Emeterio Valverde Téllez (1864-1948) · Crítica filosófica o Estudio bibliográfico y crítico de las obras de Filosofía
escritas, traducidas o publicadas en México desde el siglo XVI hasta nuestros días (1904)

<< Capítulo XVIII >>

Los jefes del Positivismo en México

I
El Dr. D. Gabino Barreda

UNO de los hombres que más metódica y eficazmente contribuyeron a orientar, por decirlo así, y a consolidar la obra de la reforma liberal en México, fue D. Gabino Barreda: es, por tanto, una personalidad de cierta relativa importancia.

Barreda nació en Puebla en 19 de Febrero de 1818, y falleció en México en 10 de Marzo de 1881: fue presentado a Comte en París por D. Pedro Contreras Elizalde, primer positivista mexicano; trató, pues, al fundador del positivismo, oyó sus lecciones, abrazó con entusiasmo y sostuvo siempre sus teorías, así en las afirmaciones, como en las negaciones y aún en el culto de la humanidad.

Se le llama el patriarca del positivismo en México, porque le corresponde la triste celebridad de haber importado ese sistema: tuvo el necesario talento para sostener el comtismo basando en él la organización de la enseñanza oficial, y principalmente de la Escuela Nacional Preparatoria, de la cual fue fundador.

Levantó una bandera simpática y sugestiva, la ciencia, pero la ciencia positivista y no más que la positivista, en lo que consiste lo deficiente de su sistema. El análisis y la síntesis sin salir de esta ciencia, constituyen, a su juicio, la [212] única filosofía aceptable a la razón. En este concepto nos brinda una filosofía monstruosamente mutilada, que se limita a la observación de los fenómenos de la naturaleza, y de las leyes que inmediatamente se infieren, sin pasar a nada substancial y absoluto en el objeto, en el sujeto, en las causas y fines trascendentales.

Campo fecundo y momento oportuno ofreciéronse a Barreda para desarrollar su plan, con la ingerencia que se le dio en la educación de la juventud, precisamente cuando se trataba de organizar la República conforme a las leyes de Reforma, a raíz de la tragedia de Querétaro. Elaboró en 1867 la ley de Instrucción Pública, trabajo encomendado por Juárez a D. Francisco Díaz Covarrubias; ideó, fundó y sostuvo la Escuela Nacional Preparatoria, que sirvió de norma para colegios semejantes en los Estados; fundó la Sociedad Metodófila, y en la tribuna, en la prensa, en privado, en público sostuvo siempre su programa.

No era D. Gabino hombre vulgar, meditaba y tenía conciencia de sus actos, correspóndele, pues, la responsabilidad moral de las consecuencias, que el positivismo debería traer en el orden moral y religioso: tuvo tiempo para ver y prever los estragos de la impiedad en la nueva generación: de la abstención sistemática, al desprecio; del desprecio a la negación y a la burla volteriana no hay más que un paso, para darlo basta un poco de fatuidad y de orgullo; muchos jóvenes lo dieron en su presencia; pero no retrocedió.

Sabemos que existe una biografía de Barreda escrita en lengua francesa; hemos oído decir que hay otra en castellano por un Sr. Covarrubias. En el número 15 de la Revista Positiva, periódico importante de que hablaremos después, se asegura, que al Lic. D. Ricardo López Parra, Presidente de la Asociación de estudios sociales Gabino Barreda de Tampico, «debe el Positivismo la biografía de D. Gabino Barreda, tan llena de generosos entusiasmos, publicada en la obra [213] Liberales Ilustres Mexicanos de la Reforma y de la Intervención.» Pierre Laffitte y Emile Antoine fueron admiradores de Barreda y emitieron juicio encomiástico de él en la Revue Occidentale.

Cuando en Mayo de 1903 se inauguró en Puebla de los Ángeles el monumento a Barreda, se distribuyó un folleto impreso en la Escuela de Artes y Oficios del Estado, folleto que «contiene un grabado de la estatua del Maestro, unas Notas biográficas escritas por el Lic. Ernesto Solís, la reproducción de la profunda carta de Barreda a D. Mariano Riva Palacio, la fe de Bautismo de D. Gabino Barreda, hallada gracias a la diligencia de la junta organizadora de la fiesta, y el Memorial dirigido a la H. Legislatura del Estado.» (Revista Positiva, núm. 31). En ese Memorial se solicita del Congreso declare Benemérito del Estado a D. Gabino, y que a su vez gestione que el Congreso de la Unión le proclame Benemérito de la Patria. ¡O tempora! ¡o mores!

Dos sociedades han llevado el nombre del patriarca, la Metodófila de esta Capital, y la de Estudios sociales de Tampico.

II
Escritos de Dr. Barreda

No hemos logrado hallar la edición que de los Opúsculos, discusiones y discursos de Barreda hizo en 1877 la Asociación Metodófila; por eso nos circunscribimos a tratar de los escritos que ha insertado la Revista Positiva; pero seguiremos el orden cronológico.

1. En el núm. 3 de la Revista se mencionan unos: Estatutos sobre la filosofía del Cálculo infinitesimal y Reflexiones sobre los fluidos imponderables.

2. La educación moral. Estudio leído por su autor «en el [214] seno de una sociedad científica en el año de 1863, y que después se publicó en El Siglo XIX.» Quiso demostrar Barreda la necesidad, existencia y método de una moral absolutamente independiente de toda idea religiosa, y que prescinda aún de la existencia de Dios; una moral de base pura y exclusivamente científica. Se trata de una moral imposible, además de que la existencia de Dios es una verdad filosófica en todo rigor. En esta vez el razonamiento de Barreda no convence, antes bien es vago, débil y hasta nulo, pues se funda en nociones falsas de moral, de religión, de gracia y de libertad: acepta como «demostraciones y argumentos irrefragables» las teorías frenológicas de Gall, e insinúa que sobre ellas debe asentarse el edificio de la educación moral. Asegura en este artículo, que San Pablo fue el «verdadero fundador del catolicismo,» y que la fe cristiana en fuerza de la revolución francesa quedó irrevocablemente sujeta a creciente descrédito, afirmaciones que repiten a coro los positivistas de allende y aquende el Océano. Este artículo, vertido al francés, se publicó en la Revue Occidentale.

3. Oración cívica pronunciada en Guanajuato el 16 de Septiembre de 1867, por el C. Gabino Barreda. Esta oración es fiel reflejo de las anómalas circunstancias de aquel crítico momento de nuestra historia político-religiosa, en que la más encarnizada guerra civil acababa de tener desenlace funesto para el partido conservador. Por una parte la exaltación de las pasiones había llegado a su colmo, y por otra buscábase con ansia el modo de cohonestar el fusilamiento del infortunado Príncipe. Algunas apreciaciones filosóficas sobre lo que con desmedido orgullo se ha llamado la emancipación de la inteligencia en nombre de la ciencia, y la blasfema negación del influjo providencial y sobrenatural en los sucesos de la historia, hacen el discurso inaceptable a los ojos de la Religión y de la Filosofía cristiana.

4. Informe presentado en 1868 a Junta directiva de [215] estudios, por el C. Gabino Barreda sobre el libro que a continuación se expresa. Trátase del Catecismo de Moral escrito por el Lic. D. Nicolás Pizarro, y condenado por la Sagrada Congregación del Índice en 2 de Septiembre de 1868. El dictamen de Barreda fue: «no es de admitirse como texto para las escuelas, el libro titulado: Catecismo de Moral: primero, porque sus fundamentos no son como era de esperarse y como el autor parecía proponerse, independientes de todo dogma religioso. Segundo, porque su admisión es, por este motivo, contraria al espíritu de las leyes que nos rigen. Tercero, porque sus doctrinas no están al nivel de las exigencias de la ciencia y de la sociedad.»

Barreda no aprueba la moral de Pizarro, porque es una moral deísta; creyendo falsamente que la idea de Dios está fuera de la ciencia; la desecha también porque la ve intolerante e injusta en especial contra la Religión católica: «Con qué derecho, pregunta a esta propósito, y sobre todo, con qué conciencia se puede uno atrever, en la calma de la meditación, a llamar embaucadores y embusteros a hombres como San Vicente de Paul, como Fenelón y Bossuet, como nuestro digno obispo Quiroga o el entusiasta San Francisco Javier, como San Juan Nepomuceno y tanto y tantos ilustres mártires con que se honra tan justamente el catolicismo.»

Al comentar Barreda las sublimes palabras de Nuestro Señor Jesucristo: Si quieres ser perfecto, vende cuanto tienes y repártelo a los pobres, desbarra lastimosamente, pues no distingue la bellísima pobreza de espíritu aconsejada por el divino Maestro, y que se alía con la posesión misma de las riquezas; no advierte que en el texto citado se trata sólo de un consejo, a los pocos llamados y escogidos para la perfección religiosa; no comprende que el santo Evangelio no habla de imposibilidad absoluta, sino de suma dificultad moral de que un avaro se salve; no ve el censor «otra cosa más que una de tantas fórmulas de esa guerra encarnizada que se [216] tenía declarada a los ricos, hasta el grado de afirmar que era imposible que se salvase uno sólo.»

Juzga que las mencionadas palabras son inaplicables a las circunstancias de nuestra época, y al efecto dice que: «la civilización militar ha sido reemplazada en todas partes por la civilización industrial.» ¡Expresarse así en momentos en que la militarización de los pueblos substrae millones y millones de brazos a la industria, obligándola por ende a mantenerlos en el ocio de los cuarteles!

Con la interpretación de la pobreza evangélica, corre parejas la que da al modo de considerar el trabajo como castigo del pecado, y a la conducta de los jesuitas en el siglo XVII.

5. Carta dirigida al editor del «Semanario Ilustrado», Sr. D. Jesús Fuentes y Muñiz, en 21 de Octubre de 1868. En virtud del dictamen de que hablamos en el número anterior, el librejo de moral fue desaprobado por la Junta directiva de estudios, con lo cual resultaban perjudicados los intereses pecuniarios del autor y del editor; viendo herido el sentido moral de la época y ultrajada la civilización industrial, publicaron en el aludido Semanario unas Observaciones que lastimaban la honorabilidad del Sr. Barreda. No fueron a Roma por la respuesta, el patriarca se la dio, y a fe que cumplida y enérgica.

6. Discurso pronunciado por el Sr. Dr. D. Gabino Barreda, Director de la Escuela N. Preparatoria y representante de la «Sociedad Humboldt,» en la solemnidad verificada el 14 de Septiembre de 1869, en honor del Barón de Humboldt. Hace el orador algunas reminiscencias históricas y biográficas, a fin de que aparezca hermosa, noble y de pie la colosal figura del eminente sabio alemán. Las condiciones de la inmortalidad otorgada a Humboldt, nos permiten conocer las ideas resueltamente comtianas de Barreda, sobre el fin del hombre después de la muerte. En efecto, aquella apoteosis era «canonización puramente humana, y, [217] sobre todo, francamente humana, de uno de los santos de la ciencia y del progreso, en esta incorporación solemne de uno de los servidores de la humanidad al gremio de sus elegidos y de sus patronos.» Tal canonización, pura y francamente humana consiste, «en la íntima persuasión en que todos estamos, (?) de que al evocar la memoria de los que fueron, y al darles nueva vida y nueva animación en nuestra mente y en nuestro espíritu, para que nos sirvan de estímulo y de guía, para que nos amparen y aconsejen, no tenemos necesidad, como nuestros antepasados, de suponer que están dotados de una vida exterior y objetiva; de darles otro asiento que nuestro propio corazón, ni colocarlos en otro empíreo que en nuestras propias almas; es la convicción que nos asiste, de que la vida que prestamos a los que deseamos inmortalizar, sin dejar de ser real y eficaz, es, sin embargo, puramente subjetiva y no existe sino dentro de nosotros mismos.» No se crea que semejantes conceptos no impliquen negación del dogma católico de la supervivencia individual y personal de ultratumba, pues a poco andar pregunta: «¿Qué utopía teológica pudo jamás compararse, ni en eficacia práctica, ni en esplendor poético, con esta vida póstuma que nosotros otorgamos y comprendemos?... esta resurrección subjetiva consiste esencialmente en revivir en el género humano por haber vivido para el género humano...»

