Cristiandad
Revista quincenal
año III, nº 48, página 114
Barcelona-Madrid, 15 de marzo de 1946

<<< Plura et unum

La búsqueda de un fundamento ideológico sólido
para la civilización moderna

Marcelino Menéndez Pelayo

«Un golpe mortífero para la cultura española»...

El horror que produce en el ánimo aquel acto feroz de embravecido despotismo, en nombre de la cultura y de las luces, todavía se acrecienta al leer en la correspondencia de Roda y Azara las cínicas y volterianas burlas con que festejaron aquel salvajismo. «Por fin se ha terminado la operación cesárea en todos los colegios y casas de la Compañía» (escribía Roda a don José Nicolás de Azara en 14 de abril de 1767). «...Allá os mandamos esas buenas mercancías... Haremos a Roma un presente de medio millón de jesuitas»; y en 24 de marzo de 1768 se despide Azara: «Hasta el día del juicio en que no habrá más jesuitas que los que vendrán del infierno.» Aun es mucho más horrendo lo que Roda escribió al ministro francés Choiseul, palabras bastantes para descubrir hasta el fondo la hipócrita negrura del alma de aquellos hombres, viles ministros de la impiedad francesa: «La operación nada ha dejado que desear; hemos muerto al hijo, ya no nos queda mas que hacer otro tanto con la madre, nuestra Santa Iglesia Romana.»

En lo que han insistido bastante los adversarios de la expulsión, y será en su día objeto de historia particular, que yo escribiré, si Dios me da vida, es que aquella iniquidad, que aún está clamando al cielo, fue, al mismo tiempo que odiosa conculcación de todo derecho, un golpe mortífero, para la cultura española, sobre todo en ciertos estudios, que desde entonces no han vuelto a levantarse: un atentado brutal y oscurantista contra el saber y contra las letras humanas, al cual se debe principalísimamente el que España (contando Portugal) sea hoy, fuera de Turquía y Grecia, aunque nos cueste lágrimas de sangre el confesarlo, la nación más rezagada de Europa en toda ciencia y disciplina seria, sobre todo en la filología clásica y en los estudios literarios e históricos que de ella dependen. Las excepciones gloriosas que pueden alegarse, no hacen sino confirmar esta tristísima verdad. La ignorancia en que vive y se agita nuestro vulgo literario y político es crasísima, siendo el peor síntoma de remedio que todavía no hemos caído en la cuenta. Hasta las buenas cualidades de despejo, gracia y viveza que nunca abandonan a la raza, son hoy funestas, y lo serán mientras no se cierre con un sólido, cristiano y amplio régimen de estudios la enorme brecha que abrieron en nuestra enseñanza, primero las torpezas regalistas, y luego los incongruentes, fragmentarios y desconcertados planes y programas de este siglo.

Nada queda sin castigo en este mundo ni en el otro; y sobre los pueblos que ciegamente matan la luz del saber y reniegan de sus tradiciones científicas, manda Dios tinieblas visibles y palpables de ignorancia.

(Menéndez Pelayo. De los Heterodoxos españoles).

...del que se rehace a lo largo del siglo XIX gracias a unos
hombres esforzados que, sintiéndose herederos de un
pensamiento secular, se disponen a reconquistar para él, en lucha
resuelta contra las tendencias de su época, la primacía que le corresponde...

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