Filosofía en español 
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“Fundamentalismo democrático”

Mediados los años veinte del siglo XX se incorpora el término fundamentalismo a la lengua española, pero habían de transcurrir sesenta años para que se escuchase el rótulo fundamentalismo democrático, que en los Estados Unidos del Norte de América, en lengua inglesa, era habitual hacía décadas:

Democratic fundamentalism en lengua inglesa… desde América

1928 «This approach to industrial self-government from the executives at the top instead of from the rank and file at the bottom, runs counter to the cardinal principles of democratic fundamentalism.» (Midmonthly Survey, journal of social work, vol. 60, Nueva York 1928, pág. 161.)

1936 «The tenets of democratic fundamentalism were discarded.» (Pendleton Herring, Public administration and the public interest, Nueva York 1936, pág. 272.)

1938 «But whether converts to a united front or reverts to democratic fundamentalism, the practical implications seem identical.» (Five political creeds: a symposium [L. E. Law, Fascism; J. A. Corry, Socialism; Frank Albert Knox, Communism; A. E. Prince, Conservatism; C. A. Curtis, Liberalism], Toronto 1938, pág. 40.)

1942 «The insurgents or progressives, as they came to be styled, put together in their creed everything that democratic fundamentalism could ask: woman suffrage.» (Edward McChesney Sait, American parties and elections, Appleton-Century, Nueva York 1942, pág. 341.)

1946 «The turning point may be placed in 1936 when Britain, citadel of democratic fundamentalism, enacted the Public Order Act.» «At this point the sophisticated reader, who has followed the winding path so far, has the inalienable right to wax thoroughly impatient with the recapitulation of a democratic fundamentalism which may appear to him to be antiquated.» «How will democratic fundamentalism stand up against the new technology?» (Karl Loewenstein, Political reconstruction, The Macmillan Company, Nueva York 1946, págs. 78, 134 y 135.)

1949 «Assembly government seems a sort of national fixation for the French ever since the logic of Rousseau’s democratic fundamentalism drove the Revolution to its first pragmatic realization in the Constitution of June 24, 1793.» (Robert Jennings Harris, The Journal of politics, 1949, pág. 471.)

1951 «In continental Europe it is supposedly produced by too many parties, or by that obnoxious contrivance of democratic fundamentalism, proportional representation, or by the subversive influence of Communism. But Britain doesn’t suffer from these diseases any more than we do.» (Max Ascoli, The Reporter Magazine, 1951, pág. 40)

1975 «Most discussions of legislative as against judicial decision with respect to human rights proceed according to conflicting views of what I call democratic fundamentalism.» «The contrary view of democratic fundamentalism asserts that the majoritarian processes of public decision can and should operate after what are regarded as fundamental human rights are, so to speak, fenced off from the action of these processes.» (Martin L. Friedland, Courts and trials: a multidisciplinary approach, 1975, págs. 94 y 95.)

2002 El 20 de marzo de 2002 Chuck Rehn registra el dominio: democraticfundamentalism.org

Nos referimos al fundamentalismo como -ismo, no a otros rótulos cercanos

1879 «Si las noticias dadas por el correspondeal de la Deutsche Zeitung de Viena son exactas, el general Ignatief ve claramente la imposibilidad de mantener el gobierno ruso en la situación en que ha vivido hasta los tiempos presentes. […] La Rusia ha dicho también, es un país fundamentalmente democrático, y debe ser gobernado en armonía con sus ideas.» (El Globo, Madrid, viernes 16 de mayo de 1879, pág. 1.)

1882 «El partido progresista-democrático, sucesor del antiguo progresista, continuador de su obra y heredero de sus principios, acaba de dar un paso, que juzgamos definitivo, hacia la monarquía, en la reunión que anoche celebró en casa del Sr. Martos, para tratar de su ingreso en la izquierda dinástica. […] Constituyóse a las diez de la noche la mesa presidencial, que era ocupada por los Sres. Martos, Montero Ríos, Echegaray y dos señores secretarios. En medio de la general espectación de un religioso silencio, se levante y dice el Sr. Martos: […] "Y lo es, en efecto: es una revolución pacífica la que acomete el señor duque de la Torre, la que debe acometer la izquierda que se está formando a estas horas. Tiene el más alto significado que haya podido tener jamás partido alguno en España. La izquierda, con esa bandera de la Constitución de 1869, viene a represesentar un pacto de alianza, un hecho de gran consideración, entre todo lo que representa la Restauración de D. Alfonso XII y todo lo que representa la revolución de 1868. […] Nosotros, los radicales, no hemos profesado nunca como dogma fundamental e inalterable la forma de gobierno. Hemos, sí, procurado asociar y asociado todo lo esencial de la democracia con la forma de gobierno monárquica. Ahora no podemos encontrar ninguna repugnancia fundamental en aliar la monarquía con la democracia. […] Nosotros, partidarios de los procedimientos legales, enemigos de los procedimientos revolucionarios, hemos dispensado, en fuerza de este sentido de la política, nuestra benevolencia al Gobierno del partido constitucional. La izquierda no se puede formar sin nosotros; no se puede formar sin el ingreso de fuerzas histórica y fundamentalmente democráticas y de procedencia revolucionaria: esto es evidente.» («De regreso», La Época, Madrid, viernes 17 de noviembre de 1882, pág. 1.)

1912 «Es evidente que para acreditar un espíritu sincera y fundamentalmente democrático, no basta que un Gobierno tolere las mayores amplitudes en el ejercicio de los derechos políticos de reunión y de manifestación, ni que practique la más generosa indulgencia para los delitos que por la política se amparen y disfracen. Lejos de ser eso suficiente para acreditar aquel espíritu sincera y fundamentalmente democrático, puede semejante conducta no acreditar más que un gran afán por la propia personal comodidad del gobernante.» («¿Arbitrariedad o democracia», La Época, Madrid, lunes 14 de octubre de 1912, pág. 1.)

1919 «El desprenderse el ministro de la facultad de nombrar para concederla a los elementos cuyos intereses han de ventilarse es una solución fundamentalmente democrática. Sin embargo, conviene tener en cuenta que se trata, no de un cuerpo deliberante, que pueda tomar acuerdos con carácter ejecutivo, sino de un organismo asesor, y lo esencial en esos organismos es la capacidad y la ponderación.» («¿Cómo ha de estar constituída la Junta de Aranceles?», La Vanguardia, Barcelona, viernes 18 de julio de 1919, pág. 13.)

1928 «Y, ¡claro!, para nosotras a mayor libertad, mayor bienestar: somos esencial y fundamentalmente democráticas. Todos nuestros esfuerzos se dirigen a luchar contra esa estúpida invención de los hombres llamada la higiene y que es nuestra mayor enemiga…» (Maxim, «Del cine de la vida. Películas cortas», La Vanguardia, Barcelona, jueves 2 de agosto de 1928, pág. 17.)

Primeros usos en español del rótulo fundamentalismo democrático

Los primeros usos que encontramos en español del rótulo fundamentalismo democrático se produjeron en Hispanoamérica, a partir de 1985. En 1992 el rótulo forma ya parte del título de un artículo en México y en 1993 el rótulo forma parte del título de un libro en Argentina:

1985 «Dicho de manera burda, aun el fundamentalismo democrático contradice lo mejor de nuestra herencia cultural.» (Revista mexicana de Ciencias políticas y sociales, UNAM, México 1985, nº 120-122, pág. 189.)