7. Carta dirigida al C. Mariano Riva Palacio, Gobernador del Estado de México, en la cual se tocan varios puntos relativos a la Instrucción pública. La fecha de este documento es de 10 de Octubre de 1870. A la carta precede una Nota del editor y una Introducción por el Dr. D. Porfirio Parra. Deseaba D. Mariano Riva Palacio organizar el Instituto Literario del Estado de México, conforme al plan de estudios de la Escuela Nacional Preparatoria, y al efecto, pidió datos al Sr. Barreda. El plan formulado tres años antes y expuesto ahora en la carta, como científico y razonado se [218] ve que fue fruto de concienzudo examen. Se empeña en demostrar y defender la conveniencia lógica y social del método adoptado, cuyos lineamientos generales son, cierta gradación en las ciencias con vista a las facultades que en ellas van ejercitándose, y a la subordinación que les corresponde en la síntesis de los conocimientos humanos; cierto carácter enciclopédico de los estudios preparatorios, con la mira de suministrar a los alumnos todos los recursos de las ciencias, para que les sirvan después en las diversas circunstancias de la vida, o en el ejercicio de la carrera que adopten; la uniformidad de los estudios preparatorios para todas las profesiones. El defecto está, no tanto en la enseñanza científica, como científica, cuanto en que la informa astutamente el criterio positivista, consolidado por el coronamiento de esos mismos estudios, es decir, por una lógica de partido.

Con lealtad confesamos que en este, como en casi todos sus escritos, revela D. Gabino un talento esencialmente metódico y organizador; su estilo es claro y llano, pero no inelegante, ni menos que degenere en pedestre. Sin embargo, en el artículo La educación moral, en esta carta, en el Informe sobre el Catecismo de Pizarro y en otras producciones, se ve que su lado fuerte, como suele decirse, no era el conocimiento de la Teología, por lo que, esta ciencia resulta aborrecida a priori; ni tampoco era el criterio histórico, según la habitual ligereza con que juzga la obra civilizadora del catolicismo. En esta vez confirman nuestro aserto la falsa idea que emite de la predestinación, y las injustas apreciaciones que hace de los retrógrados en general, y de los jesuitas en especial.

Este es el trabajo de Barreda que más publicidad ha obtenido. Según los datos que pueden recogerse de la Revista Positiva se ha dado a la estampa cinco veces, «la primera en el año de su redacción, 1870; la segunda en 1877; como parte integrante de los Opúsculos, discusiones y discursos del [219] Dr. Barreda, coleccionados y publicados por la Asociación Metodófila...; la tercera en 1881;» la cuarta en el núm. 6 de la Revista año 1901, y la quinta en el folleto que se imprimió en Puebla, año 1903, con motivo de la erección del monumento a Barreda.

8. Instrucción pública. Decidido empeño tuvo Barreda en que su plan de estudios preparatorios triunfase: esto, empero, debía costarle ciencia y energía; porque es achaque de nuestra suficiencia y versatilidad latina, discutirlo todo y reformarlo todo. El 21 de Septiembre de 1872, los Lics. Manuel Dublán y Napoleón Saborío y D. Guillermo Prieto, presentaron al Congreso un proyecto de reforma de la ley orgánica de Instrucción pública; el proyecto pésimamente redactado, al menos como apareció en el Diario Oficial, echaba por tierra no pequeña parte de la expresada ley. Aprestóse Barreda a salir a la defensa de su propia obra, e hízolo en una serie de treinta artículos que, bajo el epígrafe de Instrucción pública se publicaron en el Diario Oficial; puso ahí todo el vigor de su alma, la energía de su argumentación, los recursos de su saber y el arma de la sátira.

En estos artículos hace bastante duras alusiones al catolicismo, enderezando sus tiros a presentar como del todo inútiles la metafísica y la Teología; como si nada práctico fuese lo de más positiva trascendencia, estudiar el porvenir eterno del hombre en la Teología, y el fundamento filosófico de todas las ciencias en la metafísica. Insiste, al ponderar el valor de la inducción, en que tal procedimiento lógico, no sólo está fuera del silogismo, sino que siempre y por siempre quebranta el latius hos quam praemissae conclusio non vult. A primera vista nada extraño sería, supuesto que la inducción y la deducción son dos procedimientos intelectuales sobremanera distintos; pero al Sr. Barreda se escapa que en toda inducción hay una premisa universal implícita por lo menos; porque cada inducción es un caso concreto de la [220] uniformidad de la naturaleza, luego, bien mirado, la violación de la ley desaparece.

Como en el desarrollo de su tema emitiese algunos conceptos de censura, sobre la instrucción preparatoria limitada y especial, diciendo que lleva al hombre como por camino de hierro, o como caballo con viseras, o que le hace ver el mundo como por una cerbatana, y, en comprobación de la esterilidad de esa clase de carreras profesionales, pusiese por ejemplo la de ingeniería de minas en México; saltó a la arena en defensa de su escuela el Ingeniero D. Eduardo Garay. Replicó Barreda ilustrando sus asertos, haciendo las convenientes distinciones y terminó la polémica.

9. Discurso pronunciado a nombre de la Escuela Nacional Preparatoria de México, en la festividad en que dicha Escuela, laureando al eminente artista Sr. Juan Cordero, le dio un testimonio público de gratitud y admiración por el cuadro mural con que embelleció su edificio. Se verificó esta solemnidad en Noviembre de 1874. Versa el discurso sobre las relaciones que median entre la inteligencia y el sentimiento, entre la ciencia y el arte; dice: que «el corazón mejorado y perfeccionado con el cultivo y crecimiento de las inclinaciones benévolas, es quien debe mandar, y el espíritu o inteligencia fortalecida con la ciencia, es quien debe obedecer.» Agrega, que «Homero y Virgilio, el Dante y el Taso en la poesía; Rafael, Murillo y Miguel Ángel en la pintura, supieron tratar asombrosamente sus asuntos,» eso nada de nuevo tiene; pero sí, que «los asuntos que ellos tan oportunamente supieron elegir, deben ya abandonarse como agotados o infecundos.» (¡!)

El lienzo mural representaba la ciencia y la industria, mas, sabemos que la gratitud, la admiración, el discurso y los laureles tuvieron el triste epílogo de que, años después, el lienzo fuese enrollado y se abriese una ventana en el muro. Sic transit gloria mundi. [221]

10. Algunas ideas respecto de Instrucción primaria, presentadas en forma de dictamen por Gabino Barreda, a la comisión nombrada en una junta de amigos, reunidos con el objeto de promover lo que pudiese ser útil para difundir la ilustración en México, aprobado por dicha comisión, tanto en lo general, como en lo relativo a la parte resolutiva con que termina. Este dictamen, fechado en 15 de Agosto de 1875, confirma el juicio que nos hemos formado de Barreda, pues se manifiesta comtiano hasta el extremo, así en lo positivista como en lo agnosticista; en celo por la educación a nadie cede; da al método la mayor importancia, y se entrega a utópicas esperanzas sobre el alcance social de su sistema. Aprovecha cualquiera oportunidad para censurar a la Religión haciéndole injustos cargos; así, en esta vez le atribuye el sostenimiento de la esclavitud. Encuentra contradicción en que el P. Ripalda «presente al hombre como el origen de todos nuestros males; a la humanidad como un enemigo del alma del cual debamos huir, y por otra nos prescriba amarlo como a nosotros mismos», dificultad tan burda, que un niño de nuestras doctrinas pudiera resolverla; repite el concepto fisiológico-materialista que se había forjado acerca de la moral; «el cultivo moral, dice, debe inconcusamente pertenecer al sistema de los desarrollos y de las atrofias parciales y, por decirlo así, de compensación.»

11. Carta dirigida en 1875 a los redactores de la «Revista Universal», en la cual se contestan las impugnaciones del Sr. Miguel Rendón Peniche al folleto titulado: «Algunas ideas acerca de Instrucción primaria.» El Sr. Rendón Peniche atribuyó a Barreda «la opinión de que la moral no tiene otra base que la del interés de la vida sensual y la del egoísmo personal.» Gratuita imputación en verdad, pues hemos visto que la moral de Barreda proclama un fin altruista y humanitario en sentido comtiano, a saber, vivir para la humanidad, con el propósito de tener derecho a vivir en la [222] humanidad mediante la absorción subjetiva: Aquí vuelve a decir que está de acuerdo con el P. Ripalda, en cuanto a que éste condensa la perfección moral en la caridad, y que, «el único punto en que no está de acuerdo con el autor del catecismo, es en aquel en que presenta a la humanidad, bajo el nombre de mundo como enemigo del alma.» Es falso que el P. Ripalda tome al mundo por sinónimo de humanidad. En el Santo Evangelio, en los sagrados expositores, en los moralistas y místicos, mundo, es el conjunto de los viciosos, con su vida sensual y máximas escandalosas contrarias a la ley de Dios: distinguen entre los mundanos y su conducta: el cristiano debe aborrecer el vicio donde quiera que esté; ahora, con respecto a los mundanos, evite el hacerse semejante a ellos; pero a la vez procure ganarlos para Jesucristo por medio de oraciones, de consejos y, sobre todo, de buenos ejemplos.

Niega Barreda que exista lo que se llama sentido moral; sin embargo, hay que ponerse de acuerdo en la acepción de esas palabras. Por sentido moral puede entenderse el conjunto de buenas inclinaciones que ha reconocido en el hombre: quizá sea la misma ley natural, o sea, la recta razón que presta inmediato y espontáneo asentimiento a los preceptos primarios o primeros principios morales; aunque en los secundarios, en los terciarios y, más que todo, en las aplicaciones de esos principios, suela haber ignorancia o error, a causa del ofuscamiento que las pasiones o las preocupaciones producen en la razón.

12. Invitación a los ciudadanos Profesores de las Escuelas Nacionales, firmada en 1º de Mayo de 1877. El llamado a los profesores era, para organizar una asociación que promoviese en lo posible y con ardor, «la progresiva aunque gradual devoción intelectual y moral del profesorado.»

13. Discurso leído en la distribución de recompensas escolares, acordada por la Junta de Profesores de la Escuela [223] Nacional Preparatoria, y verificada el 8 de Septiembre de 1877. Ya casi al fin de este discurso, deseando Barreda desvanecer el justo cargo que se hacía al positivismo de tender a destruir la Religión, responde con volteriano desenfado, que no viene a destruir lo que ya está por tierra. (?)

14. La Homeopatía, o juicio crítico sobre este nuevo sistema. – Exposición de la doctrina homeopática. Excusado es decir, que si nos atenemos a estos artículos, el asendereado sistema hahnemanniano queda reducido a extrema homeopatía, esto es, a la nada: no obstante, a despecho de tanta ciencia y de lógica tan contundente, ha venido la homeopatía abriéndose paso, hasta contar ya con escuelas y hospitales cimentados sobre bases científicas, autorizados por el gobierno, y en donde estudian y practican alumnos salidos de la Atenas preparatoria. Como nosotros no entendemos de medicina, tampoco añadimos comentario, bástanos apuntar los hechos.

Estos son los escritos de Barreda publicados en la Revista Positiva, de la cual no conocemos sino hasta el número 34.

A nobilísimo orgullo tenemos el ser católicos, y gracias a Dios, lo somos por educación y por convicción; en tal virtud, reprobamos con nuestra Madre la Iglesia cuanto de reprobable tenga el positivismo; creemos que los errores que ese sistema encierra, no pueden menos que ser desastrosos para la fe y las costumbres; en ese supuesto, si Barreda fue sabio en ciencias naturales, si fue honrado en su conducta, si tuvo buenas intenciones en sus planes, todo lo cual queremos conceder, también es cierto que fue un hombre funesto porque introdujo, sostuvo y consolidó en la República un sistema filosófico que ha dado al traste con la fe y la moralidad de innumerables jóvenes: si algunos se salvan de uno y otro naufragio, la excepción no es la regla: apparent rari nantes in gurgite vasto. [224]

III
El Dr. D. Porfirio Parra

Es el Sr. Parra uno de los más convencidos y entusiastas propagandistas del positivismo en México, y aun se le proclama como el genuino heredero y continuador de la obra de Barreda: ved ahí por qué es necesario conocer su persona y sus obras.

Nació el Dr. Parra en Chihuahua a 26 de Febrero de 1856. Desde sus más tiernos años se hizo admirar y amar por la rara precocidad de su ingenio. A los doce años ya componía versos no despreciables, que revelaban el numen poético, que más tarde había de conquistarle un puesto entre los predilectos de las musas.

En la misma Chihuahua estudió latinidad y Filosofía por Bouvier. A los catorce años le trajeron sus padres a México con grandes y generosos sacrificios, e ingresó luego a la Escuela Nacional Preparatoria a cursar Física. Dos años después se opuso con favorable resultado a la clase de Historia, de la Escuela de la Encarnación.

