Luis Enrique Aguilar León
 
1925-2008

Luis Enrique Aguilar León 1925-2008 Historiador, ensayista político y profesor cubano, nacido en Manzanillo (Oriente), aunque de niño también vivió en Cárdenas y Remedios. A los once años se mudó a Santiago de Cuba y se educó en colegios jesuitas en Santiago de Cuba (Colegio de Dolores) y en La Habana (Colegio de Belén), coincidiendo en ellos con el joven Fidel Castro. Se tituló en Derecho por la Universidad de La Habana (1949), por la Universidad Complutense de Madrid (1950) y en Relaciones Internacionales (Ph.D.) por la American University de Washington, D.C. (1967). Tomó un curso en Ciencias Sociales en la de Toulousse (1953).

Enseñó Filosofía del Derecho en la Universidad de Oriente a partir de 1951, después de ganar la cátedra en brillantes oposiciones. A mediados de los cincuenta se trasladó a La Habana a ejercer su profesión de abogado y como articulista político (Bohemia, Prensa Libre, Carteles). Fue Director de la Universidad del Aire del Circuito CMQ (radio). En 1959 fundó, junto a José Ignacio Rasco, Dámaso Pasalodos y otros, el Movimiento Demócrata Cristiano (MDC), pronto proscrito por el nuevo gobierno revolucionario y que, en el exilio, se unió a otras organizaciones en los primeros intentos de derribar violentamente al nuevo régimen. En el exilio desde 1960, enseñó en Columbia University, N.Y., en 1961-62, y en Georgetown University en Washington, D.C. a partir de 1962, con un intervalo en Cornell University en Ithaca, N.Y. de 1969 a 1970. En 1988 inauguró la Cátedra Emilio Bacardí Moreau sobre Estudios Cubanos de la Universidad de Miami antes de volver a Georgetown University y allí jubilarse en 1992 como profesor emérito de historia, después de 30 años de docencia en ese centro. Ha sido Senior Fellow del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami, y por cuatro años hasta el 2002 profesor de la misma.

Ha publicado prolíficamente en prensa y revistas sobre temas cubanos e internacionales (Washington Post, Diario Las Américas) y de 1994 a 2004 en El Nuevo Herald de Miami con una columna semanal (publicada con frecuencia en inglés en The Miami Herald). En su trayectoria de profesor ha dictado cursos en diversos centros, entre otros, en el «Centre de la Amerique Latine» en París y en St. Antony’s College en Oxford, Inglaterra, en 1995. Ha disertado sobre estos temas en numerosas conferencias en Estados Unidos, Hispanoamérica y Europa. Políticamente ha mantenido su filiación con el Partido Demócrata Cristiano de Cuba en el exilio, hoy integrado en la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). Residió últimamente en Cayo Vizcaíno, Florida, donde murió el 5 de enero de 2008 a causa del mal de Altzheimer.

Su época estudiantil en Santiago de Cuba y en La Habana cuando tuvo ocasión de conocer a Fidel Castro ha sido evocada recientemente en un libro norteamericano de estilo periodístico: The Boys from Dolores, de Patrick Symmes (Pantheon, Nueva York 2007, 352 págs), quien recoge testimonios de varios de los compañeros del futuro gobernante.

Dos breves textos periodísticos de Luis E. Aguilar León, recogidos a continuación, uno escrito en Cuba y el otro en el exilio, han quedado para la posteridad como más popularmente emblemáticos de sus ideas y de su propia personalidad.

El primero es «La hora de la unanimidad» publicado en el diario Prensa Libre de La Habana, el 13 de mayo de 1960, a raíz de la clausura del Diario de la Marina por el gobierno de Fidel Castro. Fue un artículo de gran valentía que precipitó el cierre también de Prensa Libre pocos días después y la pronta salida del autor hacia el exilio.

