Filosofía en español 
Filosofía en español


[ Francisco Pí y Margall ]

Discurso pronunciado por el Sr. D. Francisco Pí y Margall
en el teatro y circo de Rivas en la tarde del 8 de Setiembre de 1881

Correligionarios: Agradezco vivamente la muestra de cariño que acabáis de darme. A vuestros ojos no fueron infructuosas mis excursiones por las provincias, y no lo fueron efectivamente. En las capitales se mantenía vivo el espíritu federal; no así en muchos pueblos donde estaba, si no muerto, dormido. Mi presencia más que mis discursos produjo entusiasmo en las ciudades, y el entusiasmo de las ciudades se comunicó pronto a los pueblos. En algunas provincias tenemos hoy más comités locales de los que hubo en los seis años de la revolución de Setiembre. Se trata en muchos puntos de constituir centros que participen a la vez del carácter literario y del carácter político, y en todas partes van naciendo periódicos que vienen al combate armados de buenas armas.

Mi propaganda no ha dejado de hallar contrariedades en algunos de nuestros antiguos correligionarios. Apenas he llegado a ciudad alguna, a donde no se hubiese enviado de esos libelos y hojas sueltas, donde se me llena de ultrajes, y copias de esas cartas donde se pone en duda la bondad de nuestros principios, presentándolos como un peligro para la unidad y la integridad de la patria. Afortunadamente, los pueblos han conocido la aviesa intención de los autores de esos escritos y los han recibido con indiferencia si no con desprecio. ¡Cómo! decían; ¿no son esos mismos hombres los que poco ha ensalzaban al Sr. Pí y Margall? ¿No son esos mismos los que le acusaban de apático, de preferir sus estudios literarios a los trabajos políticos y de no estar dispuesto a ningún género de sacrificios para bajar a las provincias a levantar los ánimos? Y hoy que las recorre abandonando sus negocios y prescindiendo de sus intereses, ¿lo ultrajan y lo calumnian? Los esfuerzos de esos malhadados correligionarios produjeron efectos contrarios a los que sus autores esperaban. No sirvieron sino para acrecentar la fe en nuestros principios y engrandecer mi humilde persona.

La conducta que con esos hombres he seguido ya la habéis visto. He considerado indigno de mi carácter devolver ultraje por ultraje, golpe por golpe. ¡Estoy, por otra parte, tan avezado a esos injustificados ataques! En los treinta años que llevo de vida pública, he sido constantemente objeto de las más contradictorias apreciaciones. Unos me han puesto en las nubes, y otros, como suele decirse, a los pies de los caballos: sin hacer caso ni de los exagerados aplausos, ni de las apasionadas censuras, he seguido impávidamente mi camino. Y lo seguiré, correligionarios, porque la federación en mí es ya no sólo una idea, sino un sentimiento.

De un solo cargo quiero sincerarme, y ese porque lo han formulado amigos de cuyas leales intenciones no es posible que dude. Se ha creído que trato de prolongar indefinidamente la jefatura que espontáneamente me han concedido los pueblos. Me conocen mal los que así piensen. El año 1872, la última Asamblea federal que se celebró en Madrid quiso conferirme la más amplía dictadura que pudo otorgarse en ningún tiempo a jefe de partido alguno. No la quise aceptar sino con la condición de poder asociar a mi persona los correligionarios que habían compartido conmigo las fatigas y los peligros de los anteriores directorios. Se formuló y se votó la proposición como yo quería, y luego de aprobada me faltó tiempo para llamar a mi lado a los señores Castelar y Figueras y buscar hombres que viniesen a representar en la nueva junta directiva las dos fracciones en que se dividía entonces el partido; la de los benévolos y la de los intransigentes. Si yo hubiese tenido una ambición, que nunca sentí, ¿habría seguido esta conducta?

Ni directa ni indirectamente he solicitado la jefatura que hoy tengo. La he aceptado para llenar dos grandes fines. El partido progresista había hecho lo indecible para introducir la confusión en nuestro campo y atraerse nuestras masas. Había recurrido a un medio excelente: el de hacer creer a los pueblos que tenía en sus manos los destinos de la patria. Los aturdía con mentidas ilusiones y soñadas esperanzas que no se han visto nunca satisfechas. Algunos de nuestros antiguos correligionarios, por otra parte, se habían propuesto llevar por medios hábiles y tortuosos al partido a la famosa declaración de la prensa, a esa declaración contra la cual habían levantado todos los buenos federales la más enérgica protesta. Aceptando vuestra jefatura me propuse devolver al partido la vigorosa personalidad que en otros tiempos tuvo y afirmarle en nuestros antiguos principios. He realizado los dos fines. La personalidad del partido la habéis visto en las últimas elecciones. He aconsejado el retraimiento, y el retraimiento ha sido una verdad hasta en aquellas provincias que habían significado el deseo de tomar parte en los comicios. Pocos, muy pocos federales se habrán prestado a votar las candidaturas de nuestros adversarios; pocos, muy pocos, a votar candidatos propios. Nuestros dos principios, autonomía y pacto, aceptados y afirmados, están en todas las provincias. Los he visto escritos con grandes caracteres en los banquetes con que se me ha honrado, en los teatros donde he dirigido mi palabra al pueblo. No se constituye un comité, que no empiece por afirmarlos. (Ruidosos aplausos.)

Realizados los dos grandes fines que me hicieron admitir la jefatura, no espero sino que estén constituidos todos los comités provinciales para convocar una junta de representantes de provincias que venga a decidir por quien o por quienes se haya de dirigir en adelante el partido, y a trazar la marcha que deba seguirse, atendidas las presentes circunstancias y la situación política porque atravesamos. (Aplausos.) Si esa junta cree aún necesarios mis servicios, estoy dispuesto a prestarlos; si cree que otros deben dirigir los destinos del partido, bajare humildemente del puesto que ocupo para confundirme entre los últimos soldados. Soldado o jefe, seguiré luchando por una idea, en que he vinculado mi nombre y mi honra, mientras no enflaquezca mis fuerzas o la enfermedad o la muerte. Dicen que los años apagan en el hombre el espíritu revolucionario; en mi lo acrecientan. Dicen que en el Gobierno se quebranta la fe en los principios; yo en el Gobierno la he fortalecido porque desde aquellas alturas he podido ver más de cerca que nunca la triste abyección y la dura servidumbre en que gimen las provincias y los pueblos. (Grandes aplausos.)