1992 Leonardo Martínez Carrizales, «El fundamentalismo democrático de Ignacio Solares», Universidad de México. Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México, nº 492-493, México, enero-febrero 1992, págs. 61-62.

«Tenemos, por ejemplo, el fundamentalismo feminista (no hay liberación mundial sin la emancipación de las mujeres, sin la abolición del sexismo); el fundamentalismo democrático (la democracia como el valor fundamental de la civilización occidental; todas las demás luchas –económica, feminista, de minorías y demás– son simplemente aplicaciones ulteriores del principio básico democrático e igualitario); el fundamentalismo ecológico (el estancamiento ecológico como el problema fundamental de la humanidad), y –¿por qué no?– también el fundamentalismo psicoanalítico como está articulado en Eros y civilización (la clave de la liberación reside en el cambio de la estructura represiva libidinal. Véase Marcuse, 1955).» (Slavoj Zizek, El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, México 1992, Introducción, págs. 26-27.) [Slavoj Zizek, The sublime object of ideology, Verso (New Left Books), Londres-Nueva York 1989, pág. 4: «…democratic fundamentalism (democracy as the fundamental value of Western civilization; all other struggles –economic, feminist, of minorities, and so on– are simply further applications of the basic democratic, egalitarian principle).»]

1993 Moisés Cherñavsky, La seguridad nacional y el fundamentalismo democrático, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires 1993, 144 páginas.

El fundamentalismo democrático en Fernando Savater

Las dos primeras veces que encontramos documentada en España la utilización del rótulo fundamentalismo democrático es de la mano de una misma persona, el filósofo Fernando Savater (1947). En ambas ocasiones, en 1993 y 1994, el sentido que Savater parece dar a la fórmula es equivalente al de la plataforma democrática en la que él se sitúa, que en todo caso añora más democracia: «lamento que en este fin de siglo de fundamentalismos el democrático sea el menos extendido»:

1993 «Los filósofos José Luis Aranguren, Fernando Savater y Javier Sádaba afirmaron anoche haberse quedado sobrecogidos tras una representación de la obra teatral La muerte y la doncella, de Ariel Dorfman, ofrecida en solidaridad con Amnistía Internacional. […] Savater no ocultó que la obra le planteaba un problema para el cual no encontraba una fácil respuesta: "Hay cosas que no podemos perdonar por otro, pero hay que luchar contra todas las situaciones de excepción desde el fundamentalismo democrático".» (Rosana Torres, «Aranguren, Savater y Sádaba enfrentan la razón con el sentimiento en un debate», El País, Madrid, 5 de marzo de 1993.)

1994 «Sin embargo, no es Cuba, y no digamos ya Perú, Haití o Irak, dictaduras pobres y patentemente ineficaces, las que hoy de verdad retan a la conciencia democrática. El peligro está en las autocracias de Extremo Oriente, ultraproductivas y, disciplinadas. Ayer se justificaba la dictadura del proletariado como vía a la sociedad sin clases; hoy se legitima la dictadura de los capataces paternalistas como camino hacia el pleno desarrollo. La protesta ante ellas es considerada como "fundamentalismo" democrático, pues lo importante es que el gato, negro o blanco, cace millones. Me considero reo de esa culpa y aún más: lamento que en este fin de siglo de fundamentalismos el democrático sea el menos extendido.» (Fernando Savater, «Las dictaduras», El País, Madrid, 2 de octubre de 1994.)

El fundamentalismo democrático en José Rubio Carracedo

José Rubio Carracedo (1940), catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Málaga, trata ya con cierto detenimiento sobre cierto «fundamentalismo democrático» en un artículo académico publicado en Alicante en 1994, que no pasó desapercibido y fue reeditado en Madrid en 1995:

1994 «¿Fundamentalismo democrático o la democracia en serio? Durante el último decenio se observa una tendencia creciente, por un lado, a relajar los requisitos mínimos para la homologación democrática de los regímenes políticos y, por el otro, a desacreditar de modo cada vez más agresivo a los defensores de las condiciones clásicas del sistema democrático que son tildados de incurrir en «fundamentalismo democrático» o de mantener una visión cuasisacral de un régimen político surgido del período revolucionario, que lógicamente debe ir cambiando para adaptarse a las nuevas realidades históricas, económicas y sociales.» (José Rubio Carracedo, «Democracia mínima. El paradigma democrático», Doxa, nº 15-16, Alicante, 1994, págs. 222-223.)

1995 «Ante el panorama actual en el que el modelo de democracia en el mundo occidental está en crisis y en los países menos desarrollados se sufre una ola de "transiciones a la democracia", el autor intenta articular, partiendo de diversas propuestas y del modelo de democracia liberal clásica, un modelo de democracia que permita distinguir cuáles de dichas propuestas tienen como fin una transformación que permita la adaptación a las nuevas situaciones de las actuales sociedades complejas permaneciendo fieles al espíritu de la democracia y cuáles de ellas encubren, en realidad, aspiraciones oligárquicas o autocráticas. A tal fin el autor expone y analiza una selección de propuestas para la transformación democrática actual, agrupadas en dos tendencias antagónicas: el "neo-liberalismo", por un lado, y, por otro, el "republicanismo cívico". Conforme a los conceptos y criterios expuestos se ensaya una formulación del paradigma democrático en el cual queden claramente concretadas en un "mínimo democrático" el conjunto de condiciones necesarias y suficientes que un régimen político debe cumplir a fin de alcanzar la homologación democrática desde la perspectiva lógico-normativa, de tal modo que pueda discriminar entre los auténticos modelos de democracia y los sólo aparentes. Con ese objetivo, el autor ha señalado en total 17 rasgos caracterizadores del modelo democrático que conformarían el citado "mínimo democrático" o "democracia mínima", a partir de los cuales cabría ensayar una nueva definición de la democracia, aunque ésta resultaría, por su extensión, de poca utilidad. Como conclusión se apunta en este trabajo que la verdadera transformación que precisa el modelo democrático clásico no es tanto un cambio como una adaptación a las transformaciones del mundo contemporáneo, manteniendo incólume una doble fidelidad: al modelo democrático en sus requisitos mínimos característicos y a las circunstancias idiosincráticas de cada país, evitando tanto los excesos de un "fundamentalismo democrático" como la complacencia con situaciones de democracia aparente.» (Mar Esquembre Valdés, reseña de «José Rubio Carracedo, "Democracia mínima. El paradigma democrático", Doxa, Alicante, nº 15-16, vol. I, 1994» en Macario Alemany & Daniel González Lagier (coord.), La Filosofía del Derecho en España (1994), Doxa Bibliografía, Alicante 1995.)

«¿Fundamentalismo democrático o la democracia en serio? Durante el último decenio se observa una tendencia creciente, por un lado, a relajar los requisitos mínimos para la homologación democrática de los regímenes políticos y, por el otro, a desacreditar de modo cada vez más agresivo a los defensores de las condiciones clásicas del sistema democrático que son tildados de incurrir en «fundamentalismo democrático» o de mantener una visión cuasisacral de un régimen político surgido del período revolucionario, que lógicamente debe ir cambiando para adaptarse a las nuevas realidades históricas, económicas y sociales.» (José Rubio Carracedo, «Democracia mínima. El paradigma democrático», Revista de Estudios Políticos, nº 89, Madrid, julio-septiembre 1995, pág. 186.)

