Carlos de Velasco

Bibliografía

Cartas de Bolívar. 1799 a 1822. Prólogo de José Enrique Rodó y Notas de R. Blanco-Fombona. Sociedad de Ediciones Louis-Michaud, 168, boul. Saint-Germain, 168. París... [1913]. 8., 460 p., retr. y facsímile.

He aquí un libro que ningún hijo de nuestra América debiera dejar de leer; he aquí un libro de los de no muy frecuente publicación, por desgracia [67]. Pero, ¿cuándo han sido muchos los evangelios? Las cartas fogosas o razonadoras, convincentes o avasalladoras, alegres o tristes, llenas de fe y de esperanza o de desconfianza y decaimiento, elogiosas o condenatorias, del inmenso y no por todos ni en todas partes comprendido Bolívar, han encontrado en Rufino Blanco-Fombona un admirable comentarista. Este renombrado escritor venezolano, a quien algunos discuten por la pasión y el fuego que su pluma transmite del corazón a cuanto escribe, ha puesto a las epístolas del Libertador copiosas y eruditas notas, que si revelan su saber en historia americana y su inapreciable y paciente labor de búsqueda cuidadosa, revelan también un amor sin límites, una devoción como la que indudablemente merece el más grande Capitán que ha existido y uno de los más altos y nobles pensadores que han alentado en este Nuevo Mundo, casi todo él libre por el esfuerzo poderoso de su espada sin igual.

Aquí, en estas cartas, como en cuanto papel se conoce de Bolívar, se ve de cuerpo entero al estadista, al hombre a quien preocupa, más que la propia independencia de los pueblos por quien lucha con tenacidad y arrojo incomparables, el uso que harán los pueblos de esa independencia, de las libertades que su brazo conquistaba para ellos. Aquí, en estas cartas, se ve al gran hombre que no sólo daba su esfuerzo personal, sino que daba lo mejor de su corazón y de su cerebro para cimentar, sobre bases indestructibles, el todavía bamboleante imperio de la libertad en América. Y Blanco-Fombona, con las notas que les ha puesto y las advertencias que ha escrito al comienzo de cada uno de los períodos en que divide las cartas, ayuda al lector, lo guía en la comprensión de los propósitos del Libertador y de las condiciones en que éste y la América se encontraban en aquel período tormentoso, brillante y único en la historia del mundo.

Ningún hijo de esta América en que cada día es más venerado el nombre excelso del Héroe Epónimo, debe desconocer este libro en donde palpita el corazón de Bolívar, en donde aprenderán a amarlo y a reverenciarlo aquellos no escasos ¡oh dolor! que de él no saben sino su nombre o sólo conocen su fama de guerrero indómito. Y aun cuando únicamente leyesen de este libro las admirables páginas que le sirven de prólogo, ya sabrían quién fué Bolívar, ya sabrían cuánto América le debe!

De Rodó, el gran escritor uruguayo, son esas páginas dignas de la inmortalidad y del hombre inmortal que se las inspiró. Publicadas primeramente en La Revista de América (París, número III, agosto, 1912), a poco las reprodujo el autor de estas líneas en el diario La Discusión, de la Habana; y ahora sirven de inmejorable pórtico al libro que debemos al americanismo ardiente y noble de uno de los más representativos escritores americanos: Rufino Blanco-Fombona, a quien CUBA CONTEMPORÁNEA, que lo cuenta entre sus colaboradores de mayor estima, reitera su agradecimiento por las primicias de una parte de este libro: la extensa nota que en él aparece en las páginas 363-370, nos fué enviada expresamente por su autor y la publicamos en el número de mayo, 1913, página 18 del tomo II de nuestra revista, bajo el título de Simón Bolívar, la Revolución de Hispano-América y la política española en 1821. [68]

Este volumen de las Cartas de Bolívar, es el primero de la reimpresión que Blanco-Fombona quiero hacer de ellas, anotándolas y comentándolas todas, no sólo con el nobilísimo fin de divulgar la vida maravillosa y la obra ingente de Bolívar, sino con el propósito de combatir algunas malévolas o malvadas opiniones de ciertos historiadores que sólo parecen haber querido recoger con fruición, como Mitre en la Argentina, cuanto pudiera empalidecer la memoria del perínclito varón, guiados por el no logrado anhelo de levantar al gran San Martín sobre Bolívar; cuando es lo cierto que sobre éste no hay ningún caudillo americano. En todo caso, el glorioso San Martín podrá ser émulo de Bolívar; pero nunca superior al Genio Libertador de América, nunca superior a aquel de quien hubo de decir nuestro Martí: "de hijo en hijo, mientras la América viva, el eco de su nombre resonará en lo más viril y honrado de nuestras entrañas". [69]