Tengo fe en nuestros principios y la tengo hasta el punto de creer que sólo por ellos se puede consolidar la libertad en la nación a que pertenezco. Acabáis de ser testigos de unas elecciones generales para diputados a Cortes; ¿cuáles han sido los candidatos vencedores? Salvas contadísimas excepciones, sólo los que han merecido el apoyo del Gobierno; los demás, que hayan sido ministeriales, que de oposición, han sufrido vergonzosísimas derrotas. Ese triste resultado de las elecciones no ha dejado de llamar la atención de nuestros mismos adversarios. En un periódico que se distingue, por el encarnizamiento con que siempre nos ha combatido, leí hace pocos días las siguientes, o parecidas frases: «El resultado de las elecciones ha venido a demostrar que hay un vicio orgánico en la constitución de las sociedades modernas.» Omnipotente el Estado, todo lo demás es polvo, toda resistencia es inútil. Lástima que lo reconozcan sólo en los periodos electorales y en cuanto estos pasen lo olviden. El vicio orgánico está en el régimen unitario bajo el cual vivimos. ¿Prepara el Gobierno las elecciones? Empieza por suspender a los Ayuntamientos y a las Diputaciones de provincia que puedan contrariar sus propósitos. ¿No encuentra para suspenderlos motivos políticos? Busca faltas administrativas. Envía a esas corporaciones populares un mal delegado que las obliga a enseñarles libros de contabilidad y los de las actas de las sesiones. Por faltas mucho menos graves de las que todos los días se cometen en las oficinas del Estado suspende las Diputaciones y los Ayuntamientos. En vano estos protestan y ponen el grito en el cielo, en vano piden que la ley se cumpla; el Gobierno pasa los expedientes al Consejo de Estado, que raras veces deja de encontrar ajustada a derecho la conducta de los gobernadores. Por este medio convierte el Gobierno a las demás corporaciones en meros agentes electorales. ¿Hay algún pueblo o alguna provincia que resistan? No dejaran de tener uno y otra en las oficinas del Estado expedientes ya sobre montes, ya sobre bienes comunales, ya sobre atrasos de contribuciones, ya sobre mutuas deudas y créditos. Se les hace entrever que se les resolverá esos expedientes en pro o en contra, según voten o no a los candidatos del Gobierno. Se sigue igual procedimiento con los individuos; e individuos, pueblos y provincias, puestos entre la bolsa o la vida, acceden generalmente a los deseos del que manda. {Grandes aplausos.)

Se dice que esto no sucede en Francia a pesar de vivir regida por el sistema unitario. Esto no significa que el Gobierno no disponga allí de los mismos medios que en España; esto no significa sino que el Gobierno o no los emplea, o guarda mejor las formas. ¿Me podríais explicar fácilmente, por qué con el mismo sufragio universal, y casi con los mismos ciudadanos, triunfaban hace diez u once años los candidatos imperialistas y tenían los diputados republicanos en las Cámaras una minoría mucho más exigua de la que tendrán en las próximas asambleas de la República los diputados adictos a la familia de los Napoleones? ¡Ah! no lo dudéis; si mañana volviera a establecerse en Francia el Imperio, o la casa de los Orleanes, o la misma casa de los Borbones, con o sin sufragio universal, tendrían en las Cámaras la misma mayoría que tiene hoy el Gobierno de la República. Todo consistiría en forzar más o menos la máquina. El mal, lo repito, está en el régimen unitario.

Bajo el régimen federal no sería posible que esto sucediera. ¿Qué presión había de poder ejercer el Gobierno sobre las provincias, si las provincias no dependerían del Estado más que en sus relaciones con las demás entidades políticas? ¿Qué presión habían de poder ejercer por su parte las provincias sobre los pueblos, si los pueblos no habían de depender de las provincias sino en su vida de relación con los demás pueblos? Cuando no fuera más que por esta razón, deberíamos ser federales todos los demócratas. Sin la libertad electoral no es posible que ningún partido abrigue la seguridad de realizar algún día sus ideas por los medios legales y pacíficos, y no lo es, por lo tanto, que renuncie en absoluto al uso de la fuerza. Queda en pie el derecho de insurrección, y nosotros, a quienes se califica de anarquistas, queremos cerrar la era de las revoluciones, y convertir ese pretendido derecho de insurrección en un verdadero crimen. (Grandes aplausos.)

No se crea, sin embargo, que por esta sola razón defendemos los principios federales. Los defendemos porque, examinando atentamente la naturaleza del hombre, hemos venido a conocer que todo ser humano, individual o colectivo, por el sólo hecho de ser racional y libre, tiene derecho propio a regirse y gobernarse por sí mismo en su vida interior, es decir, en todo lo que no afecte la vida de los demás seres. Los demócratas reconocen en parte este principio, puesto que declaran autónoma a la nación y autónomo al individuo. ¿Qué razón hay para que no hagan otro tanto con el pueblo y la provincia? Si España viniese un día a formar parte de un grupo superior, de los Estados Unidos de la Raza Latina, por ejemplo, o de los Estados Unidos de Europa, es evidente que no por esto dejaría de ser tan autónoma en su vida interior como lo es ahora: tendría, como hoy, su Constitución, sus leyes, su Gobierno, su administración, su Hacienda, sin que nadie la interviniese en sus negocios interiores. Y bien; si por pasar a formar parte de un grupo superior no había do perder España su actual autonomía, ¿en virtud de qué principio, por la formación de las naciones pueden haber perdido su autonomía las provincias, ni por la formación de las provincias los pueblos?

Se dice que nuestro sistema es una utopía. Cansado estoy de oírme llamar utopista. Utopías he defendido, sin embargo, que se han realizado en nuestra patria. Utopías se decía un tiempo que eran los derechos individuales, de los que he sido uno de los principales mantenedores, y hoy tienen a orgullo haberlos escrito en la Constitución de 1869 los mismos que los llamaban entonces irrealizables y los consideraban ocasionados a producir en España la anarquía y el caos. (Ruidosos aplausos.)

Ignoro si habréis observado que cada partido pone la utopía en la frontera de sus ideas. Para los conservadores, la utopía empieza en los principios progresistas; para los progresistas, en las afirmaciones de los federales; para muchos federales, en las doctrinas aún vagas de las clases jornaleras. Sucede más; y es que cada partido avanza o retira, según los tiempos, las fronteras de la utopía. Los progresistas de otros tiempos las ponían, como poco antes os dije, en los límites del campo democrático; ya que se hicieron demócratas, las pusieron en el valladar que separa la monarquía de la República; hoy, que se dicen republicanos, las ponen en el campo de los federales. Vendrá un día, tenedlo por seguro, que se llamarán más federales que nosotros, y entonces retirarán por cuarta vez las fronteras de la utopía.

¡Utópico nuestro sistema, cuando lo encontramos realizado en todas las edades de la historia! Federación había en el pueblo de Israel; al decir de la Biblia; federadas estuvieron las ciudades de los fenicios; federaciones hubo en Grecia. Cuando Roma salió de sus murallas para conquistar el mundo federaciones encontró en Italia, federaciones en España, federaciones en las Galias. En la Edad Media se constituyó temprano la confederación de Alemania, y se hizo aquella famosa liga anseática, que se extendía desde los mares del Norte hasta las playas orientales del Mediterráneo. Cuando descubrimos la América, encontramos en Méjico una confederación de reyes, y en las márgenes del San Lorenzo una confederación de pueblos. Por cierto que esta confederación, la de los iroqueses, había llevado el principio a sus últimas consecuencias. Tenía un jefe y una asamblea federales en Onondaga; un jefe y una asamblea en cada una de sus cinco naciones; y un jefe y una asamblea en cada uno de los pueblos de que estas naciones se componían.

