Filosofía en español 
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Epistolario

Carta de Rufino Blanco Fombona a Cipriano Castro

París, 12 de diciembre del 902

Mi querido General: ¡Ojalá esta carta llegue a manos de U. y ojalá quiera U. leerla! Por no haber oído Venezuela augurios tristes, pero fundados, que se le vienen haciendo hace varios años, está a las puertas de una de las desgracias mayores que pueden afligir a un pueblo. Alemania, Inglaterra, Italia, todo el mundo nos cae encima; y en todo el mundo no contamos otra simpatía sino la que -ahogando un poco la voz de la indiferencia o del interés- inspiran los pueblos que luchan o se disponen a luchar por su independencia.

El aislamiento y el desorden en que vivimos hace tiempo, es decir, la carencia de agentes diplomáticos venezolanos en el extranjero y la infame guerra civil perenne, nos conducen adonde estamos. Venezuela, como todos los pueblos, necesita agentes diplomáticos hábiles y patriotas que miren por los intereses del país, y que informen al Gobierno de la República de la orientación política de las otras naciones. En Venezuela nadie sabe de política internacional. Nadie se ocupa de lo que se piensa más allá de su frontera. Los últimos empleados diplomáticos de Venezuela en Francia, y los existentes, son de lo más nulo que pueda imaginarse.

Francia, hoy, nos puede servir de mucho. El dilema es el siguiente: o Inglaterra se separa de Alemania, y entonces los Estados Unidos, solos o con México, Argentina, Brasil, Chile y Colombia, intervienen contra Alemania, o esos mismos países, buscando el apoyo francés tratarán de intervenir y hacer la guerra a los dos piratas sajones, caso de que Inglaterra no se retire. En todo caso, la amistad de Francia nos es muy útil. En la prensa de París yo cuento algunos amigos, y he tratado de influir en favor de U., pero toda o casi toda esa prensa está vendida a Matos y simpatiza con la Revolución. A duras penas he podido publicar hoy en Le Francais, diario muy importante, el artículo que le incluyo. Hablo allí de U, porque yo quiero que se le conozca bien, como lo pintamos sus amigos, y no como lo desfigura el odio de enemigos personales de U. y de los enemigos de Venezuela.

Resulte lo que resulte, yo creo que interesa a todo trance el acuerdo con Méjico, Brasil, Argentina, Chile y nuestra vecina Colombia. Según los cablegramas que se publican aquí, la opinión de Hispano-América se pronuncia en favor de Venezuela, con marcada simpatía por la conducta enérgica de U. Después de todo, nuestra causa es la de ellos, y una política hábil bastara a interesarlos por nosotros.

En Europa cayó muy bien la excarcelación de los presos políticos y el llamamiento de Ud. a los revolucionarios en nombre de la patria amenazada. El que persista en armas contra al gobierno, cuando la patria peligra, debe ser fusilado sin misericordia. Un gabinete compuesto de antiguos Presidentes de Venezuela -Rojas Paúl, Andrade, etc.- y de hombres importantes de todos los círculos, como López, Baralt, Edo. Calcaño, El Mocho Hernández, Villanueva, Pietri, Tomás Michelena, quitarían elementos y aun pretexto a la Revolución, garantizando a todos los partidos de la buena fe política y patriótica de U.

U. necesita, además, por el instante, con la paz interior, con el equilibrio más o menos estable de los partidos, colaboradores expertos, hombres con quienes compartir mañana ante la Historia las decisiones de este momento, acaso el más terrible de nuestra vida nacional.

En la emergencia de hoy, la política de Venezuela debe tender a ponerse bajo el ala del águila norte-americana; pero sin olvidar un punto que la sombra de esa ala, como la del manzanillo, es mortal. Venezuela no puede olvidar que es soberana, autónoma. Los EE. UU pueden y quieren ayudarnos sirviéndonos de intermediarios con las Potencias asaltantes -¡nuestro interés consiste en aceptar esa amistad poderosa!-, pero no hasta sentar el antecedente de que sean los EE. UU -con prescindencia de Venezuela- quienes arreglen nuestras diferencias internaciones. Eso equivaldría a aceptar al protectorado yanqui. Los EE. UU no querrán perder la ocasión de sentar el precedente. El cuidado es de Venezuela. Por fortuna U., que preside hoy los destinos de la Patria, es hombre avisado y enérgico. Mi opinión es que U., con la conciencia que tiene de su deber y del honor nacional, puede salvar a nuestro país.

Cualquiera que sea el resultado de la piratería italo-anglo-tudesca, nuestro gobierno debe impedir, hasta donde sea posible, el comercio de Venezuela con aquellas tres potencias. A nosotros nos conviene dirigir nuestro comercio exterior y nuestras empresas a países pequeños como Holanda, Bélgica, España, con los cuales no tendremos dificultades; y si las tenemos, no asumirán las proporciones del conflicto actual.

A la sagacidad de U. no puede escaparse que éste es el momento oportuno para estrechar lazos con las Repúblicas de América Latina, hasta llegar, si es posible, a un acuerdo sólido y serio.

Voy a concluir: Perdóneme si el tono de esta carta le choca. Yo soy un pobre diablo, y U. es el Presidente de la República. Pero mi intención no es lisonjearlo, sino abrirle mi corazón de patriota, hecho trizas, y darle una opinión de amigo de U. y de venezolano.

Si U. cree que yo pudiera servirle de algo allá, volaría a su lado.

Lo admira, lo quiere y lo respeta

Rufino Blanco-Fombona

[Tomada de Rufino Blanco Fombona,Viéndome vivir, Univ. Católica Andrés Bello, Caracas 1998]