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El Sr. Primo de Rivera: Aparte aspavientos y relatos melodramáticos de horrores perpetrados por los fascistas, el suceso de San Carlos, el asalto de la FUE de Medicina, es, dados ciertos antecedentes, un fenómeno perfectamente explicable. Y los antecedentes que producen ese resultado son, a mi modo de ver, simplemente estos tres: primero, la FUE es una organización política; segundo, la FUE ha introducido la violencia en la Universidad; tercero, la política del Gobierno (para el que, como tal Gobierno, tengo los mayores respetos, pero al que he de censurar en este punto) no es acertada en cuanto al tratamiento de ese fenómeno político y social del fascismo que se está produciendo en España, como en toda Europa.
En cuanto a lo primero, o sea, al carácter político de la FUE, no tema la Cámara que me remonte al siglo XIII, ni siquiera a los tiempos de la Dictadura, porque acaso en mi interpretación de esos tiempos pudierais achacarme parcialidad. Voy, sencillamente, a referirme a lo que ocurre con la FUE desde que se implantó la República. Cada una de las asambleas generales de la FUE es un mitin político; en las reuniones de la FUE casi nunca se habla de algo estudiantil, típicamente profesional, sino de las actitudes que deben tomar los estudiantes respecto a tales o cuales problemas políticos.
El 10 de abril de 1933 (es decir, antes que hubiese empezado a manifestarse públicamente ningún movimiento fascista) la Junta directiva de la Asociación Profesional de Estudiantes de Medicina, incorporada a la FUE, acordó proclamar solemnemente su carácter antifascista. (El señor Pascual Leone: Muy bien hecho.) A S. S. le parece muy bien; pero es una declaración política, tan acertada como se quiera a juicio de ese señor diputado… (El señor Marco Mirandad: Y tan liberal.) Perfectamente; será liberal, luego es política. (El señor Marco Miranda: En sus Congresos no se habló nunca de política.) ¿Que no se habló nunca de política en sus Congresos? Perdone un momento S. S., que ya iremos poniendo todo eso en claro.
Pues bien: en cumplimiento de aquel acuerdo, que se tomó el 10 de abril de 1933, la Junta directiva de la Asociación Profesional de Estudiantes de Medicina convocó a Junta general para el 13 de enero de este año. Aquí está esa convocatoria (Enseñándola.), y en el orden del día de la Junta general figuran estos dos puntos: Primero, declaración antifascista de la Asociación. (El señor Pascual Leonee: Muy bien.) Perfectamente bien. Segundo (a ver si este punto le parece todavía mejor a S. S.). No admitir dentro de la Asociación a aquellos individuos que profesan ideas fascistas. (El señor Pascual Leone: Me parece mejor.– El señor Marco Miranda: Muy liberal.) Perdónenme sus señorías, que habrá tiempo para todo, y disculpe también la Presidencia si el discurso se alarga con las interrupciones. Esta declaración antiliberal –antiliberal, aunque parezca otra cosa– alcanza, si se fijan en su texto los interruptores, no a excluir de la Asociación Profesional de Estudiantes a los que despliegan actividad fascista, sino a aquellos individuos que profesen ideas fascistas. Es decir, que la FUE, resucitando los procedimientos de la Inquisición, pero todavía más sutiles (Rumores.), se mete a indagar, no lo que hacen los estudiantes fuera, sino lo que llevan en la cabeza, por si eso disgusta a los directivos de la FUE. (Aplausos y rumores.– El señor Molinaf: Escuchad un poquito, escuchad.) Pues bien: sus señorías –y en esto tienen la misma manera de interpretar el liberalismo que la FUE– entienden que los liberales… (Rumores.– Un señor diputado: ¿Cómo interpreta S. S. el liberalismo?) ¿Me perdonan SS. SS.? ¿Me conceden todos un momento de silencio, poco más o menos, hasta que acabe? El liberalismo precisamente lo que no puede hacer es calificar las doctrinas por su contenido, porque es dogma del liberalismo tributar a todas el mismo respeto. De manera que, en cuanto subordine ese respeto al contenido de las doctrinas y recuse las únicas que le resulten antipáticas –que son las antiliberales, como es natural–, el liberalismo pasa a ser tan inquisitorial como cualquier doctrina de las más inquisitoriales. (Muy bien.