Filosofía en español 
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Epistolario

Carta de Rufino Blanco Fombona a Felipe Arocha y Cipriano Castro

I

Amsterdam, 26 de agosto – 1901

Sr. D. Felipe Arocha G.

Ministro de Fomento

Caracas

Mi distinguido amigo:

Si algún derecho da la amistad, si algo debo yo esperar de U., le ruego ponga en manos del Gral. Castro esa carta que le adjunto; y haga por que la lea, aunque la opinión de U. y la del Gral. Castro sean contrarias a la que yo expreso.

Vea U. que tiene influencia, U. que tiene ojos, U. que puede ver más allá del día de hoy, vea por esos desgraciados y queridos pueblos de Venezuela y Colombia, que están a las puertas de su ruina y desaparición, sin darse cuenta.

Evite la guerra entre esos dos pueblos, y habrá hecho U. a su raza y a su patria el más grande de los servicios.

Yo estoy desolado.

Siempre su amigo

R. Blanco Fombona

II

Amsterdam, 26 de agosto 1901

Sr. Gral. Cipriano Castro

Presidente de la República

Caracas

Mi respetado Gral y amigo:

Como venezolano y como amigo de U., me permito enviarle mi opinión sobre el conflicto colombo-venezolano, viendo las cosas con la serenidad que da la distancia y desde el punto de vista de nuestras relaciones exteriores.

U. sabe que yo soy su admirador: admiro en U. el carácter y la confianza, muy justificada hasta hoy, que tiene U. en sí mismo y en su obra. Le digo esto para que U. sepa que cualquiera que sea el giro de las cosas, yo tengo la convicción de que U. sabrá dominarlas, unas veces en la acción y otras con la diplomacia.

Esa fue la política de su campaña: después que venció a los generales con la espada, venció las intrigas y las dificultades con el cerebro.

Este es el caso, o nunca, de ser fiel a su vieja política.

En caso de guerra declarada a Colombia -y quizás sin llegar tan lejos-, los Estados Unidos auxiliarán con todo género de auxilios a Colombia, auxilios que le costarán muy caro a ese país, pero que le ponen en condiciones de vencernos, como que la guerra, en verdad, nos la harían los yanquis.

¿A quién volveríamos la cara? Los otros Estados de América, aun nuestros aliados juntos, nada cuentan ante una gran potencia. ¿Volveríamos los ojos a Europa? Europa se muere de miedo ante los Estados Unidos. Pero pongamos que Alemania quisiera ayudarnos un poco; la ayuda sería efímera y ridícula, nada en comparación de la que tendría Colombia. Y de nuevo, aun así, se alza el problema. ¿Cómo, si no con porciones de nuestro territorio, pagaríamos mañana esa ayuda interesada y letal?

Todo esto es muy serio. U. que tiene cerebro poderoso, lo comprende; yo creo que en otras manos la República estaría corriendo un peligro cien veces mayor.

Las adulaciones, zalamerías y protestas que le hacen a U. allá los Ministros Extranjeros nada valen. Ellos trabajan en la sombra por su país respectivo y nada más. Si U. no hubiera tenido la cordura de salir con tiempo de aquel infame Loomis, las cosas estarían muy mal.

Si se conjurase el actual peligro de la guerra con Colombia, U. que ha alcanzado con esta tempestad renombre europeo y americano de hombre superior, U., digo, podría hacer mucho para una alianza latino-americana en contra del pan-americanismo.

La Gran Colombia tal como la creó Bolívar no la creo por el momento viable; creo, sí, que esos tres pueblos, unidos por tratados muy serios -para el fin común de repeler la influencia extranjera- pueden formar una federación admirable. Si U. la inicia y la obtiene tocaría a otro venezolano, como ayer a Bolívar, la gloria de hacerse oír en toda Suramérica.

Los clericales de Colombia sucumben a la postre, según todas las señales; si parecen resueltos a vivir, es porque esos godos, como todos los viejos, se mueren poco a poco.

Procure, mi general, que los Cónsules en New York, Roma, París, Liverpool y Hamburgo le envíen todo, todo cuanto se escriba del actual conflicto venezuelo­colombiano, para que la prensa de allá lo publique, y la opinión nacional se forme.

Yo he remitido a los periódicos de Caracas muchos recortes.

No escribo más extenso porque supongo estará U. muy ocupado.

Le suplico me haga saber su opinión sobre esta carta, que es la voz de la amistad y del patriotismo más puros.

R. Blanco Fombona

[Tomada de Rufino Blanco Fombona,Viéndome vivir, Univ. Católica Andrés Bello, Caracas 1998]