Filosofía en español 
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Miguel Esteban

De Montejurra a las matanzas de Madrid. El complot terrorista del búnker

Un complot fascista, perfectamente organizado y previsto hasta en sus mínimos detalles, pretende frenar el avance hacia la democracia. Tratan de evitar que se supere el franquismo, quieren mantener los privilegios adquiridos a costa del pueblo. En una primera etapa lo han tratado de hacer mediante métodos abiertos supuestamente legales: el control de las instituciones políticas del franquismo se lo permitió hasta un cierto momento. Luego, y a la vista de la presión democrática han puesto en marcha un plan perfectamente preparado desde hacía varios meses, tal vez años: los acontecimientos de la pasada y trágica semana son por el momento la culminación de este programa. Pero éste empezó hace ya algunos meses.

Los asesinatos de Montejurra fueron probablemente el banco de ensayos del Plan. Desde ese momento los acontecimientos se han precipitado. En Montejurra, los partidarios de don Carlos Hugo habían convocado, como lo venían haciendo en los últimos años, una marcha hacia la cumbre cuyo contenido político era la reafirmación de los principios políticos y programáticos del carlismo democrático. Inopinadamente, toda la ultraderecha del país trató de montar una contramarcha en Montejurra: utilizando el aparato del Movimiento Nacional, los Gobiernos Civiles de las provincias, el dinero del Estado, las figuras más conocidas de la ultraderecha española, algunas con cargos tan importantes como don Antonio María de Oriol y Urquijo, se dieron cita en Montejurra: allí acudirían también los más conocidos guerrilleros de Cristo Rey, los más execrables pistoleros fascistas, y sin embargo no lograrían juntarse más de doscientas personas, a pesar de que la acción contaba con un presupuesto de varios millones de pesetas. Algunos extranjeros, la escoria de Europa y América latina, italianos, argentinos de la Triple A, gusanos huidos de Cuba, acompañarían a los españoles. En un enfrentamiento programado asesinaron a dos carlistas e hirieron a tres más.

Montejurra 76: se prueban las armas

El sangriento Montejurra 76 vino a demostrar dos cosas: la conspiración fascista estaba perfectamente orquestada, contaba con medios y estaba decidida a utilizar los métodos que fueran. De otro lado estaba apoyada por personas situadas muy cerca del poder, o en el poder mismo, lo cual les dotaba de una gran impunidad: Fraga, responsable del Orden Público en aquellos momentos fue, con su increíble tolerancia para con los asesinos, encubridor de los mismos. Dejó que los hechos ocurrieran, cuando toda la prensa del país advertía de los peligros existentes. No castigó a los culpables sino con una farsa de detenciones, cuando la lista de participantes en los asesinatos era pública.

Montejurra 76 fue una advertencia clara de lo que podía ocurrir si la marcha política del país no satisfacía a quienes empezaban a inquietarse por el futuro de sus privilegios adquiridos en el franquismo. El Gobierno trató de disfrazar lo ocurrido, trató de convencer, sin conseguirlo, de que las muertes en el monte navarro eran producto de un enfrentamiento entre carlistas. Recordó lo que un mes antes habían hecho los de la ETA, el injustificable asesinato del industrial eibarrés don Ángel Berazadi, con el fin de confundir a la opinión pública. Porque la actuación de ETA, su lucha violenta, innecesaria y contraria a los auténticos intereses del pueblo vasco, tenía (no se olvide que precisamente la muerte de Berazadi ocasionó una escisión y un cambio de planteamiento en la organización vasca) un origen muy distinto del que demostraban a todas luces la conspiración fascista: ésta estaba impulsada por hombres situados muy altos en el poder político y económico.