José Rubio Carracedo sobre el rótulo fundamentalismo democrático

por él utilizado en 1994 (en respuesta, el viernes 11 de diciembre de 2009, al correo que ese mismo día le envió GBS informando de esta página y preguntando por algún uso anterior suyo del rótulo):

«Estimado amigo:
Gracias, ante todo, por tu atención. Muchas veces tengo la impresión de que nadie lee lo que escribes, incluso aquellos que compran los libros.
Verás, no creo haber utilizado el rótulo «fundamentalismo democrático» antes del trabajo que has documentado. Yo lo utilicé más bien a la defensiva, una vez que el término se estaba generalizando peligrosamente a partir del origen religioso que recoges. Y digo peligrosamente porque se utilizaba como un extremo de un falso dilema: o modelo democrático libremente entendido o fundamentalismo democrático. Por entonces prosperaba la campaña estadounidense de extensión de la democracia a todo el mundo, con promesas de acuerdos de inversión y comerciales a los países de todo el mundo que la adoptasen, lo que llevó a una enorme confusión y a que se reconocieron como democráticos países que sólo habían adoptado la fachada de las elecciones. Al denunciarlo, se nos tachaba de fundamentalistas democráticos.
Por eso respondí con la tesis de que exigir que se cumpla el mínimo democrático o «paradigma democrático» no implica ningún fundamentalismo, sino «tomar la democracia en serio» y no como mera propaganda para facilitar la expansión de la Globalización. Y me decidí a presentar esos 17 rasgos mínimos que implicaba el paradigma democrático. Había asistido a un Congreso Internacional en Caracas (Universidad Central) donde proliferaban las apelaciones a «nuestro modelo democrático» (también el bolivariano, claro) que todo lo legitimaba. También recuerdo después el alegato que hizo Cebrián contra el fundamentalismo democrático en un libro lleno de falacias.
En realidad, se trata de un intento de clarificación que venía impulsando desde 1980, cuando establecí el paradigma de la antropología filosófica en un Congrso en Madrid (publicado en Fragua, 10-11, 1980, 11-20). Después seguí con los paradigmas de la política: estado justo, naturalismo político, estado legítimo (Sistema, 85, 1988, 89-106). Y también el paradigma de la Etica: justicia, solidaridad y autonomía (Philosophica Malacitana, 7, 1994, 127-146).
Un saludo cordial. José Rubio Carracedo.»

El fundamentalismo democrático en Javier Sádaba e Iñaki Anasagasti

Javier Sádaba, en enero de 1995, desde el periódico El Mundo, menciona este rótulo como otro de los tópicos introducidos por los vendedores de productos ideológicos. Las apariciones del fundamentalismo democrático en 1997 y 1998 están relacionadas con el chirriar propio de una idea abstracta, que como la de democracia, sirve también perfectamente a secesionistas vascos más o menos explícitos. Así, Iñaki Anasagasti negará al Felipe González presidente del gobierno mientras actuó el GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación, entre 1983 y 1987), autoridad moral para hablar de fundamentalismo democrático, una vez que los jueces han implicado a miembros de aquel gobierno socialista en actuaciones tan chapuceras [poco después el presidente Aznar había de indultar al ex ministro José Barrionuevo y al ex secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera]:

1995 «Al ministro de Defensa le debieron de dar un guión anti insumisión. Al mismo tiempo le soplaron lo del ‘patriotismo constitucional’. No creo que fuera ocurrencia del ministro porque, a pesar de que la frase es conocida, se usa en círculos familiarizados con el filósofo Habermas. Todo un síntoma respecto a los que le soplan. No es que la frase sea genial ni de excitante originalidad. Es una expresión, sin embargo, que llega con facilidad a los fieles; a aquéllos que convierten un tópico adornado en un pensamiento interesante. Sucede otro tanto con la expresión ‘fundamentalismo democrático’. Los vendedores del producto pueden sentirse satisfechos porque siempre estarán dispuestos a hacer de altavoz los que, a falta de pan, viven de tortas.» (Javier Sádaba, «Insumisión, otra vez», El Mundo (Tribuna libre), viernes 13 de enero de 1995.)

1997 «Resulta difícil contrarreplicar a lo que no es una réplica. En su artículo Medios democráticos y fines nacionalistas [publicado el 28 de abril], Ander Gurrutxaga se toma buen cuidado en sortear todas y cada una de las reflexiones expuestas en otro mío [del 10 de abril]. A este catedrático de Sociología le basta con repetir cien veces que la realidad vasca es muy compleja, pero sus pomposas vacuidades no ayudan ni un pelo a aclararla. Lo que es peor, contribuye (científicamente, eso sí) a ensombrecerla aún más a base de confundir unas conciencias ya bastante confusas.Y así, sitúa en el mismo plano lo que llama "fundamentalismo democrático" con cualquier otro fundamentalismo, sea nacionalista vasco o islámico.» (Aurelio Arteta, «Contrarréplica», El País, Madrid, 8 de mayo de 1997.)

1998 «Anasagasti, en declaraciones a Radio Nacional de España, afirmó que la decisión de la mayoría de los magistrados del Supremo le ha ‘sorprendido favorablemente’ y demuestra que ‘el que la hace la paga, que no hay nadie por encima de la ley’. Además, el portavoz de los nacionalistas vascos indicó que Felipe González debería dejar de pensar que puede ser presidente de la Comisión Europea. ‘Una persona –subrayó– que ha sido presidente del Gobierno y que ha tenido un ministro y un secretario de Estado de la Seguridad que teóricamente van a ser encarcelados por haber secuestrado a una persona, no creo que tenga autoridad moral para escuchar lo que hemos escuchado estos días sobre la Constitución y sobre el fundamentalismo democrático’.» (El Mundo, Madrid, jueves 23 de julio de 1998.)

«‘No creo que Felipe González tenga autoridad moral –añadió el dirigente del PNV [Iñaki Anasagasti]– para decir lo que hemos escuchado estos días sobre la Constitución y sobre el fundamentalismo democrático’.» (ABC, Madrid, viernes 24 de julio de 1998, pág. 22.)

El fundamentalismo democrático según Felipe González y Juan Luis Cebrián

En las elecciones generales del 3 de marzo de 1996 el Partido Socialista Obrero Español, capitaneado por Felipe González, en el gobierno de la Nación española desde hace quince años, obtiene quince diputados menos que el Partido Popular, siendo elegido José María Aznar nuevo presidente del Gobierno de España. La derrota democrática sufrida por estos socialdemócratas españoles llevará a sus ideólogos a colorear de manera peculiar e interesada el rótulo fundamentalismo democrático, que además creerán haber descubierto ellos y con el que se empeñarán en denominar a esos falsos conversos que se han aprovechado de la democracia para establecer el mal como «autócratas camuflados en falsos procesos electorales». El ex presidente Felipe González (1942) y el ex director de El País, consejero delegado del Grupo Prisa y miembro de la Real Academia de la Lengua, Juan Luis Cebrián (1944), a través de los poderosos medios de su grupo de comunicación, procurarán popularizar lo que presentan como un hallazgo ideológico, del que Cebrián se atribuye la paternidad. No deja de tener gracia encontrarse a Joaquín Estefanía (que también fue director de El País en su momento) asegurando en febrero de 2003 que Luciano Canfora «se apropia del concepto de fundamentalismo democrático, que atribuye a Gabriel García Márquez», teniendo que recordar Cebrián en mayo de 2003 por si acaso, con no poco desahogo, que es él quien ha acuñado tal rótulo («He acuñado una expresión que llamo el fundamentalismo democrático para definir a los que imaginan una democracia auténtica, o una democracia pura o incorrupta») con el que titulará además un libro muy difundido y jaleado a finales de ese año de 2003. La apoteosis del fundamentalismo democrático de González-Cebrián y adláteres se producirá en los primeros meses de 2004, en plena campaña electoral contra el Partido Popular, hasta pocos días antes de que los asesinatos ejecutados por el fundamentalismo mahometano el 11M marcasen decisivamente las elecciones generales del 14 de marzo de 2004: el 4 de febrero Cebrián denuncia «el fundamentalismo democrático, una enfermedad que la derecha española padece hasta el extremo»… el 26 de febrero González y Cebrián debaten en Sevilla sobre el fundamentalismo democrático, «eso que en nombre de la democracia desvirtúa la democracia»…:

