P.S.G.

Crónica literaria

Letras y Letrados de Hispano-América, por R. Blanco-Fombona.- Paris, librería Paúl Ollendorff, 1908

Una bastante larga introducción donde se trata de diversis, aunque de una manera especial de letras y letrados, y diez y siete artículos más, forman la nueva obra del joven literato de Venezuela. Ensayo crítico sobre Leopoldo Díaz; el peligro de América y el augurio de la poesía; estado actual de la literatura en Venezuela; Gómez Carrillo; a propósito de la joven literatura hispano-americana; la cuestión del neo-español; la filosofía de El Cojo Ilustrado; la, americanización del mando; maridaje de las artes; un poeta de Cuba; un libro de cuentos; al amor de mi lumbre; un artículo de Unamuno sobre el Libertador; un soneto infeliz; literatura ibero-americana; D. Manuel Fombona Palacio; y noticias, son los epígrafes de estos diez y siete artículos de la nueva obra del culto escritor americano.

¿Qué juzgar de ella? Desde el punto de vista religioso-moral no podemos recomendarla en manera alguna a los lectores de nuestra revista. Nosotros que por fortuna creemos en la existencia de un Dios personal, Creador de todo cuanto existe, tenemos que condenar al autor ateo que se gloria de pertenecer al grupo de «novadores americanos que han descerrado de sus canciones a Dios, esa fantasma obsediante del espíritu medioeval de España». Quien está íntimamente persuadido de que sólo en la Religión católica es el hombre verdaderamente libre, y de que solamente ella ha desterrado la tiranía del mundo, no puede admitir que «el catolicismo es religión de siervos y el mejor aliado de los tiranos». Siendo Dios para mí, y para todo buen filósofo cristiano debe serlo, la única salvación del individuo y de la sociedad, no puedo estar conforme con esa blasfemia horrible en que el Sr. Blanco Fombona nos dice que «si queremos perdernos -los hispano americanos- sin remisión, no tenemos sino fiarnos a Dios, ese eterno aliado de los ricos y de los fuertes». Para quienes el panteísmo es uno de los mayores absurdos filosóficos y teológicos, tienen que ser un delirio estas palabras: «este panteísmo idealista es tan verdad y tan digno de inspirar a los poetas como el otro», como el real de Manuel Acuña, para quien «la materia es inmortal», «cambia de forma, pero nunca muere». Que «la virtud -la castidad- es un crimen contra naturam», es una de tantas lindezas como el literato americano escribe contra la virtud que más ennoblece al hombre, y la sublime moral cristiana. No queremos proseguir, porque sería cuento de nunca acabar, y porque lo dicho basta para manifestar que hay motivos más que suficientes para reprobar la nueva producción del escritor venezolano. Dispense, pues, el Sr. Blanco Fombona no emitamos un juicio más favorable, que antes que él está Jesucristo, a quien fervorosamente suplicamos le ilumine y vuelva a la fe que seguramente ha recibido de sus padres, y que legó la católica España de nuestro siglo de oro, como el más rico de los tesoros, al nuevo mundo por ella conquistado.

No está exenta tampoco de defectos literarios. Abundan las voces anticuadas, y abusa con frecuencia de galicismos innecesarios. No faltan asimismo cacofonías. Vaya sólo una como prueba. Hablando de una obra de Leopoldo Díaz, escribe: «¿No conocéis Las sombras de Hellas? Pues leedlas; allí encontraréis cosas raras y bellas.» Confesamos, no obstante, que el Sr. Blanco Fombona posee una ilustración literaria nada común, por la cual le tributamos fervientes elogios con más gusto que le censurarnos por su irreligión y amoralidad, por no decir inmoralidad. No quisiéramos ejercer nunca de censores, y si alguna vez nos vemos precisados a hacerlo, tenemos muy en cuenta el consejo que nos da un gran sabio y no menos santo, San Agustín, en estos términos: «diligite homines, et interficite errores.» Arriba condenamos el error, sin faltar en lo más mínimo a las consideraciones que el autor nos merece. Créalo así el Sr. Blanco-Fombona.