Juan XI
Papa, romano; designado en febrero del año 931; entronizado en marzo del mismo año; reinante hasta diciembre del 935.
Desde la época del papa Sergio III (904-911), el pontificado venía estando sometido a la familia de las Teodora y Marozia, poco menos que dueñas de Roma, hasta el punto de que “el historiador Luitprando –explica el P. Llorca–, sin fundamento sólido, lanzó la especie de que (Sergio III) era padre del hijo de Marozia, luego Juan XI”. En este ambiente, Juan XI fue entronizado gracias a la influencia de su madre, la mentada Marozia, y en sus funciones hubo de limitarse a los asuntos estrictamente eclesiásticos, mientras que en Roma dominaba en calidad de patricia su propia madre juntamente con su tercer esposo, el rey Hugo (Hugo de Provenza). Pero Alberico II de Espoleta, hijo también de Marozia, logró expulsar pronto a Hugo de su puesto, recluyó a su propia madre en un convento, del cual ya no logró salir, y mantuvo a Juan XI en una especie de prisión, donde éste falleció.
A modo de epílogo de este triste pontificado, es de notar que Alberico II tomó el título de “princeps atque omnium Romanorum senator”, y que rigió la ciudad con mano dura hasta el año 954, en que murió. Además, los sucesores de Juan XI reinantes durante el régimen implantado por Alberico II, a saber: León VII, Esteban IX, Marino II y Agapito II, todos ellos romanos, fueron sin excepción hechuras de Alberico y le estuvieron enteramente sometidos. Hizo más todavía Alberico II, pues hallándose él ya en el lecho de muerte, hizo jurar a los Grandes que al morir el Papa reinante, elegirían a su propio hijo Octaviano, y así lo hicieron al llegar el momento, en el año siguiente (955).