2000 «Como la democracia es un sistema imperfecto, que sólo se salva por ser mucho mejor que todos los demás que se han inventado y ensayado, a todos los que aspiramos a vivir en él nos conviene librarnos de dictadores y autócratas camuflados en falsos procesos electorales. Pero el fundamentalismo democrático, al uso de conversos, ayuda a los anteriores e impide, con frecuencia, recorrer el camino del perfeccionamiento del sistema democrático, inherente a su misma imperfección.» (Felipe González Márquez, «¿Perú im-posible?», El País, Madrid, 17 de junio de 2000.)

«El periodista y académico Juan Luis Cebrián alertó ayer en una conferencia pronunciada en la Universidad de Guadalajara contra la tendencia al fundamentalismo democrático y al pensamiento único que hoy se observa en la sociedad. Dentro del seminario sobre la transición española y el papel de los medios de comunicación, organizado por la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, Cebrián definió al fundamentalista como alguien ‘basado siempre en certezas, sean éstas científicas o ideológicas, alguien que tiene una concepción cerrada del mundo, una perspectiva única de la convivencia, y al que alienta un impulso apostólico tendente a difundir la verdad de que es portador’. ‘Y, aunque muchos no lo quieran reconocer’, dijo a los universitarios mexicanos, ‘beben con naturalidad pasmosa en los orígenes sociales y psicológicos del fascismo’. Acompañado de los escritores Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, el periodista, escritor y académico explicó que la mentalidad fascista fue definida por Wilhelm Reich como ‘la del pequeño hombre, mezquino, sometido, ávido de autoridad y a la vez rebelde’. ‘Este pequeño hombre, añado yo, deseoso de incorporarse a las modas democráticas, y aun sinceramente admirador de los sistemas políticos que las encarnan’.» (Juan Jesús Aznárez, «Cebrián, contra el fundamentalismo democrático», El País, 26 de noviembre de 2000.)

2001 «Hace unos días, Felipe González acuñaba la expresión ‘fundamentalismo democrático’ para referirse al estilo de gobernar de Aznar. Juan Luis Cebrián desarrolló anteayer este concepto en su conferencia en el Club Siglo XXI, en la que dibujó –confundiendo sus deseos con la realidad– a un Aznar con vocación totalitaria y nostalgia de un pasado fascista.» («Fundamentalismo democrático y accidentalismo delictivo», El Mundo (Opinión, impresiones), miércoles 30 de mayo de 2001.)

2003 «El catedrático italiano Luciano Canfora […] denuncia la utilización arrogante del término democracia y se apropia del concepto de "fundamentalismo democrático", que atribuye a Gabriel García Márquez, para describir los cambios en el sistema democrático, que en frecuentes ocasiones anulan su esencia.» (Joaquín Estefanía, «La democracia existente», El País, Madrid, 22 de febrero de 2003)

«Mi obsesión es defender al final lo que creo que es evidente, que la democracia es un método de gobernar, la democracia no es metafísica, es un método de convivencia. He acuñado una expresión que llamo el "fundamentalismo democrático" para definir a los que imaginan una democracia auténtica, o una democracia pura o incorrupta. Pienso que la democracia padece todas las corrupciones, contradicciones y miserias del género humano, y lo que hace es ponerlas de relieve y buscar soluciones.» (Juan Luis Cebrián, entrevistado por María Luis Blanco, El País, Madrid, 17 de mayo de 2003.)

Juan Luis Cebrián, El fundamentalismo democrático, Taurus, Madrid 2003, 179 págs. [D.L. M 51590-2003].

2004 «El periodista y escritor Juan Luis Cebrián denunció ayer el fundamentalismo democrático, "una enfermedad que la derecha española padece hasta el extremo" pero que también afecta a gobernantes de otros países, en especial a George W. Bush. A su juicio, Bush y José María Aznar "utilizan la democracia en función de su poder y son capaces de vulnerarla allá donde pueden". Cebrián aseguró que la extrema deformación del fundamentalismo democrático es la guerra preventiva, "el ataque anticipatorio, como lo definió Aznar ante la cúpula de los militares españoles" cuando defendió el apoyo del Gobierno español a la ocupación de Irak.» (Juan G. Ibáñez, «Cebrián denuncia el ‘fundamentalismo democrático’», El País, Madrid, 4 de febrero de 2004.)

«En la actualidad, asistimos a una pugna a escala mundial entre el integrismo islámico y el antiterrorismo made in USA para cargar sobre el otro la culpabilidad diabólica en la confrontación. De un lado, integristas y fundamentalistas de todo tipo denuncian la intención maléfica de la cruzada de Occidente para aplastar al islam, con Bush y el sionismo a la cabeza. De otro, el presidente norteamericano define toda su política exterior en clave de un antiterrorismo, legitimado los por atentados del 11-S, lo cual le ha permitido adoptar las decisiones más insensatas y más agresivas con tal de que respondan al objetivo sagrado de acabar con los agentes reales o imaginados del terror. […] En España, el recurso a la culpabilidad diabólica entra en escena de la mano de José María Aznar. Su propensión autoritaria pasó a primer plano con la victoria electoral por mayoría absoluta y encontró la longitud de onda apropiada tras el 11-S. Por fin todas las piezas encajaban. La lucha contra el terrorismo de ETA engarzaba con la exigencia de una estrategia antiterrorista mundial. […] Lo peor es que el PSOE se ha contagiado en buena medida del maniqueísmo exhibido por el presidente del Gobierno. […] Sólo faltaba que Juan Luis Cebrián aportase el concepto-ariete de fundamentalismo democrático. En su libro, la expresión tiene un contenido bien acotado; ya ha comenzado a registrarse, sin embargo, un uso del mismo tendente a descalificar toda defensa del orden constitucional hoy vigente. El discurso demagógico que tiene en su punto de mira a la configuración actual de nuestra democracia no dudará en trazar puentes con otra aportación, por llamarla de alguna manera, la que en el libro póstumo de Vázquez Montalbán introduce la calificación de nacionalconstitucionalismo de las JONS, en el marco de un "aznarismo" remake del franquismo.» (Antonio Elorza, «La culpabilidad diabólica», El País, Madrid, 21 de febrero de 2004.)

«Juan Luis Cebrián, académico de la Lengua, recibió ayer nuevas definiciones que completan su propio concepto de fundamentalismo democrático, eje de su libro El fundamentalismo democrático (Taurus). Según Cebrián, fundamentalismo democrático es la apropiación indebida que da el poder del voto para imponer una forma autoritaria de democracia, que se ha advertido en los últimos cuatro años de Gobierno del Partido Popular en España. En un debate celebrado a mediodía de ayer en el marco de las tertulias de la librería Crisol, el historiador José Álvarez Junco explicó que "el fundamentalismo democrático es un sistema de certezas o de creencias" que olvida la opinión de los demás e ignora que "la democracia es un instrumento, pero no una certeza". En el mismo debate, el sociólogo y ex ministro de Educación José María Maravall expresó su idea de que "el fundamentalismo es un abuso de poder basado en el mandato de los ciudadanos". Alertó también Maravall sobre el hecho de que en ocasiones "son cuestionables las estrategias para alcanzar ese poder".» (Juan G. Ibáñez, «Juan Luis Cebrián recibe nuevas definiciones de ‘fundamentalismo democrático’», El País, Madrid, 23 de febrero de 2004.)

