Filosofía en español 
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Carta a Juan Ignacio Luca de Tena


15 de marzo de 1930a
ABC (Madrid), 20 de noviembre de 1952b

 
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Mi querido amigo: No es fácil de expresar la sorpresa y la emoción con que he leído su carta. Pero no me será difícil hacérsela imaginar. Nos hemos educado los dos, como usted dice muy bien, en la misma enseñanza. Y de igual manera que siente y entiende mi temor de ser tan sólo “el hijo de papá” tiene que sentir y entender también hasta qué punto llega al fondo del alma un rasgo de cordialidad como el suyo.

Parece que el haber vivido desde chicos en un ambiente de publicidad y pasión (la publicidad y la pasión que han rodeado a nuestros padres) debería habernos embotado, en parte, la sensibilidad para todo género de impresiones. Pero a mí me ha pasado lo contrario, y por lo visto también a Vd.; los ataques a mi padre (los ataques insolentes, enconados, injustos, como muchos de los que se leen en estos días) llegan a producirme una amargura hasta física tan agobiante, que me quita del todo la paz. Y, en cambio, el encontrar una prueba noble de afecto, el verme entendido y apoyado, como ahora con su carta, me entona de un modo que sólo puede imaginar quien lo ha sentido.

No encuentro palabras con que agradecer lo que ha hecho. Es imposible buscar nada de mayor delicadeza; adivinar la situación de espíritu de un hombre a quien ni siquiera le ligaba una amistad íntima y decirle precisamente las palabras justas para confortarle. Ha venido usted a reconocer en justicia, generosamente, los beneficios que a mi padre debe España, precisamente en estos días en que me achicharra por dentro el repugnante espectáculo que a nadie se oculta: una Prensa rabiosamente sectaria y una turba hambrienta de viejos fracasados que resucitan, pidiendo a aullidos ¡las responsabilidades de la Dictadura! Como si el Gobierno dictatorial, falible como todos, no hubiera venido a sacar a España de las miserias y las vergüenzas en que la sumieron muchos de los que ahora ejercen de fiscales; como si no hubiese ahuyentado la anarquía, la pesadilla africana, el déficit crónico, la leyenda negra, la reputación detestable de nuestros amigos y tantas otras cosas tristes, sino que hubiera sido una cuadrilla de salteadores dedicada durante seis años al saqueo. Y esto es lo que se dice, a sabiendas de que es mentira, entre el silencio cobarde de los más obligados a la defensa.

Si todos se portasen como ustedes conmigo ahora, ¿qué importarían las discrepancias políticas? Lo malo es que, en general, entre nosotros, se trata a los adversarios como si no fueran hombres, como si no fueran sensibles; dándoles unos manotazos desconsiderados que hacen sangre en lo más vivo de los sentimientos. Tal vez los que atacan de esa manera sienten poco y por eso no adivinan el daño que hacen. Usted, al entender lo que otros sienten, demuestra que también sabe sentir.

No quiero acabar yo tampoco sin darle las gracias muy sinceras por la benevolencia con que juzga un trabajo mío como aprendiz de periodista y mi actitud general en mi papel de hijo. Para lo uno y para lo otro puede aleccionarme mucho su ejemplo.

Crea que se alegra de verdad al considerarse suyo affmo. amigo q.e.s.m. Firmado: José Antonio Primo de Rivera.


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a  Según Juan Ignacio Luca de Tena, “Apología de un amigo que aún no era correligionario”, recogido en Dolor y memoria de España en el segundo aniversario de la muerte de José Antonio, [S.l.] : Jerarquía, 1939, p. 214, la carta está fechada el 16 de febrero de 1930.

b  Esta carta, cuya publicación fecha el anterior recopilador el 19 de noviembre de 1952, le fue proporcionada por Mariano Rodríguez de Rivas.