La hora de la unanimidad
Prensa Libre, La Habana, 13 de mayo de 1960

La libertad de expresión, si quiere ser verdadera, tiene que desplegarse sobre todos y no ser prerrogativa ni dádiva de nadie. Tal es el caso. No se trata de defender las ideas del Diario de la Marina; se trata de defender el derecho del Diario de la Marina a expresar sus ideas. Y el derecho de miles de cubanos a leer lo que consideren digno de ser leído. Por esa plena libertad de expresión y de opción se luchó tenazmente en Cuba. Y se dijo que si se comenzaba por perseguir a un periódico por mantener una idea, se terminaría persiguiendo todas las ideas. Y se dijo que se anhelaba un régimen donde tuvieran cabida el periódico Hoy, de los comunistas, y el Diario de la Marina, de matiz conservador. A pesar de ello, el Diario de la Marina ha desaparecido como expresión de un pensamiento. Y el periódico Hoy queda más libre y más firme que nunca.
Evidentemente el régimen ha perdido su voluntad de equilibrio.
Para los que anhelamos que cristalice en Cuba, de una vez por todas, la libertad de expresión. Para los que estamos convencidos de que en esta patria nuestra la unión y la tolerancia son esenciales para llevar adelante los más limpios y fecundos ideales, la desaparición ideológica de otro periódico tiene una triste y sombría resonancia. Porque, preséntesele como se le presente, el silenciamiento de un órgano de expresión pública, o su incondicional abanderamiento en la línea del gobierno, no implica otra cosa que el sojuzgamiento de una tenaz postura crítica. Allí estaba la voz y allí estaba el argumento. Y como no se quiere, o no se puede, discutir el argumento, se hizo imprescindible ahogar la voz. Viejo es el método, bien conocido son sus resultados.
He aquí que va llegando a Cuba la hora de la unanimidad: la sólida e impenetrable unanimidad totalitaria. La misma consigna será repetida por todos los órganos publicitarios. No habrá voces discrepantes, ni posibilidad de crítica, ni refutaciones públicas. El control de todos los medios de expresión facilitará la labor persuasiva: el miedo se encargará del resto. Y, bajo la vociferante propaganda, quedará el silencio. El silencio de los que no pueden hablar. El silencio cómplice de los que, pudiendo, no se atrevieron a hablar.
Pero, se vocifera siempre, la patria está en peligro. Pues si lo está, vamos a defenderla haciéndola inatacable en la teoría y en la práctica. Vamos a esgrimir las armas, pero también los derechos. Vamos a comenzar por demostrarle al mundo que aquí hay un pueblo libre, libre de verdad, donde pueden convivir todas las ideas y todas las posturas. ¿O es que para defender la justicia de nuestra causa hay que hacer causa común con la injusticia de los métodos totalitarios? ¿No sería mucho más hermoso y más digno ofrecer a toda la América el ejemplo de un pueblo que se apresta a defender su libertad sin menoscabar la libertad de nadie, sin ofrecer ni la sombra de un pretexto a los que aducen que aquí estamos cayendo en un gobierno de fuerza?
Lamentablemente, tal no parece ser el camino escogido. Frente a la sana multiplicidad de opiniones se prefiere la fórmula de un solo guía y una sola consigna, y una total obediencia. Así se llega a la unanimidad totalitaria. Y entonces ni los que han callado hallarán cobijo en su silencio. Porque la unanimidad totalitaria es peor que la censura. La censura nos obliga a callar nuestra verdad; la unanimidad nos fuerza a repetir la mentira de otros. Así se nos disuelve la personalidad en un coro colectivo y monótono.
Y nada hay peor que eso para quienes no tienen vocación de obedientes rebaños.

El segundo es «He aquí que el Profeta hable de los cubanos», publicado en el diario Las Américas de Miami en diciembre de 1986 y en el que, imitando a Kahlil Gibrán en El Profeta, critica irónicamente y con amargo dulzor la idiosincracia cubana.