El terror y quién lo paga

Tras de Montejurra, las organizaciones ultras continuaron su preparación política. Abiertamiente, y como operación de acompañamiento del complot, en el mes de junio la Junta Coordinadora de Afirmación Nacional, organizadora de las concentraciones de la Plaza de Oriente, anuncia la próxima celebración de un Congreso de todas las organizaciones ultraderechistas. A los grupos (Defensa Universitaria, Acción Universitaria Nacional, Vanguardia Nacional, Bloque Nacional de Estudiantes, Juventudes Monárquicas Españoles, Junta de Estudiantes Tradicionalistas. Joven Guardia del SEU), que integran la Junta Coordinadora, se van a sumar, aunque luego el congreso no se celebre, los Grupos de Acción Sindical (GAS) los guerrilleros de Cristo Rey, las guerrillas ATE y el Partido Nacional Socialista Español, autores de numerosos atentados en los últimos tiempos. Se entablan también negociaciones con Fuerza Nueva, UNE y Falange Española para que envíen observadores. Se rumorea que la recientemente creada "Fundación Francisco Franco" podría ser el cauce de financiación del amplio grupo fascista radical y violento que podría salir de la reunión. La importancia de la "Fundación" viene dada por los altos cargos que ocupan en distintas instituciones políticas y económicas sus adherentes. Entre ellos figuran miembros de Consejos de Administración del Banco Español de Crédito, Banco Guipuzcoano, Agromán, Compañía Telefónica Nacional de España, Banco Exterior, Barreiros, Standard Eléctrica, SEAT, SNIACE, Banco de España, Nueva Montaña Quijano, Banca Fierro, Banco de Huelva, Grupo Godó, Empresa Nacional de Artesanía, Banca March, Hidroeléctrica Española, Banco Hipotecario, Instituto Nacional de Industria, Banco Rural, Butano, Westinghouse, Citroen, Aviaco, Fuerzas Eléctricas de Cataluña, Editorial Católica, Compañía Transmediterránea, Cementos Alba, Banco de Crédito Agrícola y Campsa.

Son los nombres de las empresas más mimadas por el franquismo. En la lista hay numerosos procuradores y ex-ministros. Podrían constituir el sostén de los grupos fascistas, con excepciones entre sus nombres. Aunque el Congreso no se celebre, su montaje será un paso importante para orquestar el complot.

Aparece el GRAPO

Mientras la prensa denuncia la presencia en Madrid de conocidos dirigentes fascistas italianos, perseguidos por la justicia en su país por la comisión de feroces atentados, y de miembros de la Triple A argentina, el Gobierno no interviene contra ellos, mientras en el País Vasco se recrudece la actuación de los grupos ultra, mediante voladuras y atentados a personas supuestamente de ideas nacionalistas. El 18 de julio se producen en toda España veintiocho atentados con bombas. Madrid, Bilbao, Sevilla, Barcelona, Segovia, el Ferrol, son testigos de una operación perfectamente coordinada —se desarrolló en poco más de seis horas— contra edificios y monumentos característicos del franquismo: se trata de cargar el mochuelo de la provocación a las fuerzas democráticas. Los atentados se los atribuye el GRAPO —que aparece por segunda vez en escena, tras su "presentación pública", el 1 de octubre de 1975, asesinando a 4 policías, en unos oscuros atentados que aún no han sido aclarados. La prensa entera, hasta la más conservadora, no cae en el engaño y un tufo a provocación fascista recorre las páginas de los periódicos: nadie se lo ha creído, pero la poderosa coordinación de los atentados preocupa a todos. El 31 de julio, otras seis ciudades serán víctimas de idénticos atentados: dos provocadores morirán en Sevilla al explotar la bomba que colocaban. Nada se traslucirá de las investigaciones policiales.

Es tal el escándalo que a través de la prensa producen estas actuaciones, tan ridícula su pretensión de hacer creer al país que son las fuerzas democráticas las autoras de los atentados, que se abandona la operación. Una vez más no han tenido éxito. La policía detiene a más de cien miembros de grupos izquierdistas en una operación que a todas luces no sirve para arañar ni lo más mínimo a los autores de las explosiones cuya tendencia política es de signo contrario.

Un hecho, aún no aclarado, que se produce al tiempo que esto ocurre en toda España, es la desaparación del dirigente de ETA, Pertur, a manos de la ultraderecha: correrán todas las versiones y rumores sobre el hecho, que algunos relacionan con la desaparición, a principios de abril, de dos funcionarios de la policía, José María González y José Luis Martínez, en Hendaya. El 3 de septiembre, ahora en Cataluña, varios participantes en la marcha de la libertad son asaltados por Guerrilleros de Cristo Rey y otras organizaciones fascistas.

