a Según manifiesta F. Ximénez de Sandoval, José Antonio (biografía apasionada), Madrid : Fuerza Nueva, 1976⁷, p. 48, supuestamente intervino José Antonio por vez primera ante el Tribunal Supremo en un recurso de casación interpuesto por el Decano del Colegio de Abogados de Madrid, Francisco Bergamín, quien lo recibió en la Sala con estas palabras: «Antes de comenzar mi informe, quiero, con la venia de la Sala, dirigir un afectuoso saludo al letrado de la parte contraria –que por primera vez tiene el honor de hablar ante el Supremo–, de quien se asegura, y yo lo creo, es una verdadera esperanza del Foro español. Con mi saludo quiero dirigirle un ruego, que no creo necesario hacer extensivo a la Sala. Estamos en el Templo de la Justicia, donde, sobre todas otras consideraciones, deben imperar la serenidad, la razón, el Derecho y el olvido del mundo exterior. Ruego, pues, nos olvidemos todos del apellido que lleva el letrado de la parte contraria y se falle este pleito sólo con arreglo a la más estricta justicia.» Por su parte, iniciaría José Antonio su informe así: «Con mucho gusto recojo y devuelvo el saludo que el ilustre letrado de la parte contraria y Decano de nuestro Colegio ha tenido la atención de dirigirme. A la Sala dirijo también –con la emoción que supone acercarme a su altura por vez primera a pedir justicia– un saludo rendido y cordialísimo, en el que se funden admiración, respeto y confianza. Confianza que hace innecesario que yo me sume al ruego formulado por el letrado de la parte contraria. Yo sé de antemano –y si creyera otra cosa no vestiría esta toga– que la Sala olvida siempre, para administrar rectamente la Justicia, cuanto es ajeno a ella, y me parecería ofenderla pedirle que lo hiciese en este caso. En cuanto a mí, señor Bergamín, que nunca olvido ni olvidaré mi apellido y cuanto debo de cariño y respeto a quien me lo ha dado, lo sé perder en cuanto visto esta toga. Si alguna antipatía, recelo o rencor tiene con él Su Señoría, debió también haberlo olvidado, pues aquí no somos más que dos letrados que vienen a cumplir su misión sagrada de pedir justicia para el que la ha menester y hemos dejado –yo por lo menos lo hago siempre– con el sombrero y el gabán en la Sala de Togas, cuanto sea ajeno a nuestra misión –la más divina entre las humanas– para revestirnos, con este ropaje simbólico, de la máxima serenidad, la máxima cordura, la máxima pureza.» Confiesa Ximénez de Sandoval sobre este exordio «que probablemente desfigura en mi memoria el tiempo, y sería mucho más lacónico […]». Y añade que, tras el informe de José Antonio, solicitó Bergamín el uso de la palabra: «Mejor que para rectificar, para rectificarme. Dije al saludar al joven letrado a quien con tanto gusto hemos escuchado que era una verdadera esperanza. Me rectifico. Señores magistrados: Afirmo que en la mañana de hoy hemos escuchado a una auténtica gloria del Foro español. Nada más.» Siendo posiblemente la anécdota cierta en lo sustancial, no lo es sin embargo en sus extremos concretos, entre otras razones porque el Decano del Colegio de Abogados de Madrid entre 1923 y 1930 fue Melquíades Enrique Piccó Martínez (Francisco Bergamín García lo fue entre 1922 y 1923). La anécdota referida por Ximénez de Sandoval debió suceder con el conde de Santa Engracia, según se desprende de las reseñas transcritas a continuación.
b Francisco Javier Jiménez de la Puente.