– El señor Menéndez: Que era lo que decía Pidal a Azcárate: «Se aprovechan de la libertad para matar la libertad».– Rumores.) Se celebró la Junta general. En ella los partidarios de esta declaración de antifascismo redujeron la oposición de los disidentes por el también liberal sistema de apalearlos, y cuando, una vez apaleados los disidentes, se adoptó este acuerdo por aclamación, no tardó la FUE en recibir un telegrama de los estudiantes revolucionarios de Barcelona, en el que, después de felicitarla por su decisión, se decía: «Abrazos revolucionarios». Como es natural, los estudiantes de la FUE no tenían la culpa de que los estudiantes revolucionarios les enviaran este telegrama; pero el tal telegrama les debió de parecer muy bien cuando, en el tablón oficial de anuncios de la FUE de Medicina fue exhibido con todos los honores.
Vienen los primeros acontecimientos de los que han culminado en San Carlos. Ocurren unos incidentes, como saben todos los señores diputados, en Zaragoza y en Sevilla, y entonces se publica una hoja del Secretariado Central de los Bloques Escolares de Oposición Revolucionaria, en la cual hoja se imprime una serie de gritos para todos los gustos. Hay, por ejemplo, un grito que dice: «¡Muera el Gobierno Lerroux-Gil Robles!» Este es uno de los gritos; pero otro es: «¡Con la FUE!» Es decir, que los estudiantes del Bloque de Oposición Revolucionaria consideren a la FUE como una cosa propiag.
Pues bien: cuando todo está preparado así, llega un día en que esta pugna entre la FUE, declarada oficialmente, dogmáticamente, canónicamente antifascista, con unos cuantos estudiantes que sienten algún interés por este movimiento europeo que se denomina «fascismo», se va agravando. ¿Y sabe el Gobierno y sabe la Cámara cómo se resuelve la primera vez? Pues tratando de asesinar por la espalda al estudiante Baselga, de Zaragoza, a quien reputan fascista los de la FUE. (Un señor diputado: ¿Y Matteotih?) ¡Hombre, Matteoti! ¿Pero qué me dice S.S. de Matteoti? Acuérdese de Caín y Abeli. ¡Aquello sí que fue tremendo! (Risas y rumores.– Un señor diputado: Hablemos de Caín y Abel.) Mis respetables interruptores perdonarán que no les conteste siempre, porque algunas veces no les oigo; si no, lo haría con mucho gusto.
Pues bien: al estudiante Baselga trata de asesinarlo en Zaragoza un pistolero que va entre un grupo de estudiantes de la FUE, al cual pistolero le dicen: «Dispara ahora»; y, en efecto, el pistolero sigue al estudiante, y cuando va a entrar en un café le dispara cuatro tiros, le atraviesa un pulmón con dos de ellos y lo deja moribundo. Los estudiantes de Zaragoza reaccionan con toda indignación; el rector, ante el estado de indignación de la Universidad, acuerda la clausura de la FUE, la directora de estos disturbios, y entonces la FUE de Madrid, por solidaridad, contra todas las autorizaciones, declara una huelga y obliga, por la violencia, a los estudiantes que van a clase a que se declaren en huelga también. Ocurren incidentes en la Facultad de Derecho, donde, por ejemplo, el vicerrector, el profesor de Derecho mercantil, señor Garriguesj (que es uno de los universitarios más brillantes, de la más limpia historia escolar, como profesor y antes como estudiante, que dirigió estas mismas asociaciones profesionales, continuadas hoy por la FUE), porque se resiste a dejar su clase, cediendo al requerimiento de más de cien alumnos, los estudiantes de la FUE le echan un cubo de agua. Dentro de la Facultad de Medicina irrumpen en dos o tres clases y airadamente, aun en la misma que da el señor decano, impiden que sigan. Entonces acude el señor rector, y, entendiendo que donde uno no quiere dos no riñen, en vista de que los de la FUE pretenden impedir airadamente las clases y de que hay otros estudiantes –la mayor parte– que quieren ejercer su derecho a estudiar, resuelve la discrepancia dando gusto a la FUE y suspende todas las clases.
