José Ferrater Mora · Diccionario de filosofía
Editorial Atlante · México 1941
 
[primera edición]
página 257

Humanismo

Se ha llamado principalmente a la tendencia que durante el Renacimiento produjo el amor y el culto a la Antigüedad clásica, considerada como un ejemplo de afirmación de la independencia del espíritu humano y, por tanto, de su valor autónomo y dignidad. El humanismo queda así ligado históricamente al Renacimiento, pero su concepto general es indudablemente más amplio. Según Burckhardt, el humanismo significa el descubrimiento del hombre en cuanto hombre y, consiguientemente, la reafirmación de todo lo humano, tanto en el sentido del individualismo como en el sentido de la «humanidad». Durante el Renacimiento se llamaron, efectivamente, humanistas no solamente los eruditos y los que buscaban en los clásicos de la Antigüedad los ideales y normas de su tiempo, sino también los que propugnaban por una reforma total del hombre, por una inversión de los valores vigentes durante la Edad Media. El humanismo como elemento integrante de la época crítica del Renacimiento significó, pues, primordialmente un afán y un deseo más bien que un ideal preciso, y representó el tránsito a la época moderna. En la actualidad se ha manifestado nuevamente una tendencia humanista, pero no ya sólo como resurrección de la Antigüedad clásica, sino como manifestación de la necesidad de un nuevo ideal humano en vista de la irrupción de una crisis en la modernidad. Este humanismo se ha desenvuelto en múltiples formas y desde diferentes puntos de vista, hablándose de un humanismo cristiano, de un humanismo socialista, de un neohumanismo liberal, &c. En todos los casos, sin embargo, el humanismo actual intenta substituir la noción renacentista y moderna del individuo por la más completa de la persona (véase), haciendo del humanismo no un culto a una entidad abstracta –la humanidad–, ni una exaltación del individuo considerado como átomo social, sino más bien un imperativo de respeto a la personalidad humana, al hombre en cuanto portador del espíritu.

Desde el punto de vista estrictamente filosófico, F. C. S. Schiller (véase) llama humanismo a su propia doctrina en cuanto reduce toda pretensión de verdad o falsedad de las proposiciones a las consecuencias que se derivan de ellas para la vida humana o, mejor dicho, en cuanto convierte toda pretensión de verdad o falsedad en función de los propósitos del hombre. Según Schiller, el humanismo es una ampliación y, a la vez, una superación del pragmatismo, pero la relativización de toda verdad, expresada en el principio de Protágoras por él adoptado no significa la negación de la verdad, sino la atribución de verdad a todo lo que responda a las necesidades humanas, de cada individuo.

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