Filosofía en español 
Filosofía en español


En el pleito relacionado con el Cinema España


16 de febrero de 1926a
La Nación (Madrid), 16 de febrero de 1926

 
[ 26a ]
 

La administración de la Justicia

Un interesante pleito relacionado con el «Cinema España»

Hoy no hubo señalamientos en la casi totalidad de las Secciones de la Audiencia provincial, y aquellas en que las había revistieron muy escasa importancia.

En el Tribunal Supremo funcionó la Sala de lo civil, y en ella se vieron un recurso de admisión […] y un tercero sobre forma, en el que la Sociedad Sagarra contendía con la Anónima de Espectáculos sobre un desahucio.

Este último recurso fue el de mayor interés, por tratarse del cinema del paseo de San Vicente, y por realizarse en el recurso el debut forense de un abogado novel, el señor D. Antonio [sic] Primo de Rivera, a quien el letrado contrario, conde de Santa Engraciab, rindió el debido tributo al comienzo de su informe.

El letrado de la parte recurrente, con gran precisión de palabra y de concepto, relata las incidencias del asunto en un amplio informe, en que se hace constar que la sentencia recurrida no tuvo en cuenta que jamás se citó en forma a una de las interesadas, doña Elvira Sagarra, y que la otra persona que fue citada en nombre del demandado en el juicio de desahucio, señor Viñas Sagarra, que falleció en 1922, carecía de personalidad, por no ser representante de la herencia, sino acreedora del caudal relicto, como viuda del demandante.

Razona los motivos de casación –indefensión y falta de per­sonalidad– alegados en el recurso, e invoca distintas sentencias del Tribunal Supremo en apoyo de su tesis.

[…]

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ABC (Madrid), 19 de febrero de 1926

 
[ 26b ]
 

Por los Tribunales

Recurso por quebrantamiento de forma

Ante la Sala de lo Civil del Supremo se ha visto un recurso, en el que contendían la Empresa Sagarra con la Anónima de Espectáculos sobre quebrantamiento de forma.

En esta vista informaba, haciendo sus primeras armas en el foro, el abogado don José Primo de Rivera, para quien el conde de Santa Engracia, patrono de la parte adversa, tuvo frases de gran consideración y elogio.

El recurrente, con gran precisión de palabra y de concepto, relató las incidencias del asunto, haciendo constar que la sen­tencia recurrida no tuvo en cuenta que jamás se citó en forma a una de las interesadas, doña Elvira Sagarra, y que la otra persona que fue citada, en nombre del demandado, en el juicio de desahucio, señor Viñas Sagarra, fallecido en el año 1922, no tenía personalidad a la fecha de la citación.

Invocó el señor Primo de Rivera distintas sentencias del Supremo, en apoyo de su tesis, y terminó solicitando, elocuen­te, la casación del fallo recurrido.

El conde de Santa Engracia felicitó, por conducto de la Sala, al señor Primo de Rivera por su brillante intervención, y combatió los motivos del recurso, pidiendo a la Sala que confirme la sentencia que decretó el desahucio contra los here­deros del señor Viñas Sagarra, para que entregaran el Cinema España a su actual propietaria, la Sociedad de Espectáculos.


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a  Según manifiesta F. Ximénez de Sandoval, José Antonio (biografía apasionada), Madrid : Fuerza Nueva, 1976⁷, p. 48, supuestamente intervino José Antonio por vez primera ante el Tribunal Supremo en un recurso de casación interpuesto por el Decano del Colegio de Abogados de Madrid, Francisco Bergamín, quien lo recibió en la Sala con estas palabras: «Antes de comenzar mi informe, quiero, con la venia de la Sala, dirigir un afectuoso saludo al letrado de la parte contraria –que por primera vez tiene el honor de hablar ante el Supremo–, de quien se asegura, y yo lo creo, es una verdadera esperanza del Foro español. Con mi saludo quiero dirigirle un ruego, que no creo necesario hacer extensivo a la Sala. Estamos en el Templo de la Justicia, donde, sobre todas otras consideraciones, deben imperar la serenidad, la razón, el Derecho y el olvido del mundo exterior. Ruego, pues, nos olvidemos todos del apellido que lleva el letrado de la parte contraria y se falle este pleito sólo con arreglo a la más estricta justicia.» Por su parte, iniciaría José Antonio su informe así: «Con mucho gusto recojo y devuelvo el saludo que el ilustre letrado de la parte contraria y Decano de nuestro Colegio ha tenido la atención de dirigirme. A la Sala dirijo también –con la emoción que supone acercarme a su altura por vez primera a pedir justicia– un saludo rendido y cordialísimo, en el que se funden admiración, respeto y confianza. Confianza que hace innecesario que yo me sume al ruego formulado por el letrado de la parte contraria. Yo sé de antemano –y si creyera otra cosa no vestiría esta toga– que la Sala olvida siempre, para administrar rectamente la Justicia, cuanto es ajeno a ella, y me parecería ofenderla pedirle que lo hiciese en este caso. En cuanto a mí, señor Bergamín, que nunca olvido ni olvidaré mi apellido y cuanto debo de cariño y respeto a quien me lo ha dado, lo sé perder en cuanto visto esta toga. Si alguna antipatía, recelo o rencor tiene con él Su Señoría, debió también haberlo olvidado, pues aquí no somos más que dos letrados que vienen a cumplir su misión sagrada de pedir justicia para el que la ha menester y hemos dejado –yo por lo menos lo hago siempre– con el sombrero y el gabán en la Sala de Togas, cuanto sea ajeno a nuestra misión –la más divina entre las humanas– para revestirnos, con este ropaje simbólico, de la máxima serenidad, la máxima cordura, la máxima pureza.» Confiesa Ximénez de Sandoval sobre este exordio «que probablemente desfigura en mi memoria el tiempo, y sería mucho más lacónico […]». Y añade que, tras el informe de José Antonio, solicitó Bergamín el uso de la palabra: «Mejor que para rectificar, para rectificarme. Dije al saludar al joven letrado a quien con tanto gusto hemos escuchado que era una verdadera esperanza. Me rectifico. Señores magistrados: Afirmo que en la mañana de hoy hemos escuchado a una auténtica gloria del Foro español. Nada más.» Siendo posiblemente la anécdota cierta en lo sustancial, no lo es sin embargo en sus extremos concretos, entre otras razones porque el Decano del Colegio de Abogados de Madrid entre 1923 y 1930 fue Melquíades Enrique Piccó Martínez (Francisco Bergamín García lo fue entre 1922 y 1923). La anécdota referida por Ximénez de Sandoval debió suceder con el conde de Santa Engracia, según se desprende de las reseñas transcritas a continuación.

b  Francisco Javier Jiménez de la Puente.