He aquí que el Profeta hable de los cubanos
Las Américas, Miami, diciembre 1986

Desde una roca en el puerto, el Profeta contemplaba la blanca vela de la nave que a su tierra natal había de llevarlo. Una mezcla de tristeza y alegría inundaba su alma. Por nueve años sus sabias y amorosas palabras se habían derramado sobre la población. Su amor lo ataba a esa gente. Pero el deber lo llamaba a su patria. Había llegado la hora de partir. Atenuábase su melancolía pensando que sus perdurables consejos llenarían el vacío de su ausencia.
Entonces un político de Elmira se le acercó y le dijo: Maestro, háblanos de los cubanos.
El profeta recogió en un puño su alba túnica y dijo:
«Los cubanos están entre vosotros, pero no son de vosotros. No intentéis conocerlos porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hace de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen.
«Nunca subestimes a los cubanos. El brazo derecho de San Pedro es un cubano, y el mejor consejero del Diablo es también cubano. Cuba no ha dado ni un santo ni un hereje. Pero los cubanos santifican entre los heréticos, y heretizan a los santos. Su espíritu es universal e irreverente. Los cubanos creen en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada, y en los horóscopos al mismo tiempo. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. No creen en nadie y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones.
No discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben. No necesitan viajar, todo lo han visto. Los cubanos son el pueblo elegido… de ellos mismos. Y se pasean entre los demás pueblos como el espíritu se pasea sobre las aguas.
Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De ahí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos es imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo, menos conseguir el aplauso de otros cubanos.
No les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, y los cubanos son hiperbólicos y desmesurados. Si os invitan a comer, os invitan a comer no al mejor restaurante del pueblo, sino «al mejor restaurante del mundo». Cuando discuten no dicen «no estoy de acuerdo con Ud., dicen «Ud. está completa y totalmente equivocado».
Tienen una tendencia antropofágica: «¡Se la comió!», es una expresión de admiración, «comerse un cable», señal de situación crítica, y llamarle a alguien «comedor de excrementos» es su más usual y lacerante insulto. Tienen voluntad piromaniaca, ser «la candela» es ser cumbre. Y aman tanto la contradicción, que llaman a las mujeres hermosas «monstruos» y a los eruditos «bárbaros», y cuando acceden a un favor no dicen «si» o «no», sino que dicen «sí, como que no».
Los cubanos intuyen las soluciones aun antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos «nunca hay problema». Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen «chico». Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva a visitar el estudio de un famoso pintor, se limitan a decir «a mí no me dio por pintar». Y, sin embargo, su hablar está matizado por los diminutivos. Piden «un favorcito», ofrecen «una tacita de café», visitan «por un ratico», y de los postres sólo aceptan un «pedacito».
Cuando visité su isla me admiraba su sabiduría colectiva. Cualquier cubano se consideraba capaz de liquidar al comunismo, enderezar a la América Latina, eliminar el hambre en África, y enseñar a los Estados Unidos a ser potencia mundial. Cuando quise predicarles mis ideas, empezaron por enseñarme como yo podía llegar a ser un buen predicador. Y se asombran de que las demás gentes no acepten cuan sencillas y evidentes son sus fórmulas. Así, viven entre Uds. Y no acaban de entender por qué ustedes todavía no hablan como ellos».
Había llegado la nave al muelle. Alrededor del Profeta se arremolinaba la multitud transida de dolor. El Profeta tornose hacia ella como queriendo hablar pero la emoción le ahogaba la voz. Hubo un largo minuto de conmovido silencio. Entonces se oyó la imprecación del timonel de la nave: «Decídase, mi hermano, dese un sabanazo y súbase ya, que ando con el schedul retrasao». El Profeta se volvió hacia la multitud, hizo un gesto de resignación y lentamente abordó la cubierta. Acto seguido, el timonel cubano puso proa al horizonte.

Seguramente reconfortado con la popularidad que alcanzó este artículo, Aguilar León volvió dieciséis años después a la veta que le había abierto Kahil Gibran y el 9 de junio de 2002, en El Nuevo Herald de Miami, escribió de nuevo sobre el Profeta y Cuba.

