Filosofía en español 
Filosofía en español


Dos años

por Efraín González Luna

Constituye una asombrosa experiencia en México el nacimiento y desarrollo de “Acción Nacional”. Hace unas semanas cumplió apenas dos años de vida y, sin embargo, es ya un factor de indiscutible importancia en la vida pública nacional y, lejos de presentar síntomas de decadencia, etapa, por desgracia, tan próxima al amanecer de nuestras obras colectivas, se desarrolla con ímpetu juvenil y promete enérgica y fecunda perennidad. Para muchos las frases anteriores sonarán a ilusión y jactancia, porque no encuentran representantes del Partido ni en las Cámaras, ni en la Administración, ni en el Ejército. Es que no piensan que cuando una nación ha podido formarse una conciencia política y organizar activamente al rededor de una doctrina a sus ciudadanos para el cumplimiento recto y decidido de su deber político, las formas corrompidas, opresivas y falsas del Estado, son impotentes para resistir las exigencias de la voluntad perentoria del país real, que las desplaza y anula como el amanecer a las sombras de la noche. La creación de esas fueras activas es más substancial y eficaz labor política que la accesión al Poder por caminos electorales, en México obstruidos por la violencia y el fraude, o la mafiosa conquista de los puestos públicos por la componenda o la sumisión abyecta, o el asalto violento que tantas veces en México ha sido el dintel ensangrentado de la renovación de Gobiernos. Sería pueril atribuir a “Acción Nacional”, que germinara en silencio en la entraña del México real decidido a vivir, anhelante de salvación a la orilla del desastre irremediable, vigor bastante para el rápido logro de sus objetivos; pero ya es mucho lo obtenido. El recuento estadístico carece aquí de importancia, por más que evidenciaría datos de inusitada abundancia en el desierto de la actividad política de los hombres de bien. Lo que cuenta más que todo, es el descubrimiento de los pequeños veneros de fuerza espiritual que en la cuenca del destino de México van sumando su limpio caudal en presentimiento y vocación de mar sin barreras.

Para muchas millares de mexicanos “Acción Nacional” es ya la cita con el destino, el rumbo, el sentido, la substancia mejor de su vida, el camino irrevocable de su realización personal. El Partido les ha descubierto y entregado un mundo desconocido de valores y deberes, ha despertado en ellos la vocación política como amor a la Patria, como camino de salvación y caridad.

En este surco y bajo este clima, ha caído la semilla de una doctrina política clara, coherente, certera, desbordante de programas o posibilidades de realización concreta, en que el pensamiento más puro y cierto se abraza con la genuina realidad mexicana. Es cada vez mayor el número de los que piensan, con ansia exaltada de conocimiento entrañable y de generoso remedio, en los problemas fundamentales del país y suscriben una técnica de salvación nacional --la recuperación orgánica-- que rectifica intentos anteriores sin base, sin dirección, sin verdadero vigor vital, todos ahogados en sangre o frustrados por la traición o apagados de impotencia.

Es así como va siendo posible la creación, apenas iniciada, de una fuerza política, limpia, orientada, libre, que cuando llegue al Poder, no importa lo que ese día tarde en venir, lo usará desinteresadamente como instrumento de tarea, como ocasión de servicio y deber, como medio de realización del bien común.

Un pueblo sin conciencia política, es decir, olvidado de su deber, ignorante de su identidad, ciego a su destino, no podría ser sujeto de salvación; estaría condenado a la anarquía y al caos de su vida interna y a la sumisión vergonzosa en sus relaciones internacionales. Los episodios corticales de su triste historia nunca tendrán sentido substancial, profundo. Empezará a salvarse cuando surja en él un organismo sano que sea su conciencia y su voz, que alguna vez será su brazo.

Dos años son nada en la ingente tarea; pero es milagrosamente mucho que en sólo dos años la simiente mínima se haya trocado en algo que empieza a trascender los límites de la promesa y de la esperanza.