«Volvióse positivista, escribe D. Ángel Pola, influenciado por los estudios de Fisiología y Patología general, por sus dudas volterianas y por instigaciones de Pedro Noriega, que le dio a leer La science au point de vue philosophique de Littré. Esto decidió de sus creencias, sigue diciendo Pola, su convicción fue hecha. Y meditó con Noriega los seis tomotes del Curso de Filosofía positiva de Comte. – El Dr. Barreda le confió la cátedra de Lógica. Lo presentó a sus discípulos con un speech, como sucesor suyo. Parra pronunció un discurso de aceptación, fue aplaudido y abrió el curso explicando magistralmente la lección del día, sentado D. Gabino de oyente. Desde entonces la vida de la doctrina estuvo asegurada, y el maestro partió tranquilo para Alemania con [225] una misión diplomática, confiando en que el positivismo dominaría los ánimos en las escuelas.»

Ha dado clase de Lógica en la Escuela Nacional Preparatoria; de Patología externa, de Anatomía descriptiva y de algunas otras materias, en la de Medicina; de segundo año de Matemáticas y de Zootecnia en la de Agricultura.

Como periodista, fundó El Método, El Positivismo, revista quincenal de ciencias y de Filosofía, donde en 1882 sostuvo las doctrinas de su escuela en una acalorada, si bien comedida y caballerosa polémica, contra el Sr. Lic. D. José María Vigil: fue redactor de La Libertad escribe en la Revista de la Instrucción Pública Mexicana, | México, | Talleres de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, 1901, y figura entre los redactores de la Revista de Chihuahua, publicada mensualmente bajo la dirección del Doctor Miguel Márquez.

Ha publicado una novela de costumbres intitulada Pacotillas, y sus Composiciones poéticas, entre las cuales son especialmente ensalzadas las siguientes: A las Matemáticas, El Agua (poema), Epístola a un joven desilusionado, Recuerdo.

«En Febrero de 1880 obtuvo por oposición la plaza de médico cirujano de la sala de presos en el hospital Juárez.» (Pola.) «Sus trabajos médicos, dice su admirador D. Agustín Aragón, presentados como tesis en el examen profesional y en el concurso para proveer de profesor a la cátedra de Fisiología, los concienzudos y admirables que presentó en la Asociación Metodófila Gabino Barreda, publicados en los Anales de esa Asociación de la que fue célebre miembro, los muy notables con que honró el concurso científico de 1895, el luminoso que acaba de presentar a la Sociedad Pedro Escobedo, en un concurso sobre clasificación de heridas y que mereció los honores de un premio, y los que ha leído ante la Academia de Medicina, tienen el carácter de [226] toda obra filosófica basada en la ciencia, están escritos con talento y facilidad, y han alcanzarlo el aplauso unánime de médicos y pensadores.»

Ha sido diputado varias veces al Congreso general, y goza fama de notable orador parlamentario.{135}

Sus escritos filosóficos son: Las causas primeras, trabajo que conoció D. Gabino Barreda; muchos artículos de periódico; en 1896 preparaba, según Pola, «dos obras: Estudios filosóficos, en dos tomos y La Educación intelectual en uno;» tradujo el Discurso sobre el espíritu positivo y acaba de dar a pública luz su Nuevo sistema de Lógica inductiva y deductiva, de que nos ocuparemos después.

El Imparcial, diario positivista de esta capital, escribía en su número 527, tomo IV, Domingo 27 de Febrero de 1898 lo que sigue: «El Sr. Dr. Parra en la Sociedad Positivista de París. – La Sociedad Positivista de París acaba de recibir la visita del Sr. Dr. Porfirio Parra, Profesor de Anatomía en la Escuela de Medicina de México, miembro de la Academia Nacional de Medicina y Médico del Hospital Juárez. Después de haber asistido como delegado del Congreso Internacional de Moscow, el Dr. Parra ha pasado el mes de Diciembre ultimo en París, asistiendo a todas las reuniones de positivistas que se han celebrado, y especialmente a las de los miércoles, con el objeto de ponerse en relación con sus colegas parisienses a quienes veía por vez primera.

«Durante numerosas entrevistas, el Dr. Parra ha dado preciosos datos sobre la penetración gradual del positivismo en México.

«Debemos al Dr. Parra la traducción al español y la publicación en México del Discurso sobre el espíritu positivo, [227] ese admirable resumen de la filosofía positiva, bajo su doble aspecto científico y social.{136}

«Deseando atestiguar su viva simpatía al Dr. Parra, y por extensión a sus colegas de México, la Sociedad Positivista dio en su honor un banquete que se verificó el 12 de Diciembre último, en los salones del Café Voltaire.{137} Rodeado de un gran número de discípulos, Mr. Laffitte{138} presidió esta cordial reunión. A la hora de los postres, el Director dio la bienvenida al Doctor mexicano, y le expresó los sentimientos afectuosos de todos los positivistas presentes y ausentes, por su persona y por su país.

«Después de haber rendido homenaje a la memoria del Dr. Barreda, Mr. Laffitte, evocando sus recuerdos, relató la viva satisfacción experimentada por algunos republicanos franceses reunidos en el mismo Café Voltaire, cuando se supo en París la noticia de la victoria de los patriotas mexicanos, hábilmente dirigidos por Juárez, a la caída seguida de su ejecución del Emperador Maximiliano.

«Bajo el punto de vista positivista, Mr. Laffitte se felicitó de ver reunidos a una misma mesa, en París, futura metrópoli religiosa de la humanidad,{139} un hijo del noble pueblo mexicano y un digno representante de la Turquía: esta es una nueva manifestación decisiva y concreta del carácter plenamente occidental del Positivismo.»

Resolvimos dejar con todos sus puntos y comas ese suelto de gacetilla, para que en nuestra historia queden consignados los méritos del Sr. Parra, y los datos de sus aficiones y simpatías puestas de relieve en el recinto del Café Voltaire, donde tan oportunamente se aplaudió el asesinato de Maximiliano. No conviene que por incuria vaya a olvidarse la profecía de Mr. Laffitte, relativa a la «futura metrópoli [228] religiosa de la humanidad.» Además, bueno es que en las obras de lógica positiva y en las clases, se estudie ese bello modelo de inducción: que la presencia del Dr. Parra y de un turco en el Café Voltaire, era «una nueva manifestación decisiva y concreta del carácter plenamente occidental del Positivismo.»

En El Imparcial del martes 14 de julio de 1903, leímos la noticia de que el jueves 16 del mismo mes se daría lectura en la sesión del Consejo Superior de Educación «a un interesante dictamen formulado por el Sr. Dr. D. Manuel Flores, encargado por la Comisión de estudiar los textos y programas de la Escuela Nacional Preparatoria, relativos a la adopción de un nuevo texto para la asignatura de Lógica, y proponiendo, a este efecto, el que acaba de publicar el filósofo Dr. D. Porfirio Parra. Es casi seguro que se acepte esta obra como texto.» Luego, en 8 de Agosto del referido año, decía el mismo periódico: «En la próxima sesión del Consejo se discutirá el programa de Lógica, y con este motivo, la adopción del texto escrito últimamente por el Dr. D. Porfirio Parra.» Pasemos a dar nuestro humilde juicio sobre sus escritos.

Encontramos en la Revista Positiva los siguientes trabajos del Dr. Parra:

1. La enseñanza de la Anatomía.

2. D. Agustín Aragón, en su discurso de 10 de Marzo de 1901, menciona un Discurso del Dr. Parra, pronunciado el 28 de Abril de 1897, que versaba sobre la colaboración intelectual de Barreda a la obra de Juárez.

3. Introducción a la carta de D. Gabino Barreda a D. Mariano Riva Palacio.

4. Juárez. Discurso pronunciado el 18 de Julio de 1901 en el panteón de San Fernando. Esta oración es una catarata de hipérboles, sin que falten en ella, para hacer más deslumbrador el cuadro, «la siniestra roca del retroceso y del [229] oscurantismo:» «el recinto luminoso del mundo contemporáneo, en que el espíritu humano llegado a su madurez, no reconoce ni el llamado derecho divino de un monarca, ni la supremacía de un Pontífice Máximo.» A vuelta de otras muchas lindezas del vocabulario demagógico nos dice, que la Escuela Preparatoria es un «plantel, que para honra de México no tiene igual en el mundo,» y que «debe reconocerse y proclamarse que la buena nueva, no viene ya de los templos, sino del laboratorio de los sabios y del gabinete de los pensadores.» Esto sí que es tener ojos con viseras, esto sí es ver por cerbatana; por lo visto, el cerebro del mundo debe estar en la Escuela Preparatoria y de sus laboratorios, a fortiori, debe brotar la buena nueva que ilumine a todos los hombres.

5. Las localizaciones cerebrales y la Psicología. Estudio en el cual aparecen las facultades superiores formalmente localizadas, por manera que dichas facultades tienen órganos propios como los sentidos. En este artículo rinde sincero homenaje de admiración a Santo Tomás de Aquino diciendo: «viene más tarde la egregia legión de los escolásticos, presidida y regenteada por el incomparable Doctor Angélico, honrado justamente en vida como sabio entre los sabios, y después de su muerte venerado en los altares como Santo», y a pocas líneas dice con suma naturalidad: «el asombroso genio de Santo Tomás de Aquino.» Sabido es, que la Filosofía cristiana, propugna que el entendimiento y la voluntad, son facultades en sí independientes de la materia para obrar y que, por consecuencia, son puramente espirituales.

6. Una nueva ciencia. – La física biológica. Esta, como todas las demás ciencias es muy importante; pero hay que estar alerta contra las alucinaciones, no menos que contra las tendencias materialistas de esta clase de estudios: con la aversión sistemática que el positivismo profesa a la metafísica, resulta, que en sus escuelas enseña una biología sin vida y una psicología sin alma; porque, «busca la clave de los [230] fenómenos vivientes, no en una supuesta fuerza vital, que no era más que un ente de razón, una creación de la metafísica...»

7. Pecados mortales contra la higiene.

8. Prefacio a las Obras completas de D. Melchor Ocampo.

9. Enumeración y clasificación de las formas de la sensibilidad. Sobre este punto había presentado el Sr. Parra ante el Congreso Médico Nacional una disertación bajo el nombre de Formas de la sensibilidad. Siguió profundizando en tema tan importante, mas, como no hallase en los autores cosa que le dejase del todo satisfecho, se dedicó a estudiar de propia cuenta. Después de discurrir largo y tendido sobre cada una de las formas de la sensibilidad concluye así:

«Resumiendo lo expuesto en estas desaliñadas líneas, admito las seis formas siguientes de sensibilidad:
   1ª. Sensibilidad sensorial.
   2ª. Sensibilidad muscular.
   3ª. Sensibilidad dolorosa.
   4ª. Sensibilidad genésica.
   5ª. Sensibilidad orgánica.
   6ª. Sensibilidad psíquica.

«Propongo el siguiente cuadro de clasificación que coordina estas diferentes formas de sensibilidad.

«La sensibilidad se divide en dos grupos fundamentales, a saber:
   1º. Sensibilidad corporal.
   2º. Sensibilidad psíquica o moral.

«El primer grupo comprende las sensaciones que nos dan a conocer ya las cosas que nos rodean, ya los estados de nuestro propio cuerpo, y se subdivide en los cinco grupos siguientes:
   1º. La sensibilidad sensorial.
   2º. La sensibilidad muscular.
   3º. La sensibilidad dolorosa.
   4º. La sensibilidad genésica.
   5º. La sensibilidad orgánica. [231]

«El primer grupo está formado por las sensaciones específicas de tacto, gusto, olor, sonido y luz; las impresiones son condensadas en un aparato especial, y transmitidas a los centros encefálicos por conductores especiales; dichas sensaciones las percibimos siempre como modalidades del mundo exterior.

«El segundo grupo, está formado por las sensaciones específicas que produce en el sensorio la contracción de los músculos voluntarios, son percepciones objetivas de resistencia, de extensión, de movimiento, que nos dan a conocer la situación, forma y tamaño de los objetos exteriores, y la posición de nuestra cabeza, cuello, tronco y miembros, pero sin darnos a conocer nada de los órganos internos; ni aún su simple existencia. No están localizadas en tal o cual aparato, sino que la impresión que les sirve de punto de partida nace en los mismos músculos por un mecanismo desconocido; no se conocen bien las vías que siguen para llegar al centro encéfalo-medular, ni en el camino que siguen a través de este centro para llegar la substancia gris periférica del cerebro.

