Mercurio Peruano
Revista mensual de ciencias sociales y letras

 
Lima, diciembre de 1919 · número 18
año II, vol. III, páginas 557-558

[Cristóbal de Losada y Puga]

Notas varias

Honorio Delgado, El Psicoanálisis, 58 págs. Lima, 1919

El doctor Honorio Delgado, que en la nueva generación es el portaestandarte de los estudios psiquiátricos, ha editado bajo la forma de folleto este interesante trabajo escrito en 1917, y que ya había aparecido en los Anales de la Facultad de Medicina.

Para Freud (de Viena) y su escuela, los elementos psicológicos heredados y los adquiridos durante la infancia, en cuanto disuenan de las normas ético-sociales, son rechazados de la conciencia y se reúnen en la subconsciencia, donde constituyen complejos ideo-afectivos que tienden constantemente a actualizarse y hacerse conscientes. La represión ejercida por el sentido moral y las conveniencias sociales lo impide. Los ensueños tienen su causa en que, debilitada la censura o represión, pero no del todo anulada, pueden los complejos subconscientes manifestarse siquiera sea simbólicamente, furtivamente, por decirlo así, engañando a la censura. Para Freud, los elementos constitutivos de los complejos son de naturaleza predominantemente erótica, y su conjunto ha recibido el nombre de libido. De todo ello trata Delgado en el primer capítulo de su folleto. Jung no difiere de Freud sino en que considera que los elementos eróticos no son los únicos, sino que existen otros tan importantes como ellos. Para Adler, los complejos no resumen tanto las tendencias sexuales del sujeto, cuanto su tendencia a la afirmación de la personalidad. (El autor revisa las teorías de Jung y Adler en el capítulo cuarto.)

Los ensueños no son la única manifestación de los complejos reprimidos: las obsesiones, la inconformidad, y las neurosis y psicosis representan igualmente grados cada vez más avanzados de manifestación de los complejos a despecho de la censura. El psicoanálisis consiste en provocar la actualización franca de los complejos, para así librar al sujeto de la tensión interna causada por la lucha entre los elementos subconscientes que tienden a salir a luz y la represión que trata de mantenerlos en la sombra. Con ello se consigue a la vez conocer el mecanismo de actos en apariencia inmotivados, el determinismo de pretendidos actos libres, y curar de su mal a aquellos en quienes la rebeldía de la subconsciencia llega al extremo de alterar las facultades mentales o de comprometer el equilibrio moral. Estos son los temas de los capítulos segundo y tercero. [558]

El capítulo quinto, lleno de interés, contiene una contribución personal del autor a la doctrina psicoanalítica: una teoría sobre el mecanismo de la acumulación de los elementos ideoafectivos en la subconsciencia. Toda impresión interna y externa, dice Delgado, tiende a provocar un acto reflejo que es su consecuencia. (Las manifestaciones superiores del instinto y de la voluntad son sólo modalidades del reflejo). Pero cuando la censura ético-social impide la exteriorización del impulso consecuente a la impresión, la energía correspondiente, de naturaleza emocional, queda latente en la subconsciencia, pronta a actualizarse. Y esta actualización, cuando no afecta la forma de una sublimación (derivación de la fuerza latente en una dirección elevada), se presentará, según las fuerzas respectivas de los complejos y de la censura, como un ensueño, o como un estado de contrariedad espiritual, o como una enfermedad más o menos grave. Esta teoría de Delgado es sumamente sugestiva: todos hemos sentido alguna vez la necesidad de desahogarnos revelando a alguien el mal de que hemos sido víctimas; todos sabemos también que nuestra emoción adquiere caracteres alarmantes cuando nos vemos precisados a contener sus manifestaciones.

La teoría freudiana encierra sin duda una inmensa dosis de verdad: está aún en la edad heroica, en la edad de las intransigencias, de los sectarismos y de la aparición de disidentes; pero su contenido de verdad científica y humana está evidenciado por el hecho de que uno se siente a menudo vivir en la doctrina. Honorio Delgado, cuya cultura general y médica es realmente extraordinaria, es entre nosotros el heraldo de la nueva teoría.

C. L. P.

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