Pues ¿y ahora? Ahora tenemos constituidos sobre nuestros principios en América, los Estados Unidos de Washington, los de Méjico, los de Colombia y los de la República Argentina; en Europa la nación alemana, la de Suiza y la de Austria. Figuran entre estas naciones las que hoy van a la cabeza de la civilización del mundo. Y ¿es utópico nuestro sistema?

Se nos dice también que por la federación hacemos imposible la unidad política. ¿Qué entenderán por unidad política esos hombres? La unidad política no puede ni debe nacer sino de las relaciones que la razón y los hechos van estableciendo entre las diversas entidades que componen nuestro linaje. Nosotros por la vida de relación unimos lo que por la vida interior aislamos. Declaramos autónomos en su vida interior los pueblos, y uniéndolos por la vida de relación a la provincia constituimos la unidad provincial; hacemos libres y autónomas en su vida interior a las provincias, y uniéndolas por la vida de relación a España constituimos la unidad nacional. Libres y autónomas son hoy en su vida interior las naciones, y uniéndolas a otras por su vida de relación, se llegará tarde o temprano a la constitución de otra unidad superior; mañana la europea; otro día la continental; allá en los venideros tiempos la unidad humana. La vida de relación entre las naciones existe ya y es cada día más activa y múltiple: por no haberse creado todavía un órgano que la represente y un poder que la dirija, se ha de estar constantemente haciendo pactos y tratados, y ni aún así se evitan los conflictos y las guerras.

Que la unidad nace de las relaciones entre las diversas entidades políticas, nos los dice la historia. Voy a demostrároslo por dos organizaciones a cual más imperfectas.

Todos vosotros sabéis que fuimos un día conquistados por las legiones de Roma. Durante dos siglos sostuvimos la lucha con esos orgullosos conquistadores. En los tiempos de Augusto no habían doblado aún los cántabros la cabeza al yugo. Fuimos al fin vencidos y España constituyó ya dos, ya tres provincias de Roma. Había llegado España a la unidad política, y sin embargo, distaban sus pueblos de regirse por las mismas leyes. En tiempo de Plinio teníamos aquí todavía 21 municipios, 22 colonias, cuatro ciudades federadas y 255 ciudades estipendiarias. Sólo las ciudades estipendiarias estaban completamente a merced de los vencedores. Las colonias y los municipios tenían magistrados de su propia elección, vivían bajo sus propias leyes y tenían el derecho de reformarlas, suprimirlas y aumentarlas. Las colonias eran también autónomas, aunque no con la facultad de hacer leyes. ¿En qué consistía la unidad política? En que las relaciones entre esas diversas entidades caían todas bajo la jurisdicción de los pretores, o lo que es lo mismo, bajo el gobierno de la metrópoli.

Volved los ojos a la Edad Media. En esta tierra de Castilla que pisamos se desarrolló la vida municipal como en ningún otro pueblo. Las principales ciudades recabaron su fuero, es decir, un Código, a la vez político, administrativo, civil, penal, y aún de procedimientos. En virtud de esos fueros las ciudades eran también autónomas. Tenían sus magistrados de libre elección, sus jueces, sus milicias, sus tributos; podían por sí mismas decretar y hacer la guerra, y algunas hasta acuñar moneda. Al lado de esas ciudades libres había las de señorío y las de abadengo; esto es, las que vivían sujetas al poder de los nobles o al de los prelados de la Iglesia. ¿Organización más heterogénea y abigarrada podía difícilmente darse? ¿Por qué, sin embargo, formaba cuerpo de nación Castilla? ¿En qué consistía la unidad política? En que había un poder central, el rey, que dirigía las relaciones entre esos distintos miembros del Estado.

Sólo en la vida de relación debe buscarse la unidad política. ¡Ay de la humanidad si se la extendiese en todas partes a la vida interior de las naciones, las provincias y los pueblos! Esa unidad avasalladora terminaría por destruir los efectos de la desigualdad que ha creado la naturaleza así entre los pueblos como entre los individuos. Somos desiguales los individuos, no sólo en fisonomía y en fuerzas, sino también en aptitud y en carácter. Gracias a esa desigualdad, ha sido posible la división de funciones, o lo que es lo mismo, la división del trabajo, que nos permite llenar fácilmente por el ejercicio de las diversas aptitudes las múltiples necesidades de la vida. Si esa desigualdad hubiera llegado a desaparecer, no sólo se detendría la marcha económica, sino también el progreso general de las sociedades. Gracias a esa misma desigualdad se levantan de vez en cuando sobre las masas pasivas de los pueblos hombres de grande inteligencia y poderosa iniciativa, que se ponen enfrente de las ideas de su siglo, y ya nos levantan a más altas nociones de justicia, ya ponen a nuestro servicio las fuerzas de la naturaleza, ya encuentran paso para muchos mundos, ya nos abren en el terreno de la ciencia y del arte nuevos y más dilatados horizontes. ¡Ay de nosotros si la unidad consistiese en que el Estado pudiese llevar hasta los individuos la abrumadora presión que hoy ejerce en muchas partes sobre las provincias y los pueblos!

Las provincias y los pueblos son también desiguales en fuerzas, en aptitudes, en carácter. Merced a esa desigualdad también, ha sido posible la división de funciones que ha constituido la trama y las revoluciones de la historia. Impedid también que la unidad política llegue a la vida interior de los pueblos y las provincias, si no queréis que se detengan los progresos de nuestro linaje ¿Qué sucede hoy en España, donde la acción del Estaño llega a la vida interior de esas entidades de que acabo de hablaros? Provincias y pueblos que brillaron un día en la historia carecen ya de iniciativa y todo lo esperan de la munificencia del Estado. Pueblos hay que verían hoy hasta con gusto que el Estado les nombrase y pagase sus médicos y sus maestros de escuela: a tal estado de postración los ha llevado nuestro régimen unitario.

Os he hablado hasta aquí del principio de la autonomía: ¿tendré también necesidad de hablaros del pacto? Mentira parece que debamos aún defender el pacto contra los demócratas. No hay sociedad sin pacto. Sean mercantiles, sean industriales, sean artísticas, sean literarias, sean científicas, todas las sociedades descansan sobre el pacto, y sin él son legalmente imposibles. ¿Por qué no habrán de descansar sobre el pacto las sociedades políticas? Todas las sociedades políticas tienen por base y fundamento la familia. La familia es la sociedad por excelencia: una sociedad fundada por la naturaleza, por el amor, por la necesidad de perpetuar la especie y educar las futuras generaciones. Pues bien; esa sociedad no puede tampoco fundarse sobre el pacto ni ante el Estado ni ante la Iglesia, que ha elevado el matrimonio a la categoría de sacramento. Ni el magistrado civil ni el sacerdote se atreven a casar a nadie sin que oigan de boca de los contrayentes que el hombre quiere por esposa a la mujer, y la mujer quiere al hombre por marido.

