Zeferino González
Filosofía novísima
§ 4
Crítica de Fichte
El sistema filosófico de Fichte, según se desprende de lo dicho, es a la vez un sistema panteísta y un sistema subjetivo-idealista. En uno y otro concepto, procede en línea recta de la Filosofía de Kant. Aunque parece cosa convenida no ver en Kant más que criticismo y nada de panteísmo, no se necesita reflexionar mucho para conocer que la realidad nouménica, la cosa en sí, cuya existencia sospecha el criticismo, se convierte fácilmente en realidad única, en esencia, una en sí misma y múltiple en sus manifestaciones, sobre todo si se tiene en cuenta la sospecha insinuada por Kant en orden a la posibilidad de que esa realidad objetiva y externa que afecta nuestros sentidos sea a la vez el sujeto del pensamiento puro. En suma: la teoría de Kant entraña la reducción de los seres particulares, de los fenómenos múltiples, a una realidad oculta y misteriosa, a la cosa en sí, o sea a un ser único, principio y sujeto de la pluralidad de seres y fenómenos. La distancia entre esta idea y la tesis panteísta es muy corta, por no decir que es nula.
Como subjetivismo idealista, el sistema de Fichte procede igualmente de Kant. Si las representaciones de la sensibilidad, si las impresiones de los sentidos que sirven de materia primera para la elaboración del conocimiento, sólo pueden ser objeto de éste y de la ciencia, a condición de ser transformadas en nociones por medio de las categorías, es decir, por medio de formas subjetivas que el yo saca de su propio fondo, y si, por otro lado, el espacio y el tiempo, que representan el modo y condiciones con que se nos dan esos fenómenos sensibles, son creaciones del yo y existen sólo en el yo, no se necesita avanzar mucho en el terreno de la lógica y de las deducciones para afirmar que el yo es el principio, el sujeto y el representante único de la realidad, el ser único y absoluto.
Por otro lado, y, según dejamos ya indicado al exponer y analizar la Filosofía de Kant, éste no tiene derecho alguno para decir que la cosa en sí, el Etwas nouménico que supone o sospecha como fundamento y causa de las intuiciones sensibles, tenga realidad objetiva o exista realmente fuera del yo; porque en la teoría de Kant, las nociones de existencia y de causa son categorías del entendimiento, es decir, formas meramente subjetivas y a priori que preexisten en el yo. Luego no tenemos derecho para atribuirlas y aplicarlas a cosa alguna fuera del yo, si no queremos ponernos en contradicción con una de las tesis fundamentales de la Crítica de la razón pura, cuya verdadera conclusión lógica es que en el yo y solamente en el yo se encuentran la razón de causa y la existencia real, lo cual constituye en resumen la tesis de Fichte. Si en la teoría de Fichte, el objeto o el no-yo del pensamiento es producido y puesto por el yo, en la teoría de Kant, el objeto del pensamiento, la noción o concepto del entendimiento puro, es una creación del mismo entendimiento o del yo, que saca de su propia substancia las categorías que dan el ser a las nociones y conceptos como objeto del pensamiento.
Es, pues, evidente a todas luces que el subjetivismo panteísta de Fichte, su yoísmo absoluto, representa y contiene una evolución lógica, pero casi inmediata y directa, del criticismo idealista de Kant, y no sin razón observa Kuno Fischer, al hacer la crítica y analizar el contenido de la Crítica de la razón pura, que el punto de vista kantiano conduce lógicamente a la negación de toda realidad fuera del yo, lo cual constituye precisamente, según acabamos de ver, el fondo esencial de la concepción filosófica de Fichte: Diesen Standpunkt führt notwendig zu dem Ergebniss: das Ich ist alles; ausser ihm ist nichts.
Otro de los puntos en que Fichte se acerca mucho a Kant, es la preferencia que concede a los problemas que dicen relación a la libertad humana y al orden moral. La importancia filosófica que Schelling y Hegel conceden a la intuición intelectual y a la idea, Fichte la coloca en la voluntad con sus derivaciones y aplicaciones. En este concepto, Fichte es a la vez el continuador de Kant y el precursor de Schopenhauer, puesto que, según observa con razón Kuno Fischer, para Fichte la voluntad y el cuerpo son una misma esencia en realidad{1}, de manera que el cuerpo debe considerarse como un fenómeno determinado por la voluntad, esencia y causa de la realidad.
Excusado creemos llamar la atención sobre el tecnicismo extraño empleado por el autor de la Doctrina de la ciencia, del cual el pasaje citado al principio es sólo pequeña muestra. Tampoco creemos necesario insistir sobre las afirmaciones gratuitas y las contradicciones frecuentes que contiene su sistema.
Como todas las grandes construcciones del panteísmo germánico, la de Fichte no tiene más base que afirmaciones absolutas, pero completamente gratuitas; puesto que ni se prueban con razón alguna, ni son evidentes por sí mismas, ni mucho menos. El yo, nos dice Fichte, se pone a sí mismo, se da a sí mismo el ser de una manera primitiva y absoluta; este yo pone después el no-yo, o produce el mundo. Y sobre esta doble hipótesis, que la razón y la conciencia rechazan de consuno, levanta Fichte todo su edificio.
Sin contar los procedimientos por círculo vicioso{2}, no es raro encontrar en la doctrina de Fichte ideas y afirmaciones contradictorias. Así, por ejemplo, después de afirmar que el yo es una actividad infinita, se supone que se limita a sí mismo por medio de la posición de un no-yo. Recuérdese también lo que dejamos apuntado acerca de la monstruosa amalgama de idealismo y sensualismo que palpita en el fondo de las razones o pruebas contra la existencia de un Dios personal.
En vista de esta y otras contradicciones; en vista de las afirmaciones gratuitas que abundan en la construcción filosófica de Fichte, y en vista de la obscuridad y confusión general que la caracterizan, bien puede decirse con Tennemann, que «este sistema no hace más que sustituir a ciertos misterios otros misterios mayores todavía, pretendiendo explicar los unos por los otros, y que concluye declarando inexplicable su propio principio».
{1} «Wille und Leib ist daher ein und dasselbe, von zwei Seiten betrachtet; was als Subject Wille genannt wir, das heisst in seiner objectiven Erscheinung Leib.» Geschichte der neuern Philos., tomo V, cap. XII.
{2} Al hablar de las leyes que regulan la existencia del acto primitivo del yo que sirve de fundamento a la ciencia, el mismo Fichte reconoce que hay aquí un círculo vicioso, pero inevitable. «Les lois d’après lesquelles on doit se représenter absolument cet acte comme le principe de la connaissance humaine... dérivent, dans leur origine la plus reculée, du principe dout la légitimité ne peut être établie que sous la condition de leur justesse. C’est un cercle, mais un cercle inévitable.» Doctrine de la science, pág. 2.