«El ex presidente Felipe González y Juan Luis Cebrián debatirán esta tarde en Sevilla sobre El fundamentalismo democrático, título del último libro del escritor, periodista y académico Cebrián, editado por Taurus. En palabras del autor, con este libro trata de analizar "qué es eso que en nombre de la democracia desvirtúa la democracia" al tiempo que denuncia las tendencias totalizadoras de los poderes públicos. […] Fue en México donde empezó a gestarse esta última obra de Cebrián, quien fue invitado a presentar una conferencia sobre El fundamentalismo democrático en la cátedra Julio Cortázar, dirigida por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.» («González debate con Cebrián sobre el ‘fundamentalismo democrático’», El País, Sevilla, 26 de febrero de 2004.)

El fundamentalismo democrático no se agota en los sentidos ideológicos precedentes

José Manuel Otero Novas (1940), fundador y miembro del Grupo Tácito durante el tardofranquismo, y ministro de la Presidencia y ministro de Educación en gobiernos de Adolfo Suárez, publica en octubre de 2001 el libro Fundamentalismos enmascarados. Los extremismos de hoy, en el que dedica un capítulo a tratar del fundamentalismo democrático (del que está ausente, como es natural, el sentido ideológico que González-Cebrián estaban aún larvando). El martes 8 de enero de 2002 tuvo lugar la presentación de este libro en el Club de Prensa Asturiana de La Nueva España, en un acto en el que intervinieron, además del autor, el empresario Francisco Rodríguez y el filósofo Gustavo Bueno.

2001 «Durante la ceremonia de inauguración de la UCM, López Obrador se comprometió a respetar la independencia académica y administración de esta nueva casa de estudios y a explorar los procedimientos más adecuados para otorgarle la autonomía que debe caracterizar a la universidad. En el Museo de la Ciudad de México, el funcionario refirió el deliberado abandono de la educación pública como parte de una estrategia excluyente del Gobierno Federal y calificó de inaceptable e injusto que en aras del fundamentalismo democrático el Estado incumpla con su responsabilidad de garantizar educación a todos los mexicanos.» («Deliberado Abandono de la Educación Pública», Excélsior, México, 4 de septiembre de 2001.)

2001 «VIII. El fundamentalismo democrático. […] Sacralizar la democracia, creer que es algo en sí mismo trascendente e inmutable, conduce a desvirtuarla y puede llevar a diversas formas de Fundamentalismo. A formas de Fundamentalismo democrático. Fundamentalismo derivado de la pretensión de imponer el sistema y la verdad incluso a quienes no lo quieren, y, como ocurre con frecuencia, de imponerlo uniformemente según alguna de las alternativas en que se puede instrumentar el principio democrático. Cuando una regla se convierte en dogma, el Fundamentalismo tiene su base establecida. En el Fin de la Historia, Francis Fukuyama expresó muy bien el sustrato del Fundamentalismo democrático actual tras la caída del muro de Berlín, cuando dice que hemos llegado a un ‘punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como forma final de gobierno humano’ […] El fundamentalismo del principio democrático. […] El fundamentalismo sobre la regla democrática de las mayorías. […] El fundamentalismo democrático aplicado al campo de la educación. […] El pernicioso efecto conservador del Fundamentalismo democrático.» (José Manuel Otero Novas, Fundamentalismos enmascarados. Los extremismos de hoy, cap. VIII. El fundamentalismo democrático, Ariel, Madrid 2001 (octubre), págs. 375-408.)

El fundamentalismo democrático desde el materialismo filosófico

El filósofo Gustavo Bueno fue invitado por Gabriel Albiac, a finales de 2001, en nombre de la editorial La Esfera de los Libros (del mismo grupo que el periódico El Mundo) a escribir un Panfleto contra la democracia. Gustavo Bueno aceptó el encargo, pero ampliando el título del libro propuesto: Panfleto contra la democracia realmente existente. Aunque el original del Panfleto… fue entregado a la editorial en septiembre de 2002 [fue escrito por su autor antes que El mito de la Izquierda, que apareció en marzo de 2003], no estuvo en las librerías hasta enero de 2004. El primer capítulo del libro está dedicado al análisis del fundamentalismo democrático.

2003 «La Democracia {8. Gustavo Bueno en conferencia sobre la Democracia en Madrid, este año 2003} procede de la técnica procedimental de selección de algo mediante un consenso mayoritario, por ejemplo los pasajeros de un bus para decidir la dirección en una intersección. Pero en el ejército o en la Física, como en otros ámbitos como la Economía (sostiene el RL) no se puede imponer la democracia, tampoco en la Iglesia, &c. Y cuando el procedimiento de selección se impone sobre el Demos, como materia política, se da la "democracia". La forma de decisión es votar, y con ello la posibilidad de elegir entre varios candidatos (representantes). Hoy en día la "democracia parlamentaria homologada" es fomentada por la ideología del fundamentalismo democrático.» (Antonio Muñoz Ballesta, «El materialismo filosófico liberal auténtico: entre Bueno y Hans Hoppe», El Catoblepas, nº 22:10, diciembre 2003.)

2004 «Capítulo I. El fundamentalismo democrático. Fundamentalismo e integrismo.– Sobre el fundamentalismo en general.– La definición del fundamentalismo supone alguna clasificación de las sociedades políticas. – El «momento genérico» y los «momentos específicos» de una sociedad política. – Dos versiones del fundamentalismo democrático. – El fundamentalismo y lo específico de la democracia. – Definición dialéctica y metafísica del fundamentalismo democrático. – Las dos alternativas de fundamentalismo oloárquico. – Sobre la «transición» democrática española.» (Gustavo Bueno, Panfleto contra la democracia realmente existente, La Esfera de los Libros, Madrid 2004 [D.L. M 51797-2003], págs. 35-48.)

«Algunas personas que se sienten integradas en una "tradición de izquierda democrática culta y progresista" descalificaron airadamente mis reservas "sin necesidad de más comentarios": su fundamentalismo democrático era tan acendrado que llegaron a insinuar que el mero hecho de poner reservas a esta sentencia del Rey, que, al parecer, ellos ven como sagrada en democracia, testimonia una proximidad al fascismo o a la intolerancia.» (Gustavo Bueno, «Sobre el aforismo "Hablando se entiende la gente"», El Catoblepas, nº 24:2, febrero 2004.)

«Sobre la teleología del fundamentalismo democrático y la disolución del orden. […] El fundamentalismo democrático, en su bonachona esperanza de salvar al pueblo, dará a la confluencia aleatoria un sesgo místico, finalístico.» (José María Rodríguez Vega, «El Nomos melodioso», El Catoblepas, nº 29:16, julio 2004.)

«Fundamentalismo democrático, Idea de España y secesionismo. […] Salvando algunas partes, en las que se relatan episodios históricos segregables del marco ideológico en el que se insertan, la mayoría de los textos representan genuinamente la ideología del fundamentalismo democrático.» (Atilana Guerrero Sánchez, «España en El Mundo», El Catoblepas, nº 31:14, septiembre 2004.)

