Filosofía en español 
Filosofía en español


Pere Fages

¿Qué pasa en Cataluña?

Muchos aseguran no comprender casi nada de lo que pasa en Cataluña, en la esfera política. En efecto, todos los movimientos de las fuerzas políticas —con enmiendas sustanciosas a posiciones mantenidas hasta hoy— parecer producirse en el terreno de las contradicciones. El "Consell" no acude colegiadamente a Madrid, pero los partidos que lo componen (los más importantes en todo caso) están presentes por separado en las reuniones, e incluso Unió Democrática, el más reacio a "ir a Madrid", comparece por obra de Antón Canyelles a Presidencia del Gobierno primero, y se integra después en la Comisión Negociadora en representación del "Equipo español DC". En la Asamblea de Cataluña, los delegados de los partidos testimoniales, sin opción electoral por falta de real incidencia invierten la oración por pasiva y bloquean las perspectivas unitarias. La actitud del sector maximalista de la Asamblea ha impedido que ésta interviniera en la designación del representante de Cataluña en la Comisión de los diez: Jordi Pujol.

Jordi Pujol ha sido designado con el sostén activo de la izquierda —PSUC incluido— realista y decidida a buscar soluciones posibles y a facilitar caminos. El debate Tarradellas queda muy lejos, y las teorizaciones sobre la "voz pactante única" se diluye ante la presión del calendario.

Los grupos conservadores del "Consell" —y a veces conservador no es sinónimo de moderado— desde la derecha (Canyellas, Pallach, Trias Fragas...) al centro de Jordi Pujol, han establecido un diálogo con Presidencia del Gobierno. Un Gobierno preocupado por la impostación negativa para el Referéndum que comparte la oposición catalana y que va, en el mejor de los casos para el Gobierno de la inhibición, a la postura abstencionista compartida por los más.

Al abstencionismo y la inhibición catalanas Suárez responde con la demagogia de las concesiones tardías e insuficientes, pero que sin duda actúan sobre la opinión pública. A la vez, como paños calientes sobre los sectores más acomodaticios y como estimulante para nuevos logros entre las capas populares. La liquidación de Viola (¡por fin!) llega tarde y no significa la democratización de la vida municipal de Barcelona; los rumores en torno a úna hipotética anulación del decreto antiestatuto de 1938, no permiten preveer el restablecimiento de la Generalitat ni del Estatut, y tendrían un contenido exclusivamente simbólico; una declaración formal durante la visita de Suárez a Barcelona sobre la cooficialidad lingüística no va aparejada con un trato igual al catalán en los medios de comunicación en poder del Estado; la profusión de carteles en favor de la participación en el referéndum, redactados en "vernáculo", no implica en ningún caso un atisbo de devolución de las libertades secuestradas. Las detenciones a los propagandistas de la abstención, el expediente al director de "Treball", Joan Busquets, los atentados impunes de Gerona previos a un mitin de Pallach, la serie alucinante de prohibiciones y suspensiones arbitrarias, la represión continuada contra los trabajadores como consecuencia de la gran huelga del día 12 de noviembre, el hecho de que siga siendo justa y necesaria la presencia de Xirinachs ante las puertas de la Modelo, casi un año después de que iniciase su acción cívica y ejemplar. Todos estos datos testifican en favor de una afirmación incontestable: no tenemos libertades. Y este precisamente sigue siendo el problema fundamental. Por ello es aún más lamentable que en las instancias unitarias —tanto en el "Consell" como en la "Assemblea"— no se realice el esfuerzo de superación de los esquemas partidistas. Ahora más que nunca una aportación sólida y unitaria desde Cataluña, podría contribuir a configurar una salida democrática para todo el país. Cargarnos de razón y aportar con toda responsabilidad el peso de la fecunda experiencia unitaria catalana podría ser la mejor garantía de que la España democrática será capaz de resolver —de comprender como se resuelven— nuestros problemas específicos.