Filosofía en español 
Filosofía en español

Epistolario

Carta de Rufino Blanco Fombona a Miguel de Unamuno

Amsterdam 23 de abril 1901

Sr. D. Miguel de Unamuno
Rector de la Universidad
Salamanca

Mi querido Unamuno:

De regreso de Inglaterra, adonde he estado ausente un poco, me apresuro a escribirle. Sus cartas es de las pocas cosas que yo estimo; y la parte de alma que U. bondadosamente me ha permitido ver en ellas, me tiene encantado. O es U. un hombre que coquetea moralmente, o es la suya una de las almas más francas, más bellas, más generosas de que yo tenga noticia. Su última carta me gusta mucho. Me alegra que me hable mucho de U.; asi aprendo a estimado mejor.

La pintura de su vida laboriosa y apacible, me interesa tanto más cuanto que es lo contrario tout a fait de cómo ha florecido esta primavera, esta juventud mía. Supóngase U. que aunque muy joven -en el trópico se madruga mucho- yo he sido proscrito, rebelde, revolucionario, periodista, diplomático, poeta y qué sé yo cuántas cosas. El año de 1900 fue singularmente anormal: me vi en la toma de una ciudad, fui envuelto en una derrota; goberné como Secretario General de Gobierno una Provincia; tuve la indispensable y tremenda necesidad de matar a un Coronel; fui preso, -me hicieron casi una apoteosis a mi salida de la cárcel por las especiales circunstancias del hecho-; publiqué un libro -Cuentos de Poeta-; recibí las más atroces injurias, las calumnias más soeces que U. puede imaginar; presencié un terremoto, la estada de una ciudad en capilla; y por último hice un viaje a Europa.

En cambio U. ¡cómo lo envidio! ¡Qué vida tan fecunda y tan noble! España no sabe el bien que se ha hecho a sí misma nombrándolo a U. Rector de una Universidad. U. siembra hoy su alma, su influencia moral en la juventud; mañana esa juventud, obra de U. es la que influirá en los destinos de su país, la que marcará rumbo a la España política e intelectual. Y quién sabe adónde lleven a su patria esos hombres! Por donde puede U. ver la magnitud de la obra de U.

Creo que los conservadores de España, los godos como decimos en Venezuela, Colombia, Ecuador y otras republiquillas, creo que los godos no saben lo que han hecho.

"Tan malos como nuestros católicos me parecen nuestros libres pensadores", escribe U. Esta frase en boca, o mejor, en pluma de U. me hace confirmar una observación que tengo hecha sobre la cuestión religiosa de España, tal como se transparenta en los literatos.

Por allá hay, me parece, la gente que no lee o sólo lee homilías, sermones, o literatura equivalente a esas porquerías religiosas de curas y frailes intonsos; y hay también los espíritus muy cultos que saben todo lo que hay que saber y lo conocen - viejo y nuevo- todo. Estos escritores, por supuesto, se descatolizan y heretizan, tanto y tan pronto, tan resueltamente trazan esos espíritus la parábola hacia la luz, tanto se consustancializan con los filósofos, que empiezan a pensar que negar rotundamente las cosas divinas, y desconfiar de las humanas, no es ser original, que serio es lisonjear el misticismo más o menos vago que en todos los corazones duerme, es quebrar una lanza contra la Ciencia como los estudiantes la quiebran en contra del Cristo y del Cura. A esto, una U. en esos escritores el viejo sedimento cristiano, el medio católico, el deseo de vender sus obras, y tiene V. a muchos escritores modernos de España que, como Valera, Clarín y otros, pasando por espíritus fuertes, le han hecho daño a la ciencia y han cultivado prados donde pace libre y resucitado el tantas veces muerto cordero pascual.

¿Será ese el caso de V.? ¡Ojalá que no! Yo tengo mucha fe en su talento, y espero ver brotar las espigas de sus ideas.

En América, según V. ha observado, salvo dos o tres países casi estrangulados por el clero -Colombia ahora y antes Ecuador­ no hay problemas religiosos. En Venezuela el Gobierno liberal, desde hace treinta años, nombra obispos, arzobispos y curas; no se permiten los conventos ni la enseñanza religiosa. La instrucción pública, -dice la ley- debe ser "laica, obligatoria y gratuita". No hay en todo el país sino un periódico religioso, y el clero a quien se le despojó de viejas prerrogativas coloniales, es miserable e ignorante y vive de la piedad y tolerancia del gobierno. Como V. ve es lo único malo que no tenemos en Venezuela: el clericalismo. No hay un escritor, uno solo, de los que valen algo que no sea librepensador; y el pueblo, sobre todo el de las ciudades, es indiferente o descreído.

Lamento que se tenga por allá tan mala opinión de todos los escritores americanos. El distingo que V. hace es salvador. Los señores mayores de cuarenta años que tanto fingen despreciarnos son ellos a su vez de lo más despreciable. N o quiero darle aquí mi opinión sobre el raquitismo cerebral… Tengo entre ceja y ceja escribir un libro sobre España. En mi viaje allá hablaremos de eso.

Le envío para publicar dos escritos: un escrito sobre Núñez de Arce y algo que no sé cómo llamar y que tengo el honor de dedicárselo a V. Perdone lo de la dedicatoria; y si le parece cursi o un poco ridícula, quítesela.

Ni una ni otra cosa valen un pito; pero es lo que tengo. El Núñez de Arce fue escrito para Trovadores y Trovas; pero el editor a última hora no lo quiso; después se publicó en El Cojo.

Como V. verá es juvenil y nada más. Lo otro, por el contrario, es de una pobreza de estilo, rayana en mediocridad. Publíquelos donde le parezca; y envíeme los periódicos donde salgan. Quiero leer su juicio sobre la obra de Manuel Díaz Rodríguez: Idolos Rotos.

Le ruego me diga el nombre de un pintor muy bueno, lo mejor, y con tendencia modernista, que pueda ilustrarme un poema o unos poemas. Y esto me trae de la mano hablarle de los suyos. U. no puede olvidar, ni aun soñando, que es un pensador. Sus sonetos tienen, sobre todo, médula. Por su intención -al menos la que yo creo ver- por su alta serenidad, yo prefiero de los tres sonetos el que U. consagra Al Destino.

En el mismo periódico leo, entre mil y una trivialidades, una cosa digna de tomarse en cuenta. La firma Pío Baroja. No sé si sea un pseudónimo, pero pseudónimo o no ese tal Pío Baroja tiene mucho talento. Recuerda U. El festín de las armaduras, de Teófilo Gautier?

Le ruego que me haga corregir cuidadosamente las pruebas de mis escritos. El error tipográfico es el padre del descrédito literario.

Lo saluda con un abrazo

RUFINO BLANCO-FOMBONA

Ahí le mando ese recorte de "La independencia belga", donde le habla de España y lo mencionan a U.

Le advierto que en la Psicología de un muerto hay menor cantidad de imaginación de lo que se puede creer. Yo estuve una vez a dos pasos de la muerte, ahogándome. Lo que pasó por mí en el terrible trance es lo que pongo en boca del otro. Ese muerto soy yo. Esa historia es auto biográfica. Escríbame pronto y largo.

Suyo de nuevo.

R. Blanco-Fombona

¿No es Cristo profeta, en cierto sentido, mi querido profesor? Si U. no lo cree, corríjame a su sabor el yerro.

Vale

[Tomada de Marcos Falcón Briceño,Cartas de Blanco-Fombona a Unamuno, Ed. Arte, Caracas 1968]