En estos incidentes, que han empezado en las Facultades de Derecho y de Medicina, aparece un grupo de la FUE. Este grupo, después de intervenir airadamente en las clases de Medicina, se dirige a la Escuela de Veterinaria, promueve un disturbio e impide también que se den las clases. Al día siguiente va al Hipódromo y ante la Escuela Normal promueve otro disturbio. Como consecuencia de ellos son detenidos varios individuos de la vieja guardiak y resulta que llevan pistolas. Es decir, que la primera aparición de las pistolas en la Universidad de Zaragoza y aquí en la vieja guardia fue en los bolsillos y en las manos de los estudiantes de la FUE. (Muy bien.)
Entonces se provoca un estado de exasperación en todos los estudiantes desafectos al monopolio escolar de la FUE, estado de exasperación que culmina el día 25. Llega a la Facultad de Medicina un grupo numeroso de estudiantes, penetran tumultuosamente y rompen la primera puerta del local de la FUE. Es de saber que el local de la FUE, después de una primera sala, se divide en dos piezas, separadas por un tabique; en este tabique no hay puertas, sino únicamente dos ventanillos de unos 60 centímetros en cuadro. La pieza de la izquierda es la Secretaría, donde normalmente debían estar los estudiantes de la FUE que forman la Junta directiva, en el supuesto de que debieran estar en alguna parte, puesto que la autoridad del rector había mandado cerrar la Universidad con todas sus dependencias. Pero no están en la Secretaría los estudiantes de la FUE; están en la sala de al lado, que se destina a Juntas generales, aunque ese día no se celebra ninguna, y cuando el tropel airado de los estudiantes penetra en la Secretaría y se limita, sin demasiada exageración, a maltratar algunos muebles, los que están en la sala de al lado, en la sala de Juntas, a través de los ventanillos disparan los primeros, hacen fuego; y esto se ha podido comprobar, aunque la autoridad académica no permitió ningún registro de la Policía y recogió por sí misma todos los enseres antes que llegara el Juzgado, porque yo sé y me consta que hay un estudiante herido en una mano, precisamente por los disparos de los de la FUE. Comprenderá la Cámara que no voy a decir el nombre de este estudiante heridol, porque lo sé bajo secreto profesional, y en este momento, en que está todo «sub judice»m, podría comprometerlo; pero comprenderá también la Cámara que cuando yo digo que he visto con mis ojos la herida en la muñeca de ese muchacho es que ha sido verdaderamente herido. Entre los 200 ó 300 asaltantes hay dos que llevan pistola. Lo encuentro vituperable; pero, ¿es mucho que lleven pistola cuando varios días antes les han asesinado a un compañero en Zaragoza y cuando llevan pistolas los de la vieja guardia de la FUE? Al verse tiroteados, esos dos muchachos disparan, con tan desgraciada suerte que hieren gravemente a un estudiante, que, por fortuna, parece que va a curar, pero que, en todo caso, es deplorable que resultase herido.n
Estos fueron los hechos del asalto a la FUE de San Carlos. Como ve la Cámara, dos de los tres factores que yo decía han aparecido ya. La FUE, que fue en sus orígenes, que debió ser desde su nacimiento, una Asociación profesional, estudiantil, ha derivado abiertamente hacia la política, casi se ha desentendido de todo interés profesional para convertirse en una entidad política; y, en segundo lugar, es la primera que ha ejercido un régimen político de violencia.
