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Por cierto que en el camino tropezamos con un entierro, y […] José Antonio aprovechó la ocasión para relatarnos con aquel peculiar gracejo andaluz el cuento de la viuda a la que van a consolar unos amigos, a la que tan bien consuelan que todos salen bailando.
«Os he contado este cuento –decía el Jefe– para señalaros el poco miedo a la muerte que ha de tenerse en la Falange, pues morir por ella y por España es tal honor que más es para bailar que para llorar.»
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