Enciclopedia de la Cultura Española
Editora Nacional, Madrid 1963
tomo 1
páginas 470-471

Aristotelismo

La filosofía de Aristóteles ha ejercido una grande y constante influencia en la historia del pensamiento español. Por otra parte, el Occidente comenzó a conocer los escritos completos del Estagirita por las traducciones hechas en la española ciudad de Toledo, a través de la gran pléyade de filósofos hispanoárabes e hispanojudíos seguidores de Aristóteles. Santo Tomás conoció a Aristóteles, sobre todo, a través de Averroes, filósofo español, y el tomismo español puede considerarse como una vuelta de Aristóteles a España a través de Santo Tomás, que a través de España lo había asimilado.

Pueden considerarse, pues, dos momentos de esplendor del aristotelismo en nuestra Patria: uno, el representado por la filosofía hispanojudíomusulmana, que culmina con el averroísmo; otro, el representado por la filosofía escolasticotomista, que tiene su auge netamente español en el suarismo.

Los árabes y judíos, que conocieron a Aristóteles a través de los cristianos de Persia y Siria, neoplatónicos muchos de ellos, no pudieron librarse de una confusión entre la doctrina aristotélica y neoplatónica, lo que se transparenta en sus obras. La influencia aristotélica no fue, pues, directa y dio lugar a un aristotelismo impuro. Avempace, Judah Leví, Gabirol, Ben Ezra, Maimónides, Avicebrón, Sem Tob, &c., son portadores de esta influencia en sus libros originales o comentan y traducen al filósofo.

Averroes (1126-1198) es el paladín del aristotelismo en la España musulmana y su forma y significación repercutió en todo el Occidente cristiano, dando lugar a una corriente llamada averroísmo. El origen racial de Averroes se ha discutido mucho, no siendo pocos los que le consideran judío y no árabe, e incluso existe la hipótesis de su origen español de sangre. De lo que no cabe duda es acerca de su gran españolismo y su preferencia por la raza española. Averroes fue llamado el comentarista por excelencia de Aristóteles, al que dedicó pequeños, medianos y grandes comentarios, en todas formas y grados.

Las obras de Averroes fueron introducidas en el Occidente cristiano entre 1217 y 1230 a través de las traducciones de Miguel Escoto de los Comentarios al De Coelo et Mundo y al De Anima, traducción que debió verificar en Toledo.

El averroísmo tuvo dos corrientes: una heterodoxa, que arranca de Siger de Brabante y los averroístas latinos, que interpretaron mal sus doctrinas, y otra, ortodoxa, encabezada por Santo Tomás, que cristianiza a Averroes junto con Aristóteles. El averroísmo de Santo Tomás ha sido ampliamente estudiado por Renán y Asín Palacios. El primero escribe: «Santo Tomás es, a la vez, el más serio adversario que la doctrina averroísta ha tenido y, puede afirmarse sin paradoja, el primer discípulo del Gran Comentador. Alberto se lo debe todo al persa Avicena; Santo Tomás, como filósofo, se lo debe casi todo al español Averroes.» Así como Renán apunta en el Doctor Angélico un averroísmo filosófico, Asín Palacios le señala un averroísmo de signo teológico. (Cfr. «El averroísmo teológico de Santo Tomás de Aquino», en Huellas del Islam, Madrid 1941, págs. 18-69.)

El verdadero conocimiento de Aristóteles lo debe el mundo occidental a la Escuela de Traductores de Toledo, fundada por el arzobispo don Raimundo (1126-1151). Es tal su importancia, que, según Renán (v. su obra Averroes y el averroísmo), divide la Edad Media en dos períodos. Entre los traductores más célebres tenemos a Juan Hispalense y Domingo Gundisalvo, españoles; los ingleses Daniel de Morlay y Roberto de Rétines; Hermán el Dálmata, Gerardo de Cremona, &c., que tradujeron varias obras de Aristóteles y otros tratados pseudoaristotélicos.

Entre los siglos XIV al XVII se desarrolla el considerado por Menéndez Pelayo período de esplendor del aristotelismo en España. Divide este período (v. Ciencia española, tomo III) en dos épocas: el primero comprende los siglos XIV y XV y el segundo abarca los siglos XVI y XVII.

Sobresalen en la primera época los trabajos de Antonio Andrés, [471] que comenta la Física y la Metafísica; Alonso de Vargas, obispo de Sevilla; Nicolás Ballester, Gombaldo de Uligia, el gran polígrafo Exímenes, Diego de Herrera, el Tostado, Alfonso de Córdoba, Pedro de Osma, Juan Marbres, fray Gonzalo Frías, don Juan Alfonso de Benavente y el príncipe de Viana, que traduce la Etica.

