Biblioteca Las Sectas
Editorial Vilamala, Barcelona 1935
número 13
páginas 197-203

La revolución de octubre de 1934
 

Documento 58
 

Con el título «Palabras de un libertario. Arrancando víctimas a un monstruo. Razonamientos fraternales. Exordio», publicó La Unión, de Sevilla, el 7 de diciembre, este artículo del anarquista Joaquín Julio Fernández, que no fue el último, pero es el que hace a nuestro propósito y que copiamos íntegramente. Dice así:

Antes de estudiar la posibilidad de una nueva Edad Media, por la conversión de grandes masas al Catolicismo, ante la bancarrota pragmática de los filósofos y metafísicos heterodoxos, considerando lo que históricamente fue la Edad Media y lo que podría ser esta nueva, que verosímilmente se presiente, por el fracaso de la Ciencia materialista y de la Moral utilitaria, hay que estudiar el interesantísimo tema, de las funestas y trágicas filtraciones de la Masonería en el Anarquismo, hecho más o menos evidente, pero ciertamente doloroso y perjudicial, de efectos lamentables, aunque el control se verifique de manera indirecta y oculta, dado que el Anarquismo es totalmente antagónico con la Masonería, que en el orden político y social, no tiene más representación propia y legítima, que su duplicado el catastrófico republicanismo, Casas Viejas, Villanueva de la Serena y en otro sentido Oviedo. Es tan lógico el proceso de formación intelectual del Anarquismo cuando falta el don sobrenatural de la Fe, que nunca se podrá concluir ni vencer a estos heterodoxos, porque dado el primer silogismo, esto es, la negación de una infalible verdad revelada, la coordinación de los demás silogismos, es tan inapelable y fatal, como el resultado de una operación aritmética, dados los factores. [198] Unido a esto, entre los anarquistas hay sujetos de una elevada moralidad, espíritus nobles y generosos, corazones buenos y entusiastas, enamorados del Bien y la Verdad, catalogables en el nominativo de herejes místicos, a quienes se podrá creer equivocados, pero a quienes se puede aplicar aquellas palabras del dominico P. A. D. Sertillanges en su Catecismo de los Incrédulos: «Las relaciones con Cristo ni son todas visibles ni siquiera conscientes. Jesús tiene discípulos ocultos, que no lo conocen, y aún se creen adversarios suyos.»

Ahora bien, si es siempre conveniente y necesario arrancarle sus víctimas al monstruo masónico, y a su duplicado el republicanismo, organización artificial, ya que en España afortunadamente, no hay espíritu republicano, se verá, dicho lo anterior, cuál útil será abrir un abismo entre la Masonería y el Anarquismo, haciendo imposible, aún en forma oculta e indirecta, todo control o influencia masónica en los anarquistas, mostrándoles de modo evidente, que los masones no son sus aliados y auxiliares, sino antes bien, sus mayores enemigos. En testimonio de ello, les recomiendo a mis hermanos libertarios la lectura del periódico Estampa del 10 de noviembre, donde verán que los masones de la Esquerra catalana, no sólo se negaron al armamento de la F. A. I. y a su intervención en el último movimiento, sino que la consigna dada a los «escamots» por Dencás y Badía, era la de: «¡Muera la F. A. I.!», incitándolos a que persiguieran a tiros a los anarquistas, y se constituyeran en esquiroles rompe huelgas. Más todavía: a los interrogatorios de los militantes de la F. A. I. por los guardias y policías de la Generalidad, se le llamaba «las sesiones de circo», porque uno de los altos jefes de la Policía azotaba con un látigo a los detenidos hasta que se declaraban culpables del atentado o del sabotaje que se les imputara. Hermanos anarquistas, esa es la Masonería.

Sería necesario querer convertir a los anarquistas, pretendiendo que los que leal y sinceramente lo son, dejaran de serlo, pero no es necio, sino fácil, muy útil y necesario, arrancar en absoluto al Anarquismo de toda influencia masónica y republicana, librando de tan venenoso contacto a los anarquistas, dando con ello un golpe de muerte a la Masonería, oculta en la sombra, porque su actuación malvada y criminal, de plutócratas judíos, le teme a la luz. En este sentido, hay que decir la verdad íntegra y desnuda, ya que la noble independencia de La Unión le da generosa hospitalidad [199] en sus columnas. Hay que deslindar los campos: anarquistas, sí; pero masones, no. Hay que afrontar esta hora del mayor peligro, en lucha a muerte con el monstruo masónico, y con el republicanismo poderoso. Hay que mostrar la imagen odiosa de la apocalíptica bestia, diciendo: Esa es la Masonería absolutista, plutocrática, hipócrita, que fusila, deporta y encarcela los obreros, cuando está en el Poder. Anarquistas: La Masonería, he ahí el enemigo.

