Filosofía en español 
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Mark Rosental

La sociología vulgar y la metafísica*

El realismo crítico representa un fenómeno muy importante en la historia de la literatura porque expresa, en la forma más evidente, toda la complejidad y la naturaleza contradictoria del desarrollo literario en las sociedades explotadoras.

Encontramos el realismo crítico muy extendido en toda la literatura del siglo XIX. Es un hecho conocido que los grandes escritores realistas eran en general realistas críticos. Gorki solía decir que sólo los escritores le segunda clase cantaban los elogios del orden feudal y el sistema capitalista. Los artistas verdaderos, por otra parte, eran los hijos pródigos de su clase. Era imposible para ellos no tener una actitud crítica hacia las ideas y los negocios de su clase. Baste citar a Pushkin, Griboyedov, Balzac, Flaubert y Tolstoi.

¿Qué papel social desempeñaban los realistas críticos? ¿Qué tendencias sociales expresaban sus obras? ¿Qué método utilizaremos para desarrollar un análisis social de su arte? Veamos qué respuesta encuentran estas preguntas, primero desde el punto de vista del marxismo, y después de la sociología vulgar.

Empezaremos con la cuestión de los principios metodológicos utilizados en la investigación de fenómenos ideológicos, particularmente la literatura. ¿Cuáles son, en realidad, los principios fundamentales de la teoría del conocimiento marxista leninista, y cuál es la base de la “teoría” del conocimiento de la sociología vulgar? ¿Y cómo se vinculan estas teorías con el análisis social de la literatura?

La teoría del conocimiento marxista leninista parte de un principio básico del materialismo, concretamente de que la conciencia y las ideas son reflejos de la realidad. Sin embargo la conciencia, al reflejar la realidad, no es en modo alguno pasiva. La conciencia y el pensamiento son activos en el proceso del conocimiento, y el reflejo de la realidad en la conciencia humana constituye un proceso sumamente complejo y contradictorio.

No vamos a discutir aquí la conciencia, tal como funciona en una sociedad de clases; no hablaremos de ideologías de clase; estos son temas ya muy trillados. Para nuestro fin lo importante es subrayar que la teoría del reflejo exige cierto enfoque metodológico de las diversas fases de la ideología.

Todo tipo de ideología es un reflejo de la realidad una interpretación de la realidad, pero no es un reflejo muerto y directo. La religión también es un reflejo de la realidad, pero es una religión falsa, fantástica, que distorsiona la realidad. Lo mismo sucede con el idealismo: también él refleja e interpreta la realidad objetiva, nada más, pero la refleja a su manera, distorsionándola, invirtiéndola. De ahí la conclusión de que para comprender lo peculiar de una ideología o teoría determinada, para comprender lo que le es específico, para captar sus raíces epistemológicas y sociales, es necesario colocar esa teoría al lado de la realidad social.

Sólo colocando la realidad social efectiva, con sus clases e intereses de clase, al lado del reflejo ideológico de esa realidad, podremos determinar el significado completo de cualquier ideología dada y el papel que desempeña en la lucha de clases. Éste es precisamente el principio metodológico de investigación dictado por la teoría del conocimiento marxista leninista.

En efecto, fue este principio precisamente lo que Marx utilizó como base para definir la interrelación entre los representantes políticos y literarios de una clase determinada y la clase misma, cuando dijo que no es absolutamente necesario para un ideólogo de la pequeña burguesía ser un tendero él mismo o tener relaciones con tenderos. Lo que hace de él un representante de la pequeña burguesía es el hecho de que, en su manera de pensar, en su conciencia, no va más allá de los límites establecidos para el tendero por su prosaica práctica.

Veamos ahora cuáles son los principios dictados por la sociología vulgar. Para empezar, la sociología vulgar no parte del postulado de que la ideología es un reflejo –un reflejo muy definido– de la realidad; por el contrario, se basa en la negación de la teoría leninista del reflejo.