«Parece como si Arroyo con tanta ansia de participación y debate previo a una ley orgánica anduviera preso de un cierto fundamentalismo democrático, ya que el contenido fundamental de esa ideología es precisamente la idea de la democracia como una suerte de oloarquía, un hipotético sistema de gobierno en el que la soberanía está ejercida por "todo el pueblo".» (Antonio Romero Ysern, «Para entender la concepción de la filosofía de Arroyo Pomeda», El Catoblepas, nº 31:16, septiembre 2004.)

«El fundamentalismo democrático es esa ideología de nuestro tiempo que sostiene que las sociedades políticas democráticas realmente existentes realizan la idea de democracia. […] De ahí brota la ideología fundamentalista democrática, en sostener que hay algo así como una voluntad general, de todos, cuando eso no existe. […] Entre nosotros se habla sin ningún pudor de déficit democrático. Esta es la posición del fundamentalismo democrático. Frente a él Bueno sitúa en el extremo opuesto, el funcionalismo democrático. […] El fundamentalismo democrático es una ideología delirante, mítica, fanática, peligrosa, porque sostiene nada más y nada menos que "la Idea de democracia es el fundamento de toda sociedad política: la democracia fundamental sería, según esto, la concepción de la democracia como fundamento de cualquier sociedad política" (pág. 35). El fundamentalismo democrático niega toda legitimidad política a una sociedad política no democrática, más aún, le niega siquiera el título de sociedad política. Esto es puro dogmatismo.» (Felipe Giménez Pérez, «Acerca de la Democracia y Gustavo Bueno», El Catoblepas, nº 31:19, septiembre 2004.)

«Resumiendo: para los nacionalistas fraccionarios, fundamentalistas democráticos, España es un "déficit democrático". […] En principio, pues, para el secesionista, fundamentalista democrático, descubrir la identidad histórica de España, es precisamente descubrir la justificación del secesionismo. […] Para el secesionista, fundamentalista democrático, bienvenida sea pues una nueva Historia de España que no puede eludir, si quiere llamarse tal, estos hitos que definen la esencia de España, su "negra identidad".» (Pedro Insua Rodríguez, «El Mundo y su "Historia de España": "licencia desbocada" sobre la Inquisición española », El Catoblepas, nº 31:20, septiembre 2004.)

«Hoy (cuando muchas generaciones de izquierda, especialmente la quinta, han perdido gran parte de su atractivo) se ha puesto casi toda la carne en el asador en la ideología del Fundamentalismo Democrático, y se prefiere culpar de las desgracias del "pueblo" (o "pueblos": naciones fraccionarias) a la "falta de democracia". Se pide "más democracia" para todo. Pero los culpables (que se negarían a ser "más democráticos") siguen siendo los mismos: los herederos imperialistas de una España abominable.» (Antonio Sánchez Martínez, «Contra las mentiras de Enrique Moradiellos en 1936, los mitos de la Guerra Civil», El Catoblepas, nº 32:11, octubre 2004.)

«A mi entender, el defecto más grave que encuentro en las tesis de Pío Moa, quizás no suficientemente resaltado en esta revista durante la citada polémica sobre la II República y la Guerra Civil, es su fundamentalismo democrático, producto de su análisis de la II República y la guerra civil desde la perspectiva de la democracia liberal.» (José Manuel Rodríguez Pardo, «De Octubre de 1934 a Octubre de 2004, con el antifranquismo y el nacionalismo como trasfondo», El Catoblepas, nº 33:15, noviembre 2004.)

«Estos dos supuestos ponen las bases para un fundamentalismo (democrático) que al fin y a la postre se convierte en un dogmatismo (democrático). Fundamentalismos y dogmatismos de los que precisamente una "Educación para la Ciudadanía" (democrática) abominaría de forma contundente.» (Demetrio Pérez Fernández, «Sobre la denominada "Educación para la Ciudadanía"», El Catoblepas, nº 33:22, noviembre 2004.)

«…estarían penetradas las democracias homologadas realmente existentes (y para más INRI con la carga de fundamentalismo democrático que una tesis como esa lleva aparejada)…» (Iñigo Ongay, «Las izquierdas, la derecha y la racionalidad», El Catoblepas, nº 34:12, diciembre 2004.)

2005 «Cuando nadie en su sano juicio mantiene hoy ya el "agustinismo político", ¿no es acaso citarlo una maniobra para implantar el "utopismo idealista" y el fundamentalismo democrático de quien da por supuesto que hemos llegado ya al "Mundo Feliz", al "final racional e ilustrado de la Historia de Europa"? Tesis inherente a la pretensión de que la "Educación para la ciudadanía" va a hacer a nuestros jóvenes mejores personas por el mero hecho de que conozcan las Leyes.» (Miguel Ángel Navarro Crego, «Por la enseñanza pública de calidad. ¡Sin filosofía no hay ciudadanía!», El Catoblepas, nº 40:1, junio 2005.)

«Sin embargo, los detalles son aquí decisivos, porque ellos son la única manera de corregir el sesgo ideológico de la moción y del Parlamento en pleno que la aprobó: el sesgo del "fundamentalismo democrático". Fundamentalismo desde el cual el terrorismo se nos presenta, ante todo, como un ataque a la democracia, que sólo podría combatirse con "más democracia" y con más "Estado de derecho".» (Gustavo Bueno, «El referéndum español, francés y holandés, y la "resolución 80" del Congreso de los diputados españoles: cuatro trucos de la democracia realmente existente», El Catoblepas, nº 40:2, junio 2005.)

«Según este criterio, la izquierda mexicana, si acaso en algún momento alguna corriente tuvo claridad respecto de su posición filosófica, se ha desplazado, en todo caso y con total complacencia, a una posición de absoluto idealismo político (fundamentalismo democrático, armonismo, pacifismo, diálogo democrático sublime, tolerancia cultural y multiculturalismo, la izquierda como actitud ética, la izquierda como "aceptación del otro" y de la diversidad, &c.).» (Ismael Carvallo Robledo, «Notas para una clasificación de las izquierdas mexicanas en el siglo XX», El Catoblepas, nº 43:4, septiembre 2005.)

«Esta crítica podría estar en colindancia con la crítica al fundamentalismo democrático de Gustavo Bueno y estará dirigida primordialmente a uno de los más destacados teóricos de la Democracia y la democratización: Samuel P. Huntington.» (Félix Martínez Ramírez, «El espejismo de la política: notas para leer la "democratización en México"», El Catoblepas, nº 44:4, octubre 2005.)

«Si "los demócratas" no se entienden a sí mismos como españoles (con un territorio, lengua, proyectos, costumbres, leyes, &c., resultado de un proceso histórico muy concreto) muy poco podrán oponer a quienes buscan independizarse de España desde un nacionalismo fraccionario que también sabe apelar a dicha democracia abstracta y que, de hecho, está sacando mucho jugo al "fundamentalismo democrático" para copar competencias "autónomas" en la dirección y gestión de los poderes de las distintas capas del estado.» (Antonio Sánchez Martínez, «La guerra civil española, mes a mes», El Catoblepas, nº 44:24, octubre 2005.)

2006 «Asimismo, el mismo 22 de marzo, con el comunicado de la banda terrorista ETA de su "alto el fuego permanente", publicaron una declaración llena de solidaridad con el terrorismo etarra y plagada de fundamentalismo democrático en línea similar a lo ya presentado.» (José Manuel Rodríguez Pardo, «El mito de la Izquierda Castellana», El Catoblepas, nº 51:10, mayo 2006.)