Una súplica a Mauricio Karl.– Lo que Mauricio Karl refiere en su libro El Enemigo, de Anselmo Lorenzo, por lo incomprensible, es sencillamente espantoso. Anselmo Lorenzo, en El Proletariado Militante, hablando del núcleo organizador de la Internacional en España, manifiesta su oposición entonces a la Masonería, diciendo de ella cosas muy interesantes, como por ejemplo, la siguiente: «Si como dice Regón en su Historia de la Masonería, esta institución es tan antigua como el Mundo, hasta afirmar que la primera logia fue el Paraíso Terrenal y su primer venerable fue el h.·. Adán, esa misma antigüedad demuestra su ineficacia, porque la tiranía y la explotación tienen seguramente la misma fecha, y aún viven frescas y lozanas. A mí, particularmente, se me acercaron dos amigos, a quienes estimaba mucho, haciéndome proposiciones masónicas que rechacé enérgicamente, demostrándoles de paso que su conducta era censurable y tenía el carácter de traición, si se comparaba con los compromisos anteriormente contraídos con el núcleo organizador de la Internacional.»

Pues bien, Anselmo Lorenzo, que así pensaba y escribía, muchos años después lo vemos masón activo, grado 18 (Caballero Rosa Cruz), orador de la resp.·. Log.·. Hijos del Trabajo, asegurando que entre la Internacional y la Masonería no hay antagonismo de ninguna clase, como tampoco entre la Masonería y el Anarquismo. ¿Cómo explicar esto? Anselmo Lorenzo es la honradez y la austeridad personificadas; en él no cabe pensar falsedad, venta, ni ambición; es sincero e incorruptible. ¿Qué ha sucedido entonces? Misterio, terrible misterio de la Masonería que horroriza y arredra ¿Qué extraño poder es el suyo, que puede hacer tales cosas? De Ferrer, ello es público, era masón entusiasta, y Lerroux sabe muy bien, que antes que anarquista era masón. Pero Karl dice más. He aquí sus palabras: «Sentimos vivísima satisfacción porque hemos traspasado al Enemigo con una buena flecha, hiriéndole en [200] mitad de sus centros vitales. ¡Bajo siete llaves tenía guardado el secreto! ¡Su gran secreto! El misterio de que el anarquismo español estaba dirigido por la mano internacional de la Masonería. Lo interesante es que la mayoría de los iniciados en la secta no lo han sabido nunca. Todos ignoraban la existencia de tan ocultos puentes, aunque, a lo lejos de una sospecha remota, entrevieran la cadena a donde estaba amarrada la barcaza negra de la F. A. I.»

Karl, aunque no lo conozcamos, es un hombre inteligente y suponemos que un caballero honrado. Seguramente, comprenderá la gravedad de sus palabras, máxime acusando también como acusa de masones a los Quintanillas, Seguí, Ascaso, Quemades y Evelino. Esperamos las pruebas. Y yo me permitiría rogarle a Karl, cuyo libro El Enemigo, tanto he ayudado a propagar y a difundir con las citas que de él he hecho, nos diera pronto esas pruebas, con tal evidencia que no dejaran lugar a dudas. Los anarquistas no tienen ídolos ni jefes, y por eso no le temen a la verdad.

El imposible de una revolución anarquista.– Aunque la Masonería y el republicanismo persigan a los anarquistas, prendiéndolos, deportándolos, fusilándolos, e incluso como la Generalidad de Cataluña, sometiéndolos a «las sesiones de circo» de que habla el último número de Estampa, ni la Masonería, ni el republicanismo quieren una separación definitiva con el Anarquismo. Si en la última revolución de octubre, en Cataluña y en Asturias no procuraron tenerlos de su parte, y antes al contrario, repudiaron su intervención e incluso se negaron a darles armas, es porque ningún masón ni ningún republicano querían que esta revolución triunfase. Largo Caballero e Indalecio Prieto, según creo, no son masones{1}. La Masonería y el republicanismo querían lo que ha pasado. Pero ellos saben que en España, los anarquistas solos no pueden hacer una revolución, pero sin los anarquistas ninguna revolución puede triunfar. Los anarquistas han demostrado muchas veces que son capaces de salir a la calle y dar el pecho sacrificando su libertad, su sangre y su vida por la causa [201] de la revolución. Durante la época de la Dictadura, en las conspiraciones contra Primo de Rivera, los anarquistas fueron los que más se comprometieron y sacrificaron. La célebre y memorable huelga de albañiles de 1928 contra Cruz Conde, el movimiento huelguístico más serio e inteligente que hubo en Sevilla desde hace treinta años estuvo orientado por los anarquistas. Sin ellos, el 14 de abril de 1931 no hubiera triunfado la República, ni el 10 de agosto de 1932 hubiera sido derrotado Sanjurjo. Los anarquistas son los únicos revolucionarios peligrosos, porque son los únicos revolucionarios de verdad.

