Mercurio Peruano
Revista mensual de ciencias sociales y letras

 
Lima, agosto 1918 · número 2
año I, vol. I, páginas 112-114

[José Leonidas Madueño]

Notas

El Nuevo Plan de Estudios de la Enseñanza Secundaria
 

La reforma de la segunda enseñanza puesta recientemente en vigencia no ha correspondido a las esperanzas que los padres de familia, los maestros y hasta los mismos alumnos cifraban en ella. Esto se debe a que los buenos resultados que en orden al tan exigido desahogo en los estudios medios podían derivarse del aumento de un año que consigna el nuevo plan, se han esterilizado por la ampliación dada a algunos programas y por la subsistencia de los verdaderamente universitarios de Castellano y Física. Con relación a los primeros –dejando de lado la discutible preferencia de 2 horas que se otorga al estudio de las lenguas vivas sobre el de la materna– tenemos que, como apéndice al curso de Constitución peruana, se ha agregado crecido número de proposiciones llamadas de derecho usual. El fin que con esto se persigue puede ser laudable; pero tal aditamento se ha realizado en forma tan poco pedagógica que la asignatura viene a ser algo así como un mosaico de todo el Derecho. Hay desde el estudio de la constitución de los poderes públicos, las garantías individuales y los derechos políticos hasta el de la organización de las oficinas administrativas, de las relaciones internacionales, agentes diplomáticos, ley de servicio militar obligatorio y legislación sobre la riqueza nacional, obras públicas, enseñanza técnica, minas, aguas, &c.; desde el aprendizaje de las relaciones de derecho civil, adquisición de la propiedad, contratos, obligaciones civiles y su extinción, herencia, &c., hasta el de la legislación del trabajo; concepto jurídico del comercio, en todos sus aspectos, y contratos comerciales, comprendiendo la hipoteca naval, averías, naufragio, abordaje &c., &c.; desde el estudio de la producción, distribución y consumo de la riqueza, [113] considerando cuestiones tan arduas como las del individualismo, socialismo y derecho de asistencia, hasta el de la legislación penal en sus principales puntos. Y, por si todo esto no fuera bastante, hay algunas proposiciones que forman como un curso abreviado de contabilidad mercantil y encierran puntos como este, que literalmente copio: «Revisión de los métodos comerciales y rapidez del cálculo del interés y del descuento». ¡Y este cúmulo de conocimientos debe adquirirse en sólo dos horas semanales durante el año estudiantil– que de hecho no comprende sino nueve meses escasos –por alumnos que tienen 28 horas de clases por semana o sea un promedio diario de 6 horas, ya que los jueves en la tarde no hay estudio!. Para la enseñanza del programa antiguo de Constitución –menos de una tercera parte del nuevo– era ya deficiente la hora semanal que fijaba el plan anterior, por lo que los maestros se veían obligados a dictar clases extraordinarias o tomar algunas horas de las dedicadas a Filosofía. Huelgan más comentarios.

Subsisten íntegramente –sin que nos expliquemos por qué– los programas de Castellano y Física que, como recordarán nuestros lectores, suscitaron desde su formulación, severa crítica, no por que en sí mismos fueran malos, sino porque eran absolutamente inapropiados a la índole de la enseñanza secundaria. En el curso de Física no hay más innovación que haber trasladado la última parte que comprende nociones cosmográficas del cuarto, al primer año, traslado que dada la natural dificultad de la materia es muy objetable.

Respecto del curso de Castellano creemos necesario insistir en ciertas observaciones ya enunciadas por nosotros en un escrito anterior. No se comprende el estudio de la gramática histórica de un idioma derivado del latín sin conocer éste; y si, como declara la tercera de las disposiciones generales que preceden al programa, él no comprende proposiciones que no tengan cursos similares en las naciones más cultas, es porque en éstas, al lado de ese estudio se hace no sólo el del latín sino también el del griego. Además, la enseñanza media tiene en dichas naciones un alcance superior al que posee en la nuestra, pues todo el mundo sabe que ella da el título académico de bachiller en humanidades que se obtiene entre nosotros, de modo aproximado, únicamente después de cursados los dos primeros años de Letras. Por otra parte, nadie podrá convencernos de la utilidad práctica que para un alumno de enseñanza secundaria, preferentemente preparatoria para la vida, tenga el conocimiento analítico-sintético o histórico-filosófico de la Gramática castellana en todo el período de su evolución, desde su origen hasta nuestros días; y el de la sintaxis histórica señalando sus progresos actuales y la evolución de que será capaz en lo porvenir. Todo esto nada menos que «comprobado constantemente con la lectura de los autores clásicos antiguos y modernos y con la consulta a los diccionarios más perfectos del castellano así histórico como actual».

Por otra parte, esta reforma que consultando el carácter nacionalista que debe tener la enseñanza secundaria –y que hoy procuran para ella los países más cultos– coloca en todos los años el estudio de Historia del Perú, por una curiosa anomalía, considera el de Geografía del mismo con sólo 2 horas semanales y en el último año; y eso –circunstancia agravante– cuando ambos estudios son naturalmente conexos y deben por lo tanto acompañarse.

Algo más cabría decir respecto del flamante plan y sus programas; pero el espacio de que disponemos nos impide detenernos en su análisis. Por fortuna, ha de tener existencia breve reforma que aunque bien intencionada es tan cuestionable, pues es de esperar desaparezca o se corrija en la nueva [114] organización que a la enseñanza en sus diversos grados dará la comisión formada recientemente con los elementos más capaces de la Universidad y del Congreso y con representantes del Gobierno elegidos por éste con gran tino.

J. L. M.

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