Notad ahora bien lo que voy a deciros. Verificado el matrimonio, difícilmente podéis en España obtener, viviendo vuestra cónyuge, la completa disolución del vínculo que habéis contraído. Habéis de encontrar a vuestra mujer en flagrante delito de adulterio, y, como no la matéis con el adúltero, como ella viva, podréis cuando más obtener la separación de cuerpos, nunca la facultad de contraer segundas nupcias. Os sucederá otro tanto si llega a pronunciarse entre los dos consortes una completa incompatibilidad de carácter: aunque esta incompatibilidad se traduzca por diarias reyertas, amenazas y golpes, no llegareis a obtener jamás sino la separación de cuerpos. Mas si por acaso, uno de los dos cónyuges llegase a probar que dio su consentimiento por miedo o por fuerza o por error en la persona, podéis conseguir la nulidad del matrimonio y casaros viviendo vuestra cónyuge, con la mujer que bien os pareciere. Hasta ese punto es el pacto condición de legitimidad para la constitución de la familia.

Replican nuestros adversarios que ellos no ponen en duda que el pacto sea condición de legitimidad para la constitución de nuevas naciones. Mas si para formar nuevas naciones es condición de legitimidad el pacto, ¿cómo han de ser legítimas las naciones que sin el pacto están formadas? ¿Dónde está aquí la lógica de esos hombres? (Grandes aplausos.) Es gracioso oírles decir que están por el pacto si se trata de unir a Portugal con España. Portugal parte de España fue, y con nosotros está unido por multitud de vínculos. Su raza es la de todos nuestros españoles de Occidente; su lengua apenas difiere de la de Castilla más que la gallega; en su territorio mueren dos de nuestras principales cordilleras y dos de nuestros más caudalosos ríos. Entró a formar parte de España por el pretendido derecho de sucesión, como tantas otras provincias; y cuando se sublevó por su independencia, con él se sublevó Cataluña. Cataluña cedió, bien que recabando fueros que se le rasgó después con la punta de la espada. Portugal se mantuvo en pie, y pudiendo más que Castilla, obtuvo al fin su autonomía. ¿Qué razón hay para que consideren necesario el pacto con Portugal y no con Cataluña? ¿Es la victoria?¡Ah! siempre la fuerza en el fondo de los argumentos de esos hombres.

Cada vez que les oigo decir que no procede el pacto porque la nación está ya formada, me parece que estoy oyendo, no a demócratas, sino a tradicionalistas. Sobre la tradición está para los demócratas la razón en todas las cuestiones. (Atronadores aplausos.) Importa poco que la nación esté formada si no lo está sobre principios racionales y justos. Yo veo unidas a Cataluña y Aragón por el matrimonio de D. Ramón Berenguer con doña Petronila, y Aragón y Castilla por el de doña Isabel y D. Fernando. ¿Puedo admitir yo esto como condición de legitimidad para la unión de unas y de otras naciones? Tanto valdría decir que para mí son los pueblos patrimonio de los reyes; yo, demócrata, no pasaré jamás por semejante desatino. (Aplausos.) Se hicieron aquellas uniones respetando los fueros de las provincias, y los fueros perecieron después a mano airada. ¿Por dónde he de considerar que la nación esté legítimamente formada?

Aun considerándola formada, es indispensable que se la reconstituya por el pacto si se consiente en que se ha de sustituir el régimen unitario por el federativo. ¿Cambian esos hombres de principio? Forzoso es que acepten los medios para realizarlo. Federación sin pacto no la conciben ya ni nuestros más decididos adversarios. Se me cita algunas Repúblicas que sin pacto pasaron a ser federales. ¿Cuándo pudo el hecho contra el derecho? ¿Cuándo la excepción formó la regla? (Atronadores aplausos.)

Ved lo que ha sucedido recientemente en Alemania. Alemania era confederación hace muchos siglos. Lo continuaba siendo el año 1866 en que estalló la guerra entre Prusia y Austria. Estaba a la sazón gobernada por una dieta que poco antes había decretado y hecho la guerra para ganar los ducados del Elba. Después de la derrota de Austria se constituyó nuevamente en federación la Alemania del Norte. ¿Cómo lo hizo? Por un pacto solemne. La Alemania del Norte trató de ganar y ganó después a la confederación la Alemania del Mediodía. ¿Cómo se unieron las dos Alemanias? Por otro pacto, por la Constitución de 1871. Y ¿entienden esos hombres que una nación formada sobre el principio unitario no necesita del pacto para transformarse en nación federativa? (Aplausos que interrumpen por algún tiempo al orador.)

Si esos hombres están por la teoría de los hechos consumados, razón sobrada tienen contra ellos los tradicionalistas. ¿Qué hecho más consumado en España que el del absolutismo? Tres siglos hacía que imperaba en España sin protesta. Los pueblos se habían acostumbrado a la idea de que el rey era su señor natural por la voluntad de Dios y el derecho de herencia. Razón tienen los tradicionalistas para preguntarles por qué han abierto esa era revolucionaria tan llena de tumultos y catástrofes. De más larga fecha databan todavía loe derechos señoriales, y los pueblos se habían también acostumbrado a la idea de que su señor tenía derecho a cobrarles el décimo o el noveno de los frutos de sus ganados y sus campos, y a ser propietario de la barca en que habían de pasar el rio, del molino en que habían de moler su trigo, del horno en que habían de cocer su pan y del mesón en que había de albergarse, a ser además su juez y hasta a tener el patronato de la iglesia en que había de dirigir al Altísimo o a Cristo sus fervorosas preces. Los tradicionalistas podrían también preguntar a esos hombres por qué se hubo de abolir de una plumada los derechos señoriales. Y lo que digo de esos derechos, digo del diezmo y de los bienes de la Iglesia que hemos suprimido y vendido contra la teoría de los hechos consumados.

Entre el pacto y la fuerza, dicen por fin esos hombres, está el derecho. ¿Y dónde está ese derecho para la formación de las nacionalidades? ¿En qué principio descansa? Ni el de las fronteras naturales, ni el de la identidad de raza, ni el de la comunidad de lengua, ni el histórico, ni el del equilibrio europeo pueden resistir a los menores embates de la crítica.

No creáis, correligionarios, que esta cuestión del pacto sea tan baladí como algunos la presentan. Los que niegan el pacto y hablan de que está ya la nación formada, pretenden, no lo dudéis, daros la apariencia de la federación y la realidad del unitarismo. Quieren reducir toda la reforma a que los pueblos y las provincias tengan más atribuciones, recibiéndolas de la nación; es decir, del Estado. Vosotros entendéis que los poderes de la nación deben emanar de la voluntad de las provincias; ellos entienden y quieren que de la voluntad de la nación emanen los poderes provinciales y los municipales. Si no os lo dijeran hoy, os lo dirían mañana, porque este es el fondo de su pensamiento.