Y sin embargo, hay que decirlo ya con entera lealtad, una revolución anarquista, es un absurdo lógico. Una revolución no es, ni puede ser más que un Estado faccioso, que lucha por convertirse en estado legal. Es así que los anarquistas niegan el Estado, luego los anarquistas niegan la revolución, luego los anarquistas no pueden lógicamente ser revolucionarios. Yo, que nunca he pertenecido a la F. A. I., que he sido anarquista independiente, porque no estaba conforme con algunas opiniones de los anarquistas, conviviendo con ellos he transigido con muchas cosas que no aceptaba, porque comprendía que mis opiniones, dentro del anarquismo español, estaban en minoría, y tan en minoría, y como veía que eran en el proletariado los más nobles, los más leales, los más entusiastas, los más buenos, me sometía para ver si podía llevárseles, por el que yo creo el verdadero camino de la Anarquía.

No estaba conforme con su revolucionarismo, y sobre todo, no estaba conforme con su ateísmo y su irreligiosidad. No ahora, sino antes, hace quince o veinte años, siendo anarquista, y no siendo católico, yo me honré con una cariñosa amistad con el sacerdote don José Barrera Alsina, capellán de la Misericordia, de grata memoria, que me tenía gran estimación y a quién yo también de todo corazón estimaba. Cuando estuve deportado en Valenzuela (Baena), el párroco fue uno de mis mejores amigos y me facilitó libros con que distraer mi espíritu acongojado. Últimamente, y de ello son testigos muchos vecinos del barrio, cuando el incendio de los conventos, una noche de madrugada, las monjas del convento de Santa Clara se tuvieron que amparar en un departamento inmediato en la casa de la calle Santa Clara, donde yo entonces habitaba. Y lealmente, de todo corazón, les hice saber por conducto de mi tía, que si querían podían ampararse en mi propia casa. [202] Amigos que hoy están enfadados conmigo, no sé por qué, sabían muy bien mi espíritu religioso y hasta místico, por lo que bromeando irónicamente me llamaban «el fraile del siglo XIII».

He transigido, pues, con ciertas cosas de los anarquistas, con las que no estaba conforme. Eran tan buenos, simpatizaba tanto con ellos... Los amigos que yo más he querido han sido anarquistas. Entre ellos, he encontrado los hombres más buenos que he conocido en mi vida. En la cárcel han compartido conmigo su pan, y hemos vivido como hermanos. El mal que yo quiera para mi, es el que quiero para ellos. Pero desengáñense, una revolución anarquista es un contrasentido lógico. El célebre anarquista Malatesta lo ha dicho: «El que se hallara un anarquista o varios a la cabeza de una revolución victoriosa imponiendo su voluntad a la mayoría, representaría el triunfo de su persona o personas, pero significaría la derrota de nuestras ideas.»

El fracaso del socialismo estatal.– La Masonería sabe, que los anarquistas, por su carácter rebelde, se prestan siempre para luchar en una revolución y hacer que triunfe. Por eso, cuando quiere que la revolución triunfe, «que en el pasado octubre no lo quería», utiliza a los anarquistas, arrastrándolos hasta ser inconsecuentes con sus propios ideales. Pero a los anarquistas, lo que les hace no confundirse con los socialistas estatales, es precisamente eso, que son... anarquistas. ¿Van a ser ahora estatales, porque la Masonería quiera, cuando los hechos han demostrado el fracaso del socialismo estatal? Ha fracasado en Rusia, como dictadura del proletariado, pues faltando el genio de Lenin que le dio vida artificial, como Miguel Angel a sus estatuas, en mano de Stalin, degeneró hasta convertirse en un vulgar nacionalismo socialista. Y en España ha fracasado también, en Asturias y en los Comités paritarios, perjudiciales para la prosperidad mercantil de la industria española, como demuestra el padre Aizpuru, S. J., en su libro La actualidad monetaria en España, citando el dictamen de la Comisión nombrada por real orden de 9 de enero de 1929, para el estudio de la implantación del patrón oro, del que copio este párrafo: «Pero hay que confesar que es creencia muy extendida entre los empresarios españoles, tan extendida, que no sabemos si se podrá señalar alguna excepción, que en los Comités paritarios, órganos de la política social del Gobierno, se incuba a la hora presente la más grave lucha de clases de nuestra historia. Y esta grave aprensión y estos temores deprimen nuestro espíritu de empresa.» [203]

En cuanto a los obreros, en el próximo artículo, en el que continuaré con este tema, pues éste ya es demasiado pesado, citaré lo ocurrido a un querido amigo mío, auxiliar de farmacia, en el Comité paritario, incluso con la intervención de un dirigente de la C. N. T., hoy miembro del partido republicano radical demócrata, demostrando que los Comités paritarios y los socialistas que los mangonean, no están relimpios, ni limpios siquiera, de influencias masónicas. Y conste que es un asunto escandaloso.

——

{1} N. de la R.– En el libro del Dr. Tusquets Orígenes de la revolución, página 34 y con referencia a un artículo de F. Coty L'Ami du Peuple se señala como masones a Prieto y Largo Caballero.
Por nuestra parte, a esta nota de la Redacción del periódico sevillano, añadimos la cita del documento 58.


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