¿Qué no se conserva y prospera y se expande e invade el tiempo y el espacio con el amparo de su fuerza, con el calor de su llama, con la esplendidez de su lumbre maravillosa?

En el hombre, ¡ser libre es ser!

El esclavo no es, no existe: apenas parece que vive como la larva; y es posible que él mismo dude de su equívoca existencia.

Sin ella, todo muere. La libertad es la vida.

Sí, la vida, la fuerza, ¡el calor y la luz!

En el mundo moderno, ella es la negación del pasado; el enemigo irreconciliable de las vetusteces de la ignorancia, de los oprobios de la tiranía, de los fantasmas de todas las preocupaciones del error social, heredadas de la barbarie.

Es por ella y con ella que el sabio ha sabido, que el filósofo ha enseñado; que el patriota ha fecundado y que el héroe ha triunfado con gloria o ha llegado hasta el mártir…

Ella detesta a los tiranos por injustos, y a los esclavos por cobardes; porque vive del derecho, de la verdad y del valor; y no acepta por amigos sino la Patria, el progreso, la civilización y la gloria.

Pretender darle pábulo con los mismos que ni la aman ni la comprenden, es llamar a los búhos para ensalzar la luz, a los piratas a garantir los mares, y a los verdugos a encomiar la vida…

¡Sí! ¡que la utopía abjure sus sofismas!

La tolerancia en lo contradictorio es la destrucción.

¡Proclamar tal absurdo es introducir un instrumento destemplado en la armonía de una orquesta! Mojar la pólvora para dar más alcance al proyectil…

Si en esto pudiera haber buena fe, sería imposible encontrarle tino, bondad o inteligencia.

No, la Libertad, como toda verdad, es incompatible con lo que la niega, la evade o la resiste.

Pretender darle por auxiliares a sus antagonistas, sería sembrar en el mar…

¡Fuera vanas o pérfidas supercherías!

Cada siglo tiene su tipo y cada doctrina tiene su alma. La Edad Media es el pasado; y el pasado no es ya sino historia o fantasma.

Pasaron los tiempos en que ciertos hombres encomiaban los cielos para adueñarse de la tierra; como han pasado los juicios de Dios, los brujos y los diablos íncubos…

Evocar a los apóstoles de tales viejas excrecencias, para saber lo que es la Patria, el Derecho, el Progreso y la Libertad, es llamar bonzos o talapuinos a explicar el Evangelio…

¡Claro! La misión de la Libertad no es el apadrinamiento de las preocupaciones, ni el disimulo de los errores sociales; ni mucho menos su indiferencia para con la iniquidad de los viejos prestidigitadores políticos.

Si tal fuera su misión, ¿qué sería del porvenir de la civilización social del mundo?… ¿Cuál el destino de la verdad, del derecho y de la justicia?

¿Qué progreso moral no sería un descabellado imposible?

Resolvámonos a ser francos.

No hay conciliación posible entre la luz y las tinieblas, entre la barbarie y la civilización, entre la dicha y el infortunio, entre el ser y la nada.

Cualquiera otra cosa es pretender hacer día con tinieblas, y soldar anclas en medio del océano.

Y el médico que trate de persuadir que la salud consiste en vivir sufriendo; y el músico que insinúe que la mejor armonía reside en el desentono, y el político que invoque al don Carlos de España o al Chambord de Francia para afianzar la libertad, dar valor al derecho e impulso a la sociedad por las vías de los progresos de la civilización,

Si no está loco, en un insigne imbécil; y, si no es un insigne imbécil, es un monstruoso malvado…

Este génesis no tiene más textos.

¿Es esto intolerancia?

¡No! Es la franqueza de la incompatibilidad.

Menos es persecución. Al contrario, es una definición de la propia naturaleza y de la propia misión, que no excluye el ingreso de las almas renacidas por el bautismo de la luz del progreso moderno.

¡No! La Libertad no persigue sino a la violencia; no rechaza sino al error y a la injusticia;

Y abre a todos sus brazos generosos, si todos la reconocen y la reciben como a una madre, y vienen a su templo en pos de la inspiración que se exhala de sus bellos altares.

Y entonces, nada importa el error que se adoró ayer, ante el dogma que se adopta y se profesa hoy.

Ante ella y para ella, los últimos pueden ser los primeros; porque ella no mira los tiempos, sino las ideas; y las ideas no conocen edad.

¡Sí! La Libertad quiere las almas; para iluminarlas, para regenerarlas por la aspiración a su propia belleza, a su propia grandeza y a su propia y armoniosa fecundidad.

Ella quiere y acepta el culto de todos en los hombres, cualesquiera que hayan sido sus viejos errores.

Pero si a pesar de profesar la idolatría de los tiranos y las imposturas de la barbarie,

Pretenden profanar su templo y blasfemar su nombre, quemando su incienso a los simulacros de todos los más odiosos ídolos; entonces, semejantes reos del más impío de los desacatos,

Heridos por el rayo de su justicia, serán precipitados en los abismos sin luz y sin esperanza, como sacrílegos, como profanadores y réprobos para siempre…

M. M. Madiedo.