Filosofía en español 
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Manuel Azcárate

España ante la seguridad y cooperación europeas

Europa está conociendo cambios de enorme importancia. El triunfo de Brandt en las elecciones de Alemania Federal representa un viraje en la evolución de postguerra: la opinión pública de dicho país, en masa, acepta la existencia de dos Alemanias, una capitalista y otra socialista. Da la espalda al revanchismo. Acepta las fronteras surgidas de la 2a. G.M. Se orienta a una política de buenas relaciones con los países socialistas.

Para medir mejor la trascendencia de este hecho, recordemos que en 1933 (es decir, a los 15 años de concluida la G.M.) Hitler subía al poder con el apoyo de una marea revanchista y fascista; y en 1936, iniciaba de hecho la 2a G.M. con su intervención masiva en España, ayudando a Franco en su guerra contra la República. Hoy, a los 27 años de haberse terminado la 2a G.M. asistimos en el centro de Europa a la consolidación de la existencia de dos Estados alemanes; ya no se discuten las fronteras, el revanchismo está en franco retroceso, se afirman las tendencias de paz y colaboración.

Los comunistas españoles, que siempre hemos luchado por que sean reconocidos a la RDA sus plenos derechos internacionales, saludamos los éxitos logrados en ese terreno. Sabemos que tienen una gran importancia, no sólo para un sector de Europa, sino para todo el continente. Y a la vez, reiteramos nuestra decisión de seguir luchando con toda firmeza hasta que las reivindicaciones, de la RDA, plenamente legítimas, sean totalmente satisfechas.

Estos cambios positivos (así como la conclusión de los Tratados entre la URSS y la RFA, entre Polonia y la RFA, entre la RDA y la RFA. y otros acuerdos) despejan el camino hacia un nuevo sistema de relaciones internacionales en nuestro continente, lo que deberá implicar la superación de los dos bloques militares existentes (cuestión planteada desde hace ya tiempo por el Tratado de Varsovia); hacia un sistema de seguridad colectiva. Las iniciativas tomadas por 1a URSS y otros países socialistas en pro de una Conferencia de la Seguridad y la Cooperación en Europa han desempeñado un papel muy importante. Con la asamblea de embajadores que se está reuniendo en Helsinski. dicha Conferencia ha entrado ya en la fase de su preparación directa y concreta. Y, precisamente porque tendremos que hacer, aquí mismo, ciertas observaciones críticas, queremos dejar muy clara, de entrada, nuestra posición de apoyo completo a la seguridad europea, que corresponde a los intereses vitales de los pueblos. Por esa causa hemos luchado; por ella seguiremos luchando.

Los progresos de la seguridad europea van ligados a los avances de las fuerzas populares, democráticas, antifascistas. Lo confirma el ejemplo alemán citado más arriba. Por eso los Partidos comunistas de Europa han proclamado reiteradamente: «La lucha por tal Europa (basada en la seguridad) se halla estrechamente ligada a la lucha por la verdadera Independencia nacional y la democracia, contra las dictaduras reaccionarias y fascistas como las de España. Portugal y Grecia» (Declaración de Karlovy-Vary).

¿Seria acertado renunciar hoy a tal posición? Pensamos que no. Y en tanto que comunistas españoles, expresamos nuestro desacuerdo por el hecho de que el gobierno de Franco haya sido invitado a la reunión de Helsinski, y por el hecho de que los Estados socialistas hayan aceptado su presencia sin protestar de ningún modo.

Que la seguridad tiene que basarse en el reconocimiento de las fronteras, en el «statu quo» territorial, ello es obvio. Pero rechazamos que haya de basarse en «el reconocimiento de las realidades territoriales y políticas». Rechazamos la idea de una especie de «statu quo» político.

Tal concepción no tiene nada que ver con una política de coexistencia pacífica, cuya razón de ser es evitar una guerra mundial, y que puede llevarse a cabo perfectamente bien (y los hechos lo atestiguan) sin ninguna relación política ni reconocimiento político de un régimen como el de Franco.

