Zeferino González
Filosofía novísima
§ 29
La escuela de Schopenhauer. Frauenstädt
Durante los últimos años de su vida, y, sobre todo después de su muerte, adquirió gran prestigio el nombre de Schopenhauer, viniendo a cumplirse lo que él mismo había predicho, a saber: que su Extremaunción sería su Bautismo. Así es que su doctrina llegó a formar escuela, siendo cultivada, defendida y hasta modificada y transformada por sus discípulos y admiradores.
Prescindiendo por ahora de Hartmann, principal representante de esta escuela y que merece párrafo aparte, bastaría recordar, en confirmación y prueba de lo que se acaba de indicar acerca de la escuela y discípulos de Schopenhauer, que mientras Asher, Rokitansky, Bahnsen y Mainländer desarrollaban las ideas de su maestro en el terreno moral, en el materialista y el fisiológico, Frauenstädt, que en la primera época de su vida literaria había filosofado en sentido hegeliano, se pasó después con armas y bagajes a la escuela de Schopenhauer, convirtiéndose en el propagandista más activo y celoso de la doctrina de éste, aunque sin renunciar del todo a Hegel.
Frauenstädt introdujo en la doctrina de su maestro algunas reformas y modificaciones, siendo las más trascendentales de estas la negación, o atenuación al menos, del idealismo subjetivo de Schopenhauer, la reducción de la materia pura a una abstracción del pensamiento. Además de esto, Frauenstädt se separa de su maestro, negando que sea necesario, ni siquiera posible a la voluntad llegar a la negación de sí misma y de su actividad, como término final y bien supremo de la existencia y de la vida. Como consecuencia de esto, tampoco concede al ascetismo rígido la importancia ética y la preferencia absoluta que le concedía Schopenhauer.
Esto no obstante, Frauenstädt afirma y desarrolla el principio ético de su maestro por lo que respecta a la negación de la libertad en el individuo. El discípulo de Schopenhauer concede una fuerza irresistible y verdaderamente fatalista a lo que la escuela de Schopenhauer llama carácter, y considera como una ilusión sin fundamento real la responsabilidad moral interna del individuo; de manera que en el terreno determinista, las ideas de Frauenstädt van más lejos y son más rígidas que las de su maestro.
La dirección ateológica que hemos encontrado en la Filosofía de Schopenhauer, el germen ateísta que entraña su concepción, ha recibido recientemente desarrollos y aplicaciones importantes por parte de otro de los discípulos de Schopenhauer. En su Filosofía de la liberación o redención (Die Philosophie der Erlosung), Mainländer esfuérzase en probar que el ateísmo es la base y el principio esencial para obtener la verdadera liberación, o sea la exención del mal. Según Mainländer, el budismo y el cristianismo son las religiones más perfectas y más conducentes a la perfección del hombre, las más en armonía con los principios de la Filosofía de Schopenhauer, precisamente porque entrañan el ateísmo. En su fondo íntimo, el cristianismo es un verdadero ateísmo, puesto que a él se debe la afirmación o creencia de que Dios murió en pasados siglos.
La Filosofía de la liberación o de la extinción nirvánica, en el sentido de Schopenhauer, representa el desarrollo y el complemento del budismo y del Cristianismo puro; representa el triunfo de la verdad completa y absoluta de la ciencia, sobre la verdad incompleta y relativa de la idea religiosa. En una palabra: la Filosofía de la liberación es la Filosofía de la verdad y de la realidad, porque «funda el ateísmo, no sobre una fe, como el budismo y el Cristianismo puro, sino sobre el saber, siendo ella la primera que hace estribar el ateísmo en bases científicas».
En sus Ensayos sobre la caracterología, Bahnsen parece avanzar un paso más que Schopenhauer en el camino del materialismo, puesto que considera la idea como producto de un órgano material.
Hay, sin embargo, un punto, y punto trascendental, con respecto a la escuela de Schopenhauer, en que Bahnsen se separa de su maestro. Porque Bahnsen afirma y defiende la pluralidad real y substancial de la voluntad humana, al paso que ésta, en la teoría de Schopenhauer, es un mero fenómeno, un accidente pasajero de la voluntad que constituye la esencia universal y la substancia única del universo mundo. En otros términos: Bahnsen transforma en un verdadero individualismo el monismo absoluto y real de Schopenhauer y de la mayor parte de sus discípulos, incluso Hartmann, en quien vamos a ocuparnos.