«Por que, una vez desaparecida la idea y realidad del Socialismo realmente existente, Idea que definió en buena medida a grandes corrientes históricas de la izquierda, a estas izquierdas de hoy, cuando no se convierten en izquierdas indefinidas, no les ha quedado más que enumerar programas de políticas públicas con "mayor énfasis en la parte social", o acaso en plegarse al discurso del fundamentalismo democrático según el cual todas las luchas políticas conducen a la democracia electoral y de mercado.» (Ismael Carvallo Robledo, «Tesis de Gijón», El Catoblepas, nº 53:4, julio 2006.)

«Para ello se apoyaba en las estadísticas (que muestran una amplia mayoría de la población a favor de la enseñanza del Diseño Inteligente); llevando así, hay que reconocérselo, a la mayor coherencia el fundamentalismo democrático.» (Lino Camprubí Bueno, «Diseño Inteligente y estudios anglosajones de la ciencia», El Catoblepas, nº 53:11, julio 2006.)

«Empleando la distinción de Gustavo Bueno en Panfleto contra la democracia realmente existente, por momentos Revel camina por el filo de la navaja, por la borrosa frontera que separa el funcionalismo democrático del fundamentalismo democrático. Esta patología suelen padecerla múltiples filósofos de raigambre liberal, aunque 'en honor a la verdad' Revel la sufre de modo asombrosamente leve (¿quizá por su materialismo ateo?). De facto, el fundamentalismo democrático, que ya digo que en ocasiones afecta a bastantes filósofos de orientación liberal, suele presentarse en dos modulaciones 'que también planean por la obra de Revel': una variante social y otra individual. Es conveniente que nos detengamos en el análisis de ambas.» (Carlos M. Madrid Casado, «Obituario de Jean-François Revel», El Catoblepas, nº 54:10, agosto 2006.)

«Para entender la dinámica política actual (desde el punto de vista de España) en la que, según pensamos, hay peligro de que nuestra patria se fraccione, o de que en Iberoamérica se pronuncie aún más su actual división, hay que tener en cuenta diversos factores, entre los que cabe destacar el Fundamentalismo Democrático (unido estrechamente, también, a los movimientos indigenistas) o el Pensamiento Alicia (con claras tendencias gnósticas).» (Antonio Sánchez Martínez, «El lastre de la Leyenda Negra para la conformación de una política con plataforma en el continente Iberoamericano», El Catoblepas, nº 55:13, septiembre 2006.)

«Esto no significa que Gustavo Bueno esté a favor de la dictadura. Simplemente está en contra del pensamiento Alicia sobre la democracia. Está en contra del fundamentalismo democrático, de la metafisica. […] Hay que rechazar el fundamentalismo democrático que intenta convencernos de que todo se soluciona con más democracia y hacernos creer que la democracia es la base de todo.» (Felipe Giménez Pérez, «El presidente Zapatero, fiel exponente del Pensamiento Alicia», El Catoblepas, nº 56:19, octubre 2006.)

2007 «Dentro de la rúbrica (A) entrarían la mayoría de fundamentaciones liberales al uso 'colindantes con el fundamentalismo democrático': si nuestro sistema económico-político es eutáxico, es gracias únicamente a que disfrutamos de una democracia; recíprocamente, la eutaxia y el mercado sufrirán en la medida en que aparezcan déficits democráticos.» (Carlos M. Madrid Casado, «De compras en el mercado pletórico», El Catoblepas, nº 60:1, febrero 2007.)

«Tesis históricas, las de Pío Moa, que cobran, por cierto, especial fuerza ad hominem frente a unas izquierdas ecualizadas con la derecha por su común aceptación de la democracia. La fuerza de las tesis de Moa proviene, en gran medida, de poner en evidencia la falsa conciencia de las izquierdas de la "memoria histórica", que quieren proyectar hacia el pasado su actual fundamentalismo democrático. Otro asunto es qué valoración se pueda hacer de esa "satelización" por parte de la URSS del gobierno del Frente Popular cuando no se comparta el fundamentalismo democrático de Don Pío y de las izquierdas ecualizadas.» (Antonio Romero Ysern, «"El orgullo de sentirnos españoles" (1938) de Jesús Hernández Tomás», El Catoblepas, nº 65:1, julio 2007.)

«Pero la memoria histórica en realidad no puede sino ser una adaptación de los recovecos del pasado en el presente, ignorando aquello que resulte molesto para el fundamentalismo democrático que, cual babosa, se filtra entre nosotros.» (José Manuel Rodríguez Pardo, «El inverosímil Laberinto del Fauno», El Catoblepas, nº 67:14, septiembre 2007.)

«El revolucionario no lucha sólo contra el capitalismo (como todos los Antisistema de la izquierda indefinida, desde los veganos militantes a los etarras, atrapados en el más inconsciente Fundamentalismo Democrático) o sólo contra el Sistema Político democrático (como los fascistas, neofascistas, anarcocapitalistas o fundamentalistas e integristas religiosos de toda clase). El revolucionario, según mi análisis, lucha contra ambas cosas.» (Santiago Javier Armesilla Conde, «Reformulación de los conceptos de Sistema, Antisistema, Revolucionario, Reaccionario y Orden Establecido», El Catoblepas, nº 68:13, octubre 2007.)

«No, esta imposición es la corroboración histórica de una realidad política que, de seguirse viendo a la luz teñida por los filtros del fundamentalismo democrático (una de las ideologías más oscuras y efectivas de nuestro tiempo según la cual la Democracia, con mayúscula, es un principio, o mejor, es EL principio sublime que rige el rumbo de la Humanidad; la Democracia, con mayúscula, como la idea eterna que todo lo soluciona), seguirá oculta hasta el día en que todo estalle. Porque la democracia, tal como es manejada por la élite de periodistas, analistas y políticos ideológicamente correctos, es un mito oscuro y confuso (porque hay mitos claros y distintos).» (Ismael Carvallo Robledo, «Fraude, México 2006 y el mito de la democracia», El Catoblepas, nº 69:4, noviembre 2007.)

2008 «El fundamentalismo democrático es esencial a este "ateísmo canalla". Es la garantía de que las imperfecciones que hay en el mundo, causadas por las religiones entendidas unívocamente, pueden echarse en la cuenta de los déficits que en un futuro, y entre otros agentes gracias a la FIdA, se compensarán, con un superávit.» (Atilana Guerrero Sánchez, «Primer Concilio Ateo, la hetería felicitaria del ateísmo canalla», El Catoblepas, nº 71:1, enero 2008.)

«El círculo socrático no se caracterizaba precisamente por su democratismo. En ese círculo filosófico fue donde por primera vez en la historia se construyó una teoría filosófica crítica con el fundamentalismo democrático. Los discípulos de Sócrates eran aristócratas y oligarcas. No eran precisamente por ello demócratas.» (Felipe Giménez Pérez, «Antístenes y la democracia», El Catoblepas, nº 73:12, marzo 2008.)

«Desde nuestro parecer, tras estas disertaciones humanistas se encierra una propuesta de transformación de la filosofía en ancilla democratiae. En una teología natural circundada por la teología dogmática de la declaración universal de los derechos humanos y del fundamentalismo democrático.» (Joaquín Robles López, «El materialismo imaginario», El Catoblepas, nº 76:17, junio 2008.)