Si debemos aceptar la teoría de que sólo deben considerarse bien dotados los escritores capaces de presentar un retrato profundo de la realidad, tal como es vista por su clase –y solamente por su clase– entonces todo se invertirá inmediatamente. Pues de acuerdo con esas pautas, la calidad artística y la importancia de una obra determinada no se medirán por el grado en que reflejan artísticamente la realidad ni por su profundidad de comprensión y su poder de penetración en la realidad, sino por la lealtad del ideólogo a su clase pasando por alto todo lo demás. De esta teoría emanan ciertos principios metodológicos de enfoque de los fenómenos ideológicos que son completamente subjetivos y arbitrarios y que excluyen cualquier posibilidad de un análisis verdaderamente objetivo y científico.

¿Cuáles son esos principios metodológicos y a qué conclusiones llevan? Según esos principios, el estudio de una obra literaria debería empezar no por un análisis de la realidad y una indagación de su tendencias, su desarrollo y (en una sociedad de clases) el papel que desempeña cada clase, junto con un análisis de la actitud hacia la realidad, expresada en la obra de arte dada. No. Ese enfoque es totalmente ajeno a los sociólogos vulgares. Para ellos la investigación de una obra literaria se basa en un análisis de la relación entre esa obra y la ideología de la clase a la cual a nuestros sociólogos les parece conveniente “vincular” al autor. Éste es su primer principio.

Su segundo principio: un autor está ligado a su clase y sólo puede pintar la realidad desde el punto de vista de su clase. Esta tesis es considerada el logro más alto del pensamiento moderno. Si un artista, en su desarrollo, empieza a apartarse de su clase (lo cual es completamente imposible desde el punto de vista de la sociología vulgar), deja de ser un pintor de la realidad bien dotado, para convertirse en una anomalía quimérica.

Sin embargo, los hechos claman contra estos “principios”, porque ocurre que escritores pertenecientes a la nobleza han creado con frecuencia obras que han desarrollado un papel revolucionario considerable y han servido de inspiración a las clases revolucionarias. Para explicar estos casos, la sociología vulgar adelanta apresuradamente su tercer principio, que proclama que una obra de arte que por su “génesis” e ideología es completamente reaccionaria, puede desempeñar una “función” revolucionaria por la “dialéctica” del desarrollo social.

Así, armados con sus principios militantes, nuestros sociólogos vulgares siembran el caos en la historia de la literatura y entre los grandes escritores del mundo.

Es fácil ver la tremenda diferencia entre los principios marxistas del análisis literario y los presentados por la sociología vulgar.

El método marxista conserva la libertad de análisis y ofrece la más completa oportunidad de percibir toda la complejidad del desarrollo de la literatura, de indagar las desigualdades de ese desarrollo, y de comprender todas sus leyes específicas.

El método de la sociología vulgar, por otra parte, limita el análisis desde el principio mismo. Convierte a la investigación en algo subjetivo y arbitrario, pisotea la realidad y presenta, en lugar de una historia real de la literatura, una concepción ilusoria de ella.

Ahora podemos volver a la cuestión del realismo crítico y probar la fuerza y la exactitud de los postulados metodológicos generales por su aplicación concreta a la literatura.

¿Por qué el realismo de los grandes escritores fue un realismo profundamente crítico? Es ésta una cuestión muy amplia y compleja; demasiado amplia en realidad para analizarla detalladamente en los límites de un breve artículo. Sin embargo, intentaremos dar una respuesta general a esta pregunta. Para empezar debemos preguntamos por qué Marx (y Hegel antes que él, aunque en forma abstracta) señaló, en forma perfectamente justificable, que el modo de producción capitalista es enemigo del arte y de la poesía. Aun en el periodo en que la burguesía estaba realizando las enormes tareas de destrucción del feudalismo medieval, tuvo que presentarse no con su propia imagen, sino como representante de todo el tercer estado. No por accidente, los ideólogos de la burguesía defendieron sus intereses y pintaron su propia lucha tomando analogías de épocas completamente diferentes. Recuérdese lo que dijo Marx sobre los revolucionarios burgueses que tuvieron que disfrazarse con togas de héroes romanos.

¿Es accidental que grandes obras que expresan el tremendo cambio histórico que estaba ocurriendo en los intereses de la burguesía se hayan construido en torno de materiales proporcionados por el folklore, por las sagas y las creaciones orales del genio del pueblo? ¿Y qué diremos de la burguesía y de las relaciones burguesas en el florecimiento del capitalismo?