Pero es que, además –y ésta es la censura que moderadamente me atrevería a dirigir al Gobierno–, ante el fenómeno del fascismo se están conduciendo el Gobierno y especialmente las autoridades subalternas de una manera sumamente extraña. El fascismo, para el director general de Seguridad, es una especie de institución secreta que la Dirección muy de cerca vigila, hasta el punto de que, según el director de Seguridad, es la pesadilla del fascismo. Pues bien: esta idea del fascismo –y perdóneme el señor director general de Seguridad– es una idea perfectamente zafia. El fascismo podrá concebirlo así, como una partida de la porra, tal vez un concejal de un lugar de España alejado de todas las comunicaciones; pero el fascismo es una inquietud europea, una manera nueva de concebir todo: la Historia, el Estado, la llegada del proletariado a la vida pública; una manera nueva de concebir todos los fenómenos de nuestra época e interpretarlos con sentido propio. El fascismo triunfó ya en varios países, y ha triunfado en algunos, como en Alemania, por la vía democrática más irreprochable. (Un señor Diputado de la minoría socialista: Asesinando.– Rumores.– El Sr. Presidente reclama orden.) Asesinando, dice S. S., pero lo cierto es que logrando el noventa y tantos por ciento de los votos. A mí esto de los votos no me inspira demasiado respeto, pero así es. (La Sra. Nelkenñ: Los plebiscitos del dictador.) Muchas gracias, señorita Nelken. (La Sra. Nelken: Señora.) Perdón, Sra. Nelken. (Risas)o.
Pues bien, ante estos hechos, ante esa inquietud universal del fascismo, que el director general de Seguridad diga: «Tenemos muy vigilado al fascismo» es como si dijera: «Tenemos muy vigilada la geometría euclidiana», o «Tenemos muy vigilada la interpretación materialista de la Historia». (El Sr. Menéndez: Eso ya lo vigilan)p. Es una actitud perfectamente absurda. Yo encontraría muy bien que el señor director general de Seguridad reprimiese las manifestaciones violentas del fascismo o de cualquiera otra tendencia; pero no me explico por qué el Sr. Director general de Seguridad se constituye en vigilante de la difusión de una idea.
El señor director general de Seguridad ha encontrado un auxiliar admirable en el señor fiscal de Prensa. Cada número de esa revista que se llama F. E. –que el señor Hernández Zancajoq tiene el buen gusto de leer (Risas.) y que habrá podido comprobar que es una revista literaria irreprochable–; cada uno de esos números, digo, cae en manos del señor fiscal y suscita su cólera. El primer número suscitó su cólera por un artículo en broma dedicado al señor Gil Robles. Estoy seguro de que el Sr. Gil Robles es sobradamente inteligente para no darse por ofendido por ese artículo; pero, en cambio, el señor fiscal estimó que el Sr. Gil Robles debía darse por ofendido y que era él el llamado a defenderle contra aquellas ofensas. (Risas.) Se retiró el artículo en broma y se publicó una nueva tirada sin el artículo; pero llega otro número y entonces el señor fiscal, que se cree depositario de la tranquilidad pública en orden a impedir la salida del periódico, se dijo: «Si denuncio un artículo van a hacer lo que la vez anterior: retirar el artículo y publicar otro número sin él», y entonces denunció el número entero. Es decir, que un periódico que tiene 12 páginas es delictivo desde el principio hasta el final. Si se hojea el periódico, se encuentra, por ejemplo, el anuncio de un sacerdote que prepara muchachos para los exámenes, pues eso es delictivo; se encuentra una nota en la que se recomienda a los suscriptores que giren el duro del semestre, pues eso es delictivo. Y las fotografías de la basílica Ulpia y de la columna de Trajano, que aparecen en el número, son delictivas. Todas estas páginas son delictivas, a juicio del señor fiscal. Naturalmente, como no íbamos a publicar otro periódico en blanco, el señor fiscal se salió con la suya y aquel número no se publicó. (El Sr. Menéndez: Con nosotros hacen lo mismo.– Risas.) «Falange Española» es una Asociación registrada en la Dirección de Seguridad y con sus estatutos aprobados. En estos estatutos se prevé cómo han de constituirse las Asociaciones filiales de provincias. Se llevan los estatutos a provincias, y donde se encuentra un gobernador que entiende los estatutos y la aprobación de la Dirección de Seguridad, la Asociación funciona; pero donde se encuentra un gobernador, como el de Sevilla, que se cuadra y dice que él no aprueba por nada los estatutos, olvidándose del pequeño detalle de que no los tiene que aprobar, entonces ya no funciona la Asociación «Falange Española». Y así en todo.