«El tercer grupo comprende todas las sensaciones dolorosas, que aunque muy distintas en su forma, tienen de común el causar siempre sufrimiento; son provocadas ya por agentes externos, ya por causas internas; son transmitidas al encéfalo y a la médula por los nervios llamados de la sensibilidad general; en la médula y en el mismo encéfalo parecen seguir vías especiales. El nervio olfativo, el óptico y el acústico están desprovistos de esta sensibilidad.

«El cuarto grupo está constituido por impresiones siempre placenteras, recogidas en un aparato especial; pueden ser provocadas por causas internas o externas, pudiendo las primeras ser puramente psíquicas.

«El quinto grupo está formado por sensaciones siempre de causa interna, que indican el estado de nuestros órganos, o la necesidad de desempeñar ciertas funciones. [232]

«El grupo de la sensibilidad psíquica o moral, está formado por impresiones que afectan nuestro animo y pueden ser causadas, ya por las personas, constituyendo entonces los afectos; ya por los sucesos, y entonces constituyen las emociones o pasiones.

«Los afectos, según que reconozcan por base la simpatía, o antipatía, se subdividen en afectos atractivos, cuyo grado más alto es el amor; y en afectos repulsivos, cuya forma más bien caracterizada es el odio; cuando recaen sobre la misma persona, forman un grupo aparte, formado por los tipos opuestos de amor propio o desafecto propio en sus diferentes grados.

«Las emociones forman los grupos siguientes:
   1º. Esperanza o expectación del bien.
   2º. Temor o expectación del mal.
   3º. Goce: emoción producida por el bien logrado.
   4º. Pena: emoción producida por el mal consumado.
   5º. Terror: emoción producida por todo lo que de un modo inmediato amenaza nuestra vida.
   6º. Ira: emoción provocada por lo que nos ultraja, acompañada de impulsos agresivos.
   7º. Tristeza: dolor moral causado por el bien perdido.
   8º. Satisfacción: emoción causada cuando ejecutamos un acto que concurre al cumplimiento de nuestros propósitos.
   9º. Pesar: emoción dolorosa sentida cuando ejecutamos un hecho que malogra nuestros propósitos.»

No lo dudemos: la psicología y la fisiología deben caminar juntas completándose y aclarándose mutuamente. La minuciosa clasificación que acabamos de transcribir, honra mucho a su autor y la estimamos utilísima para la psicología cristiana: pero, al aprovecharla, hay que completar la división agregando el sentido común, íntimo, o conciencia sensitiva, la imaginación o memoria sensitiva, y el instinto, facultades que evidentemente nos son comunes con los [233] animales. La distinción radical entre facultades superiores e inferiores; así como entre sensaciones cognoscitivas y apetitivas, da también no poca luz en este tan grave asunto. Como necesario complemento de esta clasificación, sería bueno examinar qué sensaciones no son sino modos de una misma forma fundamental.

En ningún otro autor hemos visto explicado con mayor lucidez lo que se entiende por sensibilidad muscular, enumerada entre los sentidos externos por el Dr. Luis E. Ruiz y otros escritores. Habla el Sr. Parra que es médico y fisiologista:

«La sensibilidad muscular. – Designamos con este nombre aquella modificación del sentido íntimo, producida por la contracción de los músculos de la vida de relación. Considerada en su aspecto subjetivo, es decir, como modificación del sensorio, tiene todos los caracteres de la sensibilidad sensorial, pues se exteriora, es decir, se refiere a algo que está fuera de nosotros; pero se distingue radicalmente de ella, en que no está localizada en un aparato o sentido especial, sino que se encuentra diseminada en todos los músculos sometidos al imperio de la voluntad; por esa razón admitimos una sensibilidad muscular y no un sentido muscular.»

Se extiende después en probar que, aunque esta sensibilidad está íntimamente asociada a la sensibilidad táctil y visual, no debe confundirse con ella.

10. Oración leída en la conmemoración de Augusto Comte, organizada por la «Sociedad Positivista de México,» en el 45º aniversario de la muerte del fundador del positivismo. – Es una sucinta reseña de la vida y de la labor filosófica de Comte, indicando las más salientes vicisitudes de la primera y el desarrollo y expansión de la segunda. Toma arbitrariamente como punto de partida, y este es mal endémico de la colonia positivista, el completo aniquilamiento de la Religión: «al comenzar el siglo XIX, el viejo ideal yacía por el [234] suelo quebrantado en mil pedazos.» Sigue una vivísima y elocuente síntesis del ideal cristiano; mas, termina así: «La crítica incesante, la crítica tenaz e irresistible, impetuosa como el soplo del huracán, fue paulatinamente deslustrando, desorganizando y haciendo inútil aquella secular elaboración.» Pues bien, tales antecedentes no los concede, no puede concederlos, la exuberante vitalidad del catolicismo siempre antigua y siempre nueva, vitalidad sujeta a pruebas mucho más duras y tenaces; no los concede, no puede concederlos, la heroica historia de veinte siglos en que ha sostenido, casi sin tregua, campales batallas contra toda suerte de enemigos. Como piensa el Sr. Parra, pensaron los tiranos de los tres primeros siglos del cristianismo, principalmente los que destrozaron el cuerpo de Jesucristo con azotes y con clavos y dispersaron a sus discípulos; así han pensado los filósofos, los herejes, los cismáticos de todas las épocas: a despecho de tales declaraciones y predicciones, el cristianismo persiste sano, vigoroso, rodeándonos por todas partes, ensanchando sus dominios en los pueblos que parecen providencialmente llamados a transformar el mundo. Así, pues, el filósofo de Montpellier no tiene la gloria de haber reorganizado a la sociedad, no. La revolución acumuló nubes tempestuosas, determinó un cataclismo que parecía sumergirnos en el caos; pero el sol de la civilización cristiana no se apaga. La ciencia ha progresado, no por Comte, sino a pesar de Comte; sin él había recorrido ya sobre carro triunfal inmensos caminos, en el vasto campo de la observación y de la experiencia. La subjetividad humana, como último fin del hombre, no satisface ni con mucho las más nobles aspiraciones del espíritu y, por tanto, está llamada a desaparecer a semejanza de otros delirios que la historia de la Filosofía nos recuerda. Nada de esto se puede ocultar a la poderosa y clara inteligencia del Sr. Dr. Parra: pero, es orador, es poeta, es partidario decidido del positivismo comtiano, más aún, es jefe [235] de la escuela mexicana, circunstancias todas que son la clave de su modo de pensar.

11. Discurso leído en la Sesión solemne de la «Sociedad Positivista de México», verificada (en el Olimpo) el 15 Bichat de 114 (en esta positiva tierra) el 17 de Diciembre de 1902, para conmemorar el primer centenario de la muerte del ilustre fundador de la Biología Xavier Bichat. – Elocuente, pródigo de erudición y de figuras, como en todos sus discursos, estuvo el orador al describir la gran figura del joven Bichat, a quien la Anatomía y la Fisiología deben un impulso titánico.

Siguiendo a Comte, considera a Bichat como a fundador de la Biología y dice, que «rompió las trabas de educación tan imperfecta, y llegó al único concepto de la vida que el método experimental puede aceptar.» Y luego hablando en el olímpico tono del Oráculo de Delfos, o de los que firmaban sus pragmáticas con un Yo el Rey declara que: «No es la vida un quid divinum, una llama escondida y misteriosa, una esencia, reside en los órganos, yace en los tejidos que contribuyen a formar los órganos.» Parece que por la misma naturaleza de sus estudios escogió Bichat por punto de vista la fisiología, es decir, el funcionamiento de la vida, que se manifiesta, no en todos los órganos y tejidos, sino en órganos y tejidos vivos, ut sic, como dijeran los viejos metafísicos. En esas proposiciones del Sr. Parra la cuestión queda intacta: la vida no es ésto, no es aquéllo, reside en tal cosa... y ¿qué es? No es Pedro, no es Antonio, vive en el Hotel del Jardín.

Cl. Bernard, citado por D. Mercier, (Psicología, vol. I) dice así: «Bichat como Sthal y la escuela de Montpellier piensa que la vida es una lucha entre dos acciones opuestas; admite que las propiedades vitales conservan el cuerpo viviente restringiendo las propiedades físicas que tienden a destruirle. Cuando viene la muerte, no es sino el triunfo de [236] las propiedades físicas contra sus antagonistas. Bichat, por otra parte, resume completamente sus ideas en la definición que da de la vida: la vida es el conjunto de funciones que resisten a la muerte, lo que significa en otras palabras: la vida es el conjunto de las propiedades vitales que resisten a las propiedades físicas.» En consecuencia, Bichat fue lógico en el objeto que se propuso: el fisiólogo que analiza el funcionamiento de la vida física, y el moralista que estudia el funcionamiento de la vida moral pueden a la vez repetir las palabras de Job: militia est vita hominis super terram.

12. Influencia de Descartes en los adelantos de la Fisiología. Es una elegante y minuciosa narración de la asombrosa fecundidad científica de Renato Descartes, para dar a conocer cuánto deben las ciencias al célebre filósofo de la duda metódica. No admitimos que el cartesianismo produjese la ruina definitiva del vasto sistema de la Filosofía escolástica; ni menos que «los siglos de fe habían pasado.» Repetimos, porque vuelve a presentarse la ocasión; aún hay fe en Israel, el cielo y la tierra pasarán, la verdad se verá rudamente combatida; pero no sucumbirá porque es eterna; de esto nos convence la fe, nos certifica la razón, nos lo confirma la historia. ¡Cuántas veces los positivistas de todos los siglos han declarado bien muerta la fe, y sólo por compasión la han disparado el tiro de gracia! Lo mismo pasó en aquella crisis espantosa de humana demencia que se llamó revolución francesa, lo mismo vociferaba cada facción de las ciento que surgieron en el siglo XIX, no hay motivo para creer que no se verifique igual fenómeno en la incipiente centuria. Aunque el Sr. Parra no respira más que atmósfera harto saturada de positivismo en su gabinete de estudio, en su cátedra, en el Congreso, en la redacción, &c., hay todavía más mundo real y positivo.

Hemos recorrido hasta el núm. 34 de la Revista Positiva. Debiéramos también consultar el Diario Oficial, en [237] aquellos números en que se han publicado las discusiones anuales sobre los programas de la Escuela Nacional Preparatoria; pero nos contentamos con mencionar esta nueva fuente para conocer el pensamiento de nuestros positivistas Parra, Flores, Chávez, Aragón, &c., &c.

IV
«Nuevo Sistema de Lógica» del Dr. Parra

Como historiadores del pensamiento filosófico en México, hemos tenido que ocuparnos de escritores enemigos de la Filosofía cristiana; pero, en prueba de imparcial sinceridad, hemos puesto especial cuidado en reconocer el mérito donde quiera que nos ha parecido hallarlo, y sea este el primer paso que demos al ocuparnos del Nuevo Sistema de Lógica. La lectura de esta obra, en general, impresiona gratamente; porque se ve que el autor es hombre de gran talento: que es un literato que sabe manifestar sus pensamientos con frases de coruscante belleza; que es un sabio a quien son familiares las ciencias naturales; que en suma, es un filósofo que ha observado, experimentado y meditado los fenómenos de la naturaleza, y un maestro que, como hemos dicho en otro lugar, maneja con oportunidad y destreza la comparación y el ejemplo.

Si en el libro hay poco propiamente nuevo, sí ha distribuido y desarrollado la materia con cierta novedad en el método y claridad en la exposición, y así, con algunas salvedades y rectificaciones apuntadas por el Sr. Lic. D. Manuel Brioso y Candiani en sus Comentarios, y otras por nosotros en esta Crítica, puede ser útil y provechoso su estudio.

La obra, elegantemente impresa en dos tomos en cuarto, que hacen un total de 697 páginas, ostenta la portada siguiente: Nuevo Sistema de Lógica inductiva y deductiva, | [238] por el Dr. Porfirio Parra, | antiguo Profesor de Lógica en la Escuela N. Preparatoria de México. | Tomo I. | México. | Tipografía Económica. | Avenida Oriente A 2 núm. 324, antes Cazuela 1. | 1903.