Concluyo, correligionarios. Permaneced fieles en nuestros principios. No aceptéis transacciones ni capitulaciones de ningún género. Rechazad de vuestro seno a todos los que vacilen y duden, siquiera sean vuestros mayores amigos. Los partidos no son vigorosos y fuertes, sino cuando están identificados en un mismo pensamiento. Aceptar dentro del partido tendencias opuestas es condenarse a la impotencia.

Tomad ejemplo del partido progresista. Este partido, desde que perdió sus masas, no busca sino alianzas. Ayer se alió con los cimbrios, hoy se ha aliado con unos cuantos federales que renegaron de sus principios. ¿Ha adquirido por esto mayor fuerza? Con bastante elocuencia os lo han dicho las últimas elecciones. No se sintieron ya con fuerzas esos progresistas para vencer al Gobierno; tuvieron más humildes pretensiones. En Madrid se daban por satisfechos con recoger esa migaja, esa limosna que conceden a las minorías las vigentes leyes. Para conseguirlo echaron por delante sus más augustos nombres, los de Zorrilla, Salmerón, Fiquerola, Montero Ríos; y ¡oh dolor! salieron vencidos, no solo por el Gobierno, sino también por los conservadores: la última desgracia que podía ocurrir al partido progresista. (Ruidosísimos aplausos.)

Su debilidad es notoria; y ¿cómo no ha de tenerla si alberga en su seno hombres de tendencias opuestas, y se ha empeñado en sumar contra las leyes de la aritmética cantidades heterogéneas? Porque allí hay todavía reminiscencias federales y odios implacables contra el federalismo, monárquicos por convicción y republicanos no muy convencidos, hombres que quieren conquistar el poder por medios legales y pacíficos, y hombres que fían su triunfo a la sola fuerza de las armas. ¡Pobre partido! Después de las conferencias de Biarritz, para ocultar la discordia que le consume y devora, se ve condenado, ya lo habéis visto, a no llamarse ni unitario ni federal, ni legal ni revolucionario. Aprended en el ejemplo de ese partido de qué sirven las transacciones y las componendas.

Afirmad hoy como ayer la autonomía y el pacto, y no consintáis en el seno de vuestro partido a los que incondicionalmente no los admitan. Sólo así seréis fuertes y podréis esperar con justicia el triunfo de vuestros principios. (Grandes salvas de aplausos.)




La reunión de ayer

No nos equivocamos al decir que la reunión de los federales madrileños revestiría los caracteres de una verdadera solemnidad: no nos equivocamos al anunciar que la sensatez, la cordura y la seriedad de nuestro partido se revelarían una vez más en esta ocasión. Nada tan imponente, nada tan solemne como aquella numerosísima reunión saludando unánime, con aplauso ruidoso, la presentación del ciudadano probo, del repúblico eminente, del perseverante apóstol de la idea federal, y escuchando después la inspirada palabra del correligionario querido con profundo silencio, silencio interrumpido frecuentemente por espontáneos y atronadores aplausos.

Mucho antes de la hora señalada comenzaron a reunirse en el circo de Rivas numerosos conocidos federales, y poco a poco fueron ocupándose las localidades todas y las sillas que en gran número llenaban el escenario. Cuando el Sr. Pí apareció en el palco escénico, se hallaban completamente llenos el salón, los palcos, el paseo y hasta los pasillos: al presentarse el Sr. Pí los concurrentes en masa se descubrieron, y descubiertos continuaron mientras duró la conferencia: justo tributo de cariñosa consideración y de respetuoso afecto, no al magnate dispensador de mercedes, no al poderoso que otorga destinos o concede gracias, sino al modesto hijo del pueblo que por su sabiduría, por su consecuencia y por su laboriosidad ha merecido bien de la patria y ha ilustrado al partido que como jefe lo reconoce y lo aclama.

Al discurso del Sr. Pí, con tanta impaciencia esperado y con tanto contentamiento oído, precedió la lectura de los telegramas y las cartas que a continuación encontrarán nuestros lectores. Nuestros correligionarios de toda España, se asociaron a nosotros ayer para honrar a nuestro querido amigo y para desear el triunfo de los salvadores principios del federalismo, única esperanza de la patria, puerto de salvación a que constantemente dirige su vista el país, el verdadero país, que no es por cierto su representación oficial, constantemente falsificada.

La lectura de los telegramas fue acogida con nutridos y prolongados aplausos, elocuente manifestación del fraternal cariño y el sincero reconocimiento con que los allí reunidos correspondían a las salutaciones de sus hermanos de las provincias.

Del discurso del Sr. Pí no hemos de hablar.

Íntegro le publicamos en este número.

Cuantos lo oyeron lo celebraron; cuantos lo lean lo han de celebrar. Los repetidos aplausos de los oyentes, los plácemes de los lectores y los elogios desapasionados de nuestros adversarios más decididos, dicen más que cuanto pudiéramos nosotros decir. Discurso como el del Sr. Pí no ha menester elogio: su publicación es su alabanza. Léanle los que no tuvieron el gusto de escucharle, y juzgarán como nosotros.

Además de los representantes de la comisión y de hombres significados en el partido como los Sres. Sorní, Santa María, Urgellés, (antes Barberá), Barberá, Gutiérrez (D. Clemente), Gutiérrez (don Santiago), Pascual, Zuloaga, García Marqués, Monferre, Castañé y muchos otros, cuyos nombres sería imposible citar, acudieron a la reunión representantes de la prensa de Madrid, de provincias, de Portugal y del extranjero, así como también representantes de algunos comités de provincias, entre los cuales recordamos a D. Antonio Calopa, del Comité de Gracia; D. Agustín Jiménez, del Comité de Alicante; D. Jerónimo Hurtado, del Comité de Villena; D. Vidal Cubero, de los de Quintanar de la Orden y Sonseca.

No terminaremos esta reseña sin enviar nuestra cordial enhorabuena a la Comisión, que ha conseguido, superando obstáculos que parecían invencibles, salir airosamente de su empeño, llenar dignamente su cometido, y sin enviar del mismo modo un aplauso del alma al honrado partido federal de Madrid, que con su sensatez y su cordura ha dado a los demás partidos alto ejemplo que imitar. La digna actitud de los federales de Madrid, su circunspección, su cordura, son a un tiempo mismo la admiración y la envidia de nuestros adversarios. Con partidos así educados, con masas de esa índole, todo puede intentarse, todo debe conseguirse.

