¡El papel vale más!

(Notas bibliográficas)

Tampoco se nos alcanza qué razones habrán movido a nuestro antiguo conocido el vate americano D. Rufino Blanco Fombona, para molestarse enviándonos desde tan lejos ¡desde Maracaibo, nada menos! sus Cuentos de poeta, en los cuales no se sabe qué admirar más, si la tersura y excelente calidad del papel o la belleza de la impresión, vamos, de la impresión tipográficamente hablando, o la elegancia de las cubiertas, o la esplendidez de las márgenes.

Es un libro tan pulcramente confeccionado, como dicen por allá, que dan ganas de no leerle… y, nada, que no lo lee uno, por más que el autor, como hacen otros muchos de su país, siga la costumbre de los comerciantes de píldoras y ungüentos, poniendo al final de su obra unas cuantas páginas en que diferentes caballeros más o menos doctores, recomiendan el medicamento, es decir, las obras de que se trate, ensalzándolas en estilo de proyecto de drogas.

No deja de ser divertido el saber que la prosa del Sr. Blanco Fombona la abonan y garantizan no sabemos por cuánto tiempo, D. Tobías Zúñiga Montufar, de San José de Costa Rien; D. N. Bolet Peraza, D. Tulio M. Cestero, el Sr. Fabio Fiallo, de Santo Domingo, y el periódico El Cojo Ilustrado, de Caracas, sin contar a D. José María León O y al Sr. Agosto Méndez, todos personas de fiar y con establecimiento de versos, prosa y novedades abierto al público.

Si en España llegara a implantarse, como es de desear, el sistema, ¡tendrían que ver los finales de los libros de Ramos Carrión, pongo por caso!; en ellos figurarían la cuenta corriente del Banco de España, los resguardos y notas de los agentes de Bolsa y los balances trimestrales de Fiscowich o de quien sea su administrador.

Y Ramos Carrión diría: —Estos son mis clásicos.