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Calva lustrosa, blanca pelambrera,
barba mefistofélica y picuda,
prominente frontal, nariz aguda,
mirada de rabino sorda y fiera.
Le suelta cuatro “buonos” a cualquiera
cuando al tomarle las lecciones duda,
sus nociones jurídicas ayuda
con refranes de usanza callejera.
Suele bajar de un tres de mal talante,
después, con el librito por delante
nos toma la lección desde su trono,
y cuando alguien le mete algún camelo
se queda estupefacto, mira al suelo,
cambia la voz y dice: “Buono, buono”.