Aceptar la idea de un «statu quo» político como basamento de la seguridad sería enfrentarse con las profundas corrientes democráticas, antifascistas, y tendencialmente revolucionarias por su dinámica interna, que se cristalizan, y crecen, en zonas vitales de la vida europea. Ahora bien, del desarrollo de tales corrientes depende —en una medida apreciable— que un sistema electivo de seguridad se afiance de verdad en nuestro continente.

La causa de la seguridad europea tiene, en si, una dimensión antifascista. Ello dimana del carácter mismo que ha tenido la 2a G.M. Ello es sentido de un modo muy profundo por las amplias masas populares. Y si esa dimensión antifascista se borra, o se difumina, ello repercute en un debilitamiento de la propia causa de la seguridad europea, que no se halla rodeada (y la realidad de hoy lo confirma) del calor popular con que podría contar.

¿Qué nos dicen los hechos? Dentro del propio bloque monopolista del Mercado Común, la oposición al franquismo, precisamente por su carácter fascista, se hace hoy más fuerte, a pesar de las presiones de los círculos de extrema derecha. El Presidente de la Comisión de Bruselas, Mansholt, ha reiterado su posición a este respecto. Lo mismo han hecho varios ministros escandinavos y belgas. Wilson se ha manifestado con claridad y fuerza en el último congreso laborista. El avance de la izquierda en las últimas elecciones holandesas reforzará aún dicha oposición.

En España, la descomposición del régimen, su agotamiento político, llevan al equipo «ultra» a acentuar los rasgos más brutalmente fascistas de su política represiva. El Ministro Garicano Goñi, con un estilo que recuerda el falangismo de los años de postguerra, ha reivindicado el «derecho» de la policía a disparar contra las masas y a guardar en las comisarías a los detenidos lodo el tiempo que quieran...

En esas condiciones, la reunión de Helsinski tiene que abordar también el problema de la «cooperación» entre Estados europeos. Se habla de cooperación en el terreno cultural, universitario, en lo económico, en lo técnico, etc. Nosotros somos partidarios de la cooperación de la sociedad española, en los más diversos terrenos, con el resto de Europa. Ahora bien ¿de qué «cooperación» se puede tratar con el gobierno franquista? La realidad fascista de la España de hoy obliga a plantear: ¿cooperación con los ministros que ordenan disparar, encarcelar, censurar, o cooperación con los profesores, estudiantes, artistas, dirigentes obreros, economistas, técnicos, etc., victimas de encarcelamientos, prohibiciones o condenas? No cabe, en nombre de una pretendida «política de realidades», cerrar los ojos ante esas realidades, que están ahí.

En la situación actual, dar al equipo «ultra», rechazado por el Mercado Común, la baza política de su presencia en Helsinki («por primera vez desde nuestra guerra civil asistimos a una gran conferencia internacional en pie de plena igualdad», escribe la prensa oficial) no es positivo para la causa de la paz y de la seguridad. Y es contrario, desde luego, a los intereses del pueblo español.

Dicho lo anterior, tampoco queremos exagerar la importancia de esa «baza» de Helsinki; en el grado actual de desgaste del régimen, éste no se salva con inyecciones de ese género. Sabemos muy bien que la conquista de la libertad en nuestro país depende básicamente de nosotros mismos; y no de una reunión diplomática como la de Helsinki, ni de la Conferencia que se prepara para el próximo año. En cuanto a los problemas europeos, el factor decisivo para acabar con el «statu quo» político de la Europa capitalista es la lucha de clases en cada país; es la lucha de las amplias masas obreras, juveniles, de los pueblos. En ese terreno están madurando problemas nuevos, se apunta un giro hacia la izquierda, se manifiestan (con grados diferentes) cambios y posibilidades, sobre los que opinaremos próximamente en estas columnas.