En la dedicatoria «rinde humilde homenaje a la Humanidad, una e infinita,» y en la pág. 106, vol. I, asegura que, «el bienestar físico, moral e intelectual del género humano es el ideal de la actividad del hombre, el summnum Bonum o supremo bien que tanto se esforzaron en determinar los moralistas de la antigüedad»; lo cual indica que el Sr. Parra es partidario del evolucionismo humanitarista de la sociología moderna o de la religión comtista.

Estamos conformes con la importancia y trascendencia que este escritor da a la Lógica; mas, de corazón sentimos que persona tan discreta adorne su Discurso preliminar con invectivas contra la Filosofía Escolástica, como si necesario fuese deprimir esa gallarda muestra del ingenio humano, para realzar las propias lucubraciones. Algún ligero encomio que se escapa como por descuido, se desvanece ante expresiones o acusaciones injustas: «la Filosofía escolástica, esa transacción pasajera de la ciencia y de la teología;» – «Al derrumbarse la vieja construcción aristotélica;» – «El inmortal canciller ingles... minó el trono secular en que se sentaba el Estagirita;» – «Ya hicimos notar, que Aristóteles comprendió mal la deducción, de modo que su Lógica, y en particular la que como suya enseñó la Escuela, no llegaba a otro resultado (nótese bien, no llegaba a otro resultado), que a hacer silogismos tan interesantes como este: todo cuerpo es substancia, todo hombre es cuerpo, luego, todo hombre es substancia.» ¡Oh!, es tan honrado este juicio, como si a nuestra vez dijésemos que dicho juicio es el resultado único a que ha llegado la Lógica positivista en México: esa sí sería friolera. «No debemos lamentar, dice en otro lugar, el merecido desdén que inspira en nuestros días el método escolástico;» que [239] «no le permitamos ya regir la educación intelectual, ni le concedamos más atención que la que inspira una ruina grandiosa, que representa el trabajo intelectual de edades que pasaron», y que «la Lógica de la Escuela no logró sobrenadar en la corriente de los nuevos siglos,» ¡como si la mayor parte de cuanto se escribe en el Nuevo Sistema no lo hubiesen repetido millares de veces los escolásticos!, en fin, tales reminiscencias del curso de retórica, son un eco más de tantas y tantas declamaciones pedantescas y de gastado molde, que han venido repitiéndose desde el renacimiento.

En la pág. 16 asienta esta proposición general: «No puede viciarse una facultad mental, sin que las otras participen más o menos tarde de la desviación», y la da por hecha en «la educación escolástica que directa e inmediatamente mina el entendimiento», y puede llevar al hombre hasta el taedium vitae (¡!) esa brillante deducción basta para probar, cuán lejos anduvieron Aristóteles y la Escuela de comprender las operaciones del entendimiento.

Santo Tomás escribió un opúsculo De fallaciis ad quosdam nobiles artistas, que nada tiene de trivial, sino mucho de importante, de suerte que, si al Estagirita le falta algo en este punto, la Escuela lo suplió. (I-16.)

Los escolásticos no reglamentaron la certeza que se llama probabilidad (I-17); pero es porque distinguieron muy claramente lo cierto de lo probable, que se excluyen. Sin embargo, ya en la pág. 98 (vol. I) la probabilidad se distingue de la certeza.

Pero, dejemos ya esas nonadas, que a la postre, si algún valor científico tiene la Filosofía Escolástica, si algún bien le deben la ciencia y la humanidad, no se lo quitará nadie, sea de la talla que fuere; porque toda declamación en contrario será, cuando más, como el decreto del famoso alcalde que declaraba nulo un espectáculo que se había dado.

Las novedades introducidas por el autor, se indican [240] desde el Discurso preliminar y son estas: «En la obra a que estas páginas sirven de introducción, se ha querido de una vez para todas poner fin a la perniciosa confusión entre el razonamiento deductivo y el silogismo, a que exponen todas las lógicas, aun las de Mill y Bain. El medio que hemos empleado para ello consiste en estudiar la deducción con las demás operaciones lógicas, mientras que el silogismo se incluye en otra sección de la obra, en la que tiene por objeto el estudio del lenguaje.» (I-15.) Sin embargo, no hay que perder de vista que no sólo es la expresión del pensamiento, sino la expresión verbal de una operación lógica: que no porque una recta deducción se haga fuera de la forma rigurosamente silogística, deja de incluirlo de algún modo y así, en un sentido lato, todo un discurso, toda una obra puede reducirse a uno o varios silogismos. A propósito recordamos que los Autores selectos de la más pura latinidad, por los PP. de las Escuelas Pías, llevan en los discursos de Cicerón unas notitas que explican el artificio retórico, reducen a su menor expresión el argumento, y así resultan silogismos exactos.

«No nos ha sido dado, privilegio es este reservado al genio, enriquecer el caudal lógico con nuevos principios o con capitales aplicaciones de ellos; pero hemos introducido, felizmente a lo que creemos, ciertas modificaciones de importancia en el plan de la ciencia, en la división del asunto y en el arreglo interior de sus materiales. Por eso nos hemos atrevido a denominarla Nuevo Sistema. No lo es sin duda por el material, mas sí juzgamos que merece este nombre por el arreglo con que lo hemos distribuido.

«Hemos considerado en secciones distintas lo relativo a la Lógica teórica, lo que atañe a la Lógica práctica, y lo que se relaciona con las cualidades lógicas del lenguaje, separando, como lo indicamos ya, el estudio del silogismo del de la deducción, para poner término a una confusión que tendía a perpetuarse. En la Lógica práctica no nos [241] hemos contentado con estudiar una a una las operaciones lógicas, sino que hemos creído necesario considerarlas en su coordinación y enlace, constituyendo el método, la parte más fecunda de la ciencia para el régimen intelectual. En la formación de nuestra metodología no hemos tenido guía ni precedente, hemos utilizado doctrinas esparcidas acá y acullá, y reuniéndolas en un haz, hemos tratado de llenar un vacío que no podía, sin desdoro de la nueva Lógica, subsistir en ella.

«En el estudio de las operaciones lógicas hemos juzgado oportuno definir y limitar mejor aquella operación generalizadora que, sin ser la inducción, es su indispensable preliminar... En el orden más propio para estudiar las operaciones lógicas hemos roto abiertamente con la tradición, y adoptado por la primera vez el que tenemos por más propio, dada la constitución de nuestro espíritu, y la manera con que los fenómenos se presentan ante el investigador.» (I-19 y 20.)

Esto supuesto, pasemos a examinar la ejecución del proyecto, e iremos notando los puntos en que contradice a la Filosofía cristiana.

NOCIOLOGÍA.– En la Sección preliminar define la Lógica: el arte de adquirir, coordinar y comprobar el conocimiento, con el fin de mostrar la exacta concordancia entre lo ideal y lo real, pretendiendo que sea sólo una aclaración de la de Mill, a quien el Sr. Parra estima como al lógico por excelencia, el restaurador de la Lógica: la ciencia de las operaciones del espíritu aplicadas a calificar la prueba: el Dr. Flores no está de acuerdo.

De paso y conforme con los reducidos límites de la doctrina positivista, dice que la Psicología es la ciencia que estudia los estados de nuestro espíritu en su sucesión y enlace. Después (I-42) llamará «facultades del alma o del espíritu, a los grandes grupos que abarcan fenómenos espirituales o estados de conciencia homogéneos»: al terminar la [242] nociología (I-130) dirá, que «el límite del conocimiento coincide exactamente con los límites de nuestra experiencia y... en consecuencia, con la esfera de nuestra sensibilidad»: conforme a este modo de pensar, en la teoría de la definición (I-160) no admite «ningún conocimiento de las esencias de las cosas, sino sólo lo que sea fenomenal y relativo.» Véase también vol. II, pág. 204.

Sobre la distribución general del material lógico escribe: «Conforme a las ideas expuestas, creemos de buen método, separándonos del camino seguido por los autores, dividir la Lógica en las tres partes siguientes, que se expondrán en el mismo orden en que las apuntamos aquí. – Primera parte. Tiene por objeto estudiar, tanto los fundamentos subjetivos como los objetivos, en que se apoyan los preceptos lógicos. Proponemos designar esta sección, con el nombre de Nociología. – Segunda parte. Tiene por objeto el estudio de las palabras desde el punto de vista lógico, proponemos llamarla Logología. – Tercera parte. Tiene por objeto el estudio de las operaciones lógicas, proponemos denominarla Nociotecnia.» (I-38.)

Se declara idealista con Berkeley, Mill y Bain en cuanto a «no ver en el contraste entre lo objetivo y lo subjetivo más que una oposición fenomenal, y no substancial.» (I-55.) Sabido es que para Mill no hay más que sensaciones y estados de conciencia, lo primero define el cuerpo, lo segundo el espíritu, y que la substancia de uno y otro es objeto, no de prueba y experimentación, sino de lo que él llama creencia metafísica (véase su Sistema de Lógica.) El Sr. Parra dice: «el yo, no es más que una posibilidad permanente de estados de conciencia: fuera de los sentimientos, de los pensamientos, de las voliciones, el yo desaparece» (I-87); esforzándose después en pretender demostrar, que el yo es sólo una sucesión de estados, y no algo substancial y permanente a través de esas modificaciones. Nótase, pues, en el Sr. Parra, una [243] predilección marcadísima por Stuart Mill; pone especial esmero en elogiarle, en no lastimarle, y adopta aún lo que pudiéramos llamar sus excentricidades; pero la conciencia con su voz augusta, y a despecho de todos los sistemas, seguirá hablando en el fondo de nuestro ser substancial y verdadero.

Al tratar del incremento del conocimiento, supone en los animales operación de inferencia de lo particular a lo particular; mas, si la inferencia es propiamente un acto intelectual, entonces no hay que dar ese nombre a los actos instintivos de los animales. No es sólo un modo de hablar, sino que de hecho les atribuye inteligencia: al empezar la Logología dice, como si fuese la cosa más natural del mundo, «los animales superiores, a no dudarlo, piensan, no obstante carecer de lenguaje»,{140} y en la Logología (I-169) desecha la antigua y filosófica definición del hombre, Animal rationale, porque, «si por razón se entiende la facultad de raciocinar, o simplemente la facultad de poseer inteligencia, en tal caso la definición no sólo conviene al hombre, sino a otros animales.»

Acerca de los postulados del conocimiento pone primero la conciencia; pasa después a explicar los principios de identidad, de contradicción y de exclusión de medio: a fin, empero, de que el principio de identidad no parezca trivial, lo formula así: «Todas las cosas y sus cualidades son, en todos los tiempos y lugares, comparables a sí mismas, lo cual nos impide confundirlas con otras, y nos permite reconocerlas, en todas las circunstancias, como las mismas cosas o las mismas cualidades.» Al señalar los defectos del principio de exclusión de medio, parécenos que ni la afirmación ni la negación convienen a la pregunta disparatada de ¿si la nieve es virtuosa o no lo es?, sencillamente porque estamos en un caso de falacia llamada de subiecto non supponente y basta [244] responder, nego suppositum. Cree que la generalidad de esos principios no comprende las inferencias mediatas, las cuales se gobiernan por el principio de la uniformidad de la naturaleza expresado así: «Lo que se ha verificado uniformemente en el pasado, se verificará en lo porvenir, si las circunstancias no varían.» Ahora, a prevenir la falacia de non causa pro causa sirve de mucho la teoría de la causalidad, en lo que son insuperables los escolásticos; pero el Sr. Parra lo expresa y limita en estos términos: «Todo lo que sucede es manifestación de una energía transmitida uniformemente por anteriores manifestaciones de energía», dándole así corte positivista.

LOGOLOGÍA.– Esta parte, prescindiendo de algunas deficiencias, redundancias y descuidos de método, está, en general, bien tratada. En especial y como cosa propia señala los caracteres esenciales del sujeto y predicado de una proposición, para salir de aquella regla un tanto empírica y vulgar de que, sujeto es aquello de que se afirma o niega alguna cosa; y predicado, aquello que se afirma o niega. El Sr. Parra dice: «sujeto es el término lógico que en la proposición se toma en su aspecto concreto de extensión o denotación...; predicado es el término lógico usado en su aspecto abstracto de connotación o comprensión.» (I-172.) Tan sencilla como importante regla facilita por admirable manera la inteligencia de otros capítulos, tales como el de la cuantificación del predicado, equivalencia, y conversión de las proposiciones.

En la teoría de la cuantificación y en las reglas que se refieren a los silogismos de la 1ª figura, aprovecha las observaciones de Hamilton.

