Filosofía en español 
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Epistolario

Carta de Rufino Blanco Fombona a Antonio Pietri Daudet

Amsterdam, 2/6/902

Mi querido compañero:

Perdóname el no haber contestado primero a tu carta. Mucho te agradezco el que te hayas acordado de mí para, el día siguiente de inaugurarse la República de Cuba, enrostrarme mi desconfianza de los yanquis, "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?", parece decirme tu carta. Vamos a razonar un poco, mi querido Pietri-Daudet. ¿En nombre de qué fueron los Estados Unidos a Cuba? En nombre de la Libertad. ¿A qué fueron? A coadyuvar a la Independencia de Cuba. Y el día que la pobre Isla se vio libre de España, se vio también esclava y presa de los Estados Unidos. A la postre los Estados Unidos se van. Doy por sentado que la retirada sea de buena fe. ¿Merecerá por eso inmoderados aplausos el pueblo que cumple su palabra? El cumplimiento del deber ¿desde cuándo es una rara virtud? Ahora oye, mi querido Pietri-Daudet. La libertad es una mascarada. Cuba no es; Cuba no será nunca libre. La propiedad territorial está allí en manos de los yanquis; los yanquis son, asimismo, dueños del comercio; ellos son los que nombran o hacen nombrar desde un policía hasta el Presidente de la República. ¿Es eso independencia? ¿Querrías tú para tu país tal independencia? La representación exterior de Cuba se la arrogan los Estados Unidos como para que el Mundo constate y sepa que ellos son los Señores de la Isla. ¡Y lo son! ¡Ojalá que ese aparato de autonomía dure mucho, para ilusión de los cubanos y honor del pueblo yanqui! Y digo honor del pueblo yanqui, porque creo como tú, que ninguna Potencia de Europa, ninguna, se hubiera ido voluntariamente de Cuba, abandonando en apariencia la Isla a su propio destino. La verdad es, si bien se mira, que los Estados Unidos están en circunstancias especiales para proceder como procedieron. Primero, están seguros de ser allí los amos, ya que la posición geográfica de Cuba la condena a la esclavitud yanqui. Y segundo: ¿no tienen los yanquis a Filipinas entre manos? ¿No es oportuno el ejemplo de liberar a Cuba, para seducir y deslumbrar a esos filipinos, a quienes no vence ni el oro corrompe? Piensa en todo esto y convén conmigo en que los yanquis no merecen tan descomunales aplausos como tú les tributas. Y ya ves que mis ideas a ese respecto no han cambiado.

Rufino Blanco Fombona

[Tomada de Rufino Blanco Fombona,Viéndome vivir, Univ. Católica Andrés Bello, Caracas 1998]