Este periodo es muy favorable para el desarrollo de la tecnología y las ciencias técnicas, pero no conduce al desarrollo de la poesía. La burguesía no puede aumentar su riqueza sin desarrollar la tecnología y las ciencias relacionadas con la tecnología. Sin embargo, el sistema desarrollado por el capitalismo, las relaciones entre los hombres bajo el capitalismo y el efecto del capitalismo sobre los hombres, no inspiran arranques poéticos en elogio del sistema. Un retrato profundamente realista de las relaciones capitalistas, hecho por un gran escritor, no puede ser sino un retrato crítico, así como un gran poeta no puede apoyar el sistema en términos de creación poética. Un retrato profundamente realista de la realidad debe ser inevitablemente crítico, tanto si el autor lo desea como si no. Semejante obra puede ser circunscrita en varias formas, puede no alcanzar su pleno valor artístico, pero no puede ser más que crítica.

Gogol, por ejemplo, como un verdadero artista, dio pinturas sinceras y leales de la sociedad terrateniente de su tiempo; creó imágenes artísticas del pueblo que vivía en esa sociedad. ¿Cómo podía dejar de ver la bajeza y vileza de los Korobochkas y los Sobakeviches? ¿Cómo podía él, siendo el gran artista que era a pesar de todos sus prejuicios y nociones teóricas falsas, haber dejado de rebelarse contra la vida dominada por hombres con instintos perversos e inhumanos? ¿El realismo de Gogol podía haber sido otra cosa que realismo crítico?

Flaubert, quien era un adherente y defensor del sistema burgués, presentó la realidad burguesa con la precisión de un naturalista siempre que se levantó contra alguna de las manifestaciones de mal gusto de ese sistema. El realismo de Flaubert ¿pudo haber sido otra cosa que realismo crítico?

Es digno de notarse y es importante que casi toda la amplia literatura realista del siglo XIX lleva el sello de la desaprobación, el escepticismo y la angustiada búsqueda de un héroe positivo. Gogol, por ejemplo, escribía en una de sus cartas:

También quedará claro para usted por qué no he ofrecido a mis lectores situaciones consoladoras y por qué no he elegido por héroes a personas decentes. No deben ser inventados en la cabeza.

Y cuando Gogol intentó “inventar” un terrateniente positivo, el intento resultó frustrado. No podía ir contra sí mismo como artista; no podía ser lo suficientemente insincero para inventar héroes. Y así Gogol continuó pintando los Manilovs, los Nozdrevs, los Korobochkas, a quienes odiaba, y que retrataba con toda la fuerza de su pasión, con todo el poder de su corazón. Al mismo tiempo, en parte por su tendencia de clase y en parte por otras razones, Gogol no vio y no quiso ver a los nuevos personajes que habían aparecido en el escenario de la historia.

Todos estos hechos revelan las profundas contradicciones inherentes al desarrollo del arte en el pasado. Por lo tanto, no es sorprendente que la investigación de hechos concretos en la historia de la literatura pueda llevar a conclusiones sumamente paradójicas.

¿Cuál es entonces el papel social de estos escritores, y cuáles son las ideas por detrás de su arte? Con plena justificación y con absoluta objetividad científica, el marxismo busca la respuesta en el contenido real de su arte. La teoría de la lucha de clases exige una investigación de los hechos concretos y su ubicación entre otros conjuntos de hechos, y de su papel en la lucha de clases, según su contenido real.

Belinski y Chernishevski percibieron acertadamente en Almas muertas y El inspector general de Gogol una fuerte oposición al orden imperante y un llamado a luchar contra él. No fue por accidente que Lenin escribió sobre esas ideas de Belinski y Chernishevski. Pero con todo eso, Gogol era un escritor de la nobleza en el mismo sentido en que el fundador del socialismo populista ruso era un revolucionario de la nobleza, en el sentido de que su concepción de los métodos por los cuales se debía mejorar y alterar el orden imperante y su concepción de las fuerzas sociales capaces de efectuar ese cambio, era estrecha debido a limitaciones patriarcales.

¿Es esto una contradicción? Indudablemente lo es; pero es la misma contradicción que encontramos, quizás en forma diferente, en Ricardo, en los naturalistas de la escuela del materialismo espontáneo, y en muchos artistas cuya obra creativa fue ejecutada en las condiciones de un sistema explotador.