En la segunda época destacan: Gaspar Lax, Fernando de Encinas, Dolz del Castelar, Jerónimo Pardo, Diego de Naveros, Juan de Celaya, Rodrigo de Cueto, Alfonso de Prado, Juan Montes de Oca, Ginés de Sepúlveda, Juan de Vergara, que tradujo los tratados De Anima, De Physica y Metaphysica, por encargo del cardenal Cisneros; fray Arcisio Gregorio, Gordillo de Villalpando, Martínez de Brea, Juan Núñez de Valencia, Pedro Juan Monsó, Juan Monllor, el beato José Pascual, Francisco Ruiz de Valladolid, Luis de Lemos, Juan Andreu, Pedro Simón Abril, gran humanista, que hizo fieles traducciones de la Política y de la Etica y escribió unas Introductiones ad Logicam Aristotelis; Antonio Barba Figueroa, Sebastián Pérez, Juan Páez de Castro, estudioso de Aristóteles y Platón y fundador con don Diego de Mendoza, durante el Concilio de Trento, de una academia aristotélica, consagrada a depurar los textos griegos del filósofo estagirita; los dominicos Soto, Astudillo, Báñez, Ortiz, Juan de Santo Tomás, Arauxo; los jesuitas Juan Maldonado, Fonseca, Vázquez, Arriaga, Oviedo, Quirós, Rubio y el gran Francisco Suárez, conocido con el sobrenombre de Doctor Eximio, creador de la escuela aristotelicotomista, llamada suarismo.

El suarismo es, como dejamos señalado, una escuela aristotelicotomista, es decir, que participa de las doctrinas aristotélicas a través del tomismo. Suárez, sin embargo, imprime a estas doctrinas un sello personal y característico, de tal manera, que debe considerársele como un maestro y pensador de categoría propia y singular con un lugar eminente dentro de la historia de la filosofía.

Suárez, que no sigue servilmente ni a Aristóteles ni a Santo Tomás, hace una crítica metafísica de la Escolástica, que manifiesta una preocupación profunda y sistemática de coordinar y depurar metódicamente todos los modelos que le habían precedido. En las cuestiones decisivas sigue Suárez el mismo camino que Santo Tomás, pero discrepa del Doctor Angélico en temas que relacionan la metafísica con la teología. Suárez, entre cuyas principales obras destacan Disputationes Metaphysicae y Tractatus de legibus ac de Deo legislatore, ha sido leído, comentado y estudiado no sólo en España, sino en el mundo entero y ha tenido seguidores de rango como los jesuitas Arriaga, Oviedo, Hurtado y Téllez, entre otros.

Aunque alguien se haya permitido dudar en alguna ocasión de la autenticidad del suarismo como sistema filosófico de verdadera originalidad, el docto Menéndez Pelayo ha sabido dar réplica certera de su valor como tal. (ver Ciencia española, tomo 1, págs. 309 y sigs., Santander 1953.)

En el siglo XVI se da también en España una corriente aristotélica de signo negativo, o antiaristotelismo, cuyo principal representante es Hernando de Herrera, el cual cita entre sus discípulos a sus hermanos Diego y Gabriel Herrera, el obispo Pedro del Campo, Jorge de Baracaldo, Alonso Ruiz de Isla, Pedro Mártir y otros. (Ver el trabajo de Bonilla, Un antiaristotélico del Renacimiento, Hernando Alonso de Herrera, y su Breve disputa de ocho levadas contra Aristóteles y sus secuaces.) También pertenecen a esta corriente antiaristotélica los partidarios de Pedro Ramus, filósofo francés, autor de Animadversiones in Dialecticam Aristótelis; tales, Juan Núñez de Valencia, Pedro Núñez Vela y Francisco Sánchez, el Brocense. El primero siguió, en principio, las opiniones de Ramus, pero las abandonó más tarde abrazando ardorosamente el aristotelismo clásico en sus Institutiones Physicarum, De causis obscuritatis Aristótelis et de illarum remediis, &c.

En el siglo XVIII se inicia un período de decadencia del aristotelismo. Aunque pocas, destacan algunas figuras de relieve, como los padres Díaz, Viñas, Ulloa y Losada, autor este último de un Cursus Philosophicus (1724), adoptado como texto hasta el siglo XX en los Colegios Máximos de la Compañía de Jesús.

En los tiempos modernos, siglos XIX y XX, se inicia en España, al igual que en el resto de Europa, un nuevo florecimiento del aristotelismo como consecuencia de los movimientos neoescolásticos y neotomistas. Destacan en este período, entre otros, los nombres de Balmes, Ceferino González, Ortí y Lara, Xarrié, Arintero, Casajona, Juan José Urráburu, Azcárate y Santiago Ramírez, con valiosas aportaciones a la filosofía perenne.

Bibliografía. Cruz Hernández, Filosofía hispanomusulmana, Madrid 1957; Ferrater Mora, Suárez y la filosofía moderna (Cuestiones disputadas, Madrid 1955); Otto Fleckstein, Der Aristotelismus von Suárez (Actas del Congreso del Instituto de Filosofía, vol. II, págs. 317-325, Barcelona 1948); Ibrahim Madkour, L'Organon d'Aristote dans le monde arabe, 1934; Menéndez Pelayo, Ciencia española, tomo III, Madrid 1934; Peter Petersen, Geschichte der Aristotelischen Philosophie in protestantischem Deutschland (proporciona mucha información sobre la influencia del aristotelismo de Suárez sobre la filosofía y teología protestante de los siglos XVII y XVIII); J. L. Stocks, Aristotelianism, 1925; S. Tálamo, L'Aristotelismo nella storia della filosofia, 1873; Juan Zaragüeta, Una introducción moderna a la filosofía escolástica, 1947.

J. L. S. [José Luis Suárez Rodríguez]


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