Mercurio Peruano
Revista mensual de ciencias sociales y letras

 
Lima, junio de 1919 · número 12
año II, vol. II, páginas 502-504

Charla editorial
 

No podemos disimular que sentimos verdadera satisfacción al constatar que, con el presente número, cumple nuestra revista un año de existencia.

La feliz iniciativa de Víctor Andrés Belaúnde, a quien su cargo diplomático mantiene por ahora ausente del país, ha triunfado del escepticismo y de la indiferencia.

Nuestra revista vive lozana y segura vida. Merced al apoyo de un público selecto, aunque no numeroso, –su público,– y al cariño, al fervor y al absoluto desinterés de todos los que para ella trabajan –redactores y colaboradores– ha podido nacer y desarrollarse, tal como la soñáramos: independiente y sincera, sin otro compromiso que el contraído en su programa, de propender al progreso y a la cultura nacionales y de defender los derechos del Perú en las graves cuestiones externas aun pendientes.

Creemos, sin falsa modestia, que en algo hemos contribuido a lo primero; y, en cuanto a lo segundo, basta recordar el número y la importancia de los artículos que sobre la cuestión del Pacífico hemos publicado y los dos libros que sobre el mismo asunto ha editado nuestra Biblioteca, para apreciar cuan intenso ha sido nuestro interés por colaborar a que ese magno problema sea resuelto en la única forma que podemos aceptar los peruanos. Y ha sido útil nuestra labor al respecto. Por los numerosos canjes que recibimos, hemos podido constatar que dichos artículos han sido frecuentemente reproducidos en el extranjero y han servido, por tanto, para hacer conocer a un vasto círculo de lectores los puntos de vista que aquí sostenemos. Esta es nuestra mejor recompensa.

No han prestigiado todavía las páginas de nuestra revista algunas firmas de publicistas y literatos peruanos que desearíamos también ver en ellas; pero confiamos en que antes de mucho [503] podremos ofrecer sus producciones a nuestros lectores. Nos han prometido gustosos su colaboración y sólo esperamos que absorbentes ocupaciones políticas o profesionales les permitan tener el tiempo necesario para hacerlo.

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Es costumbre de editores ingleses y americanos tener de vez en cuando una charla íntima con sus lectores respecto a la vida económica de sus revistas y a los planes y proyectos que tienen para el futuro desarrollo de éstas. Creemos que es útil introducir esta simpática costumbre y contar también a nuestros lectores algo de las experiencias que hemos realizado en el año que con este número termina y lo que pensamos hacer en el que se inicia.

Durante el primer semestre, el promedio de páginas, por número, ha sido de 60. Esta fue la base de nuestro contrato con los impresores, y sobre dicha base se fijó el precio de 60 centavos por número, desde luego muy módico. En el segundo semestre, la extensión de importantes artículos de nuestros colaboradores –las revistas son precisamente para tal clase de artículos, destinados a tener vida menos efímera que los publicados en la prensa diaria,– ha hecho que este promedio, con beneplácito seguramente de nuestros lectores, llegue a 86. Esto en cuanto al material de lectura. En cuanto al material artístico, en vez de fotograbados, hemos publicado a menudo tricromías, que son considerablemente más costosas que aquéllos y también bellas composiciones musicales. Hemos dado, pues, a nuestro público, mucho más de lo que le habíamos ofrecido, sin alterar nuestro precio de venta; y mucho más desearíamos darle aún, en las mismas condiciones, si ello fuera posible. Pero… ¿por qué no confesarlo, ya que estamos hablando en confianza? Hemos sacado mal las cuentas. Nuestro entusiasmo nos ha llevado demasiado lejos. No podríamos continuar así.

Puestos a reflexionar sobre esta situación, hemos ido eliminando factores hasta reducir la cuestión al siguiente dilema. O volvemos al promedio de 60 páginas, abandonando para siempre las tricromías, y mantenemos así el precio de 60 centavos, o aumentamos las páginas y las ilustraciones en colores y elevamos el precio de la revista. Después de meditarlo mucho, nos hemos decidido por el último extremo. Confiamos que nuestro público sea de la misma opinión y siga dispensándonos su apoyo. [504]

En el presente número ofrecemos una hermosa policromía del magnífico retrato que Daniel Hernández ha hecho de una distinguida dama limeña. Con legítimo orgullo anotamos aquí que en esa excepcional obra de arte sólo el papel es extranjero: la bellísima dama, el pintor, y los ejecutantes de la policromía –la mejor que hasta ahora se ha ejecutado en el Perú– son todos peruanos.

En el próximo número daremos como suplemento artístico dos tricromías de gran tamaño, que representan a Bolívar y a San Martín, cuadros también pintados por Hernández.

Como estos suplementos artísticos son para nosotros excepcionalmente costosos, éste número y el próximo se venderán cada uno a Sl. 1.-, y pueden creernos nuestros lectores que, aún así, nos imponemos apreciable sacrificio.

A partir de la edición de agosto, cada número de Mercurio Peruano se venderá a 80 centavos en Lima, y Sl. 1.- en provincias o en el extranjero.

Nada necesitaríamos añadir para justificar el citado aumento de precio, pero para mayor satisfacción de nuestros lectores les diremos que todas las revistas sudamericanas análogas a la nuestra que tenemos a la vista, Cuba Contemporánea, de la Habana, Nosotros, de Buenos Aires, Revista Chilena, de Santiago, &c., aunque no dan páginas ilustradas ni musicales, cuestan cincuenta o ciento por ciento más que la nuestra. Un cultísimo diplomático sudamericano nos decía hace poco que, recién llegado a Lima, entró en una librería a comprar nuestra revista y que le costó trabajo convencerse de que el dependiente que le cobraba 60 centavos por ella no se habría equivocado. En mi tierra, –agregaba,– donde hay la ventaja de contar con una gran circulación, una revista así costaría el doble. –Es que nosotros, –le repusimos,– nos contentamos con que el público pague sólo el papel y la impresión. Y no mentíamos.

Y aquí pondremos fin a esta plática. Si la prolongáramos, no resultaría justificado el aumento de precio.

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