Ha llamado con mejor acuerdo compatibilidad e incompatibilidad de las proposiciones, a lo que antes se designaba con el nombre algo impropio de oposición de las proposiciones.

Sigue a Mill y a Bain en la doctrina positivista sobre el [245] significado de las proposiciones, entendiendo que estas «expresan uniformidades de la naturaleza, y se dividen en tantos grupos, cuantas son las uniformidades; por tanto, existen proposiciones de igualdad, proposiciones de coexistencia y proposiciones de sucesión.» (I-224.)

El tratado del silogismo con un poco de más cuidado en el método y en las pruebas sería completo, agotaría verdaderamente la materia. Al explicar la regla, Nil sequitur geminis ex particularibus unquam, hace una observación en que se alucina, como a su vez lo demostrará el Sr. Brioso y Candiani, a saber: «Esta regla tiene, sin embargo, una excepción muy notable, y que no fue sospechada, ni por Aristóteles, ni por ninguno de los que han seguido textualmente sus doctrinas; quizá sea el único punto realmente débil de la doctrina del filósofo de Estagira. Cuando en dos particulares se expresa que el atributo conviene a más de la mitad de un sujeto, puede haber conclusión particular; por ejemplo: si en una ánfora hay cien bolas, y ochenta son de metal, y veinte de madera, y además setenta bolas son del tamaño doble que el resto, se puede afirmar con toda seguridad, sólo por el contexto de las proposiciones, que algunas de las bolas de doble tamaño son metálicas.» (I-246). El artículo VII en que trata de la Utilidad del silogismo es sobremanera interesante, y creemos que contribuirá a rehabilitarlo entre muchos que a priori lo desprecian.

NOCIOTECNIA.– De esta parte, de su objeto y división dice el Sr. Parra: «En resumen: la Nociotecnia es la parte de la Lógica que estudia las operaciones lógicas.

«Son operaciones lógicas los actos del entendimiento que elaboran el conocimiento, para determinar las leyes o uniformidades de la naturaleza.

«Las operaciones lógicas forman dos grupos: el primero está formado por operaciones de generalización, en que los hechos se agrupan por medio de nociones, o las nociones se [246] agrupan por medio de leyes. De aquí nacen dos operaciones de carácter sucesivo: la generalización simple, que nos conduce a la formación de nociones, y la inducción, que nos lleva de las nociones a las leyes.

«El segundo grupo de las operaciones lógicas es de carácter aplicativo o interpretativo, pues siempre consiste en extender a un caso nuevo una proposición general, y está constituido por una operación, siempre fundamentalmente la misma, llamada deducción.

«La nociotecnia se divide en dos partes: la analítica que estudia por separado las operaciones lógicas, y la sintética o metodología, que las estudia en conjunto.» (II-8).

Como se ve, concreta lo verdadero nomás que a las leyes de la naturaleza; pero hay mucho más, pues tenemos hechos, relaciones y leyes, y además del conocimiento inmediato, el conocimiento mediato por inducción o deducción aún de la íntima naturaleza de las cosas, por lo que podemos legítimamente colegir yendo de lo conocido a lo desconocido.

En la Nociotecnia analítica, después de estudiar la abstracción, el análisis y la clasificación, entra de lleno en el estudio de la inducción siguiendo paso por paso a «John Stuart Mill que puede ser considerado como el legislador de la inducción.» Divide la materia en los capítulos siguientes: «1º Su carácter. 2º. Su procedimiento esencial. 3º. Sus fundamentos. 4º. Métodos de inducción. 5º. Jerarquía de las leyes de la naturaleza. 6º. Límite de los métodos experimentales. 7º. Resultados de la inducción.» (II-34).

Establece honda diferencia entre la generalización simple y la inducción y las caracteriza así: «La generalización simple, consiste en reconocer una cualidad común a un grupo de casos particulares, en virtud de lo cual estos forman una clase, o bien, en un grado más elevado de la operación, en reconocer una cualidad común entre dos o más clases, formando así una clase más general. – La inducción consiste en [247] inferir que lo que se ha probado ser cierto en una parte de los individuos que forman una clase, y que no pertenece a la noción correspondiente a esta clase, será cierto para el resto de los individuos que componen la dicha clase.» (II-39).

«El principio de la uniformidad de la naturaleza sirve de fundamento a la inducción.» ¡Misterios del entendimiento humano! Ese principio a su vez se forma por inducción, y al aplicarlo en cada inducción, hacemos implícitamente una inferencia deductiva.

Por lo general no se contenta el Sr. Parra con fórmulas tradicionales y, aunque vengan de los padres del positivismo a quienes tributa constantemente elogios, las examina empero de propia cuenta y las reforma si lo cree necesario: así, por ejemplo, para fijar la distinción entre la observación y la experiencia dice: «No es, pues, la actividad o pasividad del investigador, lo que caracteriza a la experiencia, distinguiéndola de la observación, son las condiciones en que se recoge el hecho por estudiar; cuando este se examina tal como se ha producido, sin modificación ninguna en las circunstancias que influyen sobre él, se hace una observación: mientras que se hace una experiencia, si el hecho presenta alguna modificación en cualquiera de sus circunstancias.» (II-43).

Los métodos de inducción sujetos definitivamente a leyes lógicas por Stuart Mill son cuatro, el de concordancia, el de diferencia, el de variaciones concomitantes y el de los residuos. (II-44 y sigtes.) Sus cánones respectivos son: 1º. «Si dos o más casos del fenómeno, objeto de la investigación, tienen sólo una circunstancia común, la circunstancia en que todos los casos concuerdan es la causa o el efecto del fenómeno. – 2º. Si un caso en que un fenómeno se presenta, y otro en que no se presenta, tienen comunes todas sus circunstancias menos una, la cual se presenta tan sólo en el primer caso, esta circunstancia única en que los casos difieren, es el efecto o la causa, o parte integrante de la causa del [248] fenómeno. – 3º. Un fenómeno que varía de cierto modo, siempre que otro fenómeno varía de la misma manera, es causa o efecto de este fenómeno, o está ligado a él por alguna relación causal. – 4º. Restad de un fenómeno la parte que por inducciones anteriores se sabe que es efecto de tales antecedentes, el residuo del fenómeno será el efecto de los antecedentes restantes.» Pero Mill y el Sr. Parra pulsan dos graves dificultades en la aplicación de los métodos: 1ª. la pluralidad de causas, 2ª., la mezcla de efectos.

La teoría de la deducción, aunque sólo bajo el punto de vista positivista, y limitándose «tan sólo a lo que en ella se relaciona con los hechos» (II-75) está bien desarrollada; pues en sendos capítulos trata: «1º. De la deducción por simple extensión. 2º. La deducción por contraposición. 3º. Fundamentos de la deducción. 4º. Teoría de los axiomas. 5º. Valor lógico de la deducción. 6º. De la probabilidad. 7º. De la causalidad. 8º. De la analogía.» (II-76.)

Con respecto al fundamento de la deducción dice: «En resumen, tanto el Dictum de omni et nullo, como la Nota notae, pueden ser adoptados como principio fundamental de la deducción, pues en realidad de verdad vienen a expresar el mismo hecho; pero uno y otro postulan o suponen aún otro axioma que les sirve de garantía, y este es el principio de la uniformidad de la naturaleza.» (II-94.)

Admite con Bain, «que una proposición, para ser axioma, debe cumplir las siguientes condiciones: primera, ha de ser una proposición real, y no una definición; segunda, ha de ser independiente de cualquier otro principio contenido en la ciencia» (II-97), contra los que caracterizan los axiomas por la evidencia.

Por método entiende: «el arte de enlazar las operaciones lógicas y sus resultados, a fin de poner de manifiesto la realidad y el valor de los conocimientos adquiridos, y para que estos sugieran conocimientos nuevos.» (II-126.) [249]

«Nuestros conocimientos se resuelven en hechos y en inferencias relativas a hechos, estos son acontecimientos, sucesos, cambios o fenómenos, ya del mundo objetivo, ya del mundo subjetivo» (II-128). Pero, a diferencia del vulgo positivista, si los conocimientos se resuelven en hechos, no quiere decir que la ciencia toda sea materialista o sensista, no, por eso al principio de la Metodología sintética asienta muy claramente que: «El carácter común a los conocimientos coordinados en el método científico es, referirse a hechos positivos, basarse en ellos, comprobarse por ellos, propender a ellos. La palabra positivo, suele, por un abuso de su acepción usual, ser tomada en mala parte, sugiere en tal caso la idea que el método positivo solo se compone de hechos. Esto es grande y capital error, sobre todo si por hecho se entiende, solo aquello que puede afectar nuestros sentidos. No, el método positivo no solo comprende hechos, sino las relaciones, las ideas, los conceptos, las leyes que resulten de la conveniente interpretación de los hechos.» (II-225). Este más amplio concepto de la ciencia, no menos que la rehabilitación de la inducción dentro del propio positivismo, favorece a la Filosofía Escolástica y es, a nuestro modo de ver, el terreno adonde quiso llevarla el inmortal Pontífice León XIII, al crear el Instituto Filosófico de Lovaina.

Según el Sr. Parra, «las operaciones fundamentales del método son: la fenomenografía, que comprende lo relativo a los hechos, la ordinación que los sujeta a un primer arreglo, la coordinación que los somete a un arreglo más complicado, el análisis y la síntesis, que rigen y enlazan las inferencias basadas en los hechos, y la adaptación metodológica del lenguaje, que nos proporciona medios de expresar correctamente cuanto se refiera a los hechos y a sus relaciones.» (II-129). Dedica un capítulo a cada uno de estos puntos, y en el primero de ellos discurre largamente sobre el valor del testimonio humano. [250]

Después en la Metodología sintética, se ocupa en dar a conocer los «caracteres generales o unidad del método positivo o científico», y a continuación trata de las «variantes del método» que son: «Método deductivo o racional. Método deductivo concreto o experimental. Método inductivo o de observación, clasificación y comparación. Método de las ciencias prácticas.» En este último capítulo vuelve a manifestar que, «la mejora intelectual y moral de la humanidad, la dicha y el bienestar de la colectividad humana, es el Supremo Bien o Summum Bonum» a que todo debe tender y a tal grado que, «la circunstancia de contribuir al bien de la humanidad constituye la moralidad de las acciones, la de ser contraria u opuesta a ese bien, constituye su inmoralidad.» (II-265.)

Tiene el Nuevo Sistema de Lógica una Sección complementaria, que versa muy minuciosamente acerca de las falacias o sofismas. Primero demuestra la importancia de este tratado: dice después que, «los sofismas son errores dimanados de diversas predisposiciones del espíritu humano, en virtud de las cuales exageramos la eficacia de las pruebas, hasta tomar por suficientes y completas las que no tienen este carácter.» Estudia las raíces psicológicas de los sofismas; a saber: «las que dependen de la sensibilidad, las que proceden de los deseos y las que provienen de la personalidad mental; y estudia igualmente las apariencias lógicas de los sofismas; pero antes de emitir la propia clasificación, hace una reseña histórico-crítica de lo que sobre tal materia escribieron Aristóteles y los Escolásticos, Bacón, Mallebranche cartesiano radical; Arnauld el lógico de Port Royal, Mill; de este último hizo algunas observaciones D. Eduardo Prado, en las adiciones a las Lecciones elementales de lógica | por W. Stanley Jevons. La clasificación propuesta y desarrollada por el Dr. Parra, se basa en la distribución que hizo de las partes de la Lógica y así trata de los Sofismas nociológicos, Sofismas logológicos, Paralogismos y Sofismas metodológicos o ilogismos. [251]

Siguen a la obra un Apéndice que contiene el Análisis crítico, | por el Sr. Dr. Manuel Flores, | Director de la Escuela Nacional Preparatoria y Profesor de Lógica en el mismo Establecimiento; presentado al Consejo Superior de Educación pública, como dictamen de la Comisión de textos para esa Escuela. Este dictamen habíase publicado ya en el Diario Oficial, Tomo LXVII, Núm. 205. Inútil es advertir que no contiene más que encomios.

Nos hemos circunscrito a formar para esta obra el breve resumen que antecede, sin descender a pormenores que harían interminable cada juicio: ya hablamos desde el principio de las dotes que, a nuestro parecer, adornan al estimable autor; sólo nos falta decir que la Lógica prepara, no solamente para las ciencias experimentales, sino también para la metafísica y aun para la Teología, y en ese sentido es incompleto el Nuevo Sistema; aunque no dejamos de comprender que el Sr. Parra tiene sobre sí dos graves compromisos que no sabemos hasta qué punto influyan en las predisposiciones de su espíritu, el de ser el continuador de la obra de Barreda, y el de haber escrito especialmente para la Preparatoria.