«Tendremos en cuenta, en esta ocasión, dos distinciones binarias muy conocidas: la distinción entre democracia formal y democracia material, y la distinción entre democracia realmente existente y democracia fundamentalista (o fundamentalismo democrático).» «La distinción entre democracia técnica y democracia nematológica tampoco se corresponde biunívocamente con la distinción entre democracia realmente existente y fundamentalismo democrático. Porque la democracia técnica es sin duda una democracia realmente existente, aunque no se agota en ella, porque la democracia realmente existente también contiene, en cada caso, muchos componentes nematológicos, como hemos dicho; y el fundamentalismo democrático es una nematología de la democracia, pero no la única.» «En cambio la doctrina democrática comenzará a ver en la democracia la verdadera transformación del Género humano en una realidad libre y dueña definitivamente de su destino. Es esta una versión de las más radicales imaginables del fundamentalismo democrático. Ser demócrata comenzará a significar prácticamente lo mismo que ser hombre. Las sociedades no democráticas, o los partidos no democráticos, en general, no podrán ser considerados por el fundamentalista democrático como plenamente humanos. Para el fundamentalismo democrático "vivir en democracia" (como se dice ahora por los socialdemócratas) es equivalente a vivir en libertad, es decir, a ser hombre en sentido pleno. Por ello, todo lo bueno que pueda ser atribuido al hombre, habrá de deducirse de su condición de demócrata. En España, durante el gobierno de Zapatero, este fundamentalismo democrático ha pasado a ser el valor humano más elevado.» «El fundamentalismo democrático ha alcanzado entre los dirigentes de la sociedad española tal grado de exaltación, después de la victoria electoral de marzo de 2008, que la vicepresidenta De la Vega llegó a decir que, después de las elecciones, experimentó la más profunda "emoción democrática", y Zerolo, abanderado de la facción homosexual del PSOE, manifestó que había experimentado un "orgasmo democrático".» «El fundamentalismo democrático es una nematología de la democracia estrictamente metafísica, tan metafísica como pudiera serlo la nematología teológica del Antiguo Régimen que hacía derivar el absolutismo de la Gracia de Dios.» (Gustavo Bueno, «Consideraciones sobre la Democracia», El Catoblepas, nº 77:2, julio 2008.)

«Rodríguez Magda supone en el fondo, desde su fundamentalismo democrático, que con aplicar la forma democrática a las sociedades degeneradas regidas por teócratas sin escrúpulos, podrá lograrse definitivamente la paz y vencer el fundamentalismo islámico. Suposición vana que olvida las condiciones objetivas que sustentan a las democracias, como el mercado pletórico de bienes, y que ignora también, pese a sus críticas, el proyecto secular del islamismo de conquistar el mundo.» (José Manuel Rodríguez Pardo, «Fundamentalismo democrático frente a fundamentalismo islámico», El Catoblepas, nº 77:14, julio 2008.)

«Así pues aplicados a este quehacer entendemos, que si un fantasma recorre la docencia pública en España es el fantasma del fundamentalismo democrático.» (Miguel Ángel Navarro Crego, «Contra el "fundamentalismo democrático" en la docencia pública», El Catoblepas, nº 78:13, agosto 2008.)

2009 «Pero además, también, sin dejar las mismas coordenadas del materialismo filosófico, podría achacarse la Segunda Guerra Mundial al fundamentalismo democrático (liberal y socialdemócrata) de las democracias homologadas –Gran Bretaña, Francia– que dejaron a Hitler que, democráticamente, llegara al poder.» (José Ramón Esquinas Algaba, «Dios condene la sinrazón», El Catoblepas, nº 84:18, febrero 2009.)

«Por último cabe hablar del obstáculo que para el fundamentalismo democrático vigente supone el anarquismo, obstáculo también representado por el comunismo, en cuyo origen, y no por casualidad, se sitúa la denominada "dictadura del proletariado".» (Iván Vélez, «El honor de las injurias», El Catoblepas, nº 84:19, febrero 2009.)

«De otro modo: la filosofía independiente niega de plano el fundamentalismo democrático, así como el fundamentalismo científico; afirma que la democracia no agota la libertad humana, como si al margen de la democracia la libertad fuera impensable. Niega también de plano la tesis de la realización de la filosofía en la democracia y en el Estado de derecho, y en esta negación puede encontrar como aliados a otras posiciones, que van desde la Iglesia católica hasta el anarquismo. Según esto, la idea de ciudadanía, y de educación para la ciudadanía que puede concebir una filosofía independiente, tendrá un aspecto muy distinto del ideal de la ciudadanía democrática fundamentalista. Ante todo, porque es ineludible la crítica al fundamentalismo democrático (y a sus complementos: el fundamentalismo científico y el cultural), por tanto, a la democracia misma y a la propia idea de ciudadanía como ideal definitivo de la humanidad.» (Gustavo Bueno, «Educación para la Ciudadanía, una crítica desde la izquierda», El Catoblepas, nº 85:2, marzo 2009.)

«Sin olvidarnos la de los mismísimos profesores de filosofía, dedicados al adoctrinamiento en los valores de la armonía universal, del fundamentalismo democrático o cualesquiera "dogmas" laicos» (Joaquín Robles López, «El crucifijo y el camuflaje», El Catoblepas, nº 85:10, marzo 2009.)

«La estupidez socialdemócrata es el peor de todos los males que aquejan a la democracia moderna. El fundamentalismo democrático en su versión Alicia lleva necesariamente a la inmoralidad, a la corrupción y a la distaxia de la sociedad política, además de provocar constantes enfrentamientos sociales y políticos.» (Felipe Giménez Pérez, «Filosofía y democracia», El Catoblepas, nº 86:16, abril 2009.)

«Nuestro trasfondo histórico es bien conocido: tras la caída de la Unión Soviética, la ideología de las democracias homologadas tiene dos fuentes de alimentación: por una parte, el fundamentalismo democrático, ligado al humanismo; por otra parte, el fundamentalismo científico, asociado al progresismo. Este último hace suya la idea de que la Ciencia, en singular, es la forma más avanzada de conocimiento del Mundo, del Universo. Sociológicamente, el fundamentalismo democrático y científico supone, en España, el factor más determinante para el futuro de la filosofía. Así es: mientras que el fundamentalismo democrático reduce el porvenir de la filosofía a la enseñanza del humanismo a través de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, el fundamentalismo científico lo reduce a la enseñanza del progresismo científico y tecnológico a través de la asignatura Ciencias para el Mundo Contemporáneo» (Carlos M. Madrid Casado, «El porvenir de la Gnoseología», El Catoblepas, nº 88:16, junio 2009.)

2010 Gustavo Bueno, El fundamentalismo democrático, Temas de Hoy, Madrid 2010, 415 págs.

«Cuatro son las acepciones del rótulo "fundamentalismo democrático" que vamos a intentar delimitar, según una clasificación general del material disponible; clasificación que sin duda podría refinarse o desplegarse con acepciones más particulares. Sin embargo nos parece que la distinción entre estas cuatro acepciones del mismo rótulo será suficiente para aclarar el embrollo de los malentendidos inevitables que se producen cuando una misma expresión asume significaciones muy diversas, a la vez que involucradas las unas con las otras, según diferentes planos o criterios. Nos ha parecido conveniente denominar a estas acepciones con adjetivaciones diferentes, a efectos de claridad y de "fijación de conceptos". Las denominaciones son las siguientes: fundamentalismo democrático primario, fundamentalismo democrático canónico, fundamentalismo democrático miserable y contrafundamentalismo democrático.» (Gustavo Bueno, «Historia (natural) de la expresión fundamentalismo democrático», El Catoblepas, 95:2, enero 2010.)

GBS