A esta altura nuestros sociólogos vulgares, percibiendo el olor de las contradicciones, olor demasiado fuerte para sus delicadas narices, movilizan toda la artillería a su disposición. Invocan la ayuda de sus principios racionalizados y emprenden un “análisis” que más parece sangría, mediante el cual debilitan a los grandes escritores. Así es como nuestros dogmáticos caseros llegan a conclusiones políticamente perjudiciales, de las que son ejemplo las siguientes perlas: Pushkin era un lacayo de los zares; las ideas de Gogol no tienen nada en común con las ideas de Belinski; las obras de Ostrovski en su conjunto no son más que un himno a los tenderos de Moscú, y Dobrolyubov estaba terriblemente equivocado en sus ensayos, sumamente dotados, sobre Ostrovski.

¿Cómo llegan a estas conclusiones? Muy sencillamente. Escribiendo sin inventar, Gogol retrató la realidad a una luz muy diferente de la luz a la que la veía su clase. Pero el lector recordará que el método de la sociología vulgar prescribe que la creación del escritor se identifique con la ideología de la clase que debe inevitablemente expresar. Así los sociólogos vulgares llegan a sus conclusiones en contra de toda realidad. En realidad, le dicen al escritor:

Por mucho que te vuelvas y te retuerzas, eres un terrateniente, y todos tus escritos no pasan de ser otras tantas defensas del orden feudal.

Es por esto que Pcereverzev, en su época, afirmó que los héroes de Gogol no son otra cosa que el propio Gogol, un miembro de la pequeña aristocracia terrateniente encamado en imágenes literarias. Es por esto que V. Desnitski ve a Gogol como el campeón del feudalismo rehabilitado, el ideólogo de la gente bien nacida. Es por esto que M. Krapchenko opina que el total de la obra creativa de Gogol se resuelve en una tentativa de defender y revivir el feudalismo, y que la tragedia de Gogol fue que la realidad le demostró la total inutilidad de su objetivo. Es verdad que Krapchenko admite que la “función” de las obras de Gogol fue desempeñar un papel revolucionario. Ésa es la única conclusión “extrema” e “izquierdista” a la que son capaces de llegar los representantes de la sociología vulgar, y esencialmente afirma que las obras de Gogol, por ejemplo, pudieron desempeñar un papel revolucionario “en virtud de la dialéctica viva de la historia y la interrelación efectiva de las fuerzas de clase”. En otras palabras, la “génesis” de las obras de Gogol debe ser considerada reaccionaria, pero debido a su “función” las obras deben ser consideradas revolucionarias.

Esta separación de la obra creativa de un autor en “génesis” y “función” deriva de los requerimientos internos de la sociología vulgar, y evidentemente es uno de los mil métodos mezquinos utilizados por la sociología vulgar. En su libro sobre Gogol dice Krapchenko:

La contradicción entre génesis y función aparece con mayor claridad cuando analizamos la obra creativa de este notable maestro.

Analicemos esto. Gogol, como señala el autor en otra parte, era “el campeón del feudalismo renovado”, y todas sus obras están impregnadas del deseo de defender el sistema feudal. Y continúa diciendo Krapchenko:

El agudo conflicto interno del desarrollo artístico de Gogol reside en el hecho de que en su intento de defender los principios de la sociedad feudal, objetivamente infligió golpes devastadores a todo el antiguo orden al dejar al desnudo sus “úlceras” sociales.

Por lo tanto, las ideas subyacentes a Almas muertas y El inspector general son ideas de feudalismo renovado, sólo que están expresadas en forma de aguda “autocrítica” de su clase. Y es sólo en esta medida, por su “función”, que las obras de Gogol desempeñaron algún papel revolucionario.

Si añadimos que Krapchenko está pensando no en las concepciones teóricas de Gogol sino más bien en las ideas subyacentes a sus obras, quedan completamente “al desnudo” las “úlceras” de la teoría de la génesis y la función. Toda esta teoría llega a una sola conclusión: Gogol queda en la historia de la literatura como el representante y campeón del feudalismo, a pesar de Belinski, Chernishevski y Lenin, que identificaron las ideas de Belinski con las de Gogol.