Dolorosos sacrificios impone la vida política, amarguras y sinsabores lleva consigo; pero estos sinsabores y esos sacrificios hallan su compensación cuando, en circunstancias como estas, se advierte que la semilla fructifica, y que si, como decía no ha mucho tiempo el orador que ayer oímos, la mies está madura y sólo faltan los segadores, existe la seguridad de que segadores no han de faltarnos.

A. Sánchez Pérez.

Véanse ahora los telegramas a que nuestro distinguido amigo y correligionario, el ex-diputado D. Vicente Barberá, dio lectura al comenzar la reunión:

«Valladolid 8 (10,10 n.).– Francisco Pí y Margall.– El Comité y el Subcomité de Valladolid felicitan correligionarios reunidos en el circo Rivas. Autonomía. Pacto.– Gurra.»

«Talavera 8 (11,5 m.).– Francisco Pí.– El Comité federal de Talavera saluda entusiasta a su ilustre jefe y correligionarios reunidos en el circo de Rivas.–Luengo.– Parra.– Morate.– Niveiro Parra.»

«Manzanares 8 (11,56 n.).– Director Vanguardia.– Comité provincial federal autonomista felicita ciudadano Pí y concurrentes reunión circo Rivas.– Galiana.»

«Navalmoral 8 (11,25 n.).– D. Francisco Pí y Margall.– Recibid con nuestros hermanos hoy reunidos el cariñoso saludo de los federales de Navalmoral.– Felipe Arenas.»

«Mérida 8 (12,45 t.).– Francisco Pí y Margall.– Circo.– El comité autonomista de Mérida saluda a su dignísimo jefe y a la reunión.– Casañer.»

«Mérida 8 (12,45 m.).– Francisco Pí y Margall.– Comité autonomista Garrovillas saluda a su dignísimo jefe y reunión.– Durán.»

«Badajoz (8 11,40 m.).– Francisco Pí y Margall.– Comité federal, nombre partido saludan a los correligionarios reunidos, y sienten no poder asistir conferencia.– Presidente, Rubio.– Secretario, Bernáldez.»

«Écija (8 ll,30m.).– Redacción Vanguardia, salude amigos reunidos en honor de Pí.– Vicente.– Moya.»

«Écija 8 (11,30 m.).– Francisco Pí y Margall.– Partido autónomo pactista Écija, felicita correligionarios reunidos en honor ilustre jefe por Comité.– Marín.»

«Sevilla 7 (7,50 n.).– Ciudadano Pí y Margall.– El Comité autónomo, federal pactista, felicita correligionarios reunidos en honor gran propagandista y consecuente repúblico Pí y Margall.– Salud y triunfo democracia.– El secretario exterior, Mingorance.»

«Granada 8 (8,15 n.).– Pí y Margall.– Reunida la entusiasta juventud federal de Granada, dedica hoy un recuerdo a los salvadores principios de federación y pacto, os saludan cariñosamente y os suplican que en su nombre lo hagáis a los federales que tienen reunión en honor vuestro.– Por la Comisión, Gómez Zamora, García Izquierdo.»

«Granada 8 (7 m.).– Ciudadano Pí.– El Comité local pactista de Granada, en nombre de todo el partido, felicita a Vd. y a todos los correligionarios de Madrid en la reunión de hoy.– Salud y fraternidad.– Francisco Navarrete.»

«Puerto de Santa María 8 (12,45 t.).– Francisco Pí.– El Comité federal del Puerto de Santa María se adhiere a la reunión de sus correligionarios de Madrid celebrada en honor de su ilustre jefe.– Baldomero Dolader.– Ramón Ordóñez.»

«Alicante 8 (10,26).– Pí Margall.– Comité federal pactista felicita correligionarios reunidos circo Rivas y al virtuoso patricio que con su ejemplo, lealtad y consecuencia mantiene vivo entusiasmo democrático. Nuestra adhesión acto realizáis. Contad siempre modesto apoyo federales alicantinos.– Vicente López.»

«Barcelona 8 (2,10 m.).– Urgente.– Francisco Pí y Margall.– Comité local democrático federalista de Barcelona envía entusiasta saludo a sus correligionarios de Madrid reunidos bajo la presidencia de D. Francisco Pí y Margall, ilustre jefe del federalismo español.– Presidente, Lostau.– Secretario, Litrán.»

«Barcelona 8 (3,21 m.).– Sr. Director Vanguardia.– Comité democrático federal provincia Barcelona, saluda afectuosamente ilustre jefe, partido y correligionarios reunidos para festejarle.– Por comité.– Vicepresidente, Roig Minguet.– Secretario, Cristóbal Litrán.»

«Barcelona 8 (10,40).– Francisco Pí y Margall.– Círculo popular autonomista abraza fraternalmente correligionarios Madrid y felicita ilustre jefe partido federal español.– La Junta directiva.– Ventosa.– Prim.– Vales.– Vidal.– Pages.– Foga.»

«Gerona 8 (8,30 m.)-—Director Vanguardia.– Demócratas autónomo-pactistas Gerona saludan cordialmente reunión circo Rivas.– José Jubert.»

«Zaragoza 8 (9,30 n.).– Francisco Pí y Margall.– El Comité y Casino demócrata autonomista saludan fraternalmente a sus correligionarios congregados esta tarde en el circo de Rivas.– Asensio.»

«Calatayud 8 (9,55 m.).– Sr. Director de La Vanguardia.– El partido federal de ésta, que no reniega de los principios proclamados desde 1869, saluda afectuosamente a sus correligionarios madrileños y al consecuente jefe Pí y Margall.– Francisco Zapata.»

«Vigo 8 (10 m.).– Ciudadano Pí Margall.– La redacción de La Propaganda saluda al ilustre correligionario. Adhiérese a la reunión federalista.– Bernáldez.– Mella.– Nogueira.»

«Vigo 8 (10,11 n.).– Ciudadano Pí y Margall.– Los autonomistas de Vigo os saludan cariñosamente adhiriéndose a la reunión de sus correligionarios de Madrid. Ansiamos pronto el triunfo de la federación. Agradecemos vuestra campaña por nuestros comunes ideales.– Mella.– Cossio.»

«Tuy 8 (10 m.).– Francisco Pí y Margall.– Los autonomistas de La Guardia le saludan respetuosamente enviando un fraternal abrazo a los correligionarios reunidos en el circo de Rivas.– Domínguez Troncoso.»

También se dio lectura de las cartas siguientes:

Puebla de Montalbán 7 Setiembre de 1881.

Sr. D. Francisco Pí y Margall.

Apreciable correligionario: Los federales autónomo-pactistas de esa celebran reunión para demostraros sus simpatías y que sois digno de la jefatura del partido por vuestra lealtad y haber reanimado su espíritu, que estaba adormecido.

Este comité, de 102 individuos, os felicita y felicita a todos los que asistan a la reunión.

Salud y fraternidad os desean sus correligionarios Q. B. S. M.– Presidente, José Escalonilla.– Vicepresidente, Saturnino Espinosa.– Secretario, Antero Espinosa.– Vocales: José Martínez de la Casa.– Matías de la Cruz.– Gregorio Muncharaz.– Francisco Ferrer.– Gregorio González Ruiz.– Alfonso Maldonado.

