Filosofía en español 
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C. Martín Muñoz

Una estrategia de socialismo democrático

La teoría marxista, a la que tan escasamente ha contribuido nuestro país, cuenta con una aportación decisiva: el texto que acaba de publicar Santiago Carrillo, Eurocomunismo y Estado (Grijalbo).

No se trata de un ensayo marxista más o menos escolástico. Es nada menos que la formulación global de la estrategia revolucionaria del PCE, en tantos puntos semejante a la de los partidos francés e italiano. Es obvio que la práctica revolucionaria del PCE de estos años no se estaba haciendo sobre el pragmatismo. En este libro, Santiago Carrillo recoge de forma total la concepción estratégica autónoma del PCE, la desarrolla, la hace explícita. Pero no de una forma cerrada, acabada. Santiago Carrillo nos la ofrece como material para un debate que hay que llevar adelante, en el que hay que profundizar. El texto que nos ocupa es una respuesta teórica global a la estrategia revolucionaria "eurocomunista" de reciente cuño y, por tanto, necesitada de aportaciones, necesitada de experiencia. La importancia de este texto reside en que no sólo nos permite profundizar en una serie de problemas teóricos clave en el marxismo, tales como el del Estado capitalista hoy, su conocimiento y su transformación, sino que a la luz de estos principios será posible valorar cada paso táctico, cada decisión política. Ofrece, pues, una perspectiva global revolucionaria.

La base del libro es "el tema del Estado, la democracia y el socialismo". Carrillo parte de dos supuestos que analiza detenidamente: el Estado, si bien sigue siendo el instrumento de dominación de una clase, no es ya el Estado descrito por Lenin. Es el Estado de los monopolios y es un Estado mucho más complejo. Así, pues, el Estado no se enfrenta ya sólo con las clases trabajadoras, sino con otras clases. Por otro lado, el Estado burgués ha llegado a su cénit, lo cual, al tiempo que lo hace más poderos, le ha llevado al punto máximo de la crisis de este tipo de Estado. De tal manera que “la sociedad moderna ha madurado para el socialismo”. El problema de la transformación del Estado capitalista —objetivo revolucionario— exige su conocimiento a fondo y una estrategia adecuada, es decir, el estudio de las posibilidades de transformarlo por vía democrática. “Sin transformar el aparato del Estado —escribe Carrillo— toda transformación socialista es precaria y reversible, no ya por un resultado electoral... sino por un golpe de fuerza de los mismos encargados de defender teóricamente la legalidad”.

Para Santiago Carrillo el conocimiento del Estado debe tener en cuenta, como señaló Gramsci, los "aparatos ideológicos" (educación, familia. Iglesia, justicia, medios de información...) verdaderamente esenciales para el funcionamiento de aquél. La propuesta de Carrillo, después de analizar la crisis en que se encuentran hoy estos aparatos, es la de conquistar en ellos posiciones dominantes para las ideas revolucionarias. "Dar la vuelta a esos aparatos ideológicos, transformarlos y utilizarlos —si no totalmente, en parte— contra el poder del Estado del capital monopolista".

Pero el Estado dispone también de unos "aparatos coercitívos". En este punto, Santiago Carrillo propone una nueva sensibilidad, una actitud distinta a la tradicional con respecto a las fuerzas armadas. Las fuerzas socialistas —dice— deben elaborar una política militar "más racional, más nacional, más atractiva" que la que les ofrece el Estado de la oligarquía monopolista.

En esta vía democrática al socialismo (con pluripartidismo, Parlamento e instituciones representativas, sindicatos independientes del Estado y de los partidos...), el autor encara el proceso de transformaciones económicas para afirmar la necesidad de "la coexistencia de formas públicas y privadas de propiedad durante un largo período". La estrategia revolucionaria no pasa por la dictadura del proletariado, sino por el apoderamiento progresivo del Estado capitalista, de tal modo que el socialismo conquistado sea no ya sólo compatible con la defensa de los derechos humanos, las libertades individuales y colectivas, sino que valore estos derechos como un objetivo fundamental. Este socialismo hará posible la democracia, hoy negada por el Estado monopolista. Como se ve, la razón última de la estrategia que se plantea no es ninguno de los "modelos" del socialismo hoy existentes, sino el adecuado hoy en los países occidentales desarrollados. Aparte de los capítulos dedicados a la dictadura del proletariado y a las raíces históricas del "eurocomunismo", que en esta reseña sería imposible describir, Carrillo analiza el modelo de socialismo democrático.

Quizá, a la hora de valorar esta tesis, lo que más sorprenda es la autonomía de pensamiento de su autor, que, en definitiva, no hace sino desarrollar y ser fiel a un principio: el marxismo se funda en el análisis concreto de una realidad concreta. Ni los argumentos de autoridad ni los modelos pueden garantizar, frente a aquél, la conquista del socialismo en unas circunstancias concretas.