Y esto es lo que digo al Gobierno: si estamos ante una actitud intelectual y espiritual que anda por toda Europa y que pretende manifestarse en todas las formas lícitas que a todas las ideas se conceden, ¿por qué no ensaya el Gobierno el permitirla desenvolverse a la luz pública, mucho más fiscalizable, y no la comprime, para ver si se decide a la actuación secreta, que repelió siempre, y a ver si estalla de cuando en cuando con la vehemencia exasperada de unos estudiantes a quienes se les niegan sus derechos?
No creo que el Gobierno nos vaya a dar el argumento de la FUE de que somos una Asociación de tendencia antiliberal; pero no creo tampoco que el Gobierno –no lo podrá hacer sin injusticia– nos pueda decir que somos una Asociación violenta, porque aquí, frente a esas imputaciones de violencias vagas, de hordas fascistas y de nuestros asesinatos y de nuestros pistoleros, yo invito al señor Hernández Zancajo a que cuente un caso solo, con sus nombres y apellidos; mientras yo, en cambio, le digo a la Cámara que a nosotros nos han asesinado un hombre en Daimiel, otro en Zalamea, otro en Villanueva de la Reina y otro en Madrid, y está muy reciente el del desdichado capataz de venta del periódico F. E.; y todos éstos tenían sus nombres y apellidos, y de todos éstos se sabe que han sido muertos por pistoleros que pertenecían a la Juventud Socialista o recibían muy de cerca sus inspiraciones. Estos datos son ciertos. (La Sra. Nelken pronuncia palabras que no se perciben.– El Sr. Presidente reclama orden.)
La Sra. Nelken: ¿Me permite el Sr. Presidente?
El Sr. Presidente: A su tiempo.
La Sra. Nelken: Señor Primo de Rivera, el que cayó en Zalamea de la Serena fue un obrero asesinado por los fascistas.
El Sr. Albiñana: Y en Bilbao un nacionalista, asesinado por los socialistas. (Rumores.– El señor Presidente reclama orden.)
El Sr. Álvarez Angulo: ¿Qué pasó en la Puerta del Sol el otro día, Sr. Lamamié de Clairacr, después del mitin de S. S.?
El Sr. Moreno Dávilas: Un tranvía. (Grandes risas)t.
El Sr. Primo de Rivera: Y nosotros, que tenemos en nuestras filas todas estas bajas y otros muchos heridos graves, nos hemos resistido a todos los impulsos vindicativos de los que nos pedían una represión enérgica y una represalia justa, porque consideramos mejor soportar, mientras sea posible, que abran bajas en nuestras filas que desencadenar sobre un pueblo una situación de pugna civil. Nosotros hemos sufrido hasta ahora todas las víctimas y las hemos sufrido en silencio, y si no lo hemos dicho antes y si lo digo ahora, sobria y solemnemente, para contestar a las imputaciones salidas de esos bancos (Señalando a los de la minoría socialista.), es porque nosotros, con nuestros muertos –y esto es lo más serio que os digo de todas mis palabras–, podemos hacer símbolo de enseñanza o de escuela de sacrificio; lo que no queremos nunca es pasear sus despojos por el terciopelo ajado de estos bancos para convertirlos en efectos políticos desdeñables. […]