El Profeta habla del regreso a Cuba
El Nuevo Herald, Miami, 9 de junio de 2002

En cuclillas, a orillas del mar, el Profeta trazaba en la arena rasgos enigmáticos y observaba cómo las olas los borraban lentamente. Entonces un grupo de cubanos se le acercó y uno de ellos le dijo: «Maestro, háblenos de cuándo regresaremos a Cuba». Irguiendo la frente hacia el horizonte, el Profeta habló casi en susurro.
«Ustedes no están en Cuba, pero Cuba está en ustedes. Cuba es una isla cargada de dolor y de alegría. Aférrense a ese dolor, porque en él están las raíces de su pueblo; cultiven esa alegría porque ella es el carácter que salva a ese pueblo. Dondequiera que ustedes estén, el sufrimiento los hermana; donde quiera que ustedes canten, canta el indomable espíritu y la dolorosa esperanza de ese pueblo. Ustedes son una ola en el mar infinito de la patria. ¿Por qué preocuparse tanto por el 'cuándo van a volver', si ustedes no saben cuándo van a morir?
«Ustedes se afanan todos los días en sus menesteres, y hacen planes de futuro y no se preocupan por cuándo llegará el viento negro que borra los semblantes. Pues bien, trabajen con igual fervor por el retorno a la patria y no se preocupen por cuándo ha de llegar la hora del retorno. ¿O es que el amor tiene una cuota de tiempo y la esperanza un término fijo, y el deber un plazo limitado? Cumplid la cuota de deber de cada día y cada día mejoraréis la faz del futuro. Pero no le pidáis al futuro que os señale una fecha.
«Vivan con la ilusión del regreso, pero no crean que van a regresar a la ilusión. Las arenas del tiempo caen inexorablemente, y nadie retorna a su pasado o a su juventud. 'Generación va y generación viene, mas la tierra permanece siempre', dice la Biblia. Hubo una Cuba antes de vosotros y habrá una Cuba después de vosotros, pero la que ustedes conocieron y amaron no la han de encontrar jamás. Ella es parte de vuestra música y parte viva de vuestro dolor, pero el recuerdo amado es como la luz de un farol rodeado de sueños que se va extinguiendo en la mente.
«Aprendan la parábola de una madre prudente a quien su hijo le dijo: 'Madre, enseña a mi esposa a hornear el pan, porque el que ella me hace nunca sabe como el que tú me hacías'. Y la madre prudente le respondió: 'Ni yo ni nadie puede hornearte ese pan, hijo mío. Yo lo cocinaba para un muchacho de doce años que corría como el viento y tenía un voraz apetito. Mas tú eres ahora un hombre de cuarenta años volcado en el trabajo y los problemas. Yo puedo ofrecerte el mismo pan que siempre hago, pero no puedo devolverte la energía ni la voracidad de los doce años. Vuelve a tu esposa y aprende a disfrutar el pan de los cuarenta. El de los doce años nadie te lo puede devolver'.
«Cuidad de vuestros hijos, y no permitáis que la ilusión del regreso se convierta en tema que os separe de ellos. Ellos marchan detrás de ustedes, pero su visión cabalga a la vanguardia de ustedes. Y el futuro de la caravana está en las manos de aquéllos que sepan mirar con ojos firmes el mañana. Muchos cubanos han ayudado y van a ayudar al regreso, aun cuando ellos mismos no lograron o no lograrán regresar. Y en ellos alentó y alienta el verdadero amor a la patria. Pues, ¿quién tiene más mérito, aquél que trabaja esperando una recompensa o aquél que se sacrifica sin esperar recompensa? ¿Quién tiene más valor, quien siembra para recoger su cosecha, o quien siembra esforzándose porque la cosecha sea fecunda y a todos aproveche?
«Trabajad cada día para que haya una amplia y generosa cosecha que abrigue a los cubanos de hoy y a los de mañana. Y si alguien os critica venenosamente, no permitáis que el odio tienda sus negras alas en vuestras almas y cubra de resentimientos el futuro. No olvidéis que aun cuando parezcan triunfantes, los malvados saben cuán ásperas se tornan las horas del odio; y odiar al tirano no justifica derramar odio en todos los rincones. Vuestro pueblo marcha hoy malherido y necesita vasto apoyo y larga generosidad; ofrézcanle toda la cuota que puedan ofrecer. Y no olvidéis que no ha bastado aprender las palabras de vuestro apóstol para crear libertad; es necesario conocer su conducta, que debió haber sido modelo de ética en vuestra historia. De ahí que sea más sabio preocuparse más del cómo que del cuándo será el regreso».
Y el Profeta reclinó su mirada y volvió a trazar rasgos en la arena y a observar cómo las olas barrían lentamente las huellas de sus trazos.

Selección bibliográfica de Luis Enrique Aguilar León:

1952 «La realidad de Hispanoamérica» en Revista Cubana de Filosofía, vol. II, 1952, nº 10, págs. 43-47.

1957 Pasado y ambiente en el proceso cubano, La Habana, Ediciones Ínsula ,1957, 85 págs. «Sociedad Cubana de Filosofía».

1958 «Sacrificio y deber de una generación», en Carteles, La Habana, 16 de marzo de 1958.