V
Ataques a la Lógica del Dr. Parra

No bien acababa de salir de molde el primer volumen del Nuevo Sistema de Lógica del Dr. Parra, llenando de alborozo a los positivistas, levantaban apenas las manos para batir palmas los discípulos y amigos del autor, cuando el Lic. D. Manuel Brioso y Candiani, oaxaqueño de naturaleza, calóse los anteojos, como antaño se decía, empuñó el escalpelo de la crítica y procedió a la disección del libro, formando unos Comentarios que publicó en el papel jacobino Diario del Hogar, a partir de 14 de Agosto de 1903, y leyó en el seno de la Sociedad de Geografía y Estadística. [252]

Cruel decepción para el autor del Nuevo Sistema de Lógica, ver así despiadada y públicamente destrozado su libro, fruto de larguísimos desvelos. Somos humanos, la crítica siempre duele; pero más en casos como éste, en que el severo Aristarco asumió una actitud quizá en extremo autoritaria y subjetiva: a cada paso salen al encuentro expresiones como éstas: estoy conforme, no estoy conforme, estoy de acuerdo, no estoy de acuerdo, acepto, no acepto, juzgo, me agrada, según mi deseo, yo llamaría, yo diría, yo hubiera preferido.

Algunas personas le instaron para que reuniese en un folleto los artículos, y en el párrafo XIII ofreció satisfacer tales deseos; no sólo; sino que hubo quienes le prestasen ayuda pecuniaria para el costo de la edición. No es un folleto, es una obra en forma, en que va poniendo el resumen de cada capítulo y su correspondiente comentario. He aquí la portada: Comentarios sobre el «Nuevo Sistema de Lógica Inductiva y Deductiva por el Dr. Porfirio Parra», | formados y publicados por el Lic. Manuel Brioso Candiani. | Segunda edición con correcciones y adiciones. | Tomo I. | Méjico. A. Carranza y Cía., Impresores, Callejón de Cincuenta y siete Núm. 7. | 1904.

I. No aprueba que comience por definir la Nociología, «soy partidario, dice, de las intuiciones y no de las definiciones, tratándose de la enseñanza.» – Duda de «que lo esencial en todo fenómeno de la inteligencia sea la intuición de la semejanza o de la diferencia... Tal vez sería mejor asentar que todo fenómeno intelectual es, más que discriminativo, representativo; porque no encuentro uno sólo de esos fenómenos que no suponga alguna representación.» – «Al hacer, (el Sr. Parra) la gradación de las operaciones mentales, establece este orden: primero, la percepción; segundo, la ideación o representación; tercero, la abstracción o concepción; cuarto, el juicio; y quinto el raciocinio. Creo, añade el Sr. Brioso, que faltan ahí dos términos: la impresión [253] sensoria y la comparación, ésta preparatoria del juicio, y aquella anterior a la percepción.» Cree también, que sobra la palabra concepción por ser vaga y por no ser sinónima de abstracción. – Propiamente hablando, la abstracción es anterior a la ideación: idear es abstraer y generalizar.

II. No acepta que el acto de conocer sea elemental e indivisible. – «Para que conozcamos, tenemos necesidad de advertir en un objeto una cualidad que lo distingue de los demás; pero yo llamaría a esa «ley del discernimiento», reservando las palabras acuerdo, semejanza o similaridad para los casos de reconocimiento y del en que nos damos cuenta de la identidad subjetiva u objetiva.» – «Me parecen aceptables las observaciones sobre el significado de las palabras 'Naturaleza, Universo, todo y nada', aunque yo diría, no que ellas no dan un conocimiento real y objetivo, –porque siempre implican algún conocimiento– sino que no dan conocimientos 'intuitivos', que implican conocimientos puramente abstractos.» ¡Vaya un raro modo de aceptar!

III. Que el Sr. Parra explica satisfactoriamente el yo sujeto y mundo interior, y el no yo objeto y mundo exterior; pero le faltó «hacer observar que para algunos filósofos la palabra yo designa al sujeto invariable de nuestros fenómenos internos, y el no yo los mismos fenómenos psíquicos, que son múltiples y variables.» La cuestión sobre si el sujeto es o no substancial «está fuera de la Nociología y aún de toda la Lógica», por ser problema de filosofía trascendental. – En la clasificación del conocimiento hay un vacío; pues «además de dividirse el conocimiento en objetivo y subjetivo, en individual y general, se divide en intuitivo o directo e indirecto o artificial.» y propone Brioso este cuadro:

Conocimiento    · por el punto a que se refiere. – Objetivo y subjetivo.
· por la extensión que abarca. – Individual o concreto, general o abstracto.
· por el origen y modo de producción. – Intuitivo directo o natural, indirecto o artificial. [254]

El estudio de los universales está fuera de su lugar, pues corresponde a la Historia de la Filosofía; es punto trascendental, y ya no hay quien crea «que haya realidades abstractas fuera de nuestro espíritu, ni mucho menos que los nombres generales estén vacíos de significación.»

IV. La asociación de los estados de conciencia, «es condición de la memoria y no del conocimiento.» – Siente «que el autor no clasificara los hechos de asociación; porque esa clasificación le habría servido para introducción al estudio de los sofismas.» – «La imaginación no se refiere a los conceptos y a las ideas, sino a las cosas mismas.» – «La palabra «concepción» debe ser substituida por la palabra «ideación.» – Cree que el Sr. Parra da tanta importancia a la concepción, porque la confunde con la comprensión, «acto en que condensamos juicios y raciocinios acerca de cualquier cosa sujeta a examen.» – El Sr. Parra considera la inferencia como un modo especial de conocer; el comentarista la cree «un modo especial de juzgar.» – La inferencia espontánea es muy digna de ser estudiada.

V. Asegura que no piensa como el Sr. Parra, «no solamente en lo que al número de las nociones y verdades primeras se refiere, sino también en lo que atañe a la explicación dada sobre el origen de las unas y de las otras.» – Anhela que en la nueva edición «se expongan con entera imparcialidad las opiniones extremas... sin avanzar resolución alguna» sobre dicho origen. – Parece que el mejor lugar para la clasificación de las ciencias es «al comenzar el estudio del método.» Parra sigue la clasificación comtista de las ciencias, «no sería la que yo siguiera,» dice el Sr. Brioso.

VI. «Los postulados del conocimiento son ciertos por sí mismos,» asienta el Sr. Parra, y tiene razón; pero duda el crítico que eso, pueda conciliarse con algunas de las tesis que en otros lugares sostiene el jefe de la escuela positivista de México», déjalo, empero, a los impugnadores de dicha [255] escuela. – El Sr. Parra juzga que el principio de la exclusión del medio no tiene la importancia de los otros, y en verdad que le asiste la razón; pero no por los motivos que expone, sino porque ese principio no es más que una variante del de contradicción.» – «Parece natural, que el tratado de las inferencias inmediatas fuese en la Nociología, posterior al estudio del juicio y anterior al del raciocinio» – «No está bien que en la Nociología se trate sobre el fundamento de las inferencias mediatas, es decir, la inducción y la deducción.»

Ahora conviene transcribir literalmente las palabras con que el Sr. Brioso termina sus comentarios a la Nociología, porque condensan el juicio que sobre esa parte se ha formado: «Acepto, dice, todas las aserciones del séptimo y último capítulo de la Nociología, menos esta: que el límite de nuestros conocimientos coincide exactamente con el de nuestra experiencia; y no la acepto, no sólo por las consecuencias que implica para el orden moral, sino porque no se aviene con otra de las tesis del libro...

«Por las observaciones que tengo apuntadas y por otras que no he creído necesario explanar, concluyo sobre la Nociología, del modo siguiente:

«I. Desde el punto de vista artístico, la Nociología, aparte de algunos defectos tipográficos, de puntuación y de construcción gramatical, es de los mejores de nuestros tratados: pues su dicción es natural, bien encadenada y abundosa, revelando una erudición vasta que la enriquece, dándole brillantez poco común.

«II. Desde el punto de vista de la verdad científica, contiene gran número de enseñanzas valiosas; pero deben llenarse en ella las omisiones que he señalado, y aunque no se enmienden las imperfecciones que al principio indiqué, se ha menester, sí, suprimir los dos errores a que me referí: el de ser sofístico el ejemplo aducido por algunos lógicos sobre el [256] principio de la exclusión del medio, y el de que nuestros conocimientos tienen por límite el de nuestra experiencia.

«III. Desde el punto de vista de la metodología lógica, la Nociología es defectuosa: pues en unos puntos la colocación de las materias no es la natural, y en otros, el tratado sobrepasa a lo que debió contraerse.

«IV. Desde el punto de vista didáctico, la Nociología necesita reformarse, ya porque en algunos trances se eleva más allá del nivel intelectual común de los escolares, y ya, también, porque en ella se define antes de dar la intuición, y se expone la ley, comprobándola después con ejemplos; es decir, se procede a la antigua, pues hoy, en 1904 se exige pasar de lo concreto a lo abstracto, de lo indefinido a lo definido y de lo individual a lo general.

«V. Desde el punto de vista moral (y aun del político, si se considera como parte de una obra de texto, oficial), necesita que se supriman en ella, además de los errores que tengo señalados, aquellos párrafos en que el autor, sin necesidad, plantea y resuelve cuestiones de filosofía trascendental, atacando así las creencias que, conforme a nuestras instituciones, deben ser respetadas. En los puntos en que no pueda hacerse la omisión, lo mejor habría sido exponer las opiniones y no decidirse por alguna, puesto que sobre ellas no está aún la verdad.

«En resumen:

«Expurgada la Nociología de los errores e impurezas que he indicado, habrá de ser una excelente introducción al estudio de la Lógica.»

Logología. VII. «La Logología debe ser posterior y no anterior al estudio del raciocinio.» – «Quince puntos debe comprender, según el libro, la Logología; pero creo que faltó por lo menos uno, que debió referirse a otras formas que no son silogísticas, especialmente al dilema que, en algunos casos, vale tanto como el silogismo.» – Sobre el papel del lenguaje en el conocimiento hay que advertir, que hay [257] conocimiento de objetos que aún no denominamos, y que «recordar es también pensar.» – «En Lógica término es voz más propia que palabra.» – «Errónea le parece la tesis del Sr. Parra en que sostiene, que las palabras individuales como Juan, Venus, Sirio, no se usan en razón de su significación, fundándose en que, no es lo mismo el conocimiento que por diferentes medios podemos adquirir de las cosas o personas, que el conocimiento de esas mismas cosas o personas sugerido por el sólo hecho de saber su nombre.» – No acepta la clasificación de que «las palabras individuales denotan sin connotar; las palabras generales (hombre, árbol, casa, &c.), connotan y denotan a la vez, y por último, las palabras abstractas (blancura, belleza, &c.), connotan sin denotar,» y aceptaría en esta otra forma, «palabras más denotativas que connotativas (Marte, Yucatán, Babieca); palabras más connotativas que denotativas (gloria, belleza, blancura); palabras connotativas y denotativas (vegetal, mueble, instrumento).» – La ley intelectual de que la connotación y la denotación están en razón inversa, no es de las palabras sino de la ideación.

VIII. En general, es inaceptable la teoría de que «toda palabra, ya signifique cosa o cualidad, ya modificación de la cosa o de la cualidad, supone una o varias palabras opuestas que significan la cosa, la cualidad o la modificación contraria.» – Tampoco es aceptable la doctrina del Sr. Parra en que asevera, que las palabras negativas son las que expresan lo contrario de lo que se quiere tomar como positivo, no un defecto, falta, ausencia o negación: así, pobreza puede ser lo positivo y riqueza lo negativo. No puede ser, las palabras designan las cosas. – La teoría de los contrastes de los términos está fuera de su lugar, y expuesta de modo poco inteligible. – Propone el Sr. Brioso una especial división de los términos, digna de tenerse en cuenta.

IX. En este párrafo lo importante son los puntos que, a juicio del censor, debe abarcar el tratado de la definición. [258]

X. Agrádale el juicio del Dr. Parra relativo a que «la sana filosofía admite que no podamos conocer las esencias de las cosas.» – No hay más que definiciones de cosas, y «sólo deben llamarse definiciones de palabra, las etimologías, o cuando más, las aclaraciones que sirven para indicar, tratándose de términos ambiguos, en qué acepción se los toma.» – «¿Sirve la definición para connotar, o se emplea para connotar y denotar a la vez?» – El Doctor trata de la famosa regla escolástica del género próximo y diferencia específica con olímpico desdén.