* * *

Sax (Alicante) 4 de Setiembre de 1881.

Nuestro ilustre jefe:

Saludamos cordialmente al insigne propagandista, al hombre que no sabe sacrificar su conciencia ante el altar de la ambición, de la apostasía ni de la inconsecuencia, al propio tiempo que abrimos nuestros brazos para recibir en ellos a la democracia pactista española.

Salud, federación y pacto.– El presidente, José Moreno.– Vicepresidente, Juan Bautista Ochoa.– Secretario, Francisco López.– A ruego, Eleuterio Juan.– A ruego, Vicente Reig.– Juan Ludueñas.– Salvador Navarro.

* * *

Sr. D. Francisco Pí y Margall.

Nuestro ilustre jefe: Unimos la expresión de nuestro respetuoso cariño, al aplauso con el que la democracia autonomista de Madrid acoge y recompensa las abnegaciones de vuestro patriotismo, cual fiel intérprete de los sentimientos de todos los federales españoles.

Como Vd. enseña, desconocemos que la libre espontaneidad, personal o colectiva, tenga manifestación alguna que en el pacto no se cimente; que por su medio se contrate y ratifique; y que en él deje de exteriorizarse, y alcance su coronamiento todo propósito civilizador y progresivo, en la trabajosa elaboración de sus fecundas actividades.

Anhelamos evidenciar a las conciencias más refractarias, cómo el contrato forma la única fuente y el solo regulador de todo orden de realidades humanamente instituido y socialmente federado y libre, y de qué manera el consentimiento desaloja a la fuerza del lugar que esta ocupa en cuanto del pasado recibimos.

Firmísimos en la virtud de estos principios, racionales y legítimos, erguimos sin vacilaciones la roja bandera, seguros de que su inteligencia y dirección nos guiarán rectamente a colocarla tan alta, que todos los intereses autoritarios y centralistas serán impotentes para alcanzarla: mayormente lo serán para abatirla.

Recibid, ilustre y virtuoso repúblico, la más cordial manifestación de nuestro entusiasmo, junta con nuestra salutación a la democracia autonomista española.

Salud, pacto y federación.– Vicente Ferrándiz.– Lino Antón.– Francisco Linamtuch.– E. Varrichena.– Vicente Sales.– José Salar.– T. Alemañ.– Carlos Saornil.– Francisco Acosta.– Rafael Jordá.– José Berauti.– Tomás López.– Bernardo Bagur.–Francisco Montaner.»

Después de terminarse la reunión se recibieron los telegramas siguientes:

«Santander 8 (12,25 t.).– Pí y Margall.– La redacción de La Voz Montañesa saluda cariñosamente a los autonomistas Madrid y aplaude su actitud y consecuencia.– Coll y Puig.»

«Elche 8 (11 m.).– Francisco Pí.– El Comité de Crevillente saluda a todos los reunidos en el circo de Rivas. Honor a nuestro ilustre jefe.– Presidente, Vicente Candelas.»

«Murcia 8 (2,30 t.).– Francisco Pí y Margall.– Le felicito cordialmente, y saludo a los amigos y correligionarios reunidos en el circo de Rivas.– Jerónimo Poveda.»

«Barcelona 8 (1,24 t.).– Pí y Margall.– El Centro democrático federal de Barcelona saluda con efusión a los correligionarios reunidos en esa.– Viñas.»

«Talavera 8 (2 t.).– Francisco Pí y Margall.– Saludo cariñosamente a toda la reunión. Le admira por su consecuencia política, su amigo y correligionario.–Bernardino Fernández Gil.»

«Granada 8.– Sr. Pí y Margall.– Felicítoos por la campaña en pro de la autonomía y pacto. Saluda a la reunión de hoy adhiriéndose a ella.– Enrique Romero.»

«Jaén 8 (3,14.).– Francisco Pí y Margall.– La Comisión del Comité provincial le felicita y a los correligionarios que mantienen los principios autónomo-pactistas.– Sérvulo Morales.»

«Elche 8.– D. Francisco Pí.– Preciados, 25.– El Comité de Elche felicita al ilustre jefe: saluda a los correligionarios reunidos en el teatro de Rivas. Luchará siempre por conseguir autonomía, federación, pacto.– El presidente. Mata.»

«Cartagena 8 (9,21 n.).– Pí y Margall.– El Comité que presido se adhiere al acto y saluda correligionarios congregados.– Romero Sermes.»

«Albacete 8 (8,52 n.).– Francisco Pí y Margall.– Los republicanos federales de Albacete saludan cariñosamente a Vd. y correligionarios en esa reunidos, con la evidencia de que de la reunión celebrada hoy en Madrid; resultarán beneficios para la completa reorganización del partido en toda España.– Por la redacción de El Porvenir, El Director, Domiciano Vera.»

«Lérida 8 (4,40 t.).– Presidente reunión autonomista.– Republicanos federales leridanos felicitan correligionarios reuniéndose en honor ilustre jefe Pí y Margall; brindan por autonomía, pacto, ofreciendo entusiasta, leal cooperación.– Camps.– Mompeal.– Font.– Castells.»

«Cáceres 8 (5,20 t.).– Circo Rivas.– Individuos Comité felicitamos reunión federales pactistas.–  Roque.– Coro.– Rubio.– Manzano.»

«Barcelona.– Director Vanguardia.– El centro democrático federalista saluda a su ilustre presidente honorario y correligionarios de Madrid.– El secretario, Rosendo Tersa.»

«Sevilla.– Francisco Pí y Margall.– Varios federales reunidos en el café Suizo felicitamos tan patriótica reunión y a nuestro digno jefe.– Por la reunión, Romualdo Fernández Luque.»

«Málaga 8.– Francisco Lumbreras.– Comisión interina de subcomités saluda al ilustre jefe y federales reunidos en el circo de Rivas.– Torres.»

«Castellón 8.– Director Vanguardia.– Comité autonomista saluda a los correligionarios de Madrid reunidos en honor del Sr. Pí, a quien felicitan cordialmente. Salud, autonomía y pacto.– Masip. Escudero.»

«Santander 8 (12,25 t.).– Director Vanguardia.– Comité autonomista de Santander, en nombre del partido, felicita con entusiasmo a los correligionarios de Madrid, asociándose a la manifestación que hoy realizan en obsequio del ilustre jefe Pí y Margall.– Coll.– Maza.– Bolado.– Huidobro.– Torres.– Echegaray.– Abascal.»

«Castellón 8 (2 t.).– Redacción Vanguardia.– Saluda a los correligionarios reunidos. Honra vuestra es presidiéndoos el honradísimo ciudadano Pí, como nuestra en esta provincia reconociéndole jefe nato del federalismo español.– Ginisó.»