1959 «El dilema», en Prensa Libre, La Habana, 27 de junio de 1959.
«El Comunismo y la revolución cubana», en Prensa Libre, La Habana, 5 de julio de 1959.

1960 «La hora de la unanimidad», en Prensa Libre, La Habana, 13 de mayo de 1960.

1968 Marxism in Latin America. Editado y con introducciones a ambas ediciones de Luis E. Aguilar León, Knopf, Nueva York 1968, xii, 271 págs. Edición revisada: Temple University Press, Filadelfia 1978, 412 págs.

1972 Cuba: conciencia y revolución (el proceso de una reflexión sobre el problema cubano), Ediciones Universal, Miami 1972, 188 págs.

1974 Cuba 1933: prologue to revolution, Cornell University Press, Ithaca, Nueva York 1972, x, 256 págs. Re-impresión: Norton, Nueva York 1974, 256 págs.

1977 «Fidel Castro: apuntes sobre un caudillo socialista», separata de Revista/Review Interamericana, vol. 7, no. 3 (Otoño 1977), págs. 372-399.

1983 «Latin America, 1983-1985» en Latin America, The World Today Series, Stryker-Post Publications, Washington D.C. 1967- , v.

1984 De cómo se me murieron las palabras, Editorial Playor, Madrid 1984, 205 págs. «De cómo se me murieron las palabras y otros cuentos, cantos y cuestiones»

1987 Comentarios en La Crisis de octubre: al borde del abismo, documental televisivo de 60 mins. emitido por WLTV, Miami, octubre 1987.

1988 «Discurso», en Proceedings of the U.S.-Cuba Roundtable, International Freedom Foundation, Washington, D.C. c. 1988, 100 págs.

1989 Prólogo a Chistes, political humor in Cuba, Cuban American National Foundation, Washington, D.C. 1989, ii, 34 págs.

«Década trágica», Herencia Cultural Cubana, Miami 1989- , panfleto núm. 009 (Ciudades y regiones de Cuba). También en Revista Hispano Cubana, núm.10 (http://www.hispanocubana.org).

«Cuba: Nacimiento de la República», en Revista Hispano Cubana, núm. 13 (http://www.hispanocubana.org)

Reflexiones sobre Cuba y su futuro, Ediciones Universal, Miami 1991, 1ra. ed., 155 págs.; 1992, 2da. ed., 192 págs.; 2003, 3ra. ed., 206 págs.

Todo tiene su tiempo: tiempo de llorar, tiempo de reír, tiempo de soñar y tiempo de pensar, Ediciones Universal, Miami 1997, 211 págs. «Artículos aparecidos previamente en varios libros y publicaciones seriadas».

«Subestimar a Castro es marchar hacia el desastre», Herencia Cultural Cubana, Miami 1997- , panfleto núm. 064 (Parte II: Historia y política en Cuba).

«Los grabados del paseo pintoresco por la isla de Cuba», prólogo a Paseo pintoresco por la isla de Cuba (Edición facsimilar de obra homónima, impresa por Soler y Comp., La Habana 1841-1842), Herencia Cultural Cubana, Ediciones Universal, Miami 1999, 1ra. ed., xlii, 290, 47, 10 págs.

En The Cambridge History of Latin America, Cambridge University Press, Cambridge 1986, editada por Leslie Bethell. Vol. V, «Cuba, c. 1860-1934», págs. 229-264. Vol. XI, Bibliographical Essays, «Cuba», págs. 413-419. Esta obra ha sido traducida al español.

En Cuba, a short history, editado por Leslie Bethell, Cambridge University Press, Cambridge 1993. «Cuba, c. 1860-c. 1930», págs. 21-56.

En Cuban Communism, 1959-2003, editado por Irving Louis Horowitz y James Suchlicki, Transaction Publishers, New Brunswick, Nueva Jersey 2003, 11th. edition. «From immutable proclamations to unintended consequences», págs. 69-85.

En The Democracy Reader, editado por Diane Ravitch y Abigail M. Thernstrom, Harper Perennial, New York 1992, 352 págs. «In defense of free speech», pag. 311.

Textos de Luis Enrique Aguilar León en el Proyecto Filosofía en español:

1952 «La realidad de Hispanoamérica»

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