La teoría de “génesis” y “función”, como la sociología vulgar en su conjunto, es un espléndido ejemplo de pensamiento metafísico. Toda vez que Gogol era un escritor de la nobleza, su arte debe inevitablemente ser el de la nobleza.

Este tipo de metodología, aplicado a la literatura, es idéntico a la ideología de los mencheviques con respecto a la revolución de 1905. Los mencheviques razonaban que la revolución debía ser y sería una revolución burguesa, y concluían que su fuerza motivadora sólo podía provenir de la burguesía. Eran sencillamente incapaces de comprender la naturaleza contradictoria del desarrollo de la Revolución rusa. Eran incapaces de visualizar una situación en que la principal fuerza motivadora en una revolución burguesa democrática no fuera la burguesía sino el proletariado y el campesinado, bajo la dirección del proletariado, que realizaría una revolución democrático-burguesa aun contra los deseos de la burguesía.

Lenin llamó con justicia a Herzen “patricio revolucionario”, pero no vaciló en considerarlo fundador del socialismo populista ruso. Y del mismo modo, Lenin combatió el pensamiento dogmático de los comunistas “de izquierda”, que estaban en lucha acerca de la estrategia de utilizar el capitalismo de estado en interés del socialismo en las condiciones de un país devastado, y sostenían que el capitalismo de estado y el socialismo constituyen una contradicción irreconciliable. Lenin les dio una lección de comprensión dialéctica de las contradicciones, demostrando que las contradicciones pueden combinarse para producir una especie de cacofonía, pero también pueden combinarse para producir la plena armonía. Pero los comunistas “de izquierda”, sin embargo, eran metafísicos, y como tales, tenían un miedo mortal a las contradicciones.

Nuestros sociólogos vulgares también tienen un miedo mortal a los fenómenos, temiendo encontrar en ellos contradicciones. Y como por un designio perverso, la historia continúa poniéndoles paradojas justo frente a las narices.

Según la teoría de la lucha de clases, al analizar la obra de un autor es preciso tener en cuenta completamente toda la situación histórica y las condiciones en que el escritor vivió y trabajó; debe haber una com prensión clara de los problemas sociales básicos y decisivos que en la época presionaban por una solución, es preciso explorar las relaciones de todas las clases con esos problemas, y hacer un análisis concreto de la significación objetiva de las obras del autor y su relación objetiva con los problemas básicos de la lucha de clases.

Ese es efectivamente el modo como enfocó Lenin a Tolstoi cuando escribió que “lo que menos interesa a la prensa legal rusa... es analizar sus obras desde el punto de vista del carácter de la revolución rusa y sus fuerzas motrices”1. Es también el modo como enfocó Engels a Goethe. Al analizar las obras de Goethe, Engels partió del punto principal, fundamental: la actitud de Goethe hacia la sociedad alemana de su época.

De otra manera ¿cuál es el sentido de la teoría de la lucha de clases? La lucha de clases es un arma aguda y activa que nos permite no sólo comprender los hechos de la realidad sino también determinar la dirección en que se están desarrollando esos hechos y las fuerzas que defienden y representan. La teoría de la lucha de clases es una guía para la acción. Y esa aguda y activa arma teórica los sociólogos vulgares la han convertido en un juguete infantil.

La sociología vulgar no tiene el menor derecho ni la más mínima base para proclamarse adherente a la teoría de la lucha de clases. Las palabras “clase” y “lucha de clases”, tal como se utilizan en la sociología vulgar, no son más que concepciones vacías y sin sentido, a las que los sociólogos vulgares recurren para dar forma a su material y para atribuir a la realidad las conexiones, el orden y el sistema de que carecen esas concepciones.

El reverso de esta teoría aparentemente ultramaterialista es el idealismo más puro, una arbitrariedad idealista y una irresponsabilidad de tipo subjetivo en el tratamiento de los hechos: un cadáver metafísico.




{*} Marx Rosental publicó Contra la sociología vulgar en la teoría literaria (Против вульгарной социологии в литературной теории) en 1936. [N. de IAD].

{1} Lenin. “León Tolstoi, espejo de la revolución rusa", p. 212. [Véase en Obras Completas, t. 17, Editorial Progreso, Moscú 1983, pp. 212-219 —IAD].


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