«Alcalá Real 8 (3,40).– Francisco Pí y Margall.– Estos autonomistas os felicitan así como a los correligionarios reunidos.– Juan Frías.»

Nuestro correligionario y colaborador señor D. Nicolás Estévanez remitió también para su lectura la composición siguiente, que por llegar tarde a manos de la Comisión no pudo ser leída:

A la reunión fraternal,
de mis cómplices de antaño,
quisiera asistir ogaño
con mi kepi federal.

Los que fuimos un horror
tantas cabezas cortando
y cortijos incendiando
en los días del terror.

Aún nos encontramos vivos
y a cual más impenitente,
y llevamos en la mente
inagotables archivos.

¿Qué dirán al vernos juntos
aquellos hombres sensatos
que os llamaban pelagatos
y que hoy os dan por difuntos?

¿Qué dirán en su dolor
tantos vecinos honrados
que los gorros colorados
inundaban de pavor?

Dirán que somos los mismos,
que no tenemos memoria,
que no sabemos historia,
que nos separan abismos...

Brindo por la Humanidad,
saludo a los concurrentes,
a los hombres consecuentes
Salud y Fraternidad.

E.




Comentarios

Recomendamos a nuestro colega El Correo la lectura detenida del brillante discurso pronunciado ayer por el Sr. Pí y Margall, discurso que publicamos hoy íntegro.

De esta manera podrá el colega rectificar las inexactitudes en que involuntariamente ha incurrido al reseñar ligeramente los puntos desarrollados por el ilustre jefe del federalismo en el brillantísimo acto realizado ayer por los federales madrileños.

——

El Imparcial de ayer da a sus lectores la noticia siguiente:

«Mañana a las dos de la tarde se verificará en el circo de Rivas la reunión autonomista en honor del Sr. Pí y Margall, suspendida varias veces por diferentes causas.»

En vista de esto, vamos creyendo que la competencia que hace El Liberal a su progenitor, ha dado por resultado que éste, o sea El Imparcial, pierda la brújula, quedándole apenas la mala intención.

——

Afirma la Gaceta Universal que algunos federales ayer tarde «se decidieron por los novillos al llegar a la Cibeles, renunciando a oír las explicaciones de lo que es el pacto.»

Puede haber sucedido el hecho; pero como el colega afirma que a pesar de la falta de esos federales se llenó completamente el local del circo de Rivas, aquella noticia prueba únicamente que nuestro partido es numeroso aún en Madrid.

También afirma que algunos notaron la falta de «esa juventud brillante o ilustrada que sale de las aulas y de todos los centros de enseñanza.»

En efecto, con nosotros no está la juventud que sale de las aulas pensando en el presupuesto y viendo en qué lugar conviene colocarse para llegar más pronto a una dirección, a un ministerio y a otros puestos de los cien mil que constituyen la organización burocrática del Estado unitario y produce la ruina de la industria, del comercio y de la Agricultura española, esto es, la ruina del país.

Esa juventud no nos hace falta, entiéndalo la Gaceta.

——

Anteayer, como suele acontecemos con frecuencia, no tuvimos el gusto de recibir El Manifiesto. Gracias á los buenos oficios de un amigo querido, nos hemos enterado de que se ocupa de nosotros, cuando no tenemos lugar ni espacio para contestarle.

Lo haremos mañana y nada perderá por ello, porque en el discurso del Sr. Pí, que puede ver en otro sitio, encontrará acerca del pacto más claras y elocuentes explicaciones que las que en cualquier tiempo pudiera darle el redactor de La Vanguardia a quien el colega alude.

——

Reunido anoche el Comité federal del distrito de Buenavista de Madrid, acordó por unanimidad felicitar al Sr. Pí por su discurso de ayer tarde, con el cual se halla absolutamente de acuerdo, y devolver, por conducto de este periódico, cariñoso saludo y abrazo fraternal, a los correligionarios que ayer saludaron al partido federal de Madrid.

Cumplimos con gusto el honroso cargo que, por conducto de su presidente, nos recomienda el mencionado comité.

——

Distrito de la Universidad.– Barrio del Dos de Mayo.– Junta autónomo pactista.

Madrid 8 de Setiembre de 1881.

Sr. Director de La Vanguardia.

Reunida la Junta autónomo-pactista del barrio del Dos de Mayo, acuerda felicitar entusiastamente al ilustre jefe del federalismo español don Francisco Pí y Margall, por su incomparable discurso en defensa de los principios autonomía y pacto.– El presidente, Atanasio del Campillo; el secretario, Francisco García Núñez.




Noticias generales

En todos los círculos políticos era anoche comentado muy favorablemente, aún por personas que profesan ideas muy diversas de las nuestras, el discurso pronunciado ayer en el circo de Rivas por nuestro distinguido amigo Sr. Pí y Margall.

——

Anoche celebraron consejo los ministros, ocupándose, entre otras cosas, de las negociaciones diplomáticas entabladas con la República francesa, y, según nuestras noticias, se acordó que nuestro embajador continúe en París por no haber motivo para que se retire, como han supuesto algunos periódicos.

——

En la elección de un diputado provincial que ayer tuvo lugar en San Sebastián, triunfó el candidato adicto por unos 100 votos de mayoría sobre el de oposición.

——

Ayer se dio por terminada la peregrinación a la ermita de Aranzazu, calculándose en 20.000 el número de individuos que en los nueve días que ha durado visitaron el santuario.

——

Anoche se cometió un robo de poca consideración en la casa número 8 de la calle de Pelayo.

——

Ayer mañana salió de improviso de San Petersburgo, acompañado del gran duque Vladimiro su hermano, el czar, con dirección a Dantzig, donde se halla el emperador de Alemania, y donde deberán celebrarse las conferencias; el viaje ha sido tan repentino, que en San Petersburgo ha llamado esto la atención.

——

La Guardia civil, en la custodia d« la riqueza forestal durante el mes de Julio último, hizo 1.422 denuncias y aprehendió 1.592 delincuentes.




Sección oficial

La Gaceta de hoy contiene las siguientes disposiciones:

Presidencia.– Decretos nombrando treinta y nueve senadores vitalicios.

Guerra.– Decretos disponiendo pasen a la sección de reservas del Estado Mayor del ejército los generales D. Fernando Fernández de Córdova, D. Juan Carnicero y San Román y D. Carlos Bernaldo de Quirós; nombrando comandante general de la segunda subdivisión del ejercito del Norte a D. Romualdo Crespo; jefe de la segunda brigada de la primera división del ejército de Valencia a D. Tomás Shelly, y gobernador militar de la provincia de León a D. Salvador Ayuso; y concediendo a D. Manuel Macías la gran cruz del Mérito militar.

Hacienda.– Decreto admitiendo a D. Salvador María Quiroga la dimisión que ha presentado del cuerpo de director general de Aduanas.

Imp. y Lit. de la Bibl. Univ., calle Real, 1.