XI. Critica aquí algunos asertos de la obra relativos a la definición y al carácter del sujeto y del predicado en la proposición. – Cree que el autor no debió llamar Salvador y Redentor a Jesucristo, ni calificar de augustas sus palabras, por ser la obra un libro de texto para las escuelas oficiales. (?)

XII. Que las proposiciones circunstanciales no deben considerarse como compuestas. – Niega, «que sean compuestas ciertas proposiciones usadas especialmente en Astronomía y en Física, (las áreas son proporcionales a los tiempos, – los cuadros de los tiempos de revolución son entre sí, como los cubos de los semiejes mayores de las órbitas, &c.); porque en ellas se establece, aunque de un modo complejo, en el lenguaje, una ley.» – «Tampoco acepta en el cuadro las que los antiguos llamaban inceptivas o decitivas.» – Sigue poniendo reparos a la doctrina del Sr. Parra relativa a la cuantificación del predicado.

XIII. De la compatibilidad e incompatibilidad necesaria de las proposiciones. – Nota el Sr. Brioso las deficiencias de esta parte del tratado. – Hace una «Aplicación de la Pedagogía a la Lógica. Ejemplo de una lección práctica sobre las reglas de la oposición de las proposiciones.»

XIV. No pasa por «que son tres las transformaciones definidas en la equivalencia: la conversión, la obversión y la que dice llaman algunos conversión hipotética.» – Error esencial [259] e imperdonable es «considerar la conversión como un caso de equivalencia.» – Señala en este párrafo varias contradicciones en que incide el autor del Nuevo Sistema de Lógica.

XV. «¿Cree el Sr. Parra que inscriptos e inscriptibles son las mismas ideas, y que lo real es lo mismo que lo posible?» – Sigue indicando contradicciones.

XVI. Tampoco la obversión es caso de equivalencia.

XVII. Hace una crítica minuciosa y razonada de lo que dice el Sr. Parra acerca de las proposiciones hipotéticas, de las condicionales y de las disyuntivas. – En especial no acepta «que cualquiera proposición categórica pueda revestir la forma hipotética.» – Rechaza la definición que dio de las proposiciones condicionales y la de las disyuntivas: en esta «ha confundido el autor la proposición disyuntiva con el raciocinio disyuntivo», amén de otros lapsus calami, «imperdonables a un profesor competente y sabio.»

XVIII. Del dilema. – Primeramente no está ese tratado en el lugar que le corresponde. – «No es cierto que el dilema sea una proposición condicional, cuya consecuencia es una disyuntiva, pues, al contrario, el dilema comienza por una disyuntiva y contiene también, no una, sino dos condicionales, conducentes a una sola conclusión.» – El dilema no es un argumento de los más sofísticos. – Bien manejado es utilísimo.

XIX. Prescindiendo de ligeras deficiencias apuntadas, este párrafo es de los más encomiásticos al autor del Nuevo Sistema de Lógica.

XX. Algunos reparos de carácter pedagógico. – No están bien reducidos ni cree reducibles los postulados del silogismo.

XXI, XXII y XXIII. Señalan las deficiencias de método y de demostración en las reglas del silogismo, tales como figuran en la obra del filósofo comtista. – La regla Nil sequitur geminis tiene la fuerza de un teorema, y en lo que el famoso autor llama excepción no sospechada por el Estagirita, no [260] hay más que un error, que atribuirse debe «a la influencia nociva que en el espíritu del Sr. Parra ha ejercido la doctrina positivista.»

En parte del párrafo XXIII, en el XXIV y XXV, propone una nueva «ordenación y demostración» de las reglas silogísticas, aceptable en justicia.

XXVI. Reprueba que el Dr. Parra haya gastado veintiséis páginas en explicar las figuras y los modos del silogismo; creyendo que bastan las reglas y sobran esos «contadores automáticos.» – En este mismo número dice: «A este respecto, me propongo, para el día que me sea posible, editar una obra de Lógica que pretendo formar, a fin de que, sin maestro y sólo leyéndola, se aprenda lo más necesario de esa materia.»

XXVII. Nota que se omitió explicar el prosilogismo, la inducción aristotélica y el silogismo copulativo, o de incompatibilidad. – Elogia el ultimo capítulo y termina así: Conclusiones sobre la Logología.

«1ª. Desde el punto de vista literario y artístico, tiene abundantes elegancias, dicción en lo general correcta y atractiva, lenguaje fácil y adecuado a la naturaleza de la obra, y acopio de ejemplos y de referencias a otros ramos del saber humano, que denuncian una erudición de las menos comunes en nuestro país.

«Hay ciertas construcciones forzadas, y la puntuación no es siempre la mejor. La impresión tipográfica es en lo general limpia y esmerada; bien que para las personas de vista escasa y cansada como la mía, sería de desear que los tipos hubiesen sido más grandes.

«2ª. Desde el punto de vista de la verdad científica, contiene muchas enseñanzas valiosas y aprovechables, mezcladas desgraciadamente con errores, con tesis no comprobadas y con algunas contradicciones.

«3ª. Desde el punto de vista de la Metodología lógica, esto [261] es, examinando lo que debió contener necesariamente, lo que no debió encerrar y el orden en la exposición de los puntos, creo que sobran el tratado de la definición y el de las figuras y modos del silogismo; que faltan puntos como los relativos al silogismo de incompatibilidad, al dilema común, a la inducción aristotélica, &c., y que hay explicaciones fuera del lugar que les corresponde.

«4º. Desde el punto de vista de la Metodología pedagógica, no hay las excelencias ni el empleo de todos los artificios necesarios, para dar a los estudiantes las intuiciones directas, tanto más necesarias en Lógica, cuanto que se trata de una materia que reclama muchas abstracciones. Sin embargo, en este punto no se debe exigir mucho al Sr. Parra: porque no hemos tenido ni tenemos la Escuela Normal Superior que, para la formación de profesores de estudios preparatorios y profesionales, anhela, con loable afán, el Sr. Lic. D. Justo Sierra.

«5ª. Desde el punto de vista moral y político, el tratado no ofrece los peligros que la Nociología, sino en algunos de los puntos que tienen con esta íntima relación. Y si bien es cierto que en la Logología propala algunos errores y tesis no comprobadas, en cambio abundan en ella sanas y útiles enseñanzas que el buen sentido del Sr. Parra ha sabido aprovechar. Además, no será, según creo, la que examino la única edición del libro, y es de esperarse que en las subsecuentes los errores y las contradicciones –ya que no los demás defectos– que he señalado, desaparezcan.»

En El País, lunes 11 de Julio de 1904, empezaron a salir los artículos que formarán el tomo II de los Comentarios. Sobre los Preliminares observa el comentador: que «daría a la Nociotecnia una aplicación más restringida que la que tiene en la obra.» – « La enumeración de los fines (del conocimiento) es incompleta», pues es preciso referirse a las ideas de bien y de orden universal. – Hay algo de idealismo en [262] decir que las cosas no pueden ser conocidas en sí mismas. – «Toda ley o uniformidad es una relación, pero no toda relación es una ley.» – «Si el autor comprende en el estudio de las leyes el de las causas, entonces ha señalado el verdadero carácter de la ciencia.» – La enumeración de las operaciones lógicas «no es completa, porque le falta la abstracción, la división lógica en que, a la inversa de la clasificación, se procede de los grupos más grandes, a los que lo son menos, y el método.» El método es la más alta función intelectual.

Iª Parte. Nociotecnia analítica. Sec. I. Generalización simple. Cap. I. Diferentes formas de la operación. El Señor Brioso «reservaría la palabra análisis para cuando el método se tratara.» – «Para dar precisión al lenguaje de la Lógica, hay que usar la palabra generalización, sólo para los casos en que formamos las ideas a que corresponden los nombres comunes o generales, árboles, casas, &c.» – El autor no acertó en el análisis que hizo de la noción de triángulo. – «El triunfo alcanzado por los descubrimientos del gran Bichat, no debe referirse a la generalización inductiva... es realmente una inferencia.» – «En Matemáticas, la base de las operaciones lógicas es la abstracción ayudada por la generalización, y por la división lógica, bien que esta empleada con un carácter especial y no con el que tiene en las ciencias naturales.» – «La división lógica debe ir cediendo el lugar a la clasificación, y emplearse sólo como auxiliar, y no como base de los estudios, toda vez que el procedimiento intuitivo, que va siempre de lo particular a lo general, tiene inmensa superioridad sobre el antiguo en que se empleaban las definiciones y las divisiones.»

Cap. II. De la Abstracción y de las nociones que engendra. Después de un difícil extracto, observa que «le parece más metódico y comprensible, que el del Sr. Parra el cuadro sinóptico que sigue: [263]

Nociones debidas a la abstracción
Intuitivas o directas· Sensoriales
· Por reflexión consciente
No intuitivas o indirectas · Conceptuales
· Arbitrarias

–«No todos piensan como el Sr. Parra, hay quien postule la existencia objetiva de los átomos.»

Cap. III. Análisis o división lógica. «No debe rehusarse al Sr. Parra la innovación que propone en el lenguaje filosófico.» – Señala el Sr. Brioso lo que falta en la definición del análisis. – «Falta también, ya que se ha establecido, que no es lo mismo el análisis que la división, explicar metódicamente lo que son la división material, la enumeración de los atributos abstractos, y la división lógica contrapuesta a la clasificación... y falta reglamentar de un modo completo la división lógica... para que una división sea metódica, ha de tener las siguientes condiciones: integridad, exclusión de las partes, lo adecuado y lo proporcionado al fin, y por ultimo, la homogeneidad.» – «Hay que rectificar, de acuerdo con la historia de la Filosofía, la tesis de que en el análisis de los geómetras no existe deducción.»

Cap. IV. De la clasificación. «No creo, dice el Sr. Brioso, que la abstracción por sí sola, suministre las nociones, sino que sirve unida a la generalización, para producir las representaciones mentales que llamamos ideas generales.» – «Siendo la abstracción, la operación que consiste en separar virtualmente en el espíritu lo que en la realidad es inseparable, no debe atribuírsele que asocie, por sí solo, las semejanzas.» – Después de señalar un lugar obscuro y antididáctico, añade, «para el Sr. Parra, la clasificación se distingue de la división en que es menos simple que esta; para mí, no sólo es eso, sino en que es una operación inversa de la otra.» – «¿Cree el Sr. Parra que las cualidades corpóreas sean aplicables a las operaciones del espíritu?» [264]

Sección II. De la inducción. Preliminares. «Pudo, el Sr. Parra, haber dicho con más sencillez, que la inducción es el modo de inferir en que se parte de los hechos.» Trata de la inducción aristotélica. Después de indicar los puntos en que el Sr. Parra divide su tratado de la inducción, allega de propia cuenta el Sr. Candiani: «Si yo hubiera escrito sobre esta materia en la Nociotecnia analítica, la habría dividido de este modo: 1º., la existencia, la sucesión y la causalidad; 2º., las leyes de la naturaleza; 3º., la inducción tratándose de las leyes; 4º., la inducción tratándose de las causas; 5º., descripción de los procedimientos, no métodos, de la inducción; 6º., auxiliares psíquicos del método experimental; 7º., la hipótesis; 8º., límite del método experimental, y 9º., fundamento e importancia del método experimental.»

Por no interrumpir la edición, no esperamos a ver los demás artículos, lo sentimos de corazón.

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{135} Estos datos están tomados de la Revista de Chihuahua publicada mensualmente bajo la dirección del Dr. Miguel Márquez. – Chihuahua. – Imprenta de El Norte. – Victoria, n. 112. – 1896. – Segundo año, nº 10.

{136} ¿Será tan admirable como el del P. Félix?

{137} El lugar no podía ser más adecuado.

{138} Este viejo positivista nació en 1823 y murió en París a 15 de Enero de 1903.

{139} Eso sólo se escapa a la hora de los postres y en un brindis.

{140} Sin querer se viene a la memoria aquel chiste de Mesonero Romanos, quien, criticando los coches de alquiler de Madrid, decía acerca de los animales superiores de tiro: esos pobres animales piensan que piensan.

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Emeterio Valverde Téllez Crítica filosófica o Estudio bibliográfico
y crítico. México 1904, páginas 211-264