Los jóvenes como blanco

El 27 de octubre, al término de una manifestación que conmemora los fusilamientos de militantes del FRAP y de ETA ocurridos un año antes, un joven estudiante demócrata, Carlos González Martínez, es asesinado por dos pistoleros de ultraderecha en la calle Barquillo de Madrid, el atentado, claro ensayo de lo que va a ocurrir meses más tarde en la calle de la Estrella, queda impune: no se produce ni una sola detención por parte de la policía.

Una semana más tarde, el 4 de octubre, José María Araluce Villar, presidente de la Diputación Provincial de Guipúzcoa, tres policías de escolta y un chófer son ametrallados en San Sebastián. Se pretende, nuevamente, atribuir el atentado —contra un hombre que había estado directamente implicado en la operación de apoyo a la marcha fascista sobre Montejurra— a organizaciones izquierdistas, sin que hasta el momento se haya aclarado la naturaleza de los autores. Esa noche, bandas fascistas "incontroladas" siembran impunemente el terror en San Sebastián.

La internacional fascista

Coincidiendo con este trágico acontecimiento —hay que subrayar una vez más que coincide, casi al pie de la letra, con la provocación de la pasada semana— en el hotel Savoy de Roma se reúne lo que será llamada la Internacional fascista, con amplia participación española: Antonio Gutiérrez, Antonio Cáceres y Ramón Bau de CEDADE. Hermenegildo García Llorente, primo de Marín García Verde, autor directo de una de las muertes de Montejurra y puesto en libertad a primeros de enero, conectado con la triple A argentina. Felipa Llopis de la Torre, secretario y guardaespaldas de Arturo Márquez de Prado, otro de los implicados en Montejurra, hombre estrechamente vinculado a Fuerza Nueva. Completan la lista Carlos Fernando Sales, Alberto Royuela y Pablo Villamar.

Los reunidos en Roma, junto con italianos, cubanos y argentinos, preparan el "otoño azul" para España, cuyo primer paso inmediato será la jornada del 20 de noviembre, fecha en la que la "Fundación Francisco Franco" y otras organizaciones han convocado una concentración en la plaza de Oriente. Pero los acontecimientos posteriores demostrarán que los planes, ya trazados en España, dirigidos y apoyados por españoles, con connivencia de importantes personalidades, van más adelante.

Otra vez el GRAPO

El fracaso de la Plaza de Oriente (no acudirán más de 50.000 personas), el avance de la reforma política, la inminencia del referéndum, obligan a dar un paso decisivo a la conspiración fascista: el 11 de diciembre es raptado don Antonio María de Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado, miembro del Consejo del Reino, simpatizante de Fuerza Nueva y uno de los oligarcas más importantes del país. Nuevamente aparece la farsa del GRAPO, que denuncia y no cree hasta el propio Gobierno. Para corroborar el carácter antipopular del Grapo, que observa la ineficacia, lo ridículo de su provocación, el 10 de enero un comando de esta supuesta organización —que incomprensiblemente riega Madrid de propaganda, cuando la policía ha practicado numerosas detenciones entre extremistas de izquierda— ametralla a tres trabajadores, tres vigilantes de CASA, una de las fábricas de vanguardia del movimiento obrero de Getafe, en Madrid.

Pero todos esos actos son ineficaces: no amedrantan los deseos democráticos del pueblo, no arredran a la oposición que prepara su batalla por la ruptura en las elecciones, no amilana al movimiento obrero que mantiene su lucha. Es entonces cuando se fragua la terrible matanza de Atocha, prolongada con el asesinato de tres miembros de las Fuerzas Públicas. La conspiración contaba ya con casi un año de prueba. Habían demostrado cómo lo iban a hacer y sin embargo no se previno su actuación. ¿Por qué?

El nuevo fracaso, la serenidad demostrada por los trabajadores, las fuerzas populares, el Ejército, puede ser una lección definitiva para este impresionante complot cuyos inspiradores hoy se sientan en cómodas y lujosas butacas de cuero en el centro de Madrid y de otras ciudades. Todo el país confía en ello: pero para eliminar este peligro hay que marchar decididamente contra los inspiradores y autores de los asesinatos.